UNIDAD TRES
TEXTO FUENTE
BERNÁRDEZ, Enrique, Cap. XI, “Algunas cuestiones de tipología textual”, de “Teoría y epistemología del texto”, Cátedra, Madrid, 1995. Adaptación.
Hay denominaciones de tipos de textos concreto: cartas comerciales, recetas de cocina, textos científicos, etc.
Lo mismo sucede en la comunicación cotidiana, donde utilizamos los numerosos términos que indican tipos de texto más o menos precisos; lo mismo sucede en los estudios literarios al tratar los géneros; en lingüística textual o en lingüística genera.
Para reconocer hechos estilísticos es necesario considerar el tipo de texto, pero también para estudiar fenómenos sintácticos: el orden de las palabras, por ejemplo, depende en muchas ocasiones de esa variable.
De manera que para estudiar gran cantidad de fenómenos del uso lingüístico es imprescindible tener en cuenta las características del tipo concreto de texto en el que aparece ese fenómeno.
La lingüística textual ha tenido que plantearse la cuestión de las tipologías textuales desde el punto de vista práctico y teórico. Desde el práctico porque es evidente que la construcción de un texto depende en gran medida de qué clase (tipo) de texto es.
Y ello no sólo con vistas al estudio lingüístico-textual téorico o general, sino sobre todo para usos prácticos. La enseñanza de las destrezas de lectura y escritura en la lengua materna o en lengua extranjera, sobre todo en la enseñanza de lenguas con fines específicos, consiste en buena medida en definir tipos de texto y señalar sus características estructurales, su estructuración sintáctica, su vocabulario, etc.
En este terreno, como en medida quizá algo menor en los estudios de procesamiento del lenguaje natural dentro de la Inteligencia Artificial, se ha avanzado bastante.
Heinemann y Viehweger proporcionan siete razones que abogan por la existencia “real” de tipos de textos:
a) Los hablantes poseen un conocimiento de tipos de texto que les permite producir y comprender textos adecuados a situaciones concretas de comunicación;
b) los hablantes son capaces de repetir un mismo texto en diferentes situaciones comunicativas sin utilizar las mismas estructuras (textuales y sintácticas) ni el mismo vocabulario;
c) los hablantes son capaces de organizar los textos y asignarles etiquetas;
d) para muchos textos hay señales características, como expresiones típicas, principios de organización, que pueden tener función indicadora de tipo de texto;
e) los hablantes saben que a un tipo de texto convencional le corresponden determinados contenidos temáticos o funciones comunicativas (una carta íntima trata de temas personales, pero no una de negocios ni un artículo de prensa; se sabe distinguir una noticia de un artículo de opinión, etc.);
f) los hablantes de una comunidad pueden identificar errores de clasificación de los textos, así como indicar que se produce un cambio de tipo de textos;
g) “los esquemas textuales o las estructuras textuales globales son resultado y precondición de la actividad lingüística de una comunidad humana”.
Parece evidente que lo señalado por los autores alemanes es una de las características más claras y significativas de nuestro “conocimiento textual” (también llamado competencia textual).
Podemos no saber formular estrategias de construcción de los textos – situación habitual -, pero en cambio no tenemos demasiados problemas para catalogar y etiquetar los textos que oímos o leemos, e incluso criticar hasta qué punto están “correctamente construidos” como textos de ese tipo.
La cuestión es dilucidar si pueden entenderse los tipos de texto como un producto del proceso de regulación.
Un texto puede considerarse como una configuración de estrategias. Construir un texto, entendido como intermediario entre P y R, es realizar una acción compleja en constante (inter-) dependencia del contexto C.
Esa acción compleja está integrada por un número de subacciones más simples, con dependencia algo menor del contexto, y éstas a su vez por otras, cada vez más simples, más independientes del contexto (porque éste es también más simple según descendemos la escala) y más automatizadas.
En todo el proceso intervienen principios (cognitivos) generales, como el de reducir el esfuerzo de procesamiento al mínimo posible para conseguir el resultado deseado en cada acción. En el nivel de menor dependencia del contexto, la estructura del lenguaje proporciona ya las acciones o estrategias de máxima probabilidad. La probabilidad va disminuyendo, acompañada de un descenso del automatismo y un aumento correspondiente de la complejidad, según nos acercamos al texto.
En cada posible nivel (operativamente) definible, las acciones o estrategias más probables y automatizadas son las consideradas prototípicas, y el hablante las utilizará ceteris paribus para estructurar su mensaje.
