Horacio Quiroga: entre el enigma y la tragedia

La vida de un escritor, a partir de su obra, siempre despierta interés, curiosidad. Pero si este escritor es Horacio Quiroga, probablemente ocurra en grado superlativo.
Es que el notable autor, uruguayo de nacimiento y argentino por adopción, transitó experiencias terribles que fueron impregnando sus escritos como una constante.
Su padre muere accidentalmente cuando sólo contaba dos meses (1879),pero este hecho de muerte trágica volvería a aparecer a sus dieciseis años con el suicidio de su padrastro, que lo tuvo como circunstancial testigo.
La vida en la selva misionera, llena de encanto y misterio, dio rienda suelta a la imaginación del joven escritor que comienza con la poesía y luego continúa con una prosa donde su mundo literario está plagado de reptiles, selvas, alucinaciones, calores asfixiantes...y la muerte, siempre ella, cuando por accidente al manipular un arma, pone fin a la vida de su mejor amigo.
A pesar de tantas desgracias Horacio Quiroga, dueño de una personalidad inquieta y curiosa, mostró interés por el ciclismo, la química, la fotografía y, fundamentalmente la literatura. Su vida transcurre un tiempo en Buenos Aires, pero el viaje que emprendiera con Leopoldo Lugones a las Misiones Jesuíticas lo "detendrá" en la provincia mesopotámica, en la que formará su familia (en 1911) con Ana María Cirés. La llegada de sus hijos Eglé y Darío, darían al singular escritor una vida más apacible y armónica. Juez de Paz en San Ignacio, construye él mismo su casa de madera en plena selva.
Mas, un hecho terrible golpea nuevamente su vida: en 1915 su esposa se suicida. Quiroga se traslada a Buenos Aires con sus hijos, donde comienza a publicar su obra. "Cuentos de amor, de locura y de muerte" logran transmitir angustia, dolor y ese sino trágico de su mente atormentada. "Cuentos de la selva", por el contrario, sumergen tanto a niños como a adultos en un mundo de aventuras donde los animales no sólo cobran vida a través del lenguaje sino que dejan además una suerte de moralejas, tan importantes en la formación de los más pequeños.
Escritor, periodista, editor, su trabajo incansable no deja de lado su vida amorosa: vuelve a casarse esta vez con María Elena Bravo (amiga de su hija Eglé), convirtiéndose en padre de Pitoca. Una vez más, las desavenencias matrimoniales dieron por tierra con lo que se perfilaba como una nueva puerta a la felicidad...
Nuevamente la tristeza, el abandono de la literatura y el internarse en la selva, tratando de mitigar sus penurias. El diagnóstico de cáncer gástrico lo devuelve a Buenos Aires para su tratamiento;pero inmerso en la soledad y ya sin fuerzas para soportar tantos sinsabores, se suicida el 19 de febrero de 1937. Sin embargo, su desaparición será tan sólo física: "Los arrecifes de coral" (versos y prosa), "El crimen del otro" (cuentos), "Los perseguidos" (relato) "Pasado amor"(novela), constituyen un legado imborrable para la literatura argentina. Igualmente valioso es el aporte periodístico para publicaciones como "Fray Mocho", "La Reforma"(Uruguay), "Mundo Argentino", por citar algunos ejemplos.
Desde el punto de vista literario a Horacio Quiroga se lo sitúa entre los continuadores del modernismo y los innovadores del relato contemporáneo. En el "Decálogo del cuentista" (del que es autor), muestra su admiración por Mauppassant y Chejov; pero será Edgard Allan Poe quien mayor influencia tendrá en su obra que en modo alguno significa dejar de lado su originalidad y la capacidad de mantener en vilo al lector a medida que avanza en la lectura.
Sin embargo, sobrevuela una inquietud: dicha influencia ¿se deberá a una cierta similitud entre sus vidas? ¿A una obsesión por lo trágico que marca en ambos el rumbo de sus narrativas? Tal vez sea así...Pero más allá de las interpretaciones que puedan hacerse, el balance de una vida azarosa y llena de tormentos tiene como respuesta una profusa obra literaria que perdurará por siempre.
Foto de Horacio Quiroga:revista IMAGINARIA-Nº 97
BUENOS AIRES, MARZO 5, 2003
Entrevista a la profesora Hilda Muñoz

