Poder no lineal: Mc Luhan y Haraway
A lo largo del libro Crítica de la información, Scott Lash sostuvo que la crítica debe hacerse desde el interior del orden de la información y debe incluir una teoría del poder.
La cultura de estos días se caracteriza por la caída de la cultura representacional en el plano inmanente de la tecnología. Por eso, el autor en el capítulo 13 se respalda en Mc Luhan, quien afirma que los medios son extensiones del sensóreo del hombre solo en cuanto lo ayudan a comunicarse. Esos medios se convierten en tecnologías, son esenciales en nuestras vidas y es imposible escapar. Son, a su vez, extensiones de situaciones a otra parte, aditivos y complementos. Se pasó del modo de información al modo de comunicación, que es no lineal, discontinuo, en mosaico, a distancia y de manera simultánea. Lo central es el comunicante. Si queda de lado la representación, la teoría solo puede ser complementaria, una adición a las redes globales del ensamblaje inmanente. La adición, el “y”, el complemento es para Mc Luhan el orden de las cosas cuando los sentidos y la tecnología se vinculan entre sí de una manera ajustada y equilibrada, como lo hacen tanto en la cultura tribal como en la cultura de la información.
Abandonando la secuencia, surge el mosaico. Los diarios exponen artículos en yuxtaposición -los lectores buscan los que conocen a fin de “re-conocer” su experiencia- y ya no representan la asociación humana: se convierten en un aspecto. Inducen a la participación profunda.
La semiótica del aviso consiste en una forma ‘condensada y desplazada’, gráfica, mosaica que da acceso a esa participación profunda. En la era electrónica leemos el diario, miramos televisión y navegamos por Internet en condiciones de distracción. Este reconocimiento de los códigos comunitarios está implícito y no es del todo consciente. La recepción distraída de la cultura electrónica es a la vez absorta. Hay una suspensión de la incredulidad. Consumimos televisión en la sala de estar; recibimos la arquitectura y el urbanismo al vivir en ellos. En ambos casos la absorción va junto con la distracción, así como el distanciamiento está acompañado por la contemplación. (Benjamin)
Esta situación también se constata en el fenómeno de “la estrella”, que es personificada como un ícono, una instantánea del inconciente colectivo. Para Mc Luhan la función de los medios como tecnología es almacenar y despachar información, que sin ellos carece de significado. Claro que esto produce una aceleración, una expansión con su consecuente inversión, agotamiento o saturación.
Asimismo, el orden de la información modifica al poder, que desaparece del centro y se vuelve mosaico y nómade. Ahora se halla en los bits y fragmentos de información, mucho más breves y discontinuos.
Por su parte, Donna Haraway apunta que hoy la ciencia es semiótico- material. El conocimiento se fusiona con el poder, dando lugar a la tecnociencia. Lo natural y lo artificial se unen como un modo tecnológico de vida. Las figuras de la tecnociencia son la semilla, el chip, el gen, el feto, la base de datos y el ecosistema, quienes son los testigos humildes o “agujeros de gusanos”. Además, entran a tallar cuestiones de poder y ética por lo que se debe prestar un testimonio veraz y responsabilizarse por las consecuencias. Esas informaciones ejercen poder incluyendo a algunas personas y excluyendo a otras. En el capitalismo informacional los hechos tienen marca registrada y las verdades adquieren valor.
Haraway se refiere al papel del testigo humilde (no juzga ni es juzgado): debe conectarse con el orden tecnocientífico de la información, no en busca de un espacio crítico de sustancia sino como una articulación, un complemento más, un “y”.
En la globalización capitalista, se da una producción semiótica material de algunas formas de vida y no de otras. La acumulación es de medios -no de fines- valorizables, como la propiedad intelectual, que a su vez constituye un medio de información. Lo que adquiere valor es el prototipo: la patente sobre los bienes, el copyright sobre los significados y las marcas registradas, que son centrales para la acumulación. Hay quienes quedan excluidos de la valorización del objeto. Las tareas de diseño se realizan en estudios o laboratorios. Y la vida queda incluida en el sistema tecnológico.