UNIDAD TRES
SERAFINI, María Teresa, “ Funciones de la escritura” en “Cómo redactar un tema”, Paidós, 1995, pág. 197.
- Escritos con función expresiva. La personalidad del escritor está en el centro de la atención: quien escribe pasa de la narración de los hechos a sus propias especulaciones, a anécdotas personales, a sus propias emociones. Estos escritos constituyen el primer grupo: monólogo, diálogo, diario, carta, autobiografía.
- Escritos con función informativo-referencial. El escritor presenta los hechos y los datos, y su preocupación fundamental es la controlar su corrección. Cumplen la función informativo-referencial los escritos del segundo grupo: informe, telegrama, notas, esbozo, resumen, crónica, declaración, definición, reglamento. Es posible indicar una subclasificación en el interior de este grupo: hay escritos en los que se cuida sólo la corrección de la información, como el informe y la crónica, y otros en los que se tiene muy en cuenta el rigor y la no ambigüedad de la exposición, tales como la definición y la ley.
- Escritos con función poética. No se debe necesariamente describir la realidad, ya que se pueden utilizar elementos fantásticos. Desarrollan la función poética todos los tipos de escritura creativa, por su forma o por su contenido, que están incluidos en el tercer grupo : poesía, cuento, fábula, decálogo, proverbio, epitafio, chiste, guión.
- Escritos con función informativo-argumentativa. El escritor defiende una tesis tratando de que sea compartida, utilizando técnicas de tipo argumentativo y estrategias persuasivas. Esta función la cumplen los escritos que componen el cuarto grupo: editorial, ensayo, comentario.
UNIDAD TRES
SERAFINI, María Teresa, “Géneros textuales y Prosas de base” en “Cómo redactar un tema”, Paidós, 1995, pág. 193.
Los escritos pueden ser agrupados según el género textual al que pertenezcan. Al género textual le corresponden características específicas, tales como el tipo de información presente, la elección del lenguaje y la organización estructural.
A continuación se expone una lista de géneros textuales:
monólogo, diálogo, diario, carta, autobiografía, informe, telegrama, nota, esbozo, resumen, crónica, declaración, definición, reglamento, ley, poesía, cuento, fábula, decálogo, proverbio, epitafio, chiste, guión, editorial, ensayo, comentario.
En muchas de las palabras que aparecen en la lista se pueden encontrar diferentes subtipos textuales que tienen características específicas. Por ejemplo, el término cuento se puede especificar como cuento policial, cuento de ciencia ficción, cuento humorístico, etcétera.
La lista que se da es completamente indicativa y sin pretensiones de ser completa y científica. Por eso los términos no se definen y se dejan a la intuición del lector. A veces se adjudica un tipo textual a un escrito también en función del contexto en el que se encuentra, además de hacerlo en función de sus características. Por ejemplo, es difícil indicar el género textual de un telegrama que contiene una poesía, ya que el contexto creado por el papel del telegrama contrasta con el estilo de lo que está escrito.
Prosas de base
Un texto no es una unidad indivisible, ya que puede ser descompuesto en sus partes. Para una didáctica de la composición es muy útil determinar los diferentes tipos de prosa o formas del discurso que constituyen el texto. La retórica, entendida como la ciencia del bien decir con el fin de persuadir al oyente o al lector, se ha preocupado de analizar, a través de los siglos, las partes de las que debe estar constituido un discurso para que sea eficaz. De forma particular ha podido determinar la presencia de algunos tipos de prosa que coexisten en un texto persuasivo. Estos son:
1.- La descripción: es una prosa que hace la presentación de objetos, personas, lugares y sentimientos, utilizando, en la medida de lo posible, los detalles concretos. La descripción pone en evidencia la percepción que tiene el autor de los objetos y de los sentimientos, a través de sus cinco sentidos.
2.- La narración: es una prosa que presenta una historia, expone un suceso o una serie de sucesos en un sentido amplio. En el caso de que se trate de más hechos, éstos se relacionan por medio de un hilo conductor (que puede ser, por ejemplo, el tiempo, el protagonista, un lugar, etcétera).
3.- La exposición: es una prosa que presenta y explica ideas, sujetos y argumentos, aclara los fines y muestra la organización. Utiliza diferentes métodos retóricos, tales como la clasificación, la comparación, el contraste, la analogía, la definición y el ejemplo.
