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Morris Berman - El reencantamiento del mundo

Berman.jpg Morris Berman, prestigioso historiador de la ciencia, en este texto seleccionado nos ilustra de forma ejemplar las contradicciones de base mejor guardadas por la revolución científico-técnica occidental de los siglos XVI y XVII, de la cual somos enajenados herederos.

Los dilemas cognitivos y epistemológicos de nuestra época mucho han de rebuscar en la derrota de la alquimia, el ocultismo, la cábala y otros saberes medievales a manos de la tan mentada objetividad científica.

Para Berman una visión correcta del mundo tendría que ser, de raíz, viceral / mimética / sensual…

Hay otro mundo, pero está en éste.




El reencantamiento del mundo

El reencantamiento del mundo

Morris Berman

Ed. Cuatro Vientos

Junio 1999 – Santiago de Chile

El nacimiento de la conciencia científica moderna

“Y que en lugar de la filosofía especulativa ahora enseñada en las escuelas podemos encontrar una filosofía práctica, mediante la cual, conociendo la naturaleza y la conducta del fuego, del agua, del aire, de las estrellas, del cielo y de todos los otros cuerpos que nos rodean, como ahora entendemos las diferentes destrezas de nuestros trabajadores, podemos emplear estas entidades para todos los objetivos para los cuales son adecuados, y así hacernos amos y dueños de la naturaleza”.

René Descartes, Discurso del Método (1637)

En el pensamiento occidental, hay dos arquetipo que invaden el tópico de cómo se aprehende mejor la realidad, arquetipos que tienen en último término su origen en Platón y Aristóteles, el conocimiento consistía en generalizaciones, pero éstas se derivaban en primera instancia de información obtenida del mundo exterior. Estos dos modelos del pensamiento humano, llamados racionalismo y empirismo respectivamente, formaron la herencia intelectual más importante del Occidente hasta Descartes y Bacon, quienes representaron, en el siglo XVII, los polos opuestos de la epistemología. Sin embargo, así como Descartes y Bacon tienen más cosas en común que en diferencias, lo mismo sucede con Platón y Aristóteles. El cosmos cualitativamente orgánico de Platón, descrito en el Timaeus, es también el mundo de Aristóteles; y ambos estaban buscando las ‘formas’ subyacentes de los fenómenos observados, los cuales siempre se expresaban en términos teleológicos. Aristóteles no estaría de acuerdo con Platón en que la ‘forma’ de una cosa existe en algún cielo innato, sino en que la realidad de digamos, un disco usado en los juegos Olímpicos era su Circularidad, su Peso (tendencia inherente a caer hacia el centro de la Tierra) y así sucesivamente. Esta metafísica se preservó a lo largo de la Edad Media, edad notoria (desde nuestro punto de vista) por su extensivo simbolismo. Las cosas jamás eran “simplemente lo que eran”, sino siempre llevaban corporalizadas en sí un principio no material visto como la esencia de su realidad.

A pesar de los puntos de vista diametralmente opuestos representados en el New Organon de Bacon y el Discurso del Método de Descartes, ambos poseen algo en común que, a su vez, se distingue claramente tanto del mundo de los griegos como de la Edad Media.

El descubrimiento fundamental de la Revolución Científica —descubrimiento simbolizado por los trabajos de Newton y Galileo—, fue que en realidad no había ningún gran choque entre el racionalismo y el empirismo. El primero dice que las leyes del pensamiento se conforman con las leyes de las cosas; el último dice que siempre coteja sus pensamientos con los datos de modo que se puede saber qué pensamiento pensar. Esta dinámica relación entre racionalismo y empirismo yace en el corazón mismo de la Revolución Científica, y se hizo posible por su conversión en una herramienta concreta. Descartes demostró que las matemáticas eran el epítome de la razón pura, el conocimiento más confiable de que podíamos disponer. Bacon señaló que uno tenía que preguntarle directamente a la naturaleza, colocándola en una situación en la que se viera forzada a suministrarnos sus respuestas. Natura vexata, la denominaba, “la naturaleza acosada”: disponga una situación de modo que tenga que responder sí o no. El trabajo de Galileo ilustra la unión de estas dos herramientas. Por ejemplo, haga rodar una bola por un plano inclinado y mida la distancia recorrida versus el tiempo. Entonces usted sabrá, exactamente, cómo se comportan los cuerpos en caída.

Nótese que digo como se comportan, y no por qué. El matrimonio entre la razón y el empirismo, entre las matemáticas y el experimento, expresó este cambio significativo en perspectiva. Mientras los hombres se contentaban con preguntarse por qué caían los objetos, por qué ocurrían los fenómenos, la pregunta de cómo caían o cómo ocurría esto era irrelevante. Estas dos preguntas no son mutuamente excluyentes, al menos en teoría; pero en términos históricos han demostrado que de hecho lo son. Mientras el “cómo“ se hizo cada vez más importante, “el por qué”se hizo cada vez más irrelevante. En le siglo veinte, como veremos, el “cómo” se ha convertido en nuestro “por qué”.

Visto desde este punto de vista, tanto la lectura del News Organon como la del Discurso resultan fascinantes, porque reconocemos que cada autor está lidiando con una epistemología que ahora se ha convertido en parte del aire que respiramos. Bacon y Descartes se entrelazan también de otros modos. Bacon está convencido de que el conocimiento es poder y la verdad utilidad; Descartes considera la certeza como equivalente a la medición y quiere que la ciencia se convierta en una “matemática universal”. El objetivo de Bacon fue, desde luego, conseguido con los medios de Descartes: las mediciones precisas no sólo validan o invalidan las hipótesis, sino que también sirven para la construcción de caminos y puentes. Por lo tanto, en el siglo XVII se produjo un alejamiento crucial con respecto a los griegos: la convicción de que el mundo está entre nosotros para que actuemos sobre él, no únicamente para ser contemplado. El pensamiento griego es estático, la ciencia moderna es dinámica. El hombre moderno es un hombre faustiano, apelación que viene de muy atrás, incluso antes que Goethe, desde Christopher Marlowe. El Doctor fausto, sentado en su estudio alrededor de 1590, está aburrido con los trabajos del Aristóteles que están extendidos ante él. “¿Será disputar bien el principal objetivo de la lógica?”, se pregunta a sí mismo en voz alta. “¿Este arte o podrá soportar tal vez un milagro mayor? / Entonces no leas más…” [1] . En el siglo XVI Europa descubrió, o más bien, decidió que el asunto es hacer, y no ser.

Una de las cosas conspicuas acerca de la literatura de la revolución Científica es que sus ideólogos estaban muy conscientes de su rol. Tanto Bacon como descartes se percataban de los cambios metodológicos que estaban ocurriendo, y del curso inevitable que tomarían los acontecimientos. Se vieron a sí mismos indicando el camino, incluso posiblemente inclinando la balanza. Ambos fueron claros al decir que el aristoltelismo ya había tenido su día. El mismo título del trabajo de Bacon, New Organon, el nuevo instrumento, era un ataque a Aristóteles, cuya lógica había sido recogida durante la Edad Media bajo el título de Organon. La lógica aristotélica, específicamente el silogismo, había sido el instrumento básico para aprehender la realidad, y fue esta situación la que instigó el reclamo de Bacon y el Doctor Fausto: Bacon escribió que esta lógica “no se equipara con la sutileza de la naturaleza”; “adquiere consentimiento de la proposición, pero no capta la cosa.”. Por lo tanto, “es ocioso”dice, “esperar algún gran avance de la ciencia a partir de la superinducción o del injertar cosas nuevas sobre las antiguas. Tenemos que comenzar otra vez desde los fundamentos mismos, a menos que queramos estar para siempre dando círculos con un escaso e insignificante progreso [2]. El escapar de esta circularidad involucraba, por lo menos desde el punto de vista de Bacon, un violento cambio de perspectiva, lo que conduciría desde el uso de palabras no corroboradas y de la razón hasta los datos concretos acumulados mediante la experimentación de la naturaleza. Sin embargo, Bacon mismo jamás realizó un solo experimento, y el método que proponía para asegurarse la verdad —la compilación de tablas de datos y las generalizaciones a partir de ellas— ciertamente estaba mal definido. Como resultado, los historiadores, erróneamente, han llegado a la conclusión creció “en torno” a Bacon, no gracias a él[3]. A pesar de la concepción popular del método científico, la mayoría de los científicos saben que la investigación verdaderamente creativa a menudo comienza con especulaciones y vuelos de la fantasía muy alejados de la realidad, y que luego son sometidas a la doble prueba de la medición y el experimento. El Baconianismo puro —esperar que los resultados se desprendan de los datos por su propio peso— en la práctica jamás resulta. Sin embrago, esta imagen pesadamente empírica de Bacon es de hecho un resultado del ataque violento que se hizo en el siglo XVX a la especulación y del énfasis exagerado en la recolección de datos. En los siglos XVII y XVIII, el Baconianismo era sinónimo de la identificación de la verdad con la utilidad, en particular con la utilidad industrial. Para Bacon, romper el círculo Aristotélico-Escolástico significó dar un paso en el mundo de las artes mecánicas, un paso que era literalmente incomprensible antes de la primera mitad del siglo XVI. Bacon no deja duda de que él considera que la tecnología es la fuente de una nueva epistemología [4]. El dice que la escolaridad, es decir el Escolasticismo ha estado detenido durante siglos, mientras que la tecnología ha progresado y, por lo tanto, esta última ciertamente tiene algo que enseñarnos.

Las ciencias (escribe) están donde estaban y permanecen casi en la misma condición; sin recibir un incremento notable… Mientras que en las artes mecánicas, que están fundadas en la naturaleza y a la luz de la experiencia, vemos que ocurre lo contrario, porque ellas… están continuamente prosperando y creciendo, como si tuvieran en ellas un hálito de vida[5].

La historia natural, como se entiende en el presente, dice Bacon, es meramente la compilación de copiosos datos: descripción de plantas, fósiles, y cosas por el estilo. ¿Por qué debiéramos darle valor a tal colección?

Una historia natural que está compuesta para sí misma y para su propio bien, no es como una que está coleccionada para darle al entendimiento la información para la construcción de una filosofía. Ellas difieren en muchos aspectos, pero especialmente en esto: el primero contiene únicamente la variedad de las especies naturales, y no contiene experimentos de las artes mecánicas. Porque incluso, como en los asuntos de la vida, la disposición de un hombre y los funcionamientos secretos de su mente y de sus afectos son mejor puestos al descubierto cuando él está en problema; asimismo los secretos de la naturaleza se revelan más rápidamente bajo los vejámenes del arte (por ejemplo, la artesanía, la tecnología) que cuando siguen su propio curso. Por lo tanto, se pueden tener grandes en la filosofía natural, cuando la historia natural, que es su base fundamento, haya sido diseñada sobre un mejor plan; pero no hasta entonces[6].

Este es realmente un pasaje notable, ya que sugiere por primera vez que el conocimiento de la naturaleza surge bajo condiciones artificiales. Vejar a la naturaleza, perturbarla, alterarla, cualquier cosa, pero no dejarla tranquila. Entonces, y sólo entonces, la conocerás. La elevación de la tecnología al nivel de la filosofía tiene su corporalización concreta en el concepto del experimento, una situación artificial en que los secretos de la naturaleza, son extraídos bajo apremio.

