La guerra contra el cuerpo
Integrantes:
Andrea Benedetti,
María Matos Mendoza Cardoso,
Indiara Matos Mendoza Cardoso,
GabrielaMuñoz.

El envejecimiento es un proceso infinitivamente lento que escapa a la conciencia. Para la mayoría de los occidentales, envejecer, es librarse a un gradual trabajo de duelo que consiste en despojarse de lo esencial que fue la vida, en quitarle importancia a acciones apreciadas en otros momentos, de manera que lo simbólico resulta residual.
El sentimiento abstracto de envejecer nace cuando la mirada del otro deja de fijarse en uno, así también cuando ciertos acontecimientos o episodios reformulan a nuestra conciencia: una separación, ver crecer a los hijos, verlos irse, la llegada de los nietos, la jubilación, la desaparición de amigos, ver fotos de antes que remiten a una cara que no es mas de uno, los rostros transformados de los demás luego de una larga ausencia, entre otros.
La percepción común reduce al anciano a la percepción del cuerpo, especialmente en las instituciones, en donde los “viejitos” suelen ser cuerpos viejos, inútiles, que habían servido y que ya no sirven, cuerpos con los que no se sabe que hacer. El anciano no es mas su historia, no es mas un sujeto, es un cuerpo deshecho cuya higiene y supervivencia hay que asegurar.
Es así como la enfermedad y el dolor, que son ejemplos inherentes al hombre, pero provisorios, se asocian definitivamente al envejecimiento.

Asimismo, la sociedad construye los estereotipos de belleza, cuerpo y salud, de tal forma que solo se valoran los cuerpos jóvenes, al extremo, que el paso de los años hay que disimularlo como sea y al costo que sea, existe un deseo de permanecer en este estado de la vida, de manera que las marcas que deja el tiempo en el cuerpo resultan inaceptables
De esta forma, la violencia contra las personas maduras se manifiesta contra sus sentimientos, en lo interno y, a través de su cuerpo y en la vida social, en lo externo.En la vejez, los ancianos son paralizados socialmente pues los “tiempos” establecen que es momento de retirarlos de los espacios reservados para la juventud, por lo tanto son limitados al hogar o a los asilos.

Sin embargo, el cuerpo es una construcción social y cultural, no una realidad en si mismo, de manera que lo que es evidente en una sociedad asombra en otra o bien no se lo comprende. La visión expuesta anteriormente es propia de las sociedades occidentales, en cambio, para las sociedades orientales el cuerpo no se distingue de la persona, este no existe como elemento de individuación ya que el individuo no se distingue del grupo, y las materias primas que componen al hombre son las misma que le dan consistencia a la naturaleza.
Mujeres y hombres deberían ser siempre productivos, lo que hará que su vida sea en un futuro más rica en todos los ámbitos y por lo tanto no tengan que depender de nadie. Para ello, es necesario que cada persona tome su vida en sus propias manos y educarse para tener autonomía moral y económica, conocerse, aceptarse y amarse por sobre todas las cosas porque finalmente, se puede llegar a ser solos pero no solitarios.

¿QUERES SABER TU FUTURO?... NOSOTROS TE LO CONTAMOS

Integrantes:
Azcué, Federico
Belotti, Bruno
Bertolini, Hugo
El envejecimiento intolerable: el cuerpo deshecho
Introducción:
El ser humano con el paso del tiempo va experimentando cambios, uno de ellos el envejecimiento. Una señal dada por el atrofiamiento de las células del cuerpo, o un tipo de estigma(alteración del cuerpo) visible la cual nos va excluyendo cada vez más de la sociedad y también de nuestras familias.
Se llama a la vejez el “Continente gris de la vida” en la que vive una población indecisa, perdida en la modernidad.
El envejecimiento intolerable: el cuerpo deshecho
Introducción:
El ser humano con el paso del tiempo va experimentando cambios, uno de ellos el envejecimiento. Una señal dada por el atrofiamiento de las células del cuerpo, o un tipo de estigma(alteración del cuerpo) visible la cual nos va excluyendo cada vez más de la sociedad y también de nuestras familias.
Se llama a la vejez el “Continente gris de la vida” en la que vive una población indecisa, perdida en la modernidad.
