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Exposición 2008 Archivos

Junio 6, 2008

¿Es posible resistir a la sociedad de la información contemporánea?

Cuando Lash nos dice que “no hay escape del orden de la información” nos vemos sumergidos por primera vez y de manera más cercana en el pánico que nos produce día a día (o que alguna vez nos produjo) el ser partes de un torbellino de datos, noticias, información al fin, que no nos deja ni siquiera deslizar alguna especie de ataque (al menos de la forma más breve) debido a que somos inherentes al mismo. Es aquel sujeto ahora convertido en cuasi enemigo llamado información global, frente al cual desearíamos lanzar un ataque que en definitiva nos permita cambiar o entender cierto orden de cosas (como la desinformación misma), pero que se nos escapa entre los dedos.

Al vernos sumergidos en esta realidad de la que somos juez y parte podemos aseverar en nuestro día a día, en la construcción de noticias y en la lectura de miles de ellas, el “espabilamiento” creciente de nuestros inocentes intelectos pero también cierta “estupidización” inevitable, mencionada por Lash.
Nada como una perspectiva mcluheana para explicar cómo esta abstracción de información de la que formamos parte, donde los restos de la realidad misma y la incipiente pero efectiva segunda realidad se combinan en nuestra cotidianeidad a través de los mass media, logran construir una sociedad “desinformada de la información”.
Según McLuhan el sujeto no sólo es inmanente y está en el mundo con los objetos tecnológicos, sino que se fusiona con ellos y se transforma en sus “extensiones”.
Si cada uno de nosotros pudiera comprender y aceptar lo efímero de cada cosa que publicamos en la red en cada hora, en cada minuto en que se escribe algún tipo de información, seguramente esta perspectiva (que hoy por hoy también incluye al periodismo) nos daría una visión más completa y evidente de la afirmación que se concreta en la práctica: la información está condensada en tiempo y el espacio y su velocidad permite apenas una mínima cuota de reflexión.
Es por ello que Lash afirma que “la nueva generación no es la generación de hoy sino la generación que aún no es” y que de alguna manera tampoco existirá, debido a la fugacidad de la temporalidad actual.
Sin embargo en una sociedad red donde todo límite se torna difuso, donde prima el desarraigo y la tecnología no corre sino vuela (a velocidades ya inauditas) es posible repensar esta circunstancia ( si acaso lo fuere) como un apéndice de la era electrónica a la que sería posible adaptarnos sin mayores precipitaciones. Una sociedad red a la que de a poco nos iremos acostumbrando y cuya revolución, a la velocidad de la información, ya ocurrió.
Es posible repensar el presente de la información aunque no asistir a una crítica demasiado concienzuda ya que como afirma Lash “la participación profunda se produce en un marco de distracción” del que no hay evasión.
Quizá a modo de consuelo o de comprensión práctica en un contexto de incertidumbre podamos quedarnos con la clara reflexión e interpretación en parte realizada por McLuhan en la que explica que tras milenios de lenta explosión y expansión siguió una súbita “implosión” de los medios electrónicos de la mitad del siglo XX, en que la relación social está siendo desplazada por la comunicación, intensa y breve, donde una vez que el acto social y la institución dejan el centro del escenario a la comunicación y el flujo, la sociología corre el riesgo probable de ser borrada progresivamente por una “mediología” general con la que por cierto, ya nos estamos familiarizando, mientras que aceptamos, cedemos, resistimos…

Junio 23, 2008

Formas periodísticas de vida

Recuerdo, ahora, un artículo que escribí al calor de cierta inflexibilidad moral propia de la exagerada juventud. Intentaba, allí, demoler a cualquier costo el asunto aquel del reverencial temor que suele despertar la página en blanco a cualquiera que alguna vez se haya enfrentado a la estimable empresa de la escritura creativa (sea esta científica, literaria, ensayística, tanto da). El asunto es que el destino tiene un exquisito humor negro. Y aquí me ven. Bloqueado. Empantanado. Consumido por las tazas de café vacías y los tics nerviosos personales que se disparan hacia límites insospechados en momentos de incertidumbre como este. Sin tener demasiada idea respecto al futuro de esta segunda entrega.

Con anterioridad, me ocupé –con cierta diligencia, relativa virulencia discursiva y abundante pirotecnia verbal– de entrometerme en un terreno cuya topografía, a ojos de quien suscribe estas líneas, bien parecen arenas movedizas. Al ocuparme de las ciencias agoté buena parte de mis municiones. Proseguir aquella tarea –que el lector con tiempo e interés verificará inconclusa en caso de leer los apuntes que preceden a estos– supone una voluntad académica que excede largamente mi coraje intelectual este sábado por la tarde. Las desordenadas –y temerarias– observaciones sobre las irracionalidades que subyacen a la ciencia moderna que me ocuparon hasta ahora serán prudentemente llamadas a silencio para adoptar una sensible desviación temática que entiendo saludable.

