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Donald Lowe – Historia de la Percepción Burguesa

¿Cómo conoce el hombre? Este interrogante ha estado presente en las diferentes corrientes filosóficas a lo largo del mundo, a través de nuestra historia. Las teorías sobre el aspecto gnoseológico de la humanidad han sido confrontadas y refutadas unas contra otras, sin poder establecer un punto en común.

Donald Lowe no quedó ajeno a esta discusión. Sin ser un férreo representante de alguna de estas escuelas, su opinión, plasmada en diferentes textos de su autoría, ha sido utilizada como valuarte de la Fenomenología. Esta corriente considera que el hombre conoce a través de sus sentidos, del contacto de su cuerpo con el mundo exterior, esto es, a través de la percepción.

Lowe cita a M. Merleau Ponty, quien en su obra la Fenomenología de la Percepción deja en claro el modo de conocer del hombre: “El ser humano se conecta con el mundo por vía de la percepción”. Pero nuestro autor va más allá en esta definición, y amplía el concepto. Según explica, la percepción no es sólo el acto de percibir, sino que también incluye al sujeto como perceptor y al contenido de lo percibido.

“El sujeto perceptor, desde una ubicación encarnada, enfoca al mundo como campo vivido, horizontal. El acto de percibir une al sujeto con lo percibido. Y el contenido de lo percibido, resultante de tal acto, afecta la influencia del sujeto en el mundo”, aclara Lowe en su Historia de la Percepción Burguesa.

En resumen, Lowe toma a la percepción como “el contexto inmanente y hermenéutico en el cual localizar todo contenido de pensamiento”. Este contexto conlleva la existencia de tres factores que limitan al acto de percibir: los medios de comunicación, la jerarquía de los sentidos y las presuposiciones epistémicas (aquello que participa de la naturaleza del conocimiento o del conocer como tipo de experiencia).

Para comprender mejor la teoría propuesta por Lowe sobre la percepción, es necesario dividir la historia en cuatro grandes etapas, cuatro culturas diferentes pero sucesivas y complementarias, que el autor mismo clasifica como: cultura oral, quirográfica, tipográfica y electrónica. En cada una de ellas, Lowe intentará explicar de qué modo los distintos factores limitan o encuadran el modo de percibir del hombre.


Etapa 1: la Cultura Oral
Es el inicio de la relación entre humanidad y percepción, en esta pequeña historia propuesta por Lowe. En esta época, el conocimiento se encontraba ligado al habla. Se trata de una cultura oral, carente de medios escritos que guarden registros, por lo que el habla debe cumplir una doble función: comunicar y conservar los conocimientos.
Para que el habla se vincule fácilmente con la memoria se recurría a la fijación de fórmulas métricas y lugares habituales para los diferentes actos. Esto se debía a la idea de que lo novedoso y original cuesta más asimilarlo, y por tanto era olvidado.
Para explicar el modo de conocer del hombre, Lowe cita a Michel Foucault, quien en su libro "El Orden de las Cosas" establece que el discurso es gobernado por reglas o presuposiciones epistémicas. En esta etapa, el autor propone como regla clave a la anagogía, esto es, el conocimiento por medio de la intervención divina.
Por otra parte, se creía que sólo aquello que se escuchaba era cierto, que no podían equivocarse sobre lo que habían oído. Esto otorgaba mayor validez al sentido de la audición, y el sonido era más valorado que lo visible.


Etapa 2: la Cultura Quirográfica
Esta segunda etapa se caracteriza porque la supremacía del oído comienza a ser desplazada por la vista. Aparecen las primeras escrituras, como constancia y almacenamiento de los conocimientos. La vista comienza su época de superioridad, pero aún no logra desplazar la fidelidad del oído.
“Buscar un significado es sacar a luz una semejanza”, afirmó Michel Foucault en relación con el método de conocimiento durante el Renacimiento. Lowe coincide con Foucault: el conocimiento se da por medio de semejazas; y describe cuatro figuras que se derivan de ella: la convenientia (una semejanza basada en una escala graduada de proximidad espacial), la aemulatio (una especie de convenientia sin limitación espacial y por ello capaz de conectarse desde ciertas distancias sin movimiento real), la analogía (reforzada por la convenientia y la aemulatio, de modo que era posible unir todo el universo con el microcosmos humano en el centro) y la simpatía (que excitaba las cosa al movimiento y unía hasta las más distantes).


Etapa 3: la Cultura Tipográfica
Con el nacimiento de la imprenta se produce una de las revoluciones más notorias de nuestra historia. Los tipos pictóricos impresos estandarizan los signos lingüísticos, y su identidad única provoca la sistematización de los escritos.
La vista se consolida como el principal sentido. Las costumbres de las fórmulas medidas, recitar los manuscritos, escuchar para aprender y conocer, son desplazadas por la masificación de los textos y la lectura individual y silenciosa.
Surge una nueva interpretación del orden epistémico: ahora los conocimientos son adquiridos por el doble juego de representación espacial y desarrollo temporal. El mundo dejó de ser concéntrico para convertirse en una extensión espacio-temporal. El campo de la percepción adquirió nuevas profundidades. El conocimiento se volvió dinámico y reflexivo, dando lugar a nuevos conceptos. El ejemplo más claro citado por Lowe es el término “desarrollo”, como comprobante de esta nueva visión del tiempo como proceso.