El trabajo del envejecimiento evoca una muerte que camina silenciosamente por las células sin que sea posible encauzarlas. El hombre avanza hacia la muerte y encarna los innombrables de la modernidad: la vejez y la muerte. Ninguna de las dos son tabúes, ni cumplen este papel, son los lugares de la anomalía, escapan al campo simbólico que otorga sentido y valores a las acciones sociales.
Del mismo modo que el discapacitado, el anciano es objeto de su cuerpo y no un sujeto completo.
“EL hombre es como un camino que se apaga al final de una larga vejez: muere de a poco, todos los sentidos se apagan sucesivamente: las causas ordinarias de las sensaciones pasan por sobre ellos sin afectarlo.” X. Bichat
El envejecimiento:
El hombre de la modernidad combate todo el tiempo las huellas de la edad y tiene miedo de envejecer por temor a perder su posición profesional y a no encontrar empleo o espacio en el mundo comunicativo.
Cuando se perdió todo, queda el limite del cuerpo o, aun más, la demencia: otra manera de no estar ahí.
El envejecimiento es un proceso insensible, infinitamente lento, que escapa a la conciencia por que no produce ningún contraste; el hombre pasa, suavemente, de un día al otro, de una semana a la otra, de un año al otro, son los acontecimiento de la vida cotidiana los que dividen el paso del día y no la conciencia del tiempo.
Imagen del cuerpo:
La imagen del cuerpo es la representación que el sujeto hace de su cuerpo. Existen diferentes ejes (forma, contenido, saber y valor) que acompañan al hombre durante su existencia y van cambiando a medida que se suceden los acontecimientos. Son puntos de referencia necesarios que le dan al hombre la sensación de una armonía personal, de una unidad.
Estos cuatro componentes dependen del contexto social, cultural, interpersonal y personal.
El juicio social lleva a un impacto más atenuado del envejecimiento en el hombre que en la mujer. La mujer anciana pierde, socialmente, una seducción que se debía, esencialmente, a la frescura, la vitalidad, la juventud. El hombre puede ganar con el tiempo una fuerza de seducción cada vez mayor, ya que en él se valoriza la energía, la experiencia, la madurez.
Vemos aquí, mas allá de la edad de los sujetos, como perdura una imagen social opuesta del hombre y de la mujer, que hace del primero un sujeto activo cuya apreciación social esta basada menos en la apariencia que en un cierto tono en la relación que establece con el mundo, y de la segunda un objeto maravilloso que se degrada con el correr del tiempo.
La mirada del otro:
Por medio del cuerpo nos exponemos al trabajo del tiempo y de la muerte. Pero la imagen del cuerpo que el individuo se forja, se moldea de acuerdo con su paso por la vida: ésta lo dispensa de una apreciación demasiado brutal del envejecimiento. El sentimiento de ensomatosis ( caída del cuerpo) no es un dato bruto, es la interiorización de un juicio que le quita valor a la vejez, antes de ser un juicio personal.
En cuanto la mirada del otro deja de fijarse en uno, en cuanto se produce la suspensión mínima en la que se presiente, en un momento, el juego del deseo, entonces comienza la conciencia del envejecimiento.
La vejez es como una flor que tarda mucho en abrirse, es un sentimiento que viene de afuera y que a veces da raíces precoses y otras tardías, pues depende del gusto por la vida del sujeto.
“No se trata de una cifra cronológica, no comienza a una edad precisa, es una suma de indicios que solo el sujeto conoce. La vejez es un sentimiento.”
Un cuerpo y su doble:
El cuerpo ALTER EGO
Un nuevo imaginario del cuerpo
El cuerpo se impone, hoy, como un tema predilecto del discurso social, lugar geométrico de la reconquista de uno mismo, territorio a explorar, indefinidamente al acecho de las incontables sensaciones que oculta, lugar del enfrentamiento buscado con el entorno, gracias al esfuerzo o a la habilidad; lugar privilegiado del bienestar o del buen parecido.
Lo que perdura es la división entre el hombre y su cuerpo. Hoy, a través de estas prácticas y de estos discursos, el cuerpo deja de representar el lugar del error o del borrador que hay que corregir, como lo vimos con la técnica. No se trata más de la ensomatosis (caída del cuerpo) sino de la posibilidad del cuerpo, de la carne, de una vía de salvación. En un caso como en el otro, una misma disyunción opone, implícitamente, en la persona, lo que corresponde al cuerpo y lo que corresponde a lo inaprensible del hombre.