No es que la tecnología hubiera sido algo nuevo en el siglo XVII; el control del medio ambiente por medios mecánicos, en forma de molinos de viento y de arados, es casi tan antiguo como el homo sapiens mismo. Pero la elevación de este control a un nivel filosófico fue un paso sin precedentes en la historia del pensamiento humano. A pesar de la sofisticación extrema, por ejemplo, de la tecnología china de antes del siglo XV D.C., jamás se les había ocurrido a los chinos (o a los occidentales, en lo que respecta a esta materia) hacer equivalente la extracción de minerales o la fabricación de pólvora con el conocimiento[7]. Por lo tanto, la ciencia “no creció” en torno a Bacon y su falta de experimentación es irrelevante. Los detalles de lo que constituye un experimento fueron descriptos más tarde, en el transcurso del siglo XVII. El marco general de la experimentación identifica, la noción tecnológica de cuestionar a la naturaleza bajo apremio, es el mayor legado de Bacon.

A pesar de que tal vez le estemos atribuyendo demasiado a Bacon, existe siempre la oscura sugerencia de que la mente del experimentador, al adoptar esta nueva perspectiva, también estará bajo apremio. Del mismo modo como a la naturaleza no se le debe permitir seguir su propio curso, dice Bacon en el Prefacio de su obra, también es necesario que “desde el comienzo mismo, a la mente no se le permita seguir su propio curso, sino que sea guiada en cada paso de modo que el asunto sea concluido como si fuera hecho por una maquinaria”. Para conocer la naturaleza, trátala mecánicamente; pero para ello tu mente también tiene que portarse en forma igualmente mecánica.

René descartes también tomó una posición en contra del Escolastismo y la verbosidad filosófica, y sentía que para una verdadera filosofía de la naturaleza sólo serviría la certeza. Su Discurse, escrito diecisiete años después del New Organon, es en parte una autobiografía intelectual. Su autor pone énfasis en el poco valor que tuvieron para él las enseñanzas de la antigüedad, y al hacerlo también implica que lo mismo debe haber ocurrido en el resto de Europa. Dice al respecto: “Tuve la mejor educación que Francia podía ofrecer (estudió en el Seminario Jesuita, la Ecole de La Flèche); sin embargo, no aprendí nada que pudiera llamar cierto. Por lo menos en lo que se refería a las opiniones que había estado recibiendo desde mi nacimiento, no podía hacer nada mejor que rechazarlas completamente, al menos una vez en mi vida[8]. Al igual que con Bacon, el objetivo de Descartes no es “injertar” o “superinducir”, sino que comenzar de nuevo. ¡Pero cuán bastamente diferente es el punto de vista de Descartes! No sirve de nada recolectar datos o examinar la naturaleza directamente, dice Descartes; ya habrá tiempo para eso una vez que aprendamos a pensar correctamente. Sin tener un método de pensamiento claro que podamos aplicar, mecánicamente y rigurosamente, a cada fenómeno que deseemos estudiar, el examen que hagamos de la naturaleza necesariamente estará lleno de defectos y faltas. Entonces, dejemos enteramente fuera al mundo externo y quedémonos con la naturaleza misma del pensamiento correcto.

“Para comenzar”, dice Descartes, “fue necesario descreer todo lo que pensé que conocía hasta el momento”. Este acto no fue emprendido por su propio valor, o para servir a algún principio abstracto de rebelión, sino para proceder a partir de la percepción de que todas las ciencias estaban en ese momento en terreno muy movedizo. “Todos los principios básicos de la ciencia fueron tomados de la filosofía”, escribe, “la que en sí misma no tenía ninguno verdadero. Dado que mi objetivo era la certeza, resolví considerar casi como falsa cualquier opinión que fuera meramente plausible”. Así entonces, el punto de partida del método científico, en lo que a Descartes se refiere, fue un sano escepticismo. Ciertamente, la mente debería ser capaz de conocer el mundo, pero primero debe deshacerse de la credulidad y la carroña medieval con la que se había atiborrado. “Todo mi objetivo”, señala él, “fue lograr una mayor certeza y rechazar la tierra y la arena suelta a favor de la roca y la arcilla”.

El principio de la duda metódica, sin embargo, llevó a Descartes a una conclusión muy deprimente: no había nada en absoluto de lo cual uno pudiera estar seguro. A mi entender, en sus Meditaciones sobre la Primera Filosofía (1641), reconoce que podría haber una disparidad total entre la razón y la realidad. Aun si yo asevero que Dios es bueno y no me está engañando cuando trato de igualar la razón con la realidad, ¿cómo sé que no hay un demonio maligno correteando por ahí que me confunde? ¿Cómo sé yo que 2 + 2 no son 5, y que este demonio no me engaña, cada vez que efectúo esta suma, llevándome a creer que los números suman 4? Pero incluso si este fuera el caso, concluye Descartes, hay obviamente un “yo” que está siendo engañado. Y así, la certeza fundamental que subyace a todo: pienso luego existo. Para Descartes, pensar era idéntico a existir.

Por supuesto que este postulado es sólo un comienzo. Quiero estar seguro únicamente de mi propia existencia. Sin embargo, confrontado con el resto del conocimiento, Descartes encuentra necesario demostrar (lo que hace de manera muy poco convincente) la existencia de una Deidad benevolente. La existencia de tal Dios garantiza inmediatamente las proposiciones de las matemáticas, la única ciencia que se basa en la actividad mental pura. No puede haber engaño cuando sumo ángulos de un triángulo; la bondad de Dios garantiza que mis operaciones puramente mentales serán correctas, o como dice Descartes, claras y distintas. Y extrapolando de esto, vemos que el conocimiento del mundo externo también tendrá certeza si las ideas son claras y distintas, es decir, si se toma a la geometría como modelo (Descartes jamás llegó a definir, para satisfacción de algunos, los términos “claro” y “distinto”). La ciencia, dice descartes, debe convertirse en una “matemática universal”; los números son la única prueba de la certidumbre.

La disparidad entre Descartes y Bacon parecería completa. Mientras que el último ve los fundamentos del conocimiento en los datos sensoriales, la experimentación y las artes mecánicas, Descartes ve sólo confusión en estos tópicos y encuentra claridad en las operaciones de la mente pura[9]. Así el método que él propone para adquirir conocimientos se basa, nos dice, en la geometría. El primer paso es el enunciado del problema que, en su complejidad, será oscuro y confuso. El segundo paso es dividir el problema en sus unidades más simples, sus partes componentes. Dado que uno puede percibir directa e inmediatamente lo que es claro y distinto en estas unidades más simples, uno puede finalmente rearmar la estructura total de una manera lógica. Ahora el problema, aun cuando pueda ser complejo, ya no nos es desconocido (oscuro y confuso), porque primero nosotros mismos lo hemos dividido y luego vuelto a armar otra vez. Descartes se impresionó tanto con este descubrimiento que lo consideró la clave, incluso la única clave, para el conocimiento del mundo. “Aquellas largas cadenas de raciocinio”, escribe, “tan simples y fáciles, que permitieron a los geómetras llegar a las demostraciones más difíciles, me han hecho preguntarme si acaso todas las cosas conocibles para el hombre podrían caer en una secuencia lógica similar"[10].

Aunque la identificación que hace Bacon del conocimiento con la utilidad industrial y su apego al concepto del experimento basado en la tecnología subyace, con toda certeza, a gran parte de nuestro pensamiento científico actual, las implicancias que se desprenden del corpus cartesiano tuvieron un impacto abrumador en la historia subsiguiente de la conciencia occidental y (a pesar de las diferencias con Bacon) sirvieron para confirmar el paradigma tecnológico, incluso ayudaron a lanzarlo por su senda. La actividad del hombre como un ser pensante —y esa es su esencia, de acuerdo a Descartes— es puramente mecánica. La mente está en posesión de cierto método. Confronta el mundo con un objeto separado. Aplica este método al objeto, una y otra vez, y eventualmente conocerá todo lo que hay por conocer. Más aún, el método también es mecánico. El problema se divide en sus componentes, y el simple acto de la cognición (la percepción directa) tiene la misma relación con el conocimiento de todo el problema que, digamos, una pulgada tiene para un pie: uno mide (percibe) un número de veces, y luego suma los resultados. Subdivide, mide, combina; subdivide, mide, combina.

Este método podría llamarse adecuadamente “atomístico”, en el sentido que el conocer consiste en subdividir una cosa en sus componentes más pequeños. La esencia del atomismo, sea éste material o filosófico, es que una cosa consiste de la suma de sus partes, ni más ni menos. Y ciertamente, el mayor legado de Descartes fue la filosofía mecánica, que se desprende directamente de este método. En sus Principios de Filosofía (1644) mostró que la conexión lógica de las ideas claras y distintas conducían a la noción de que el universo era una enorme máquina, a la que Dios le había dado cuerda para moverse indefinidamente, y que consistía en dos entidades básicas: materia y movimiento. El espíritu, en la forma de Dios, permanece en la periferia de este universo de bolas de billar, pero no juega directamente en él. Eventualmente, todos los fenómenos no materiales tienen una base material. La acción de los imanes que se atraen a la distancia, puede parecer no material, dice Descartes, pero la aplicación del método puede, y eventualmente lo hará, conducir al descubrimiento de una base particulada en su comportamiento.

Lo que realmente hace Descartes es proveer al paradigma tecnológico de Bacon de una fuerte dentadura filosófica. La filosofía mecánica, el uso de las matemáticas y la aplicación formal de su método de cuatro pasos permiten que la manipulación del ambiente ocurra con algún tipo de regularidad lógica.

La identificación de la existencia humana con el raciocinio puro, la idea de que el hombre puede saber todo lo que le es dado saber por vía de su razón, incluyó para Descartes la suposición de la mente y el cuerpo, sujeto y objeto, eran entidades radicalmente dispares. Al parecer, el pensar me separa del mundo que yo enfrento. Yo percibo mi cuerpo y sus funciones, pero “yo”no soy mi cuerpo. Puedo aprender acerca de la conducta (mecánica) de mi cuerpo aplicando el método cartesiano —y Descartes hace precisamente esto en su tratado Sobre el Hombre (1662)— pero siempre permanece como el objeto de mi percepción. Así entonces, Descartes visualizó la operación del cuerpo humano mediante una analogía con una fuente de agua, con una acción mecánica refleja que es el modelo de gran parte, si no de toda, la conducta humana. La mente, res cogitans (“sustancia pensante”), está en una categoría completamente diferente del cuerpo, res extensa (“sustancia extendida”), pero sí que tiene una interacción mecánica que podemos diagramar como en la Figura 3, abajo. Si la mano toca una llama, las partículas del fuego atacan al dedo, tirando de un hilo en el nervio tubular que libera los espíritus animales” (concebidos como corpúsculos mecánicos) en el cerebro. Estos a su vez corren por el tubo y tiran de los músculos de la mano[11].

Existe, a mi parecer, una tenebrosa semejanza entre este diagrama y el “sistema del falso de sí mismo” de Laing que aparece en la Introducción (ver Figura 2). Los esquizofrénicos típicamente consideran a sus cuerpos como “otro”, como un “no yo”. También, en el diagrama de Descartes, el cerebro (su interior mismo) es el observador separado de las partes del cuerpo; la interacción es mecánica, como si uno se viera a sí mismo comportándose como un robot, una percepción que es fácilmente aplicable al resto del mundo. Para Descartes, esta escisión mente-cuerpo era verdadera en toda percepción y conducta: en el acto de pensar uno se percibe a sí mismo como una entidad separada “aquí adentro” confrontando cosas “allá afuera”. Esta dualidad esquizoide yace en el corazón del paradigma cartesiano.

 

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Figura 2. Diagrama esuemático de la interacción esquizoide según Laing (de El yo Dividido)

El énfasis que hace Descartes sobre las ideas claras y distintas, y el basar su conocimiento en la geometría, también sirvió para reafirmar, si no realmente para canonizar, el principio aristotélico de no-contradicción. De acuerdo con este principio, una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo. Cuando golpeo la tecla “A” en mi máquina de escribir, obtengo una “A” en el papel (suponiendo que la máquina está funcionando bien), no una “B”. La taza de café que está a mi derecha podría ponerse en una balanza y veríamos que pesa, digamos, 143 gramos, y este hecho significa que el objeto no pesa cinco kilos ni dos gramos. Dado que el paradigma cartesiano no reconoce auto-contradicciones en la lógica, y ya que la lógica (o geometría), de acuerdo a Descartes, es la forma en que se comporta la naturaleza y se nos da a conocer, el paradigma no permite auto-contradicciones en la naturaleza.