4.- La argumentación: es una prosa que presenta hechos, problemas y razonamientos de acuerdo con una opinión, que normalmente es la del autor. En general, es posible determinar los cuatro elementos siguientes:
a)análisis o, por lo menos, presentación de un problema;
b)presentación de hechos y discusiones que constituyen la base de la argumentación;
c)planteamiento de una solución o tesis y su desarrollo a través de la exposición de hechos y de argumentaciones lógicas;
d)crítica de otras soluciones o tesis alternativas.
Los diferentes tipos de prosa se pueden encontrar, en diferente medida, en cada texto (y no sólo en los de tipo persuasivo, que son los que la retórica estudia en particular). Un ejercicio académico útil, que afina la capacidad de lectura de los estudiantes, es la determinación de estas prosas en los textos, partiendo de simples textos de tipo periodístico y continuando con textos de tipo literario.

En la tabla se puede ver la distribución predominante de las cuatro prosas de base en los géneros textuales, mencionados en la parte anterior. El círculo negro indica la aparición frecuente de una prosa básica, mientras el blanco indica una presencia más rara. Cuando no se encuentra ninguno de los dos es porque la prosa básica es muy rara o ausente. En el diario, por ejemplo, con frecuencia se encuentran narraciones y a veces descripciones, mientras en los editoriales se encuentran los cuatro tipos de prosa.
Tomando como base la aparición de los cuatro tipos de prosa, los géneros textuales se pueden subdividir en cuatro grupos. En el primer grupo, del monólogo a la autobiografía, prevalece netamente la presencia de la narración, seguida inmediatamente por la descripción. En el segundo grupo, del informe a la ley, aparecen los cuatro tipos de prosa, con un predominio neto de la descripción, la narración y la exposición. En el tercer grupo, de la poesía al guión, predominan nuevamente la descripción y la narración. En el cuarto grupo, que sólo incluye el editorial, el ensayo y el comentario, están presentes en igual medida las cuatro prosas básicas. El segundo y el cuarto grupo utilizan especialmente las mismas prosas básicas, pero se diferencian por otras características”.
UNIDAD TRES
BAJTÍN, Mijail, “Géneros discursivos”, de “Estética de la creación verbal”, adaptado en “Semiología. Cuadernos de lecturas” Coordinador: Roberto Marafioti, Universidad de Buenos Aires, 1994, pág. 27.
“Géneros discursivos
Las diversas esferas de la actividad humana están todas relacionadas con el uso de la lengua. Por eso, el carácter y las formas de su uso son tan multiformes como las esferas de la actividad humana, lo cual, desde luego, en nada contradice la unidad nacional de la lengua.
El uso de la lengua se lleva a cabo en forma de enunciados (orales y escritos) concretos y singulares que pertenecen a los participantes de una esfera de la praxis humana.
Estos enunciados reflejan las condiciones específicas y el objeto de cada una de las esferas no sólo por su contenido (temático) y por su estilo verbal, o sea por la selección de los recursos léxicos, fraseológicos y gramaticales de la lengua, sino, ante todo, por su composición o estructuración.
Los tres momentos mencionados – el contenido temático, el estilo y la composición – están vinculados indisolublemente en la totalidad del enunciado y se determinan, de un modo semejante, por la especificidad de cada esfera de uso de la lengua elabora sus tipos relativamente estables de enunciados, a los que denominamos géneros discursivos.
La riqueza y diversidad de los géneros discursivos es inmensa, porque las posibilidades de la actividad humana son inagotables y porque en cada esfera de la praxis existe todo un repertorio de géneros discursivos que se diferencia y crece a medida que se desarrolla y se complica la esfera misma.
Aparte hay que poner de relieve una extrema heterogeneidad de los géneros discursivos (orales y escritos). Efectivamente, debemos incluir en los géneros discursivos tanto las breves réplicas de un diálogo cotidiano (tomando en cuenta el hecho de que es muy grande la diversidad de los tipos de diálogo cotidiano según el tema, situación, número de participantes) como un relato cotidiano, tanto una carta (en todas sus diferentes formas) como una orden militar, breve y estandarizada; asimismo allí entraría un decreto extenso detallado, al repertorio bastante variado de los oficios burocráticos (formulados generalmente de acuerdo a un estándar), todo un universo de declaraciones públicas (en un sentido amplio: las sociales, las políticas); pero, además, tendremos que incluir las múltiples manifestaciones científicas, así como los géneros literarios (desde un dicho hasta una novela en varios tomos).
Hay que prestar atención a la diferencia, sumamente importante, entre géneros discursivos primarios (simples) y secundarios (complejos).