El hombre es indiferenciable de su carne. Esto no puede considerarse una posesión circunstancial. El cuerpo es el habitad del hombre, su rostro. Momentos de dualidad hacia aspectos desagradables (enfermedades) o agradables (ternura) le dan al sujeto el sentimiento de que el cuerpo se le escapa, que excede lo que es. El dualismo moderno no divide cruelmente al alma y al cuerpo, es más insólito, más indeterminado, avanza disfrazado, atemperado bajo distintas formas, todas basadas en una visión dual del hombre. El dualismo contemporáneo distingue al hombre de su cuerpo.
El cuerpo, marca del individuo
El individuo busca, por medio del cuerpo, vivir un desarrollo de lo íntimo. La intimidad de vuelve un valor clave de la modernidad, incluye la búsqueda de sensaciones nuevas, las del bienestar corporal y las de uno mismo; exige el contacto con los otros pero siempre con mesura y de manera controlada. La elaboración de la intimidad reemplazó la búsqueda de la convivencia de los años 60.
El hombre poco formal, cool, cuida su look, y también quieren que lo hagan los demás; es, esencialmente, un ambiente y una mirada. El cuerpo se convierte en una especie de socio al que se le pide la mejor postura, las sensaciones más originales, la ostentación de los signos más eficaces. Pero este debe proporcionar también una mezcla de espíritu combatido y de flexibilidad, de fuerza y de resistencia, de desenvoltura y de elegancia, sin apartarse nunca de la seducción. Exigencias típicas de la actual atenuación de lo masculino y femenino.
El propio cuerpo, el mejor socio, y el más cercano, aquel según el cual nos juzgan, este imaginario del cuerpo crece.
El valor del cuerpo se invierte, en lugar de ser el signo de la caída, se convierte en la tabla de salvación. Lugares del cuerpo que antes estaban sometidos a la discreción por pudor o por temor al ridículo, se imponen hoy sin dificultades, sin “complejos”, se convirtieron en signos de vitalidad o juventud.
Al mismo tiempo del hombre se “sexualisa”, el de la mujer se hace mas musculosos. Los signos tradicionales de lo masculino y lo femenino tienden a intercambiarse y alimentan el tema de lo andrógino que se afirma cada vez más. El cuerpo ya no es un destino al que uno se abandona sino un objeto que se moldea a gusto.
El cuerpo alter ego
En la edad de la crisis de la pareja, de la familia, de la “multitud solitaria”, el cuerpo se vuelvo un espejo con el que es posible con habitar fraternal y placenteramente.
Al abandonar lo social, el individuo gano un mundo portátil al que hay que seducir, explorar siempre más allá de los límites: el cuerpo, elevado a alter ego y no la parte maldita librada a la discreción y al silencio. Es la perdida de la carne del mundo la que empuja al sujeto a preocuparse por el cuerpo y darle carne a su existencia.
En el imaginario social el discurso es revelador: a menudo la palabra cuerpo funciona como un sinónimo de sujeto, persona.
Paso del cuerpo objeto al cuerpo sujeto, se corresponde al imaginario del clon, cuando se le otorga a cuerpo el titulo de alter ego, persona completa al mismo tiempo que espejo; el individuo se vuelvo su misma copia.
El cuerpo se aleja del sujeto y puede vivir su aventura personal, ya que, planteado como otro del hombre, no deja de reunir todas sus cualidades personales.
El cuerpo disociado se convierte, en el imaginario moderno, en el camino mas corto para alcanzar y transformar al sujeto inmaterial al que viste con la carne y con las sensaciones.
La relación dual cuerpo – sujeto favorece el establecimiento de las prioridades de este orden, ya que actuar sobre uno genera, sobre uno, consecuencias sobre el otro. Deja de perseguirse la unidad del sujeto.
Un buen ejemplo de cómo hoy se ha vuelto común el discurso dualista: se cuida el cuerpo como si se tratase de una maquina de la que hay que obtener un rendimiento óptimo; lentamente, el cuerpo se va asimilando a una maquina a la que hay que mantener.
