"Somos animales semióticos"
Apenas pasados los 30 minutos de la hora 18, el grupo entró en sesión. Con los bancos dispuestos en forma semicircular, como lo hacen habitualmente, el espíritu de Scott Lash fue invocado. ¿Se pueden atraer espíritus de personas vivas? No lo sabemos, lo que si es cierto es que durante dos horas, el curso presenció y protagonizó la charla-debate sobre las ideas del profesor oriundo de Chicago...
En un curso de periodistas y locutores, las cámaras no podían faltar. Y estas fueran las causantes de una breve interrupción: El docente se negó a ser filmado y elevó en seguida la protesta. La Corte no tardó en fallar y salió la orden que restringe el uso de la imagen del ahora llamado Docente M.D.L.T.

Al Grano
Según nuestro amigo, el profesor y sociólogo Scott Lash, existen dos tipos de información en la llamada Sociedad de la Información. O al menos, eso es lo que afirma en el capítulo 11 “La sociedad desinformada de la información”, de su aclamado libro “Crítica de la Información”.
Pero bien, ¿cuántas veces podemos decir información en un mismo párrafo? Parece que Lash estaba intentando mandarnos un mensaje. O tal vez esté relacionado con el hecho de que en nuestra sociedad contemporánea, y en la inmensidad del idioma castellano, no exista un sinónimo adecuado para esta palabra.
Pero es en ella que Lash encuentra las claves para comprender esta sociedad en la que nos encontramos inmersos. Aunque a no confundirse: información no es lo mismo que estar informado.
La sociedad de la Información podría comprenderse como una sociedad del conocimiento. Se basa en la abstracción, la selección, la simplificación, la reducción de la complejidad. Es una sociedad en la que la capacitación es discursiva, opuesta a la formación utilitarista de los oficios propia de la sociedad industrial. O como nos ilustró Lorena Panzerini en clase, básicamente las principales diferencias entre la sociedad de la información y la industrial serían:
Para Lash, un rasgo característico de la Sociedad de la Información es su reflexividad. “Siempre debemos ser reflexivamente conscientes de otras posibilidades”, afirma el autor. La clave en esta sociedad discursiva es siempre someter a prueba los conceptos.
El eje de la cuestión es, fundamentalmente, que el trabajo se ha convertido en informacional. La economía en el capitalismo de la información ya no se basa en mercancías o productos manufacturados. La organización de ésta se encuentra centrada en ideas, siendo la propiedad intelectual de primordial relevancia para la producción, por sobre los mecanismos de producción concretos en sí mismos, o más aún que el producto ya finalizado: “En el capitalismo de la información, la fuerza laboral no opera un conocimiento práctico sino con un conocimiento discursivo; no maneja máquinas clásicas sino máquinas de información; y no trabaja con materias primas sino con información en bruto o semielaborada, para producir bienes informacionales”.
En esta conceptualización del capitalismo de la información, todos los ejes sociales terminan siendo reestructurados y hasta la noción de consumidor –concepto esencial del capitalismo- se ve considerablemente modificada. La sociedad ya no es comprendida como una sociedad de consumo de masas, sino como una sociedad de consumo reflexiva y racional en la que los consumidores actúan menos por hábito que como producto de su reflexión en términos de alternativas del mercado. Por este motivo, en vez de producirse mercancías se producen singularidades.
Información, reflexión, racionalidad y circulación. Todos estos puntos son centrales para comprender la sociedad de la que formamos parte: “En la circulación global, las cosas tienden a escaparse de control. Ese es el meollo de la contradicción de la sociedad de la información. Y por eso ésta también es siempre una sociedad de la desinformación”.
Desinformación
Aunque una de las principales problemáticas de la sociedad de la información es el bombardeo informacional constante, Lash interpreta a esta teoría mediática como una teoría de la basura: hablamos de una sociedad que no se ocupa ni intenta ocuparse de lo trascendental. Es que para Scott Lash, la información puede comprenderse únicamente como aquello a lo que le otorgamos significado, o sea lo que implica para nosotros un valor, que no es un valor material sino un valor signo.
