La comunicación es transversal a todo proceso social, un agente indispensable para todos los aspectos de la vida del hombre. Es una cadena constante en donde cada eslabón es un complemento de sus antepuestos.
La oralidad, en la Grecia Antigua, es la que marca el inicio de este vínculo comunicativo cuyo quiebre se produce con el surgimiento de la imprenta. Mc Luhan, en “La Galaxia Gutemberg”, sostiene al respecto que “el ojo se aceleró y la voz se acalló”. Sin embargo esto no significa la sustitución de un modo –eslabón– por otro ni mucho menos, si no que, es un complemento que contribuye con nuevas formas. Así es como se va “nutriendo” la cadena comunicativa anteriormente mencionada.
Hoy podemos encontrar como último –pero no definitivo– segmento comunicativo a Internet y las Nuevas Tecnologías (Tic’s). Cada uno de estos avances van reconfigurando nuestra forma de percibir y entender el mundo como, así también, nuestras prácticas culturales y sociales.
A manera personal, podemos decir, que Internet y las Tic’s han marcado un quiebre similar o, tal vez, más importante al que ocurrió con la imprenta. Como ésta en aquel momento, las Tic’s proponen una nueva jerarquía de sentidos, exigen una máxima de atención de todos ellos fundamentalmente por la chance de tener distintas ventanas a la vez por las cuales podemos mirar el mundo. Nos permiten introducirnos en un ciberespacio donde el tiempo no es tiempo y en donde el espacio es virtual –por encima del físico real–. Pierre Levy en “¿Qué es lo virtual?”, plantea; precisamente; que es un modo particular de ser, que difiere de lo falso, lo ilusorio y lo imaginario, sin oposición a lo real cuya diferencia está marcada por la presencia física inmediata.
Entre las distintas potencialidades que ofrecen las Tic’s, se destacan principalmente la posibilidad de un acceso directo al mundo en cualquier momento y lugar, la eventualidad de reducir “virtualmente” una extensa distancia física. Además, permiten la posibilidad de una amplia gama de soportes: imagen, sonido, texto, movimiento. Es una comunicación totalmente asincrónica ya que los interlocutores no están frente a frente el uno con el otro.
Benjamín en “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, hace hincapié en el aquí y ahora de una obra de arte que determina su “aura”; su autenticidad; su existencia irrepetible en el lugar en que se encuentra más allá de todos los intentos de reproducción –generadores de una atrofia constante del aura–, con un autor definido y una existencia espacio temporal determinada. Creemos que con Internet –y siguiendo a Benjamín– se profundiza la atrofia del aura de la obra de arte, pero en este caso, la diferencia radica en que aquí no hay posibilidad de autor ya que no existen fronteras definidas y cualquier punto puede conectarse con cualquier otro, siendo éstos entrada y/o salida –de acuerdo a la elección de cada uno– de la obra. En este caso, el receptor no es pasivo, si no que todo lo contrario. “Toda lectura es un acto de escritura” es decir que el receptor es activo, tiene la posibilidad de reconstruir la obra proponiendo, a su vez, nuevas formas para reconstrucciones futuras.
Mauro Pistelli