Marginación, pobreza y desempleo en Rosario
Según el INDEC, la indigencia desciende. En Rosario, las villas de emergencia se expanden.
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Desde hace más de tres años, los índices de indigencia de Rosario y Gran Rosario descendieron por debajo de la media nacional, según el Instituto Nacional de estadísticas y Censo. A la par, las villas de emergencia se expanden cada vez más, según publicó recientemente el diario La Capital. Mientras tanto, en las calles de la ciudad, los que se mantienen al margen del mercado laboral y ajenos a las discusiones de inventario, intentan conseguir el sustento de cada día apelando al comercio informal, la formación de cooperativas de productores, los espectáculos callejeros, el cirujeo y la mendicidad.
A comienzos de 2007, la entonces titular del INDEC, Graciela Bevacqua, fue removida de su cargo, generándose una polémica respecto de la independencia del organismo para la producción y publicación de los datos que, hasta ahora, han sido “favorables” a la administración ejecutiva actual: los informes revelan descensos no sólo en la indigencia, sino también en el desempleo; muestran crecimiento de la actividad comercial, del trabajo en blanco, entre otros.
Los índices halagüeños para unos siguen siendo alarmantes para otros. Según un informe elaborado por las investigadoras de la Facultad de Ciencias Políticas y relaciones internacionales de la Universidad Nacional de Rosario, Lic. Silvia Robin y Pala Durán, los más afectados por la indigencia y el desempleo son los jóvenes de entre 14 y 25 años. El sociólogo Zygmunt Bauman, en su libro Modernidad Líquida, afirma que la velocidad que exige la sociedad actual para la formación laboral y técnica, no será alcanzada por quienes hoy carecen de los recursos incluso para una preparación mínima, de manera que seguirán estando al margen del sistema; y el número irá en aumento.
El sistema económico que se viene implementando desde mediado de los 70 y que se profundizó en los 90, dejó una gran masa de la población activa y a la generación que le seguía, a un costado del mercado laboral; la respuesta del gobierno fue la implementación de políticas asistencialistas, que, además de insuficientes para cubrir el mínimo indispensable para la subistencia, fomentaron el abandono de la búsqueda de una reinserción.
El breve informe que aquí se intenta no ha tomado en cuenta la creciente tasa delictiva en la ciudad que, mirada con detenimiento, es una estrategia más de supervivencia de las clases desplazadas. No se nace ladrón ni se lleva el germen en la sangre. Sin embargo la solución que se exige es el aumento de las penas, el endurecimiento de la ley. Hoy por hoy, todo aquél que por su apariencia es “pobre” es un sospechoso para la policía y para la sociedad.