La polémica (gimnasia retórica casi olvidada en su variante periodística) parece el camino mas corto hacia la celebridad. En este sentido, el análisis que sigue puede leerse como un diálogo con este otro artículo publicado por mi compañera Geraldine Becker.

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Junio 26, 2008

La naturaleza de la ciencia

"La verdadera grandeza de la ciencia acaba valorándose por su utilidad.” Frase célebre del español Gregorio Marañón con la cuál expone el significado mismo de la ciencia.

Destacar que muchos autores y filósofos coinciden con la premisa antepuesta no sería descubrimiento alguno. Pero vale la pena, o por lo menos mi conciencia lo pide, recordar que para Galileo, como expone Morris Berman en “El reencantamiento del mundo”, la ciencia no era una herramienta, sino el único camino hacia la verdad. Con esto no pretendo afirmar que así lo sea, pero a lo largo de mi vida me he preguntado, y aún lo sigo haciendo, continuas preguntas que no logro despejar de mi cabeza, o por los menos ni las ciencias han sido capaces de explicarme claramente.

Las ciencias matemáticas, y he aquí una de las preguntas que toda persona se debe haber planteado en algún momento de su vida, no logran despejar, ni creo lo logre en algún momento, ciertos planteamientos que a diario me repregunto.

¿Porqué las cosas tienen el nombre que tienen?. No es mi intención que nadie me explique el significado de las palabras ni mucho menos. ¿Pero porqué lo que hoy llamamos mono no lo llamamos morrón?. No pretendo que las personas que lean este fragmento me juzguen por la incoherencia de mis palabras. Pero comienzo a inclinar mi visión del mundo a partir del concepto de cambio del “por qué” al “cómo”.

No soy admirador de la filosofía, pero muchas de las grandes personas que se destacaron allá pretendieron cotejar sus pensamientos con meros ejemplos. Entonces me pregunto, ¿Porqué 1 + 1 es igual a 2?, o replanteando mi cambio de visión, ¿Cómo se que 1 + 1 es igual a 2?. Descartes lleva a las personas a pensar y dudar en absoluto de las cosas a través de la duda metódica. De allí se desprende mi vago pensamiento que duda, incluso, de las ciencias exactas. Más allá de que estas admitan principios y hechos rigurosamente demostrables, aun me planteo el porqué de las sumas. Puede que mi odio a las matemáticas exterioricen mi pensamiento, pero me quedo con lo de Descartes.

De pequeño me preguntaba como era que Papá Noel podía volar con sus renos. Es que mi mamá siempre jugó con nuestros sentimientos y toda mi ilusión y enamoramiento hacia un gordo inexistente, desplomó cuando una navidad encontré a la persona que me había traído al mundo disfrazándose en su pieza. Claro que hoy mi vida no gira alrededor de ese hecho, pero debo reconocer que aquel momento fue terrible. Creo que fue a partir de allí que comenzó mi descreimiento de las cosas, pero siempre encubierto, y acabo de darme cuenta, por el pensamiento inducido de mi mente en forma mecánica.

Como expresa Bacon, “es necesario que desde el comienzo, a la mente no se le permita seguir su propio curso, sino que sea guiada en cada paso de modo que el asunto sea concluido como si fuera hecho por una máquina”. Entonces me pregunto si muchas veces el comportamiento humano está completamente arraigado al mecanicismo mismo del propio hombre.

“La duda, esa vaga nubecilla que, a veces, habita los cerebros, también puede entenderse como un regalo. Y no es -lo que queda dicho- una aseveración, ya que, sobre ella, tengo también mis dudas” (Camilo José Cela).

La expansión tecnológica disparada con Internet, no hizo más que crear nuevos mundos, redes, entre grandes ciudades unidas por un vínculo en común, o no, de diferentes países. Es así como Scott Lash, advierte que San Pablo se asemeja más a las ciudades de Tokio, Londres, París, que a sus pares brasileras. El mercado brindado por Internet se acrecienta día a día, las competencias ya no son nacionales, locales, sino que se han vuelto, casi por completo, internacionales. Y aquí es donde me pregunto hasta que punto ha llegado esta herramienta, que hasta se puede observar, como lo hemos visto en clase a través de una infografía, la competencia entre las diversas multinacionales de todo el mundo con sus respectivos balances. Espero no haberme equivocado, y de ser así, que algún compañero de clase que tuvo la posibilidad de observar dicha infografía me corrija.

¿No nos ha simplificado demasiado la vida esta red de redes que, como otra infografía lo mostraba, podemos observar los precios de las construcciones en diversas ciudades de Estados Unidos?