 

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Figura 3. La concepción de Descartes de la Interacción mente-cuerpo.

Los problemas que presenta el punto de vista de Descartes son tal vez obvios, pero por ahora bastará con hacer notar que la vida real opera dialécticamente, no críticamente[12]. Amamos y odiamos la misma cosa simultáneamente, tememos lo más necesitamos, reconocemos la ambivalencia como una norma más que como una aberración. La devoción que Descartes profesaba a la razón crítica lo llevó a identificar los sueños, que son afirmaciones profundamente dialécticas, como el modelo del conocimiento no confiable. Los sueños, nos dice en las Meditaciones sobre la Primera Filosofía, no son claros ni distintos, sino invariablemente oscuros y confusos. Están llenos de frecuentes auto-contradicciones, y no poseen (desde el punto de vista de la razón crítica) una coherencia externa ni interna. Por ejemplo, puedo soñar que cierta persona que conozco es mi padre, o incluso que yo soy mi padre, y que estoy discutiendo con él. Pero este sueño es (desde el punto de vista cartesiano) internamente incoherente, porque simplemente no soy mi padre, ni él puede ser él mismo y ala vez alguien más; y es externamente incoherente, porque al despertar, no importa lo real que todo parezca por un momento, pronto me doy cuenta que mi padre está a tres mil millas de distancia y que la supuesta real confrontación jamás se llevó a cabo. Para Descartes, los sueños no son de naturaleza material, no pueden medirse, y no son claros ni distintos. Por lo tanto, dados los criterios de Descartes, ellos no contienen ninguna información confiable.

Resumiendo entonces, el racionalismo y el empirismo, los dos polos del conocimiento tan fuertemente representados por Descartes y Bacon respectivamente, pueden considerarse complementarios en lugar de irrevocablemente conflictivos. Descartes, por ejemplo, apenas si se oponía al experimento cuando éste servía para discernir entre hipótesis rivales —un rol que mantiene hasta hoy día—. Y como he argumentado, su enfoque atomístico y su énfasis en la realidad material y su medición, fácilmente se prestaron al tipo de conocimiento y poder económico que Bacon visualizaba como factible para Inglaterra y Europa Occidental. De todas formas, esta síntesis de la razón y del empirismo carecía de una expresión concreta, una demostración clara de cómo podría funcionar en la práctica esta nueva metodología; el trabajo científico de Galileo y Newton suministró precisamente esta demostración. Estos hombres estaban ocupados no solamente del problema de la exposición metodológica (aunque ciertamente cada uno de ellos hizo sus propias contribuciones a ese tópico), sino que anhelaban ilustrar exactamente cómo podría la nueva metodología analizar los eventos más simples: la piedra que cae sobre la tierra, el rayo de luz que atraviesa un prisma. Fue mediante tales ejemplos específicos que los sueños de Bacon y Descartes se tradujeron a una realidad operante.

Galileo, en sus esmerados estudios sobre movimiento llevados a cabo veinte años antes de la publicación del New Organon, ya había explicitado aquello que Bacon únicamente sugería como una construcción artificial en sus generalizaciones acerca del método experimental[13]. Los planos sin roce, las roldanas sin masa, la caída libre sin resistencia del aire, todos estos “tipos ideales”, que forman los conjuntos básicos de problemas de física de los primeros años de universidad, son el legado de ese genio italiano, Galileo Galilei. Se le recuerda popularmente por un experimento que jamás realizó —lanzar pesas desde la Torre Inclinada de Pisa— pero de hecho realizó un experimento mucho más ingenioso en cuerpos sometidos a caída libre, un experimento que ejemplifica mucho de los temas mayores de la búsqueda científica moderna. La creencia de que los objetos grandes o densos debieran llegar a la tierra antes que los más livianos es una consecuencia directa de la física teleológica de Aristóteles, que era ampliamente aceptada durante la Edad Media. Si las cosas caen a la tierra porque buscan su “lugar natural”, el centro de la tierra, podemos ver por que acelerarían a medida que se acercan a ella. Están excitados, vienen de vuelta a casa, y como todos nosotros, se apuran al llegar al último tramo del viaje. Los objetos pesados caen a una determinada distancia en un tiempo más corto que los livianos porque hay más materia para excitarse, y así adquieren una velocidad mayor y llegan a la tierra antes. El argumento de Galileo, el que un objeto muy grande y uno muy pequeño deberían caer en el mismo intervalo de tiempo, se basaba en una suposición que no podía ser probada ni invalidada: el que los cuerpos que caen son inanimados y por lo tanto no tienen metas ni objetivos. Según el esquema de pensamiento de Galileo, no hay ningún “lugar natural” en el universo. Hay sólo materia y movimiento, y es lo único que podemos observar y medir. Entonces el tópico adecuado para la investigación de la naturaleza no es el porqué cae un objeto —no hay un por qué— sino un cómo; en este caso, qué distancia en cuánto tiempo.

Aunque las suposiciones de Galileo nos pueden parecer bastante obvias, debemos recordar cuán radicalmente violaban no sólo las suposiciones del sentido común del siglo XVI, sino también las observaciones basadas en el sentido común en general. Si miro a mi alrededor y veo que estoy plantado en el suelo y que los objetos liberados en el aire caen hacia él ¿no es acaso perfectamente razonable considerar “abajo” como su movimiento natural, es decir, inherente? El sociólogo suizo Jean Piaget descubrió, en sus estudios acerca de la cognición infantil, que hasta la edad de siete años, los niños son naturalmente aristotélicos[14]. Cuando se les preguntaba por qué caen los objetos al suelo, los sujetos de Piaget contestaban “porque es ahí donde pertenecen” (o alguna variante de esta idea). Tal vez la mayoría de los adultos también son emocionalmente aristotélicos. La proposición de Aristóteles de que no hay movimiento sin un movedor, por ejemplo, parece instintivamente correcta; y la mayoría de los adultos, cuando se les pide que reaccionen inmediatamente a esta noción, responderán afirmativamente. Galileo refutó esa suposición haciendo rodar una bola por dos planos inclinados, yuxtapuestos, como se ve en la Figura 4.

 

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Figura 4. Experimento de Galileo para demostrar que un movimiento no requiere de un movedor.

La bola baja por el plano B y luego sube por el plano A, pero no alcanza la misma altura desde la que comenzó. Luego, rueda hacia abajo por A y hacia arriba por B, perdiendo nuevamente altura, atrás y adelante, atrás y adelante, hasta que finalmente la bola se sitúa en el “valle” y deja de moverse. Si pulimos los planos, haciéndolos cada vez más suaves, la bola se mantendría en movimiento por un tiempo mayor. En el caso límite, en que la fricción = 0, el movimiento seguiría para siempre: por ende, existiría movimiento sin un movedor. Pero hay un problema con el argumento de Galileo: no existe el caso límite. No hay plano sin fricción. La ley de la inercia puede estipular que un cuerpo continúa en movimiento o en estado de inmovilidad a menos que una fuerza actúe sobre él, pero de hecho, en el caso del movimiento, siempre hay una fuerza externa, aun cuando no sea más que la fricción entre el objeto y la superficie sobre la se mueve[15].

El experimento que Galileo diseño para medir la distancia en función del tiempo fue una obra maestra de abstracción científica. El dejar caer pesas desde la Torre Inclinada, pensó Galileo, era completamente inútil. Simon Stevin, físico holandés, ya había ensayado los experimentos de caída libre en 1586 para aprender sólo que la velocidad adquirida por los cuerpos era demasiado grande como para ser medida. Por lo tanto, dijo Galileo, “diluiré” la gravedad dejando caer una bola por un plano inclinado, haciéndolo lo más suave posible para medir la fricción. Si tuviéramos que hacer que la inclinación fuera mayor aumentando el ángulo a, como en la Figura 5, llegaría un momento en que alcanzaríamos la situación de caída libre que buscamos

 

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Figura 5. El experimento de Galileo para deducir la ley de la caída libre.

explorar en el caso límite, en el que a = 90 grados. Entonces, tomemos un ángulo menor, digamos a = 10 grados, y dejemos que sirva como una aproximación. Inicialmente Galileo utilizó su propio pulso como medida del tiempo, y más tarde un balde con agua al que había hecho un orificio que permitía que el agua cayera a intervalos regulares. Al hacer una serie de ensayos, finalmente pudo conseguir una relación numérica: vio que la distancia es proporcional al cuadrado del tiempo. En otras palabras, si un objeto —cualquier objeto pesado o liviano— cae una unidad de distancia en un segundo, caerá a una distancia cuatro veces mayor en dos segundos, y así sucesivamente. Utilizando la terminología moderna, se diría que, s = kt2, siendo s la distancia, t el tiempo y k una constante.

Los dos experimentos de Galileo en que utiliza planos inclinados ilustran la ingeniosísima combinación de racionalismo y empirismo que fueron su característica. Consulte los datos pero no permita que los confundan. Sepárese de la naturaleza de modo que, como más tarde Descartes insistiría, pueda dividirla en sus partes más sencillas y extraer su esencia, materia, movimiento, medición. En términos generales, la contribución de Galileo no fue enteramente nueva en la historia humana, como veremos en el Capítulo 3; pero sí representó el estado final en el desarrollo de la conciencia no participativa, ese estado mental en que uno conoce los fenómenos precisamente en el acto de distanciarse de ellos. La noción de que la naturaleza está viva es claramente un obstáculo en esta modalidad de entendimiento. Porque cuando consideramos los objetos materiales como extensiones de nosotros mismos (vivos, provistos de un objetivo) y permitimos que los detalles sensoriales de la naturaleza nos distraigan, nos tornamos impotentes para controlarla y por lo tanto, desde el punto de vista de Galileo, jamás podremos llegar a conocerla. La nueva ciencia nos invita a dar un paso fuera de la naturaleza para materializarla, reducirla a unidades cartesianas medibles. Únicamente entonces podremos llegar a tener un conocimiento definitivo de ella. Como resultado —y Galileo no estaba para nada interesado en la balística ni en la ciencia de los materiales— podremos supuestamente manipularla en nuestro beneficio.

Era claro que la identificación de la verdad con la utilidad estaba estrechamente unida al programa galileico de la conciencia no participativa y al cambio del “por qué” al “cómo”. A diferencia de Bacon, Galileo no explicitó esta identificación, pero una vez que los procesos naturales son despojados de sus objetivos inmanentes, realmente no les queda nada a los objetos excepto su valor para algo, a alguien. Max Weber denominaba a esta actitud mental zweckrational, es decir, intencionalmente racional o instrumentalmente racional. Incluido dentro del programa científico está el concepto de la manipulación como piedra de tope de la verdad. El conocer algo es controlarlo, un modo de cognición que llevó a Oskar Kokoschka a observar que ya en el siglo XX, la razón había sido reducida a una mera función[16]. En efecto, esta identificación hace que todas las cosas se presentan como sin significado, excepto en la medida que sean beneficiosas o sirvan para un objetivo y yace en el centro de la “distinción dato-valor”, analizada brevemente en la Introducción. La síntesis medieval tomista (Cristiano-Aristotélica), que veía al bien y a la verdad como idénticas, fue irrevocablemente desmantelada en las primeras décadas del siglo XVII.