Éste concepto es, justamente, el que provocó el debate y causó mayores controversias en la clase del día 16 de noviembre del 2007. Ejemplificando su teoría a través del diario, el autor expone cómo es el valor de la sociedad de la información. A diferencia del valor de uso y el valor de cambio de la sociedad industrial, el valor informacional no tiene temporalidad: es efímero, no tiene lugar para la reflexión y el argumento razonado.
Como el diario, que pierde a altas velocidades su legitimidad (no hay nada más viejo que el diario de hoy), en la sociedad de la información el valor pierde significado y significación con mucha rapidez. Aunque se pueda diferir, como sucedió en clase, de los valores que uno puede asignarle a un diario, e incluso a la información, lo cierto es que la velocidad y la circulación (constante) son características intrínsecas de esta sociedad. No podría estar mejor descrito que por el mismo Julio Cortazar, cómo Rossi compartió con la clase desde “El diario a diario” del autor:
Esta sociedad puede entenderse entonces también, como una sociedad de la basura. La basura es una metáfora de toda la sociedad de la información, afirma Lash: “La basura se produce cuando el flujo de bienes llega a nosotros. Usamos, consumimos esos bienes. Ya consumidos, se convierten en males de los cuales debemos librarnos. La eliminación de estos males es parte de la circulación general. La circulación de basura se convierte en un problema al que es preciso dar algún tipo de gobierno”. Los bienes traen consigo su propia caducidad. Sin embargo, dentro de los bienes a los que dejamos de aplicarles un uso, no todos son de la misma categoría. A diferencia de la basura, la chatarra preserva de alguna manera el valor.
A jugar se ha dicho
¿En qué sentido es el orden de la información una cultura tecnológica? Con esta incógnita en mente, Lash comienza a desarrollar el doceavo capítulo de su obra, llamado “Fenomenología tecnológica”.
En este capítulo, Lash incorpora un concepto fundamental, que puede parecernos el esbozo de un comienzo de solución para esta problemática que lo desvela: ¿Es posible una teoría crítica en la sociedad de la información?
Aunque en una primera instancia, todo lo que expone el autor nos indica que la respuesta sería una rotunda negativa, Lash introduce ya a estas alturas de su obra un concepto que puede resultarnos tanto optimista como innovador. La solución, comenzaría con el juego.
La cultura representacional, según su teoría, supone una distancia entre el sujeto y el objeto. En esta cultura, el sujeto está en un mundo diferente de las cosas. Pero en la cultura tecnológica, está en el mundo con las cosas. Son dos los dualismos que se encuentran expuestos aquí: uno es entre el sujeto y la entidad cultural con la que se encuentra. El otro, entre esa entidad y la realidad representada por ella. “En la cultura representacional, las relaciones entre estos tres elementos –sujeto, objeto cultural y objeto real- están distanciadas. En la cultura tecnológica los tres están en un mismo mundo: un mundo inmanente” afirma el sociólogo.

Y para explorar las dimensiones de esa cultura inmanente, Lash propone el juego. Para poder salir de esa cultura representacional que implica el dualismo entre el sujeto y el mundo, es necesario deshacernos de los juicios, porque el juicio siempre implica una instancia separada y neutral. “Y jugar es estar tan interesado, tan inmediatamente involucrado, como para excluir la posibilidad de juicio”.
Finalmente, entre la dispersión del fin de la hora y de una foto tomada al curso, la clase se fue apagando.(Ver imagen)
Con la promesa de avanzar en capítulos subsiguientes, el espíritu de Lash abandonó el salón.
De esta manera fueron pasando los autores con el correr de las clases y así llegando al fin del cursado. El grupo a cargo del posteo “revisó” en los nostálgicos archivos y halló una perla de colección: un documental imperdible sobre la historia de la materia que, a su vez, sirve como “entrada” del plato principal: el video final a cargo de “Flagelados.”
AVISO: ESTE VIDEO FUE REALIZADO ANTES DE LA RESTRICCIÓN Y PUEDEN CONTENER IMÁGENES QUE VIOLEN LA PROHIBICIÓN DE MOSTRAR IMÁGENES DEL DOCENTE M.D.L.T.
Carrieres, Marini y Pilagatto se hacen cargo.
Material Extra
El video de 4' 33'', la obra de John Cage para piano citada por el Docente M.D.T.L en clase.