El paradigma del cuerpo confiable y yendo de vitalidad es el de la maquina bien mantenida, cuidada con amor. Hermoso objeto del que hay que saber obtener los mejores efectos.
Como es percibido como un sujeto interior, como un alter ego, es posible hablarle al “cuerpo”, mimarlo, acariciarlo, explorarlo como si fuese un territorio diferente al que al que hay que conquistar.
El cuerpo se convierte en una propiedad de primer orden, objeto de todas las atenciones, de todos los cuidados, de todas las inversiones. Hay que mantener el “capital” salud, hace prosperar al “capital” corporal bajo la forma simbólica de la seducción. Hay que merecer la juventud, el buen estado, el look. Hay que luchar contra el tiempo que deja huellas en la piel, los quilos de mas, etc.
La pasión por el cuerpo modifica el contenido del dualismo sin cambiar su forma, pero la pasión por el cuerpo cambia su afectividad. El cuerpo – maquina traduce la falta de simbolización de la carne y aparta al sujeto de considerarlo un valor noble e intocable. El cuerpo alter ago no cambia nada en la falta de simbolización de que es objeto el cuerpo, es mas, da cuente de ésta que de otra forma al hacerla mas habitable y favoreciendo la instauración de un soporte de relación con el otro.
El cuerpo hace alarde de una valoración directamente proporcional al olvido o al desprecio que se le había otorgado en otra época del dualismo: No hay que ocuparse tanto del cuerpo – máquina sino de las sensaciones y seducciones, cuyas experiencias hay que multiplicar.
De lo inaprensible del mundo moderno a lo inaprensible del cuerpo
La acentuada individualización que conocemos que actualmente no es, de ninguna manera, signo de liberación del sujeto que encuentra en los recursos propios los medios para una gestión autónoma de su existencia.
Cada sujeto, en su universo personal, y según su posición social, debe arreglárselas con las constelaciones de signos que le envían el mercado de bienes de consumo, los medios masivos de comunicación, la publicidad. Proliferan las tentaciones en torno de las actitudes, cuidados, búsquedas cercanas, sujetos de la misma categoría social.
Los signos vuelan en lo efímero y empujan al hombre a una búsqueda que se renueva sin cesar. Cuando se refleja en el espejo en el que forja el sentimiento de bienestar y de la seducción personal, el hombre individualista ve menos la imagen propia que la fidelidad más o menos feliz a un conjunto de signos. Una tonalidad narcisista atraviesa, hoy, mezza voce, la vida social occidental.
El narcisismo es una posición independiente, una astucia del sujeto que se coloca en el límite entre lo colectivo y lo individual, de este modo, se preserva un compromiso con los demás.
El narcisismo de hoy no significa abandonarse a la holgazanería, disfrutar del tiempo que pasa, aunque provoque placer, está hecho del trabajo sobre uno mismo, de la búsqueda de una personalización de la relación con el mundo por el medio de la valoración de los signos de la vestimenta, de ciertas actitudes, pero también, y especialmente, de signos físicos.
La paradoja reside en que induce a la vida social; traduce la ficción de una elección personalizada, el sentimiento de una conciencia soberana cuando la imposición del ambiente social deja de ser percibido en tanto tal, pero aún amplía el campo de influencia hacia la esfera de lo más íntimo del sujeto.
La otra paradoja del narcisismo moderno está vinculada con su rostro cambiante, con sus entusiasmos provisorios que lo hacen parecerse a un vestuario teatral. El trabajo del signo produce un relato ya constituido que el sujeto enuncia con entonación propia.
El cuerpo es metáfora, depósito inagotable que le da al narcisista moderno un anclaje privilegiado al mismo tiempo que una apariencia heterogénea, efímera. Lo efímero puede reinar sobre el hombre y multiplicarse de lo social a lo individual, pero nunca agota la extensión de los posibles.
Categorías sociales
Hay que notar que el cuerpo es una apuesta simbólica para categorías sociales relativamente precisas. Estas categorías valoran más la fuerza o la resistencia física que la forma, la juventud o la belleza. Tendrías, más bien, una tendencia a diferenciarse de los que “se escuchan demasiado”. Son, además, categorías sociales que ejercen una actividad física: el desgaste muscular y la utilización de técnicas corporales particulares forman la esencia de su trabajo. Estas categorías no están familiarizadas con estas prácticas o estos productos a causa del distanciamiento del sistema de referencias, el costo que tienen y el tiempo que hay que dedicarles.