Comunicación, código y crisis de la reproducción
Lash toma ideas de Alasdair Scott. Los nuevos medios están compuestos por tres elementos principales: el contenido (el material enviado), el código (la operacionalidad, la funcionalidad, lo que permite hacer cosas) y las comunicaciones (el transporte del contenido de un punto a otro). Para Lash son tres dimensiones de la sociedad y la crítica de la información.
La comunicación permite a la información adquirir un alcance global ya que por sí sola es estática. Le transmite una fuente de energía. Es una cuestión de cultura a distancia, implicando la procedencia de la comunicación o bien el desplazamiento desde lejos de la gente para encontrarse cara a cara. Aparta a la relación social, es intensa y de breve duración. A su vez, es la unidad contemporánea de análisis.
La nueva economía es comunicacional y por eso es clave el papel de Internet y el sector de la red. Los nuevos multimedios son la convergencia de la tecnología de la información con los medios. Así, las empresas de contenido cuyo punto fuerte era el diseño se convierten en mayor o menor medida en empresas de Internet. Es una economía de flujos –que navegan en redes- ya sean bienes o personas. Deleuze y Guattari hablan de “pulsiones” del deseo y “líneas de vuelo”. Esos flujos conquistan la hegemonía de la “desterritorialización” general de estructuras e instituciones, que se solidifican en un grupo de nuevas reterritorializaciones (algunas se convierten en infraestructura para los nuevos flujos). Por ejemplo las redes y redes de actores, normas y plataformas.
Surge una sociología de los medios o la mediología, que tendría que ver con la lógica de los nuevos medios y las comunicaciones.
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Hardt y Negri sugieren que el factor conducente a un nuevo orden social es el escape o la salida del orden anterior. No las luchas o contradicciones sino el excedente de lo social: el valor, según Max Weber, que compone la cultura y es duradero. El exceso está fuera de control; hay consecuencias imprevistas. Para Weber la ética de la responsabilidad es una comprensión de lo moderno en términos de la multiplicidad de dioses y demonios: una modernidad caracterizada por la contingencia. La cuestión es cómo nos enfrentamos a ello: asumiendo nuestra responsabilidad por los efectos secundarios. Otro exceso, tratado por Durkheim, es “lo patológico”, expulsado para preservar “lo normal”.
Touraine, en tanto, indaga en la sociedad posindustrial y la modernidad globalizada que se caracteriza por el cambio, la inestabilidad, la innovación y la producción crónicos.
Para Deleuze y Guattari la producción -es al mismo tiempo producción deseante- se identifica con el movimiento del devenir y exalta la vida. El ser implica reproducción y significado. Hoy en día se da un pasaje de un registro de significado a un registro de operacionalidad; son lógicas de sentido, un modo de orientarnos en el mundo de los no humanos. Filtramos el ruido del mundo tanto por medio de la operacionalidad como del significado. Lo social y lo simbólico funcionan por conducto del significado; las redes y lo real, por conducto de la operacionalidad. Un tejido urbano se transforma en un régimen de operacionalidad. En una era de flujos, estos no significan sino trabajan.
Por otro lado, el arte conceptual opera a través de las ideas y debe tener la brevedad del valor de la comunicación. Funciona gracias a la operacionalidad del espectador/usuario, quien debe juntar los pedazos y ya no interpreta: hace. Con la desaparición del afuera, la belleza y la sublimidad se retiran. El juicio estético resulta imposible. No hay tiempo ni distancia suficiente para juzgar.
En la sociedad de la información se rompe con los dualismos. Paradójicamente hay diferenciación e indiferenciación al mismo tiempo, simpleza y complejidad, homogeneidad y heterogeneidad, la mayor racionalidad y la mayor irracionalidad simultáneas. Lash remata: “Ya no podemos salir del flujo global de las comunicaciones a fin de encontrar un punto de apoyo sólido para la crítica. Ya no hay afuera. La crítica de la información está en la información misma.”
Grupo Digital News: Lionel Coria, Lorena Panzerini y Sonia Salcedo.