Otro pasaje en "Crítica de la información" afirma que en la sociedad red, las formas de vida están de algún modo en el aire, y que el ser en el mundo se ha transformado en el ser en el planeta. Ahora entiendo porque mi abuela nunca llegó a entender como funcionaba esta "gran máquina". Es que nunca se imaginó como una persona, a través de una computadora, podía conversar con alguien situado en cualquier punto del mundo. Ahora me pregunto, y repitiendo la misma pregunta que se hace mi amigo Paco mail por medio, ¿dónde van a parar todos aquellos mails que extravían en la vía láctea cibernética?, ¿existirá un gran basurero cibernético y nosotros nunca nos enteramos?

Otro de los tópicos que el artículo de Lash hace referencia es el de una sociedad des-informada de la información. Aquí me quiero detener un momento. No pretendo redescubrir nada, solamente recordar lo que desde hace mucho se dice al respecto. Blogs, Spam, Correos electrónicos, páginas web, etc. Una infinidad de lugares en donde la invasión de información es a diario, donde en muchos casos los informadores no respetan a la sociedad, donde existe la posibilidad de publicar y decir cualquier cosa sobre cualquier tema, donde no existe el tiempo ni el espacio para la reflexión, donde todo puede pasar. Ahora bien, no derrumbemos este mundo por culpa de los des-informadores de la información. Una breve apreciación es lo que quise hacer, no es mi intención nivelar mi capacidad de reflexión con la de Lash, sería una utopía. La coherencia es la única herramienta que nos queda para protegernos de los medios de des-información.

¿Que tipo de información se le puede ofrecer a las personas a través de un teléfono celular?,
¿Cree usted estar informado con unas pocas palabras que recibe a diario en una ínfima pantalla móvil? Si usted cree sí, estamos perdidos. ¿Como es posible que hasta novelas puedan leerse a través de un celular? Todo está comprimido en un byte.

Un pasaje de McLuhan en "El poder no lineal" afirma lo siguiente: "...la televisión ya no informa sobre la guerra y ni siquiera difunde una ideología belicista, sino que la guerra y la política suceden en la televisión". Creo que no cabe explicación alguna. No vale la pena arrojar en este texto ejemplos que testifiquen este pensamiento McLunhiano.

Latour, en "Un colectivo de humanos y no humanos" sostiene que "Todo artefacto posee su propio guión y ejerce su potencial capacidad para agarrar al que pasa junto a él y obligarle a desempeñar alguno de los papeles de su libreto". ¿No existen personas celular dependientes?, ¿no sentimos la necesidad de estar todo el día informado?. Hasta hace 6 años esto no me pasaba. No crean que soy celular dependiente, pero ni tengo una adicción hacia él. Pero muchas veces he llevado el celular al cine y ahora me pregunto: ¿Para qué, si cuando entro a la sala lo apago?. Tan tonto no me siento, o por lo menos sé que no soy el único. Pero lo peor es que lo voy a seguir haciendo. ¿Cual es el sentido del hecho?. Ya me estoy entrando a preocupar.

Un ejemplo a partir de un arma de fuego es brindado en uno de los textos de Laour. Paralelamente, quiero y espero, valiéndome de semejanzas, reflejar el mismo significado. Me remito al reciente conflicto campo-gobierno. Las cámaras de televisión hicieron que, valiéndose de su poderío, muchas personas, desconocidas hasta el momento, enfrentaran a las mismas y, como duques y dueños de verdades, hablaran a todo un país como si fueran expertos en oratoria. ¿Que es lo nos produce una cámara encendida?. No me pregunto del porque lo medios dan un cierto enfoque a los temas porque sería algo ilógico. Pero las personas se valen de los objetos para ejercer, en este caso, cierta influencia sobre un determinado hecho. ¿Acaso no se les dio demasiada importancia a personas incapacitadas para hablarle a todo un país?

Retomando nuevamente el tema de los adelantos tecnológicos y a la tecnología en particular. Mi generación, sepa usted que tengo 22 años, considero que es una de las últimas, puede ser la última aún, que se crió sin esta gran parafernalia de Internet.

Pensemos que las generaciones actuales se criaron con juegos en red, interactúan diariamente con personas de cualquier punto del planeta, y realizan infinidades de cosas que se les ofrece fácilmente y poseen a su alcance. No tienen la dimensión de lo que se les brinda a diario. Mi generación, se crió con el Family Game, con el Atari y corriendo detrás de una pelota en el verde césped del club. A partir de los 16 años recién tuve la posibilidad de explorar el nuevo mundo cibernético. La juventud de hoy apodera su concentración en una pantalla y pierde gran parte de su tiempo embobado con simples juego que, reproduce casi idénticamente la vida real. Ellos, sólo están experimentando un nuevo mundo sin comprender su complejidad.
Y eh aquí una gran y verdadera consideración de Latour, "la nueva generación no es la generación de hoy, sino la generación que aún no es."

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