ARGENTINA, ¿PRIVILEGIADA O CON AMENAZA LATENTE?

Aunque la Argentina se encuentra en un lugar privilegiado del planeta, que la protege de las peores furias de la naturaleza (huracanes, tsunamis, maremotos), las catástrofes naturales también amenazan nuestro territorio. Aunque menos espectaculares que las que azotan otras regiones, estos fenómenos han provocado, de todos modos, cuantiosas pérdidas humanas y económicas.
Pero el lamentable historial de terremotos, inundaciones, avalanchas y erupciones que arrastra nuestro país no ha logrado definir una política nacional capaz de avanzar en materia de prevención y alerta temprana. De hecho, el Sistema Federal de Emergencias (Sifen), creado en 1999 para centralizar y coordinar las acciones de los diferentes organismos competentes en caso de catástrofes, parece no terminar de concretarse.
Mientras tanto, en la zona con mayor vulnerabilidad sísmica del país – las regiones centro-oeste y noroeste -, nadie sabe cuántos cumplen con las normas de construcción sismorresistentes establecidas por el Instituto Nacional de Prevención (Inpres) (www.inpres.gov.ar) y la policía edilicia, encargada de controlar, no cuenta con personal suficiente; la actividad volcánica es deficientemente monitoreada (no más de diez ciudades conocen cuán estables son sus zonas montañosas) y, en cuanto a las inundaciones, las obras de infraestructura no pueden garantizar un freno eficaz para el avanza del agua.
Como se ese panorama no arrojara demasiadas sombras, el cambio climático y el calentamiento global han comenzado a acelerar sus relojes también sobre nuestras tierras.
Los estudios iniciados durante el año 2006 por la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable pronostican para los próximos años el aumento de las tormentas severas, así como una mayor intensidad y recurrencia de crecidas e inundaciones. Los efectos adversos también incluyen la disminución de la disponibilidad de agua en los oasis andinos para consumo humano, riego y generación hidroenergética; el retroceso de glaciares en los Andes patagónicos y, en otras zonas cordilleranas, la afección de ecosistemas y la extensión espacial del radio de enfermedades provocadas por el aumento de las temperaturas.
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CATÁSTROFES NATURALES EN ARGENTINA Hasta hoy, el terremoto de mayor magnitud (8 puntos) se registró en el noroeste de San Juan, el 27 de octubre de 1894.
El terremoto más devastador pasó el 15 de enero de 1944, por la ciudad de San Juan. El movimiento telúrico destruyó el 80 % de las construcciones existentes y ocasionó unas 10.000 víctimas fatales.
En 1983, la cuenca del Plata se inundó durante 10 meses, y si bien por suerte no hubo heridos, el costo económico que dejó fue de 2000 millones de dólares.
Uno de los casos de remociones en masa más resonantes fue el de Palma del Solá, en Salta. El 5 de abril de 2001, un aluvión de agua y barro originado por fuertes lluvias causó víctimas fatales y serios daños en la región.
El 29 de abril de 2003, se abalanzó sobre la capital santafesina una inundación que quedará en la historia, el desborde incontrolado de las aguas del río Salado cubrió prácticamente el 60 % de la ciudad, dejó a más de 120.000 afectados y ocasionó gastos de 1000 millones de pesos.
María Inés Martínez, miembro de ECOCLUB – asociación sin fines de lucro que trabaja en defensa del medio ambiente –
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