¿Hacia una apatía política generalizada?
Santa fe se prepara para un agitado año político que la movilizará, no solo con su elección de gobernador e intendente sino que también, será parte del sufragio a nivel nacional. La carrera para jefe de estado versión 07 largó, hace ya un tiempo atrás, cuando aquel 1º de mayo de 2006 frente a la Rosada y durante un acto presidencial, los medios de todo el país registraron en el cielo azul y blanco, los contrates de un pingüino inflable con la inscripción: Kirchnner Conduce: 2007. De ahí en más el electorado quedó al azar de innumerables idas y venidas de varios posibles candidatos, y al hastío de las siempre saturantes y confusas campañas. Dentro de este escenario aparecen los obligados nuevos electores que con sus actitudes y comportamientos hacia el deber cívico, demuestran las grietas formativas e informativas de las cuales la sociedad no debería hacer la vista gorda.
Los resultados que arrojan las investigaciones y encuestas sobre el compromiso cívico del voto en la comunidad adolescente argentina, van más allá de lo previsible y pueden aparecer, en primera instancia, como un llamado de atención a mas de una institución social.
Alarma 1: desde la vuelta de la democracia en el año 83, las políticas educativas del Estado Argentino no han dado señales de compromiso ante la ausencia en los programas de dinámicas de concientización en torno a la ciudadanía, a los deberes y compromisos que ella requiere.
La historia de los contenidos, en los últimos 20 años, a hecho hincapié sobre reformas superficiales y fugaces (características propias de las iniciativas dirigenciales en años electorales) que nunca han podido cambiar los ejes fundamentales de esta problemática educacional.
Alarma 2: las instituciones partidarias al borde del colapso. Y es que, en el juego político actual los espectadores representados ya no se sienten más identificados con los actores representantes.
Así buscan captar adhesiones por medio de mecanismos que se asemejan más a una campaña publicitaria de un producto masivo, que a la difusión y proposición de ideas. Encima, en medio de este desencantamiento de las campañas, ni siquiera apuntan a los nuevos votantes como consumidores a los cuales crearles una necesidad.
El ultrapersonalismo en la imagen de los “equipos políticos” , que buscan su lugar como representantes, y la gran mediatización son factores palpables entre estas acciones.
Atando cabos...
El panorama institucional que contribuyó al agravamiento de una crisis representativa, la cual como se ha apreciado, no deja al margen al estrato adolescente, se conjuga con el rol social de los medios de comunicación que empañan esta transición hacia un supuesto “nuevo modelo electoral” (podría decirse), con su enorme desinformación (abundante cantidad de temas superfluos en relación a los candidatos, por ejemplo) creando dudas y confusiones en los inexpertos votantes.
Tirando un poco más del ovillo, y siempre en relación a el análisis de los datos arrojados por la encuesta, se comprueba que en el ámbito familiar se ven reflejadas estas cuestiones en un nivel bastante crítico, ya que no solo este tipo de temáticas se abordan desde la banalidad (que los medios acentúan), la “objetivación” de los candidatos (que los aparatos políticos le confieren) y la falta de compromiso cívico, la que no se manifiesta de manera inconsciente: los mismos jóvenes son capaces de expresar su sed educativa con respecto a sus derechos y deberes ciudadanos.
Sociedades cada vez más heterogéneas y fragmentadas, su representación se dificulta minuto a minuto, las viejas recetas de los tradicionales partidos políticos de masas aparecen como inoperantes dentro de este nuevo contexto minado de abstenciones y generando una creciente ola de apatía política en los sectores más jóvenes.
Sin dudas estas señales convulsivas huelen a una transición, el giro podría estar dentro de este indicio que propone Juan Abal Medina(H):
“Frente a la debilitada representación post-Social, la construcción de un andamiaje institucional participativo puede no ser solamente el anhelo de quienes seguimos creyendo que el ideal del auto-gobierno del pueblo vale la pena, sino la necesidad de todos aquellos que sienten que nuestras actuales democracias desprovistas de la legitimidad popular pueden ir vaciándose progresivamente de contenido”.