Desde luego, Galileo no consideró su método como meramente útil, o heurísticamente valioso, sino que peculiarmente verdadero, y fue esta posición epistemológica la que creó el pandemonio dentro de la iglesia. Para Galileo, la ciencia no era una herramienta, sino que el único camino hacia la verdad. Intentó mantener sus afirmaciones alejadas de aquellas de la religión, pero fracasó: el compromiso histórico de la iglesia con el aristotelismo demostró ser demasiado grande. Galileo, como buen católico, estaba comprensiblemente preocupado de que la iglesia, al insistir en su infalibilidad, inevitablemente se daría a sí misma un severo golpe. De hecho, la vida de Galileo es la historia de esta prolongada lucha y del fracaso de llevar a la iglesia a la causa de la ciencia; y en su drama Galileo, Bertold Bretch hace del tema de la irresistibilidad del método científico el centro de la historia. Hace que Galileo deambule a lo largo del drama llevando consigo una piedrecilla, que ocasionalmente deja caer para ilustrar la fuerza de la evidencia sensorial. “Si alguien dejara caer una piedra”, le pregunta a su amigo Sagrado, “y dijera (a la gente) que no cayó, ¿crees tú que se quedarían callados? La evidencia de tus propios ojos resulta algo muy seductor. Tarde o temprano todo el mundo sucumbirá a ella”. ¿Y cuál es la respuesta de Sagrado? “Galileo, cuando tú hablas quedo completamente indefenso[17]. La lógica de la ciencia también tenía una lógica histórica. A su debido tiempo todas las metodologías alternativas —el animismo, el aristotelismo, o el argumento del mandato papal— sucumbieron ante la seducción de la búsqueda racional libre.

Las vidas de Newton y Galileo se extienden a lo largo de todo el siglo XVII, ya que el primero nació el mismo año que nació el último, 1642, y ambos abrazan una revolución en la conciencia humana. Ya en la época de la muerte de Newton en 1727, el europeo culto tenía una concepción del cosmo y la naturaleza del “buen pensar” completamente distintita de su contrapartida de un siglo antes. Ahora consideraba que la tierra giraba alrededor del sol, y no lo opuesto[18]; creía que todos los fenómenos estaban constituidos por átomos o corpúsculos en movimiento y susceptibles a una descripción matemática; y veía el sistema solar como una gran máquina, sujeta por las fuerzas de la gravedad. Tenía una noción precisa del experimento (o al menos así lo decía), y una nueva noción de lo que constituía una evidencia aceptable y una explicación adecuada. Vivía en un mundo predecible, comprensible y sin embargo (en su propia mente) muy excitante, ya que en términos de control material, el mundo estaba comenzando a exhibir un horizonte infinito de interminables oportunidades.

Más que ningún otro individuo, Sir Isaac Newton está asociado con la visión científica del mundo de la Europa moderna. Al igual que Galileo, Newton combinó el racionalismo y el empirismo en un nuevo método; pero a diferencia de Galileo fue aclamado como un héroe por toda Europa, en lugar de tener que retractarse de sus puntos de vista y pasar su madurez bajo arresto domiciliario. Más importante aún, la combinación metodológica de razón y empirismo se convirtieron, en las manos de Newton, en una filosofía completa de la naturaleza, la cual (a diferencia de Galileo) tuvo gran éxito al conseguir dejarla en la conciencia occidental en toda su amplitud. Lo que ocurrió en siglo XVIII, el siglo Newtoniano, fue la solución al problema del movimiento de los planetas, un problema que según la creencia común, ni siquiera los griegos habían podido resolver (nótese, eso sí, que los griegos tenían una opinión más positiva de sus propios logros). Bacon se había mofado de la sabiduría antigua, pero no hablaba en nombre de la mayoría de los europeos. El intenso resurgimiento de la sabiduría clásica en el siglo XVI, por ejemplo, reflejaba la creencia de que a pesar de los enormes problemas que tenía el modelo cosmológico griego, su época fue y seguirá siendo la verdadera Edad de Oro de la humanidad. La descripción matemática precisa de Newton de un sistema solar heliocéntrico cambiaba todo aquello, ya que no solo sumaba a todo el universo en cuatro simples fórmulas algebraicas, sino que también daba cuenta de fenómenos hasta ahora inexplicados, hacía algunas predicciones precisas, clarificaba la relación entre teoría y experimento, e incluso aclaraba el rol que tendría Dios en el sistema total. El sistema de Newton era esencialmente atomístico: estando la tierra y el sol compuesto de átomos, éstos se comportaban del mismo modo que cualquier otro par de átomos, y viceversa. Por lo tanto, los objetos más pequeños y los más grandes del universo eran vistos como obedeciendo las mismas leyes. La relación de la luna con la tierra era la misma que aquélla de una manzana en caída libre. El misterio de casi dos mil años había terminado: uno podía estar seguro que los cielos que vemos en una noche estrellada no contienen más secretos que el de unos pocos granitos de arena escurriéndose a través de nuestros dedos.

La obra más popular de Newton., conocida también como Pricipia, y que a la vez es su obra máxima, fue deliberadamente titulada por éste como Los Principios Matemáticos de la Filosofía Natural (1686)[19], donde los dos adjetivos sirven para enfatizar su rechazo a Descartes, cuyos Principios de Filosofía él consideraba como una colección de hipótesis no probadas. Paso a paso, él analizó las proposiciones de Descartes acerca del mundo natural y demostró su falsedad. Por ejemplo, Descartes consideraba que la materia del universo circulaba en torbellinos o vórtices. Newton fue capaz de mostrar que esta teoría contradecía el trabajo de Kepler, el cual parecía ser bastante confiable; y que si uno experimentaba con modelos de vórtice haciendo girar recipientes con fluidos (agua, aceite o brea), los contenidos eventualmente se detendrían dejando de girar, indicando con esto que, según la hipótesis de Descartes, el universo habría llegado a detenerse desde hacia mucho tiempo. A pesar de sus ataques en contra de los puntos de vista de Descartes, está claro, según investigaciones recientes, que Newton fue un cartesiano hasta la publicación del Principia; y cuando uno lee esa obra, llama la atención un hecho atemorizante: Newton consiguió que la visión cartesiana del mundo fuera sostenible falseando todos sus detalles. En otras palabras, a pesar de que los datos de Descartes eran equívocos y que sus teorías eran insostenibles, el punto de vista central cartesiano —que el mundo es una vasta máquina de materia y movimiento que obedece a leyes mecánicas— fue plenamente validado por el trabajo de Newton. A pesar de todo el brillo de Newton, el verdadero héroe (algunos dirían ánima) de la Revolución Científica, fue René Descartes.

Pero Newton no consiguió su triunfo tan fácilmente. Su visión completa del cosmo dependía de la ley sobre la gravitación universal, o de la gravedad, e incluso, cuando ya existía una formulación matemática exacta, nadie sabía realmente en que consistía esta atracción. Los pensadores cartesianos indicaban que su mentor, se había restringido sabiamente al movimiento por impacto directo, y había descartado lo que los científicos más tarde llamarían acción a distancia. Newton, argüían no había explicado la gravedad, sino que meramente había establecido sus efectos, y por lo tanto quedaba, en su propio sistema, como una cualidad oculta. ¿Dónde está esta “gravedad” por la cual él hace tanta algarabía? No puede ni ser vista, escuchada, sentida u olida. Es, en breve, una ficción como lo son los torbellinos de Descartes.

Newton agonizaba privadamente sobre estos juicios. Sentía que sus críticos estaban en lo correcto. Ya en 1692 ó 1693 le escribió a su amigo el Reverendo Bentley la siguiente admisión:

“El que la gravedad debiera ser innata, inherente y esencial a la materia, de modo que un cuerpo pueda actuar sobre otro a la distancia a través de un vacío, sin la mediación de ninguna otra cosa; que por y a través de él, la acción y fuerza de estos cuerpos pueda ser transmitida de uno a otro, es para mí un absurdo tan grande que no creo que ningún hombre que tenga cierta facultad de competencia en materia filosófica del pensamiento pueda jamás caer en ello. La gravedad debe ser ocasionada por un agente que está actuando constantemente de acuerdo a ciertas leyes, pero el que este agente sea material o inmaterial lo he dejado a consideración de mis lectores[20].”

Públicamente, sin embrago, Newton adoptó una postura que establecía, de una vez por todas, la relación filosófica entre la apariencia y la realidad, la hipótesis y el experimento. En una sección del Principia titulada “Dios y la Filosofía Natural”, escribió:

“Hasta aquí hemos explicado los fenómenos de los cielos y de nuestro mar por el poder de la gravedad, pero aún no le hemos asignado la causa a este poder. Esto es cierto, que debe proceder de una causa que penetra hasta los mismos centros del sol y los planetas… Pero hasta aquí no he sido capaz de descubrir la causa de estas propiedades de la gravedad a partir de los fenómenos y no estoy planteando ninguna hipótesis; por que aquello que no se deduce de los fenómenos debe llamarse una hipótesis y las hipótesis, sean éstas metafísicas o físicas, de cualidades ocultas o mecánicas, no tienen cabida en la filosofía experimental[21]”.

Newton estaba haciendo eco del tema central de la Revolución Científica: nuestro objetivo es el cómo, no el por qué. El que no puede explicar la gravedad es irrelevante. La puedo medir, observar, hacer predicciones que se basen en ella, y esto es todo lo que un científico tiene que hacer. Si un fenómeno no se puede medir, puede “no tener cabida en la filosofía experimental”. Esta postura filosófica, que en sus distintas formas es llamada “positivismo”, ha sido la fachada pública de la ciencia moderna hasta nuestros días[22]. El segundo aspecto más importante del trabajo de Newton fue muy bien delineado en su Opticks (1704), donde fue capaz de unir el atomismo filosófico a la definición del experimento, que había llegado a ser claro y definitivo en las mentes de los científicos durante el transcurso del siglo anterior. Como resultado, las investigaciones de Newton sobre la luz y el color se convirtieron en el modelo del análisis correctote los fenómenos

 

Figura 6. La subdivisión de Newton de la luz blanca en rayos monocromáticos

naturales. La pregunta era, ¿la luz es simple o compleja? Descartes, por su parte, la había considerado como simple, y veía los colores como el resultado de algún tipo de modificación de la luz. Newton creía que la luz blanca estaba de hecho compuesta de colores que de alguna manera se neutralizaban al combinarse para producir el efecto del blanco. ¿Cómo decidir entre ambas posiciones?

Figura-6.JPG

En el experimento ilustrado en la Figura 6, Newton tomó una luz blanca, lo descompuso en sus partes con un prisma, seleccionó una de las partes, y mostró que no podía descomponerse más. Hizo esto con cada color, demostrando que la luz monocromática no podía ser subdividida. Luego, Newton hizo el experimento en la dirección opuesta: dividió el rayo de luz blanca en sus partes y para después recombinarlas haciéndolas pasar por un lente convexo (ver Figura 7). El resultado fue luz blanca. Este enfoque atomístico, que sigue exactamente el método de cuatro etapas de descartes, establece su tesis más allá de duda. Pero, al igual que en el caso de la gravedad, los cartesianos se pusieron a debatir con Newton. ¿Dónde, preguntaron, está su teoría de la luz y del color, dónde está su explicación de esta conducta? Y como en el caso anterior, Newton se retrajo tras la cortina de humo del positivismo. El respondió: “Estoy buscando leyes, o hechos ópticos, no hipótesis. Si ustedes me preguntan qué es el “rojo”, yo sólo les puedo decir que es un número, un cierto grado de refractibilidad, y lo mismo es cierto para cada uno de los demás colores. Lo he medido; eso es suficiente”.