Los géneros discursivos secundarios (novelas, dramas, investigaciones científicas de toda clase, grandes géneros periodísticos) surgen en condiciones de comunicación cultural más compleja, relativamente más desarrollada y organizada, principalmente escrita: comunicación artística, científica, sociopolítica, etc.
En el proceso de su formación estos géneros absorben y reelaboran diversos géneros primarios (simples) constituidos en la comunicación discursiva inmediata.
Los géneros primarios que forman parte de los géneros complejos se transforman dentro de estos últimos y adquieren un carácter especial: pierden su relación inmediata con la realidad y con los enunciados reales de otros, por ejemplo, las réplicas de un diálogo cotidiano o las cartas dentro de una novela, conservan su forma y su importancia cotidiana tan sólo como parte del contenido de la novela, participan de la realidad tan sólo a través de la totalidad de la novela, es decir, como acontecimiento artístico y no como suceso de la vida cotidiana.
La novela en su totalidad es un enunciado, igual que las réplicas de un diálogo cotidiano o una carta particular (todos poseen una naturaleza común), pero, a diferencia de éstas, aquel es un enunciado secundario (complejo).
Entre el estilo y el género existe un vínculo orgánico e indisoluble.
UNIDAD TRES
AEBLI, Hans, “12 formas básicas de enseñar”, Narcea, S.A. de ediciones, Madrid, 1988, pág. 129 y 130.
¿Qué clases de textos existen?
“(...)Efectos de los textos en los lectores: sobre la teoría de las clases de textos
Si nos desprendemos de la idea de que los alumnos en la escuela han de aprender, sobre todo, a hacer ejercicios de redacción y en lugar de ello comprobamos que de lo que se trata es de la creación de textos, se plantea inmediatamente la pregunta sobre qué tipos o – como dicen los lingüistas – qué clases de textos existen.
Una ojeada a los textos que las personas adultas redactan en su profesión y fuera de ella, ofrece un cuadro sorprendentemente variado: los periodistas y redactores de diarios formulan noticias, artículos, editoriales; los no periodistas redactan anuncios, formulan avisos oficiales, informes meteorológicos.
Los técnicos escriben instrucciones de uso, los comerciantes, declaraciones de garantías. Una gigantesca industria publicitaria produce textos para reclamos de todo tipo. En los tribunales se pronuncian discursos de acusación y de defensa, se formulan y dan a conocer juicios. En las bodas se despliegan liturgias, se pronuncian discursos de felicitación.
Los profesores escriben conferencias y libros, los estudiantes trabajos de seminarios y examen. En las empresas industriales se escriben ofertas, se formulan contratos, se anuncian envíos, se hacen estados de cuentas, se remiten avisos. Algunas personas escriben poesías, obras teatrales y novelas.
¿Cómo ordenar y dividir en categorías esta multiplicidad de textos? Grimm y Engelkamp (1981) afirman: “No existe aún una tipología de textos universalmente reconocida”. Y seguramente seguirá siendo así en el futuro, pues la multiplicidad de los textos es como la de las plantas de un prado en verano y su ordenación depende del punto de vista desde el que lo consideramos. Nosotros opinamos que preguntar qué efectos producen los textos en el lector proporcionaría una perspectiva más fecunda.
Con respecto al efecto que ejerce en el lector, no se puede pensar en el texto aisladamente; más bien lo consideramos como una mediación entre un autor y un lector. El texto transmite un “mensaje”, el mensaje es el contenido transmitido.
Redactar significa formular por escrito un mensaje para un lector, de modo que lo comprenda. Llamamos lectura del texto al proceso de comprensión. Si este proceso se consigue, decimos que el mensaje ha cumplido su misión, en inglés : “The message gest across”.
Así, al menos, lo considera la teoría de la comunicación. Tiene logros y límites. Su misión consiste en incluir al autor y al lector en la investigación y esto es lo único que tiene sentido en la creación de textos. El texto en sí, aislado, deja indiferentes al científico, al profesor y a los alumnos.
Según este enfoque no se puede obtener ninguna teoría de las clases de textos: todo texto tiene un autor y cada texto ha de ser transmitido a un lector. ¿Cómo derivar de aquí las diferencias?
Para ello es necesaria una teoría de la acción. Una acción desea ejercer algún efecto sobre lo que tiene delante. Surge de una intención y apunta a convertirla en realidad. El que está “delante” es el lector del texto y el efecto se desarrolla en su pensamiento, su conducta y su vivencia. Las diversas intencionalidades definen las diversas clases de textos.”