"El Ser Humano que se cree Dios"...
“El sueño del hombre que juega a ser Dios y quiere producir seres humanos en serie no alcanza a esconderse detrás de la justificación científica....”
¿Salvación para la humanidad o ataque a su patrimonio más preciado?
Demartin Miriam
Defelipe Natalia
Grana Noelia
Garcia-Piatti Rocío

Hoy en día, se ve cómo la ciencia va progresando y junto con ella el deseo del hombre de crecer, alcanzar y superar a Dios. Escuchar esto es triste y hasta a veces confuso, es algo que nos cuesta entender. ¿Cómo el hombre, la propia y perfecta creación de Dios quiere crear un mundo nuevo y lleno de seres hechos con sus propias manos? Es que acaso... ¿no somos colaboradores de este Reino Divino? Tomar conciencia de este progreso científico es muy importante. Debemos saber que la ciencia y su desarrollo no está en un futuro lejano, es más, camina a nuestro lado, a veces de la mano y otras con pasos mucho más acelerados. Tenemos que saber qué es lo bueno y lo malo que tiene.
La ciencia y la tecnología han permitido al hombre alcanzar grandes metas y satisfacción de necesidades; sin embargo, también conllevan a un potencial riesgo para el ser humano y el mundo en que vivimos, produciéndose el temor de pérdida de control. Es por eso que cabe mencionar a Huxley ya en 1964:
“La aparente paradoja es que los científicos y los tecnólogos, en virtud del saber que tienen sobre lo que sucede en este mundo sin vida de las abstracciones e inferencias, han llegado a adquirir el inmenso y creciente poder de dirigir y cambiar el mundo”

Desde el mismo momento en que el óvulo es fecundado, se inicia una nueva vida, diferente a la del padre y la de la madre, porque se ha originado un nuevo ser humano, que se irá desarrollando y el cual no llegaría a ser humano si no lo ha sido desde entonces.
Desde ese momento ya se encuentra fijado el programa y características de lo que será esa persona. Es decir, que en el cigoto resultante de la fecundación está ya constituida la identidad biológica de un nuevo individuo humano, con sus características ya bien determinadas. Es por esta razón que el embrión humano ofrece de por sí una presencia personal, sólo le queda desarrollarse.
Con el avance de la ciencia se puede exigir, por ejemplo que el bebé pronto a nacer esté dotado de determinadas características a gusto y elección de sus padres, o que nazca un niño superdotado, sin ninguna enfermedad, o bien un niño que traiga la cura a enfermedades de otras personas, y muchas cosas más, que hacen ver al hombre como una máquina, como un instrumento de laboratorio o un objeto.
Los embriones vivos, sean viables o no, deben ser respetados como todas las personas humanas; de manera que la experimentación no terapéutica sobre embriones es ilícita.