Desde luego que en este caso también Newton lidió con las posibles explicaciones para la conducta de la luz, pero la combinación del atomismo (filosófico), del positivismo y del método experimental —en síntesis, la definición de la realidad— aún está hoy en día en gran medida

 

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Figura 7. La recombinación de Newton de los rayos de luz monocromática en luz blanca.

con nosotros. L conocer algo es subdividirlo, cuantificarlo, y recombinarlo; es preguntarse “cómo” y jamás enredarse en la complicada maraña del “por qué”. Conocer algo es, sobre todo, distanciarse de ello, como lo indicara Galileo; convertirlo en una abstracción El poeta puede tornarse desmedidamente efusivo acerca de un haz rojo que cruza el cielo a medida que el sol se va poniendo., pero el científico no es engañado tan fácilmente: él sabe que sus emociones no le pueden enseñar nada substancial. El haz rojo es un número, y esa es la esencia del asunto.

Para resumir nuestra discusión sobre la Revolución Científica, es necesario hacer notar que en el curso del siglo XVII la Europa Occidental produjo con esfuerzo una nueva forma de percibir la realidad. El cambio más importante fue la modificación de la calidad por la cantidad, el paso del “por qué” al “cómo”. El universo, antes vistos como algo vivo, poseyendo sus propias metas y objetivos, ahora es visto como una colección de materia inerte que se mueve rápidamente sin fin ni significado, como así lo dijera Alfred North Whitehead[23]. Lo que constituye una explicación aceptable ha sido, por lo tanto, radicalmente alterado. La prueba concluyente del valor de la existencia es la cuantificabilidad y no hay más realidades básicas en un objeto que las partes en las cuales éste pueda ser descompuesto. Finalmente, el atomismo, la cuantificabilidad y el acto deliberado de visualizar la naturaleza como una abstracción desde la cual uno se puede distanciar —todo abre la posibilidad que Bacon proclamara como la verdadera meta de la ciencia: el control—. El paradigma cartesiano o tecnológico es, como se estableció anteriormente, la igualdad de la verdad con la utilidad, con la manipulación del ambiente hecha con un objetivo. La visión holística del hombre como una parte de la naturaleza, sintiéndose en su hogar al estar en el cosmos, no es más que una trampa romántica. No al holismo, sí a la dominación de la naturaleza; no al ritmo eterno de la ecología, sí al manejo consciente del mundo; no (para llevar el proceso a su punto final lógico) “a la magia de la personalidad, sí al fetichismo de las comodidades"[24]. En el pensamiento de los siglos XVIII y XIX, el hombre (o la mujer) medieval había sido un espectador pasivo del mundo físico. Las nuevas herramientas mentales del siglo XVII hicieron posible que todo cambiara. Ahora estaba dentro de nuestras posibilidades el tener el cielo en la tierra; y el hecho de que fuera un cielo material apenas lo hizo menos valioso.

Sin embargo, fue la Revolución Industrial la que hizo que la Revolución Científica fuera reconocida en su verdadera magnitud. El sueño de Bacon de una sociedad tecnológica no se llevó a cabo en el siglo XVII ni en el XVIII, a pesar de que las cosas estaban empezando a cambiar ya por el año 1760. Las ideas, como ya hemos dicho, no existen en el vacío. La gente podía considerar el punto de vista mecánico del mundo como la verdadera filosofía sin sentirse obligado a transformar el mundo de acuerdo a sus dictámenes. La relación entre la ciencia y la tecnología es muy complicada y es de hecho en el siglo XX que el impacto pleno del paradigma cartesiano se ha dejado sentir con mayor intensidad. Para captar el significado de la Revolución Científica en la historia de Occidente debemos considerar el medio social y económico que sirviera para sustentar este nuevo modo de pensar. El sociólogo Peter Berger estaba en la razón cuando dijo que las ideas “no tiene éxito en la historia en virtud de su verdad, sino que en virtud de sus relaciones con procesos específicos”[25]. Las ideas científicas no son la excepción.


Notas:

1 Christopher Marlowe, The Tragedy of Doctor Faustus, ed. Louis B. Wright and Virginia A. LaMar (New York: Washington Square Press, 1959) p. 3; reimpreso con permiso de Simon y Schuster; (La Trágica Historia del Doctor Faust Trad. Josep Carmer Ribalta, Ediciones 62 S.A., 1981)

2 Francis Bacon, New Organon Libro 1, Aforismo XXXI, en Hugo G. Dick, ed. Selected Writings of Francis Bacon (New York: The Modern Library, 1995); este y los siguientes extractos impresos con permiso de Random House, Inc. (Novum Organun. Trad. Cristóbal Litrán, Orbis, S.A., Ediciones, 1984)

3 Los historiadores “puristas”de ideas han tenido la tendencia de considerar a Bacon como irrelevante, o incluso perjudicial para el crecimiento de la ciencia moderna en parte debido a su propia reacción contra los historiadores marxistas tales como benjamín Farrington (Francis Bacon: Philosopher of Industrial Science. [New York: Collier books, 1961; primera publ. 1949]) (Francis Bacon: Filósofo de la Revolución Industrial. Ayuso, 1971), quien ve a Bacon como un héroe cultural. La expresión más extrema de esto es C. G. Gillispe, The Edge of Objectivity (Princeton: Princeton University Press, 1960), pp. 74-82.

4 Además de la obra de Farrington, se pueden encontrar buenas discusiones sobre este tópico en dos libros escritos por Paolo Rossi: Francis Bacon, trad. Sacha Rabinovitch (London: Routledge & Kegan Paul, 1968), y Philosophy, Technology and The Arts in the Early Modern Era, trad. Salvador Atanasio (New York: Harper Torchbooks, 1970). También véase Christopher Hill, Intellectual Origins of the English Revolution (London: Panther Books, 1972), capít. 3; (Los orígenes intelectuales de la revolución Inglesa, trad. Alberto Nicolás. Crítica S.A., 1980)

5 Bacon, Novum Organum, Libro 1, Aforismo LXXIV.

6 Ibíd., Aforismo XCVIII.

7 Desde luego hay una vasta literatura que compara la ciencia y las modalidades de pensamiento en Oriente y Occidente. Un excelente resumen en un solo volumen es el libro de Joseph Needham, The Grand Titration (London: Allen & Unwin, 1969); (La Gran Titulación. Ciencia y Sociedad en Oriente y occidente, trad. M. Teresa de la Torre Casas. Alianza Editorial S.A., 1977).

8 Esta y todas las citas de Descartes están tomadas de su Discurse on Method, trad. Lawrence J. Lafleur (Indianápolis: The Liberal Arts Press, 1950; edición original francesa, 1937); (Discurso del Método, trad. Juan Carlos García Borrón. Bruguera S.A., 1983, 7ª ed.)

9 La discusión que aparece a continuación está tomada de Barfield, Saving the Appearances, pp. 24-25, 32n, 40, 43, 81, y pássim. Lo que Barfield denomina “pensamiento alfa”(véase abajo) no debería ser confundido con la generación de ondas cerebrales alfa en estados alterados de conciencia (arriba nota 5). El “pensamiento alfa” de Barfield es en realidad un tipo de “pensamiento beta”, hablando en la jerga de recientes investigaciones del cerebro.

10 Descartes, Discurso, p. 12.

11 A. R. may, The Scientific Revolution (Boston: Beacon Press, 1956), p. 149. Mi observación anterior de que para Descartes “todos los fenómenos no materiales a final de cuenta tienen una base material”, no es estrictamente verdadera. Para Descartes res cogitans y res extensa eran entidades distintas; fueron los discípulos de Descartes quienes convirtieron a la mente en algo epifenomenal e intentaron tragar a la primera en vez de a la segunda —como por lo general se hace en la ciencia actual—. A pesar de la sofisticación original de Descartes. El Cartesianismo de la línea central llegó a ser identificado con el reduccionismo materialista.

12 Estoy adoptando la distinción entre razón crítica y dialéctica hecha por Norman O. Brown en Life Against Death (Middletown, Conn.: Wesleyan Univ. Press, 1970; public. Orig., 1959).

13 La mejor discusión en un solo volumen de la obra de Galileo, a mi entender, es el libro de Ludovico Geymonat, Galileo Galilei, trad. Stillman Drake (New Cork: McGraw-Hill, 1965); (Galileo Galilei, trad. Y.R. Capella. Ediciones 62 S.A.).

14 Piaget ha dado cuenta de sus descubrimientos en un gran número de obras El trabajo más reciente es The Grasp of Consciousness, trad. Susan Wedgwood (Cambridge: Harvard University Press, 1976); (La Toma de Conciencia, trad. Luis Hernández Alfonso. Morata S.A., 1981, 2ª edic.). Para evitar cualquier confusión en la siguiente discusión y en el Capítulo 2, quiero recalcar que no soy aristotélico y no estoy sugiriendo un retorno a la síntesis tomista de la Edad Media. Más bien, mi interés en Aristóteles aquí y en los Capítulos 2 y 3 tiene que ver con la presencia en su obra de la conciencia participativa. Desde luego que Aristóteles tiene más que esto, incluyendo sus leyes de lógica y no-contradicción que van directamente en contra de la noción de participación, y que constituyen hasta hoy día la base de gran parte del razonamiento científico moderno.

15 Debiera quedar en claro que entrar al mundo de la ciencia moderna es entrar a un mundo de abstracciones que violan las observaciones cotidianas. Desde 1550 a 1700, Europa entró en el país de las maravillas, en forma tan segura como cuando Alicia cayó en la cueva del conejo. Pero yo diría que la caída no fue limpia. Ciertamente la cultura dominante de la ciencia y la tecnología relacionadas con la creación de la riqueza material es el otro extremo de la caída, y los alumnos que están formándose para tomar posiciones, en esa cultura son rápidamente reeducados en el modo de percepción newtoniano/cartesiano/galileano; pero en forma privada y emocional, aún funcionamos en el mundo de sentido común de la experiencia inmediata —un mundo en que los objetos caen en forma natural hacia el centro de la tierra, y todo el movimiento obviamente requiere de un movedor. Incluso mantenemos trazas de animismo, a medida que pasan los años desarrollamos una relación casi pers

Comentarios

necesito un ensayo sobre "la falla básica" Berman, Morris

hola
Quisiera saber si alguien tiene un ensayo de la "falla basica" de Berman, Morris, si la tienes enviala a mi correo

porfa estoy un poco confundida y despues de leer el reencantamiento del mundo todavia no me queda claro la relacion en la modernidad entre racionalismo y empirismo segun berman
porfa quien pueda conteste aca mismo porfis es urgente esa respuesta

necesitamos ayuda desde las primeras paginas hasta la 138 toda ayuda sera bienvenida gracias

Del libro "El reencantamiento del mundo" me gustaria que comenten las diferencias o similitudes entre bacon, descartes, platon, aristoteles, newton y galileo..........

necesito con urgencia el libro "el reencantamiento del mundo" de Morris Berman, lo tengo que leer si alguien me lo puede mandar vía e-mail se lo agradecería mucho

serian tan amables de ayudarme con un trabajo de la universidad
¨La Naturaleza y el Cosmo¨
Gracias

serian tan amables de ayudarme con un trabajo de la universidad
¨La Naturaleza y el Cosmo¨
Gracias

hola gente ya que estamos escribo algo.
Muy linda la materia, lastima que ya la rendi bien con 8.

