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Principios no-contradictorios

La Revolución Científica se produjo en la primera mitad del siglo XVII y fue muy relevante para la historia del pensamiento científico pues dio a luz una nueva ciencia, moderna, experimental y cuantitativa, que se desarrolló en los siglos siguientes.

En este período se produjeron avances importantísimos en las matemáticas: nace o se renueva el álgebra, la teoría de los números, el cálculo de probabilidades, la geometría proyectiva y el cálculo infinitesimal. En el campo experimental se produjeron también progresos gracias a la invención de las lentes y del microscopio, al descubrimiento de las leyes de la óptica geométrica y al estudio de fenómenos magnéticos y eléctricos.
Pero para que todos estos avances surtieran efectos fue necesario que se produjera una verdadera revolución en la manera de entender la realidad, es decir hacía falta mirar al mundo con ojos nuevos. En efecto, estos progresos no se habrían podido comprender sin la profunda transformación de las mentalidades y los métodos científicos y sin la participación de investigadores audaces, creadores de la ciencia moderna como: Kepler, Galileo, Malebranche, Fermat, Leibniz, Newton, Bacon, Harvey, Napier, Pascal, Descartes, Gassendi, Torricelli entre otros.1
El descubrimiento fundamental de esta revolución fue que en realidad no existía una gran oposición entre Racionalismo y Empirismo.2 Para aproximarnos un poco a este tema que plantea Morris Berman en su texto “El reencantamiento del mundo” comenzaremos por intentar definir que son puntualmente estos conceptos.

Fuentes del conocimiento

El racionalismo es “la posición epistemológica que ve en el pensamiento, en la razón, la fuente principal del conocimiento humano”3. Para los racionalistas las leyes del pensamiento se conforman con las leyes de las cosas. Por su parte el empirismo afirma que “la fuente del conocimiento humano es la experiencia”3 y se basa en cotejar siempre el pensamiento con los datos, de manera que se pueda saber qué pensamiento pensar. Estos dos modelos de pensamiento formaron la herencia intelectual más importante del Occidente hasta René Descartes y Francis Bacon
Descartes fue quien demostró que las matemáticas eran el conocimiento más confiable del que se podía disponer. Bacon señaló que había que preguntarle directamente a la naturaleza para obtener un verdadero conocimiento; este aseguraba que había que colocar a la naturaleza en una situación en la que se viera forzada a darnos sus respuestas, situación denominada “naturaleza acosada”. Pero finalmente es el trabajo de Galileo Galilei el que muestra la conjunción de estas dos herramientas. “Haga rodar una bola por un plano inclinado y mida la distancia recorrida versus el tiempo. Entonces usted sabrá exactamente cómo se comportan los cuerpos en caída.”
Esta unión entre el empirismo y racionalismo, entre matemática y experimento trajo consigo algunos cambios en la búsqueda del conocimiento. En el pasado los hombres se limitaban a preguntarse ¿Por qué caen los objetos?, ¿Por qué ocurre determinado fenómeno?; ahora el por qué se transforma en Cómo, y este se hace cada vez mas importante mientras que el por qué cada vez mas irrelevante.
El Racionalismo y el Empirismo, los dos polos del conocimiento representados por Descartes y Bacon, pueden considerarse complementarios en lugar de conflictivos. Descartes por ejemplo no se oponía al uso del experimento, siempre cuando este sirviera para discernir entre dos hipótesis rivales. Pero hasta aquí esta síntesis entre los dos modelos carecía de una demostración en la práctica; y fue justamente de la mano de los trabajos de Galileo Galilei y de Isaac Newton que surgió esta demostración.

Racionalismo y Empirismo en la práctica

A lo largo de toda la Edad Media había sido ampliamente aceptada la creencia de que los cuerpos más grandes debían llegar antes a la tierra que los más livianos. En aquella época se creía que si las cosas caen antes a la tierra es porque buscan “su lugar natural”. Según el argumento de Galileo un objeto grande y uno pequeño deberían caer en el mismo intervalo de tiempo ya que los cuerpos que caen son inanimados y no tienen metas ni objetivos. Para Galileo no hay ningún “lugar natural” en el universo, hay solo materia y movimiento y eso es lo único que se puede observar y medir. Por ello el punto de vista adecuado para la investigación de la naturaleza no es el por qué cae un objeto sino el cómo. Además son los dos experimentos en que Galileo utiliza los planos inclinados (experimento para demostrar que un movimiento no requiere de un movedor y el experimento para deducir la ley de la caída libre) los que muestran la combinación de racionalismo y empirismo. “Consulte los datos pero no permita que los confundan, sepárese de la naturaleza de modo que pueda dividirla en sus partes más sencillas y extraer su esencia”.
Por su parte Newton se hizo eco del tema central de la Revolución Científica: el objetivo es el cómo y no el por qué. El que no pueda explicar la gravedad es irrelevante. La puedo medir, observar, hacer predicciones que se basen en ellas y eso es todo lo que un científico tiene que hacer.
A partir de estos dos trabajos se modifica la concepción del conocimiento, ahora conocer algo es: subdividirlo, cuantificarlo y recombinarlo. Es preguntarse por el Cómo y no mas por el Por qué.
A modo de resumen mencionamos a continuación los puntos fundamentales que se modificaron en el transcurso del siglo XVII en la forma de percibir la realidad:
1) Se da el paso del “Por qué” al “Cómo”.
2) El universo pasa a ser considerado una colección de materia inerte que se mueve sin fin ni significado.
3) El hombre medieval había sido un espectador pasivo del mundo, las nuevas herramientas mentales hacen posible que esto cambie y se destaque la importancia del hacer, del poder controlar y actuar sobre los fenómenos de la naturaleza.

Citas bibliográficas
1)Página Web consultada: Http://www.artehistoria.com/frames.htm?http://www.artehistoria.com/historia/contextos/1886.htm
2) Morris Berman, “El reencantamiento del mundo. El nacimiento de la conciencia científica moderna”, Santiago de Chile, Editorial Cuatro Vientos, Junio 1999.
3) Johannes Hessen “Teoría del conocimiento”, Buenos Aires, Editorial Losada

Comentarios

Se ve aquí, como la naturaleza va revelando
sus secretos, mientras
que hay descubrimientos
por parte del hombre,
en el que se sacan conclusiones, se definen leyes de la física, se recopilan datos.
Es muy importante el
aporte que hizo a la ciencia,
el sabio Galileo, al estudiar como caen los objetos,y además
planteó avances en la investigación del la
astronomía.

Estefanía, me gusto tu trabajo... cuando pongas entre comillas alguna frase, si es que esta se trata de una cita, deberías especificar a quien pertenece y dar las coordenadas para que podamos rastrearla. Saludos!!!!

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Esta página contiene una sola entrada del blog publicada en Julio 15, 2005 1:38 AM.

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