Los embriones humanos obtenidos mediante la fecundación in vitro son seres humanos, y por lo tanto sujetos de derechos, cuya dignidad y derecho a la vida deben ser respetados desde el primer momento de su existencia. Consecuentemente, los embriones humanos no pueden ser explotados como material biológico disponible, ni para investigaciones que causan daños o imponen riesgos graves.
La fecundación asistida en la Argentina no tiene una legislación adecuada y cuando lo haga, tendrá que equilibrar la necesidad con las normas éticas imperantes.
Los exámenes preimplantatorios y la fecundación in vitro deben observarse como avances de la ciencia sin olvidar que la cura de las enfermedades con éste método puede transformarse en eugenésica que recuerda la barbarie de la selección de razas.
Estos métodos en vez de homogeneizar producen una mayor biovariedad, dado que la abuela puede dar a luz un bebé que es su hijo gestacional y a la vez nieto biológico porque el código genético pertenece a su hija. Entonces su hija que aportó el cigoto, es para el recién nacido madre biológica y hermana gestacional.
Es lógico que alguien se pregunte si realmente es necesario éste último invento cuando existe la adopción que implica un aporte solidario. En esta materia el dialogo puede ser interminable sin llegar a un fin. Es posible que tenga razón Fernando Savater cuando dijo:”La vida en las familias es lo suficientemente complicada como para añadirle cargas extras, como que el recién nacido sea abuelo de su hermano o cuñado de su tía”.
Y frente a la situación que se nos presenta, ante los avances y descubrimientos, hace que el derecho se haga frecuente ante necesidades sociales nuevas, no pensadas por nuestros codificadores al sancionar el Código penal de 1921, tales como los problemas derivados de la informática y el caso de la genética moderna.
Es que, como se refiere el profesor Barbero Santos, en su prólogo al libro de Martínez: “Corren tiempos de serios desgarros en el tejido social. Tiempos desacralizados en que la ciencia y la técnica han accedido al sillón de antiguos dioses. Da la impresión que todo aquello que se efectue con ciencia metodológica y rigor científico es verdad inconclusa. El hombre en tanto vive, aherrojado en un como de sombras, enlistado en la cosificación, conculcado por una garrafal disciplina para la sumisión y el consenso. Y agregó que: los antiguos valores están anestesiados y, como ya los destacaba Ernesto Sabato en la década de los 50 en su ensayo “De Hombres y engranajes”, hoy el éxito se asimila a una parte de progreso rectilíneo y a la vez geométrico en que se sacrifican esencias que atañen a la integridad moral de los seres, creación única del universo. Si algo hubiese que sacralizar en los tiempos que corren, es al ser humano.
Pero los desafíos que nos presenta la sociedad del nuevo siglo, se refieren al saber poner límites comunes en la búsqueda del superhombre, hombre perfecto, cuerpo perfecto. Ésta búsqueda que comienza simplemente al separar el cuerpo del alma, y enriquecer al primero y olvidar al segundo.
La nueva generación tiene como valores sociales todo lo referido a la belleza extrema del cuerpo, aumentar el propio alter ego, como lo comprueba J.Baudrillard: “Es un narcisismo dirigido, una exaltación dirigida y funcional de la belleza como valor y como intercambio de signos”.![]()
En efecto, cómo no barruntar que los experimentos concernientes a la industrialización de lo vivo no se conformarán con curar a los pacientes, exaltar partes corpóreas, fomentar el embellecimiento artificial de las personas o favorecer la procreación de las parejas estériles, sino que pronto llegarán al viejo delirio del hombre nuevo, el que merece sobrevivir- el superhombre-el hombre perfecto-, mientras que como en la película “Gataca”, el hombre sin calidad, el primate de los tiempos nuevos deberá desaparecer y ceder así el puesto al último modelo de la humanidad al transhumano.
![]()
Para convencerse de ello, basta con escuchar las declaraciones del profesor R.Seed sobre su tentativa de clonar seres humanos. Refiere Virilo que el carácter todo poderoso da la impotencia de las ciencias al cuestionar el origen de la vida, resulta profundamente eugenésico; solo el recuerdo de la exterminación nazi impide a la ingeniería genética declararse como tal. De ahí la gravedad de la amenaza negacionista, no sólo sobre la memoria profética de los campos, sino también sobre el principio de la continuidad de lo vivo, principio éste de la responsabilidad frente al futuro de la humanidad.
De esta forma, (gracias a la informática) y a los progresos de la biotecnología, las ciencias de la vida están en disposición de amenazar a la especie, no como anteriormente por la destrucción radioactiva del humano, sino por la inseminación clínica, el control de las fuentes, el origen del individuo, modificación estética del cuerpo del individuo.En la novela “Un mundo feliz”, la gente normal era genéticamente diseñada, clonada, y gestada en úteros artificiales, como un proceso de línea de montaje fordiano que producía genotipos ideales.

Mustapha Mong, uno de los diez controladores mundiales de la sociedad utópica, que planteaba Huxley en su novela, le impide a uno de sus jóvenes protegidos que trate de imaginar cómo era tener una madre, pues sólo los salvajes que vivían en remotas reservaciones, alejados de la vida civilizada, seguían gestando sus propios bebés y amamantándolos después del nacimiento, algo que sólo hacían los animales.
J.Rifkin, refiere que, cuando en 1932, Huxley escribió esta novela, la píldora anticonceptiva todavía no había entrado en escena: revolucionó las relaciones sexuales, alejándolas del proceso de reproducción. La inseminación artificial, la fertilización in vitro, donación de óvulos, madres sustitutas y pronto la clonación continúan separando los componentes de la reproducción, del acto biológico de aparearse. Y señala que el útero artificial completa el proceso, con lo que los bebés desarrollados en laboratorio, constituyen la próxima bomba biológica destinada a desatar cuestiones éticas de todo tipo.
Estudios Epidemiológicos Análiticos
Taller de Informática Médica II
Bajar archivo: Estudios Epidemiológicos Análiticos
Marcelo de la Torre / Marta Eixarch / Adriana arca
Comentarios (0) | Archivado en: [ MaterialInfo II ]
Navegador Mozilla Firefox
© Fernando Irigaray, Marcelo de la Torre, Jorge Yunes,
Diego Rolle y Carlos Rossano (2002-2005)