TRABAJO PRÁCTICO I
El libro de Morris Berman “ El reencantamiento del mundo” en su introducción, “Introducción Pasaje Moderno “ y en su primer capítulo, “El nacimiento de la conciencia científica moderna”, permite al lector un verdadero recorrido de lo transcurrido del siglo XVI al presente.
Si bien el autor remarca una u otra contradicción entre diferentes filósofos modernos, por ejemplo, entre Bacon y Descartes, también logra entretener a quién lo lee, sobre y entre ellos, que existe alguna que otra relación principiante.
Morris Berman da a conocer ,el gran cambio que se llevó a cabo con la Revolución Científica , y por lo cual se abrió el nuevo interrogante de “cómo “ pasan los fenómenos. Por lo tanto, ya no se busca el “ por qué” suceden estos últimos .Si bien este tipo de interrogante hace referencia al estudio de la psicología infantil de Piaget , sólo quedará averiguar el modo en qué se producen o pasan los hechos.
Sus lectores se reencuentran con un mundo que tiene un sentido más amplio, porque el que existía o había antes de leer el mismo les brindaba una visión estrecha, que tan sólo podía dar puntos de vista o respuestas al interrogante “por qué”
Este libro es “un intento de captar la era moderna, desde el siglo XVI al presente , como una totalidad , y encontrar un punto de confluencia con las presuposiciones metafísicas que definen este período”. Es decir, este logro se da si hacemos una búsqueda muy profunda y minuciosa de las leyes de los representantes de esta época modernista.
Esta búsqueda del “por qué “del surgimiento de los fenómenos se traduce en dos tipos de respuestas que provienen de dos culturas: la griega y la judía.
Por otro lado , el desencantamiento de la religión tiene un factor de eliminación que es la cuestión de lo sensual porque no sólo se pierde la esencia de lo teológico sino también el poder de la religión se disminuye en la conciencia del hombre.

necesito encontrar el libro entero de Berman, el reencantemiento del mundo. por favor.
sicologia arcis magallanes envienmelo a mi mail. gracias

quisiera comentarios sobre la modernidad

informacion sobre los aportesde galileo galilei ala ciencia.

el libro de Berman , resulta comprensible por el hecho de que aborda los datos de forma correcta no podemos decir que proponemos una vuelta a la conciencia participativa sin considerar en qué momento comenzo su debilitamiento, ya que no se puede hablar de su fin pues de verdad hasta los más defensores del metodo científico,como Newton en algun momento tuvieron que reconocer que esta participacion se hallaba implicita en todo los procesos que trató de abordar.
de uno u otro modo lo importante y no se si beneficioso o perjudicial es que la consideracion de un modo diferente de la relacion sujeto_ objeto, como unidad separada pero solo por un a esa espesa nube que apenas si se ve, puede hacer que poco apoco opor lo menoos, algunos estudiosos de este tipo de ,ibros consigan aceptar las propuestas de una vueleta no al animismo ingenuo sino más bien una reconsideracion de el sujeto y su relacion con el entorno

EL YOGA, UNA POSIBILIDAD PARA REENCANTAR AL HOMBRE


Antes de empezar a explicar mi "supuesto", mi interpretación de mi lectura del libro de Morris Berman. (El cual me demoré en leer más de tres meses, ya que es esencial sentirlo, vivenciarlo, y también pensarlo) quisiera decirles que lei cada uno de las opiniones de ustedes, No sé de adonde ustedes serán, y me sorprendí que yo podía enviarles mi opinión al respecto. Yo soy chileno, de Santiago y me parece excelente que exista esta manera de hacer conciencia participativa con el libro y ustedes, ya que somos lo mismo, de ahí el sentido que tienen las terapias, conocimientos y "ciencia", si se les puede llamar así, a lo que aprendemos de oriente, nuestra hermana lunar, pasiva, intuitiva que nos ayuda a desarrollar nuestra polaridad femenina.
Bueno... aun soprendido les escribo y les contaré lo que yo pude entender (con mi visión aún cartesiana, ya que sin ella, no podríamos entendernos aún).
trataré de ser directo y sintético, dado este marco de comunciación "digital", (que te puede dañar la vista. mejor lee libros). Si ustedes leen la presentación del libro, éste es un intento de explicar el estado de colapso espiritual del occidente, producto de una manera fragmentaria (pensamiento lineal-cartesiano) de ver, percibir lo "real"??? (aunque existan muchas realidades, esto se puede entender viviéndolo, SINTIÉNDOLO).
Y Berman, con una increible forma de contar como una novela, por demás con estilo científico, la historia de la ciencia, desarrolla la idea de volver a re-encantar, de vitalizar nuestro SER descorporalizado, o conciencia de sí. Reencantar es lo mismo que volver a sentir a Dios, lo que te rodea y a los seres como tú, como una sola unidad. (Así como el budismo siente esta realidad física, o lo que alguna vez dijo Maslow con su experiencia cumbre, o el ultramanoseado insigth, o experiencia mística, o satori, iluminación. Lo que tanto Buda (el ser despierto) enseñó en sus sutras. Estos autores y seres despiertos se dieron cuenta que no se puede definir a Dios, o a esa Fuerza o aliento de vida que mantiene la existencia, con palabras, y eso es difícil, por que para concerlo, como dice Berman, apoyado en autores, para conocer tienes que degustar, debes como sentirlo, comertelo si tu quieres, pero hacer más hablar. "el que sabe no habla mucho". Y si les interesa saber el sentido del libro leánlo entero, tomense su tiempo y sabrán el por qué de su existencia. Quizas muchos de ustedes deben tener 25 años, (como yo´), por supuesto y muchos deben pensar que las ideologias como el socialismo , comunismo y capitalismo ya cayeron, ¿y ahora el ser que esta dormido en esta matrix se pregunta, y en qué creemos ahora, todos se nos cayó hasta la católica perdió su mística por vivir en un mundo donde lo eficiente y lo productivo son valores? piensen en que mundo estamos viviendo y verán que en muchos casos seres como Berman, siendo un científico, se ha dado cuenta que tenemos que cambiar nuestra forma de vivir. y yo la hago enseñando y practicando yoga, un instrumento, una ciencia del oriente que te reencanta y posibilita el desarrollo de la conciencia participativa (te explico, la visión de mundo que no fragmenta la realidad, una visión más HUMANA, que integra a todos los seres y que desarrolla la capacidad de amar). Si necesitas saber algo más, una explicación, lo que yo estoy haciendo ahora en una universidad chilena escribeme a mi correo electrónico: alejoyogui@yahoo.com e intercambiamos miradas. chanty y mucty, paz y liberación. "no seamos seres, como dijo el filosofo Marcuse, "que nos identificamos con lo que poseemos" sino más bien por lo que hacemos y pensamos sintiendo, amando y cultivando nuestro ser".

EVOLUCION DE LA CIENCIA

La evolución de las ciencias a través de los siglos ha sido un tema muy complejo, puesto que, generalmente, los adelantados a su época, por así llamarlos, mayoritariamente eran considerados por sus pares como desquiciados o locos incomprendidos, hasta que se llego al punto en que sus verdades pasaron a ser irrefutables gracias a la practica racional, libre de compuestos y conjeturas empíricas relacionadas con lo teológico y lo dogmático. Resulta muy ilustrativo el ejemplo que Galileo le planteo a su amigo Sagrado, ya que tarde o temprano, como sostuvo el padre de la física, todo el mundo sucumbe ante lo racional, ante lo que se puede defender y comprobar con la demostración practica.

HOLA

LES AGRADECERIA EN EL ALMA, QUE LA PERSONA QUE HUBIESE INTERPRETADO EL CAPITULO IV DEL LIBRO "ESTRUCTURA DE LAS REVOLUCIONES CIENTIFICAS" DE TOMAS KUHN, ME LAS ENVIE, PORQUE LAS NECESITO URGENTE.

GRACIAS. e-mail independencia88@hotmail.com

Estoy más que contenta de poder compartir este espacio con ustedes. Sinceramente valoro mucho esta oportunidad que nos estamos dando para conocernos y expresar lo que sentimos. Bueno,en cuanto al texto les cuento que también me encantó,fue una experiencia en algún punto similar para todos. Realmente me llevó a pensar una vez más en la complejidad de nuestro mundo y sobre todo en cómo el transcurso del tiempo nos deja leer nuestra historia. También en nuestros problemas existenciales, ciertamente atravesados por todas estas cuestiones. Esta búsqueda empedernida de la verdad y la ciencia como el camino para alcanzarla me resultan cuestiones sumamente interesantes para debatir. Realmente muchas veces de diferentes maneras me encontré intentando entender este mundo y el sentido y valor de mi vida hasta que una vez llegué a captar la profundidad de la afirmación de Jesucristo cuando él nos dice:
"Yo soy el camino, la verdad y la vida".
"Yo la luz he venido al mundo, para que todo aquél que cree en mí no permanezca en tinieblas"
San Juan 12:46
Francamente creo que es imposible tener una visión correcta y comprender en alguna medida qué nos está pasando a los seres humanos, en qué dirección va nuestro mundo y en qué sentido deberíamos orientar el desarrollo de la ciencia sin entender el evangelio, sin entender el mensaje de la cruz de Cristo: "Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquél que en él cree no se pierda más tenga vida eterna" (S.Juan 3:16); sin entender que ese Dios que nos dice "Mirad a mi, y sed salvos todos los términos de la tierra porque yo soy Dios, y no hay más" es en sí mismo, entre otras cosas, ciencia y sabiduría.
Pienso que la mejor forma de hacer ciencia es hacerla conociendo primero a Dios todo lo que él nos rebela acerca de nosotros mismos.

Con respecto al texto de Berman, me resulto realmente interesante, me aclaro algunas dudas que tenia sobre el texto de Mardones.
En la primer parte del texto hace una reseña en la cual describe las diversas teorias de estos grandes científicos y filosofos. Otra cosa que me gusto y me resulto interesante fue como muestra el avance que se produce en la ciencia a partir de desacuerdos con otras hipótesis logrando abrir asi nuevos caminos.
Realmente creo que esta catedra tiene mucho para enseñar.

El capítulo “El nacimiento de la conciencia científica moderna” del libro “El reencantamiento del mundo” , de Morris Berman, me pareció un texto de suma utilidad porque resume de una manera simple y comprensible siglos de pensamiento, de búsqueda de la “verdad” de la ciencia y explica cómo esa “verdad” (o en este caso la revolución científica del siglo XVIII) es el resultado de la suma de posiciones reflejadas a lo largo de la historia en interrelación con la vida del hombre (“en virtud de sus relaciones con procesos específicos”, como dice el sociólogo Peter Berger).
Esa sucesión del pensamiento desde el racionalismo de Platón y el empirismo de Aristóteles siguiendo con Bacon, Descartes, Galileo y Newton (por mencionar los pensadores en los que hace eje el autor) me llevan a relacionar este texto con dos categorías dinámicas establecidas por otra disciplina, el análisis del discurso, como lo son la marca y la huella, ya que a medida que aparecieron las distintas posiciones sobre la cosmovisión de la ciencia en el universo siempre estuvo presente, explícita o tácitamente, la posición del otro. Lo que lleva a afirmar, obviamente, que la epistemología de la ciencia es el resultado de la suma de aportes que cada pensador hizo en la época que le tocó vivir.
Digo en la época que le tocó vivir porque también me parece fundamental ese devenir de la historia que deja en claro Berman en el cual queda establecido cómo fue el mundo según quién dominaba y cómo se difundía el conocimento. Lo que también hace a la diferencia del Medioevo con la Edad Moderna, Esta última con “procesos específicos” como la Revolución Francesa y la Revolución Industrial, las cuales no sólo interactuaron con las ciencias y las dinamizaron, sino que, además, significaron la aparición de nuevas categorías sociales, políticas y culturales, que aún influyen en nuestras vidas.

