Los pibes remontaban barriletes

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Ya es costumbre en esta ciudad ver a los niños empujando sus carros por la calle en zonas de muchísimo tráfico y embalando atados de cartón junto con algún cachivache de escaso valor para cambiarlos por algunas monedas que le ayuden a comprar algo para alimentarse.

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El trabajo infantil

Son chicos, son muchos


También podemos observar, sin ser demasiado detallistas, la gran cantidad de pibes que piden monedas en la salida de los supermercados, abren puertas de los taxis, limpian vidrios en las esquinas, reparten tarjetitas en los bondis, o venden encendedores y pañuelos descartables en la peatonal hasta altas horas de la noche.
Estos chiquitos, hoy sometidos al trabajo infantil mueren de ganas por jugar toda la tarde a las escondidas en el parque, andar descalzos por puro capricho, pasar los días pensando en fábulas y soñar con ser los héroes de un futuro mejor.
El problema no es superficial, existe un trasfondo que está directamente vinculado con una situación de extrema pobreza, falta de recursos, marginalidad y desamparo; que genera en los niños un marco de fragilidad y exposición a riesgos y peligros constantes ligados al abandono, a la incorporación laboral temprana, a la inseguridad propia de la calle en nuestros días, entre otros temas; afectando sus derechos, claramente especificados en la convención sobre los derechos del niño que aparece en nuestra Constitución Nacional.
Sumado a esto, el trabajo infantil urbano deja a los niños exentos de cualquier tipo de cobertura y realizando labores insalubles en condiciones de gran precariedad. En América Latina esta problemática afecta a los menores desde hace muchísimos años. Los riesgos que ponen en peligro sus vidas son cada vez más altos y están a la vista de todo el mundo.
El cirujeo infantil, la deserción escolar de cientos de chicos sin recursos, las diversas adicciones que sufren los pibes de la calle, la horrorosa alimentación de los menores de edad que comen de un contenedor de basura, y el peligro que corren los chicos que caminan solitarios en las madrugadas rosarinas; son hechos que deberían preocupar al total de la población. Sin embargo estos sucesos aparecen como moneda corriente en nuestra ciudad y son tomados con “preocupante normalidad” por la mayoría de los pobladores.
El trabajo realizado a temprana edad, es totalmente perjudicial para cualquier niño. Les proporciona problemas a su salud física y mental, ya que éstos poseen fragilidad e inexperiencia para realizar las mismas actividades que llevan adelante los adultos. Sería de vital importancia que esto cambie, para ello, creemos necesario que los rosarinos dejemos de ver esto como una faceta mas de la cotidianeidad, para reconocerlo como lo que es, un grave problema social que necesita una solución urgente.

Leonardo Otta
Juan Tagina

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Esta página contiene una sola entrada realizada por Leonardo Jorge Otta y publicada el 14 de Mayo 2009 5:13 PM.

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