Etapa 4: la Cultura Electrónica
Actualmente nos encontramos atravesando esta cuarta etapa, donde los medios eléctricos y electrónicos dominan la vida cotidiana. Los mensajes ya no se transmiten en voz alta o discursos ni en libros o textos, sino que se creó un código binario de transmisión electrónica: los bits.
Este nuevo método de codificación permite a los mensajes viajar de un lado a otro del planeta en cuestión de segundos, comprimiendo a límites inimaginables las nociones de espacio y tiempo.
Es una época en que los sentidos se hallan más unidos, en especial la vista y el oído. Lo audiovisual invade las nuevas tecnologías: la televisión e Internet son quizás los principales ejemplos. El problema de esta extrapolación es que sólo dos de nuestros cinco sentidos son desarrollados con esta fuerza, en perjuicio del tacto, olfato y gusto.
Esta nueva realidad, surgido en el siglo XX parece consolidarse cada vez con mayor firmeza, cambiando nuestro modo de percibir el mundo. Ya no tenemos una mirada uniperspectiva, fuera cual fuera nuestro modo de conocer. Nos hallamos inmersos en esta nueva cultura, que nos envuelve y nos obliga a modificar nuestra visión, convirtiéndola en multiperspectiva y ambiental.

Una corriente a seguir
Según explicamos anteriormente, el hombre adquiere conciencia de sí mismo y del mundo que le rodea por medio de sus sentidos. A partir de los estímulos recogidos por los sentidos el hombre descubre la realidad y la organiza en base a sus propios patrones, a través de un proceso casi inconsciente, llamado percepción.
La percepción, tomada de este modo, es una interpretación significativa de las sensaciones. Para una mejor explicación, limitando el estudio de las percepciones sólo al campo visual, diremos que es la sensación interior de conocimiento aparente que resulta de un estímulo o impresión luminosa registrada en nuestros ojos.
El acto perceptivo, aunque cotidiano y realizado con automatismo, no es nada simple y tiene múltiples implicaciones. Es evidente que el mundo real no es lo que percibimos por la visión, y por ello se precisa de una interpretación constante y convincente de las señales recibidas.
De la larga discusión sobre el origen de las percepciones mantenidas por los filósofos, unos mantienen el nativismo (reacción intuitiva e innata), y otros el empirismo (fruto del aprendizaje y acumulación de experiencias). Hay una tercera postura mantenida por los filósofos de la Gestalt, sugiriendo que, es producida por una realización característica y espontánea del sistema nervioso central, que pudiera llamarse "organización sensorial".



Teoría de la percepción: la Gestalt
A principios del siglo XX, un grupo de psicólogos alemanes agrupados con el nombre de gestaltpsychologie (que puede traducirse como "teoría de la estructura" o de la "organización", también y muy aceptada como "teoría de la forma" o "configuración") publican su particular teoría acerca de la forma de percepción del ser humano.
W. Kóhler, K. Kofika, Lewin, y Wertheimer, fueron los principales exponentes de esta corriente, que declaraba que la realidad psíquica es unitaria, y por ello únicamente comprensible si se la enfoca en su "conjunto estructural".
Se abordaba una Psicología de los conjuntos, de las estructuras y de las formas. Las estructuras globales pueden presentar una articulación interior de partes o miembros que tienen funciones determinadas en el todo. La correspondencia que se establece entre unas parte y la totalidad de la forma no se mantiene cuando esa parte se traslada a otro conjunto. Una parte en un todo es algo distinto a esa parte aislada o en otro todo.
La Gestalt tiene como base de la percepción que "el todo es mayor" (Kóhler asegura que él no dijo "mayor", sino "diferente") que la suma de las partes". La frase la aclara Kóhler, gran apasionado de la música, cuando dice que una composición musical es algo más que las notas musicales de la misma separadas.



Ilusiones Ópticas
Según el desarrollo histórico realizado por Donald Lowe, la vista desplazó al oído allá por el siglo XVII, y mantuvo su supremacía hasta nuestros días, sufriendo en el último siglo una extrapolación conjuntamente con el sentido de la audición.

Esto hace que la vista sea, para nosotros, el órgano más confiable de percepción, el más acostumbrado a captar lo que sucede en el mundo y con mayor fidelidad. Sin embargo, muchas veces nos encontramos frente a un fenómeno ilusorio, que nos confunde justamente por corromper esta fidelidad.

La frase “ver para creer” es muchas veces sustituida por la vacilación de no querer aceptar que lo que vemos es real. Imágenes que se mueven, objetos que cambian su tamaño, figuras imposibles de construir, son algunos ejemplos que ponen en jaque nuestra confianza hacia la vista, dando lugar a un complejo de fenómenos conocidos como ilusiones ópticas.

Estos efectos no tienen su origen en las interpretaciones o diferentes lecturas que puedan hacerse de las formas, por lo que no están sometidos a un acto de voluntad o de aprendizaje por parte del sujeto, sino que actúan directa y misteriosamente sobre el mecanismo visual que lo impresiona inicialmente como un señal errónea, que entra en conflicto y contradicción con la realidad objetiva.

Se realizan estas ilusiones en el primer nivel de la visión, por lo que la información que se remite al cerebro es ya una información equívoca, y un conocimiento posterior del hecho no las modifica. Se trata, pues, de una percepción de figuras distorsionadas, que ocurre muchas veces en el campo de los estímulos y las sensaciones.


Fuentes: * Donald Lowe. Historia de la percepción burguesa
* http://www.personal.us.es/jcordero/PERCEPCION/Cap01.htm
* http://images.google.com.ar

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