Antes de dar mi opinión acerca de este largo relato, tengo que reconocer que al principio no entendí nada. Esto se debe a que los textos comunes y fáciles que leo a menudo me resultan difíciles, ya que me distraigo con facilidad, por lo tanto éste capítulo de Morris Berman, no iba a ser la esepción. Pero luego le encontre un sentido a tantos pensadores con tantas ideas y complicaciones, ya que yo coincido en muchos aspectos y además me gusta eso de leer planteos de otras personas sobre cosas que parecen obvias y son parte de nuestra cotidaneidad, como por ejemplo cuando se plantea el hecho de estar seguros que 2 + 2 es 4 o si en realidad es 5 y un demonio maligno nos engaña para despistarnos. Específicamente en este caso, no estoy de acuerdo con Descartes, pero como dije antes, es interesante analizar este tipo de planteos y coincido con el en el hecho de pensar que no hay nada en absoluto de lo cual uno pudiera estar seguro.
Para terminar me gustaría decir que realmente es muy texto que más allá de todo es muy enriquecedor, debido a la variedad de pensadores e ideas y la reflexión que yo saqué fue plantearme las cosas que hoy doy por obvias y el día de mañana serán replanteadas y por tanto serán motivo de ponerme a pensar en complejo que es el pensamiento del ser humano, ya que yo pienso que es utilizado en un porcentaje muy pequeño.

Un Beso

Chau.

En la Edad Media Las cosas jamás eran ´simplemente lo que eran´, sino siempre llevaban corporalizadas en sí un principio no material visto como la esencia de su realidad. Nos dice Morris Berman.
¿Y hoy? ¿Son las cosas simplemente lo que son? ¿Un árbol es simplemente un árbol? Habría que preguntarle a los inundados de Santa Fe ¿un átomo es simplemente un átomo? Habría que preguntarle a la gente de Hiroshima y Nagasaki. ¿un óvulo y un espermatozoide juntos, son simplemente información genética? Habría que preguntarle a un bebé intentando escaparse de un aborto.
Una profesora que tuve en la secundaria (la mejor profesora que jamás tuve) estaba ?enamorada? de Leonardo Da Vinci y comentaba, entre otras curiosidades que Leonardo había sido discriminado por la grey científica de su época porque no sabía de filosofía, y en sus tiempos, para ser un buen científico había que manejar conceptos de filosofía. El dato en aquel momento me pareció curioso, y gracioso. Y la imagen del cientificismo de la época de Leonardo me pareció graciosa, de ignorantes.
Pasaron más de diez años para que notara que no era tan gracioso el tema, ni eran tan ignorantes los que criticaban la ?cientificidad? de lo que hacía Leonardo.
Filosofía, ciencia y fe. Tres ángulos de una mismo prisma. Si se quiere, enfrentados. Pero para ver la verdad de la luz, los tres tienen que estar en la posición correcta.

La Iglesia (para muchos, esa enigmática institución) tiene una teoría, que más que teoría es un conocimiento, que más que conocimiento es una verdad revelada, y aquel que cree que tiene la verdad en sus manos escrita por el mismo Dios suele no tener muchas ganas de ponerse a discutir con aventureros y científicos locos.
Pero si hay algo que es indiscutible es que la Iglesia es autorreflexiva (y si se ponen en un análisis sincero descubrirán que como pocas instituciones en los últimos dos mil años), y algún día descubrió que su verdad, aunque estuviera en su poder, había veces que desde otro ángulo se veía mejor, se veía más claro, se entendía más.
Este, aunque no termines de masticarlo, es un proceso lógico. ¿O me vas a dejar que te discuta de qué color son tus ojos?

El universo, quieras o no, tiene un orden. Un caos ordenado, un orden caótico. Pero si las cosas están, es porque tienen un porqué.
Si una mariposa tiene la lengua larga que se enrolla, es porque su alimento se encuentra en un lugar profundo de las flores. Si en Ushuaia no hay castores es porque si los hubiera (y el hombre los llevó) destruirían bosques y crearían un desastre natural (y hoy lo hay), si la tierra da frutos abundantes, es para que ninguno de sus hijos muera de hambre.
Si vos y yo tenemos un corazón que nos nutre los miembros con roja sangre, por algo será.
¿Porqué? ¿Para qué? Bueno, esa es la belleza de la vida. Descubrir esas respuestas, aunque muchos recién estén haciendo borradores de la pregunta. Ahí es donde nos auxiliará aquel magnífico prisma. Cada cuál use el ángulo que le guste, pero sepa que si ignora a los otros dos, la luz no se convertirá en el Arco Iris.
El día que cada uno cumpla su función, que cada uno sea parte de un todo y cada cosa sea puesta a funcionar ?según como lo pensó el que lo hizo?, ese día hablaremos de verdadera felicidad. Pero ese día no se puede forzar, porque si por algo somos lo que somos es porque somos libres de elegir creer que esto es así o no.

Como todos son libres de elegir si lo que digo parece sensato o es una simple boludéz.

Quiso ser corto. No lo logré. Y encima falta una aclaración que creo necesaria. Si tardé para hacer este comentario no fue porque esté en contra de este espacio (como puede haberse entendido en la última clase) sino porque creí que debía preparar una intervención piola. No se si lo logré. Pero que se sepa que esta iniciativa me parece muy interesante y digna de ser apoyada. (chupada de medias aparte) Pero creo que sea, como dijo el compañero, una prioridad comunicacional en nuestra facultad.

Muchas gracias, y disculpen la extensión.

Alguna cosita más sobre Galileo y la Iglesia click aqui o también aqui

Me pareció muy interesante el capítulo que leí de "el reencantamiento del mundo" y me gustaría destacar la frase que cita Morris Berman del autor Peter Berger: "las ideas no tienen éxito en la historia en virtud de su verdad, sino que en virtud de sus relaciones con procesos sociales específicos" Me pareció muy buena, porque creo que lo que la ciencia hace hoy día es buscar, tratar de descubrir algo en virtud de otra cosa, para mejorarla, complementarla, etc.
En el texto, el autor señala el caso de la Revolución Científica que tuvo mayor magnitud gracias a el aporte que produjo a la Revolución Industrial.
También me gustó y me atrapó la forma en que muestra claramente el avance que se produce en la ciencia a medida que se van descubriendo cosas, o a partir de desacuerdos con otras hipótesis logrando abrir nuevos caminos.

Después de ha´ber leído el texto de Berman tuve ganas de salir corriendo. Me resulto un poco dificil entenderlo, pero al mismo tiempo es de facil lectura.
Luego me sorprendí a mi misma trantando de analizar mi reacción. evoqué la tan famosa frase de Descartes 'Pienso y luego existo'; y afirmé esa postura que sostiene que ésta generación de 'post modernos', no suele, y quizas evita preguntarse cosas para ahorarse un gran dolor de cabeza. ¿Por qué dudar que la computadora, se llama computadora, y con este nombre se denomina a ese aparato que con el solo hecho de tocar un botón puede hacer que estés en contacto con miles de personas, en miles de lugares distintos al mismo tiempo?.
Dudar y caminar en contra de la corriente, sería un tanto peligroso en una sociedad que trata de masificar.
En cambio, en el siglo XVIII, Newton soportó el dolor de cabeza y solucionó el problema del movimiento de los planetas. Ahora la tierra giraba al rededor del sol, y Newton era aclamado heroe en toda Europa.
No hay que tenerle miedo a la duda. La duda es la mayor incentivación para la búsqueda. La búsqueda es la búsqueda de la verdad. La verdad es la herramienta para conocer y explicar no porque, sino el como.

“Las ideas no tienen éxito en las historia en virtud de su verdad, sino que en virtud de sus relaciones con procesos específicos” (Peter Berger)
Encontré este fragmento muy entretenido (al punto de tener que releer ciertos párrafos más de una vez para su mayor comprensión), dado que refleja la manera en que puede “aprehenderse” la realidad acorde a la cosmovisión reinante en una época y lugar determinados; y cómo al transformarse ese “panóptico” o situaciones históricas, por ejemplo, cambian las concepciones que se tienen por certeras.
Si bien existen algunos puntos con los que me reservo una especie de “recelo”, dado que no los comparto completamente, prefiero no exponerlos en este primer comentario, dado que pueden ser fruto de mi comprensión errónea al respecto.
Particularmente creo que puede ser un texto que nos lleve a pensar las cosas de una manera distinta y que, como muchos otros autores que he leído a lo largo de mi cursado en la carrera, siento que “me abre la cabeza” a nuevas perspectivas.

Pasión, “ pensamientos de viejos sabios”, hombres que supieron representar lo bonito de la vida. Los mismos a través de la razón hablaron de su propia naturaleza, no tomaron las cosas como naturales sino que intervinieron en esta. Supieron rescatar cosas cotidianas y llenarlas de significación. Se ven las marcas de tiempo y lugar que cada uno ocupaba, es decir las distintas corrientes o pensamientos ,contexto en el que se situaban. Supieron maniobrar y innovar a pesar de lo limites impuestos.
La iglesia en el transcurso de la historia callo muchas verdades pero no debemos ser tan críticos respecto a esto, o sea, es difícil el “cambio”, “lo desconocido”, darse cuenta que lo amamantado es ficticio.
Es interesante ver como al empezar a razonar las cosas se complegizan ( que el progreso sea mas preocupante que alentador), pero es bueno saber que todo esta hecho con un fin o para ser utilizado como estrategia para un desenlace.

Las ideas que se disparan a partir del texto de Berman son muchas. Son tantas que en realidad son todas, es decir, todas las ideas y reflexiones que alguna vez he tenido (si bien hay muchas que no recuerdo) pueden tener una conexión con este texto. No me refiero a la temática de esas ideas o reflexiones, sino a como surgen, como llego a ellas.
También me remite a algo que para mi es cotidiano y es la manera en que uno intenta dominar un software. Siempre tuve una especie de regla respecto al nivel de conocimiento o dominio de un programa de computación, aunque ahora me doy cuenta que la utilizaba; es decir que tenía cierta “ley” inconsciente que recién ahora puedo explicar y es así: cuando me pregunto “¿cómo puedo lograr que x programa haga tal cosa?” significa que estoy empezando a familiarizarme con su lógica. Al ir descubriendo y dominando diferentes funciones puedo combinarlas y me doy cuenta que logro cosas nuevas. Ahora bien, cuando me pregunto “¿Por qué diablos hizo tal cosa?” bueno, ahí estoy totalmente perdido. Ese es el momento en que nuestra cansada mente comienza a preguntarse si la computadora no le esta tomando el pelo, a acusarla de caprichosa y testaruda y a insultar a su madre. Lo más frustrante es que esos insultos no le afectan en absoluto y solo responde a impulsos eléctricos y a información que le llega en lenguaje binario.
Ahora mis interrogantes ¿Una computadora posee un “pensamiento” suficientemente mecánico como el que propone Bacon? ¿Alguna vez Bacon habrá imaginado que iba a existir algo así? Si nos fijamos bien una computadora ante una duda nos da opciones o nos pregunta ¿cómo? Nunca nos va a preguntar “¿Por qué desea guardar este archivo en el disco rígido?” Y enseguida me viene a la mente el Hombre Bicentenario de Isaac Asimov, cuando el robot comenzó a preguntarse ¿Por qué? fue cuando empezaron los “problemas”: ¿Por qué se mueren mis dueños? ¿Por que no estoy vestido? ¿Por qué la gente me discrimina? ¿Por qué no puedo ser humano?
La cuestión es la siguiente: esta bien, la mejor manera de conocer algo es preguntándonos “¿cómo?”, pero me parece que muchas máquinas quizá estén empezando a preguntarse ¿por qué? (mentira no pienso eso, no soy tan paranoico, pero está bueno para slogan de una película de ciencia ficción ¿no?)

Lo que quiero señalar tiene que ver con el cómo y el porque. Me encanta esa diferencia, porque es un estructurador del pensamiento, y un excelente punto para empezar a diferenciar nuestra manera de ver el mundo de la de otros, en otros momentos y en otros lugares. Nosotros hemos hecho una sublimación tal del como, que ya ni siquiera nos damos cuenta que en realidad no es el porque: asociamos el segundo al primero, por acto reflejo. Pero no siempre fue así. El por qué es una pregunta molesta. Siempre es incómodo tratar con uno de esos pendejos adictos al por qué “¿Y por qué esto? ¿Y por qué aquello? ¿Por qué? ¿Por qué?” La tolerancia dura exactamente lo que tardamos en dejar de poder responder. Y entonces lo callamos: es fácil callar el por qué cuando viene de un chico. Pero el trabajo de callar el nuestro, el que nos habla en la cabeza, nos grita, nos presiona para encontrarlo, ese es mucho más difícil. Bajo el peso de la ciencia moderna (y su cosmovisión) afortunadamente muere aplastado: ningún científico se va a andar preocupando por porqueses, sus intereses son mas inmediatos (y por tanto, importantes). Pero no todos tienen esa suerte, y algunos van desarrollando, a su manera, la forma de escaparle al imperio del como y empezar a buscar un porque. La religión es una de estas formas. Y no es raro que, en la época del como, la religión sufra de tan mala reputación: pero ese tema merece muchas mas líneas de las que yo puedo dedicarle. Redondeo: el como es utilitario, es físico, es inmediato: no se lo que quiero, pero lo quiero ahora. En cambio, creo que el porque es otra cosa: es mágico, es místico, es profundo. El porque tiene un encanto hipnótico, una belleza particular: el problema es, como siempre, no quedar seducido por ninguno de los dos al punto de olvidar al otro.
Para terminar, dejo algo que dijo Rutherford (un físico ingles loco de finales del siglo XIX – comienzos del XX). Cuando me lo dijeron me pareció una frase maravillosa (sobre todo viniendo de un físico), y ahora viene perfecta para la ocasión: “Si me lo pidieran, yo podría escribir diez libros sobre magnetismo de los metales: pero si me preguntan la razón, por qué el imán atrae al hierro, solo puedo decir que es porque Dios lo quiso así”.

Salu2

Mi primer impresion del texto fue: Por dios!! Que locura!! ¿Que es esto?!! ¿Por que? , ¿como??!!! ¿Quienes son todos estos tipos?!! ¿Cuantos Nombres??!!! ¿Cuantas corrientes de pensamiento??!!! ¿Como hago para entender tanta complejidad, estudiada por estos cientificos toda una vida, en poco menos de una semana??? ¿¿Como hago para discutir el texto si me llevara dias comprenderlo???
Pero cuando, por fin, logre calmarme, VI LA LUZ!!!, como seguramente habran dicho Platon, Aristoteles, Galileo, Bacon, Descartes, Newton, William y Adso al descubrir las respuestas a todas sus dudas. (Con la diferencia que sus dudas marcaron la historia de la ciencia, y las mias solo la produccion de este comentario, pero que quedan en mi cabeza hasta encontrar sus respuestas). Pero mas alla de esto creo que el texto es un delicioso disparador de preguntas que yo, como recien iniciadora de esta materia, me quiero responder al toque, ya!!. Y por que es esta busqueda, obvio, del conocimiento, lo que movio tambien a estos extraordinarios hombres a dedicar toda una vida a pensar, razonar, experimentar, probar una y otra vez hasta dar en el clavo, luchar contra la adversidad que les imponia su epoca (como la iglesia a Galileo).
Y a medida que mi desesperacion (en un principio), mi exitacion por saber (luego) y por fin, el entendimiento apresurado, se apagaron fui al papel. Volque todo lo que se me ocurria en ese instante, sin meditar, TODO: emociones, dudas, conclusiones..... pero hay todavia una pregunta que tengo flotando.... y seguramente tiene que ver ahi la palabra Conocimiento.... QUIEN NO QUIERE LLEGAR ALA VERDAD DE LAS COSAS??? y creo que esta busqueda de la verdad nos lleva a conocer el porque y el como de las cosas....Así como lo pensaron estos grandes citados en el texto de Morris Berman; Lo ha hecho la Humanidad entera, y cada uno de los hombres y (mujeres)- como dice el texto en una parte- alo largo del paso del tiempo, para evolucionar, descubrir, crear, mejorar, vivir mejor, vivir con la verdad....Pero que diran de nuestras verdades en el año 4025??? Lo mismo que deciamos nosotros delas verdades que creian hace 4 siglos atras????
y ni hablar de las verdades de esa epoca magica de la edad Media!!! sin embargo hay algo desalentador en mi pensamiento.... ELLOS LAS CREIAN. Asi como nosotros creemos las nuestras, y Galileo creia las suyas y la Iglesia en las suyas, asi como Newton.... y como tantos otros. Pero lo que vale es que eran sus verdades mejoradas o pulidas con el paso del tiempo pero suyas y asi creo que debemos "pensar...." y (modificando la frase de Descartes)"pensar...descubrir nuestras verdades....y luego existir".
Pd: Espero que me hayan entendido, y espero que discutamos nuestras verdades mañana en busca de mas conocimiento. Saludos Noelita

Para Descartes , pensar era lo identico a existir, y sin embargo yo, Pienso....Pienso.... Pienso... y......no existo!!!!! osea no es lo mismo, menos identico, pero creo que al surgime algo puedo percibir mi existencia, que buenoooo!!! y Luego de una leve reflexion pienso porque tanta critica, tanto debate, tanta confusion entre estos grandes pensadores de la ciencia, del conocimiento, de la vida, por pensar y luego existir?. En REALIDAD creo yo que lo que nos lleva a nuestra existencia son todos nuetros verdaderos conocimientos en crecimineto tratando de perfeccionarlos, asi como lo hicieron Galileo Newton, Descartes en la busqueda de un conocimiento mejor, osea...una mejor existencia, plagadas de menos dudas y mas conocimientos.
En conclusion: Quiero mas pensamiento (conocimiento)para mas existencia. Gracias por la comprension, hasta la proxima. Vir

Realmente al leer el primer capitulo de “El reencantamiento del mundo” de Morris Berman quede encantada. Debo reconocer que en un primer momento el texto me fue ajeno pero al transcurrir la lectura del mismo sentí una necesidad imperiosa de llegar al final.
Este pasaje para mi es una gran conjunción de conocimientos acumulados a lo largo de mis estudios secundarios que nunca pensé que me iban a servir en la facultad. Todos los ejemplos de experimentos que aparecen en el texto, realizados por Descartes, Newton y Galileo, yo ya había tenido oportunidad de realizarlos en física y biología en 3 y 4 año. Lo grandioso es ver como aquí adquieren una connotación diferente y se trasladan al plano epistemológico.
Me encanto, también, redescubrir a grandes de la ciencia como René, Isaac y Galiley y empezar a plantearme ya no el “porque” sino el “como” partiendo desde las premisas de que no existe la “casualidad” sino la “causalidad” y de que para “existir” hay que “pensar”.
Por último me gustaría confesar mi fascinación por varias frases de los renombrados científicos ( y del mismo autor del texto) que, de ahora en más, pasarán a formar parte de mi saber general. Entre ellas están: “La evidencia de tus propios ojos resulta algo muy seductor. Tarde o temprano todo el mundo sucumbirá a ella” de Galileo y “Para comenzar, fue necesario descreer todo lo que pensé que conocía hasta el
momento”de Descartes; entre otras.
Y “como lo bueno si breve dos veces bueno” doy por terminado mi comentario.
Besos
Anahí

Me resulta dificil comprender las ideas o pensamientos de cada uno de los nombrados ( Deascartes, Newton, Galileo, Bacon)
Una parte del texto aclara que... a pesar de la concepción popular del metodo cientifico, la mayoria de los cientificos saben que sus investugaciones comienzan con especulaciones y vuelos de fantasia alejados de la realidad y que luego son sometidos a la doble prueba de la medicion y el axperimento.
Esto explica como se fueron dando las cosas a traves del tiempo, pero en "todo sentido" como por ejemplo: la influencia de la tecnologia.
Primero debo co,mprender lo que ellos querian y luego adaptarlo a los avances de la humanidad.

En este primer capitulo se ve claramente la confrontacion entre el racionalismo de Descartes, quien ve en las matematicas la base de todo el conocimiento a traves de la razon, y el empirismo de Bacon que ve los fundamentos del conocimiento en los datos sensoriales, la experimentacion y las artes mecanicas. Estos dos polos del conocimiento se unifican en Galileo. Para el la ciencia es el unico camino hacia la verdad, e intentara mantener sus afirmaciones alejadas de aquellas de la religion, pero el compromiso de la iglesia con el aristotelismo fue muy grande...y Galileo no pudo ser un heroe...
Un siglo mas tarde Newton y su combinacion metodologica de razon y empirismo se convierten en una filosofia completa de la naturaleza.
Creo que ni las matematicas ni el conocimiento empirico tienen la ultima palabra.
En las leyes que rigen este mundo ni las matematicas son tan exactas, ni la magia es solo producto de la superticion de unos pocos.
Como se explicarian algunas fallas tecnicas, como hacen los creyentes que aseguran haber visto a la virgen, y aquellas personas que aseguran ver cosas; y esos avisos en el diario que dicen:"atraigo a tu pareja en 24 hs."
Creo antes que nada que todo depende un poco de todo,la verdad de todos los porques fisicos y magicos nadie los sabe, ni Newton, ni Platon ni Galileo; contribuyeron con hallazgos importantes para toda la humanidad.
Creo en la exactitud de las matematicas, en la inteligencia de cada uno para conseguir lo que quiere, pero tambien en la suerte, el destino y que eso "intangible" quiza tambien existe.

“La revolución industrial hizo que la Revolución científica se conociera en todo su magnitud”…
La Epistemología es una ciencia que estudias ciencia; la Epistemología busca una respuesta para saber “cómo” es que los seres humanos sabemos. Ahora, ¿por qué busca el “cómo” y no el “por qué”?. Los hombres se contentaban con preguntarse el “por qué” de las cosas, el “por qué” de los fenómenos que ocurrían; y mientras esto sucedía el “cómo” se hacía más irrelevante. En siglo XX la situación se invirtió, el “cómo” pasó a ser más importante, se ha convertido en nuestro “por qué”.
Existen dos grandes polos opuestos de la Epistemología, el empirismo y el racionalismo, ambos fueron representaron por dos grandes científicos: Bacon y Descartes. Ambos tenían posturas diferentes, Bacon está convencido de que el conocimiento es poder y la verdad utilidad. Descartes considera la certeza como equivalente a la medición y quiere que la ciencia se convierta en una matemática universal ya que los números son los que pueden terminar con la incertidumbre. Sin se entrelazaban en determinados puntos ambos tenían un mismo objetivo: “empezar de nuevo”.
Morris Berman en su libro “El reencantamiento del mundo”, escribe sobre un gran científico: Galileo. El mismo realizó varios experimentos y muchos de ellos fueron obras maestra como por ejemplo el experimento que diseño para medir la distancia en función del tiempo; los experimentos de caída libre; experimento en los que utilizó el plano inclinado; etc. Personalmente, Galileo es uno de los científicos que más interesantes me resulta, no sólo por los experimentos espectaculares que realizó sino por el enfrentamiento que tuvo con la iglesia al tratar de llevar a la iglesia a la causa de la ciencia.


ALUMNA: Denise J. Cataldi

Con respecto al texto de BERMAN:
Me parece interesante porque nos refleja la contradicciones de la revolución científico-técnica occidental de los siglos XVI y XVII, de la cual somos herederos. Además resulta esquemático interpretar como estos hombres desafiaban el orden imperante, como Galileo que no considero su método como útil, sino como verdadero, lo cual provocó la ira dentro de la iglesia. Para Galilei ,la ciencia no era una herramient