Estas categorías sociales encuentran, así, una forma de guía, de fidelidad a una autoridad que están acostumbradas en las instituciones en que trabajan. El cuerpo se ofrece a la manera de un laberinto cuya llave en el individuo se perdió. Esta puede ser restituida solo por el que, por su conocimiento, sabe desenrollar el hilo de Ariadna. Asimismo, los que concurren desde hace mucho tiempo guían a los nuevos adeptos. El laberinto se vuelve un a trayectoria demarcada.
El secreto del cuerpo
Como las representaciones occidentales están influidas por un galismo subyacente, usualmente se distingue entre el hombre y el cuerpo, se supone que éste posee un secreto, oculta laberintos con galerías imposibles de recorrer y tiene en el centro revelaciones que pueden enunciarse si se posee el hilo de Ariadna.
Como su evidencia anatómica y fisiológica no se corresponde con lo que el hombre puede experimentar de complejidad, se supone que el cuerpo encierra un misterio.
Como el cuerpo es el lugar de la ruptura, se le otorga el privilegio de la reconciliación. Es ahí donde hay que aplicar el bálsamo. La acción sobre el cuerpo se traduce en la voluntad de cubrir la distancia entre la carne y la conciencia, de borrar la alteridad inherente a la condición humana: la común, la de las insatisfacciones de lo cotidiano y también de las otras, las de base, del inconsciente.
El estilo dualista de la modernidad esta relacionado con el imperativo de hacer que lleva al sujeto a darse una forma como si fuese otro, convirtiendo a su cuerpo en un objeto al que hay que esculpir, mantener y personalizar. De su talento par lograrlo depende, en gran parte, la manera en que los otros lo verán. El inconciente dejó de ser un valor para estas nuevas prácticas.
En este imaginario el cuerpo es una superficie de proyección en la que se ordenan los fragmentos de un sentimiento de identidad personal fraccionado por los ritos sociales. A través de un ordenamiento y de darle sentido a uno mismo, por intermedio de un cuerpo al que se disocia y se transforma en pantalla, el individuo actúa simbólicamente sobre el mundo que lo rodea.
Cuando la identidad personal está cuestionada a través de los incesantes cambios de sentidos y de valores que marcan a la modernidad, cuando los otros se vuelven menos presentes, cuando el reconocimiento de uno se vuelve un problema, aun cuando no sea a un nivel muy grave, queda, en efecto, el cuerpo para hacer oír una reivindicación de existencia.
En el sufrimiento, el inmigrante le da el síntoma a la medicina con la esperanza de que se lo reconozca en tanto sujeto, cuando todas las otras tentativas para lograrlo fracasaron. En el juego, el hombre de la modernidad que se acostumbra a vivir precariamente, “inmigrante del tiempo”, convierte al cuerpo en una especie de señal de reconocimiento. En lo inaprehensible del mundo solo el propio cuerpo proporciona la aprehensión de la existencia.
Un cuerpo y su doble:
El cuerpo ALTER EGO
Un nuevo imaginario del cuerpo
El cuerpo se impone, hoy, como un tema predilecto del discurso social, lugar geométrico de la reconquista de uno mismo, territorio a explorar, indefinidamente al acecho de las incontables sensaciones que oculta, lugar del enfrentamiento buscado con el entorno, gracias al esfuerzo o a la habilidad; lugar privilegiado del bienestar o del buen parecido.
Lo que perdura es la división entre el hombre y su cuerpo. Hoy, a través de estas prácticas y de estos discursos, el cuerpo deja de representar el lugar del error o del borrador que hay que corregir, como lo vimos con la técnica. No se trata más de la ensomatosis (caída del cuerpo) sino de la posibilidad del cuerpo, de la carne, de una vía de salvación. En un caso como en el otro, una misma disyunción opone, implícitamente, en la persona, lo que corresponde al cuerpo y lo que corresponde a lo inaprensible del hombre.
El hombre es indiferenciable de su carne. Esto no puede considerarse una posesión circunstancial. El cuerpo es el habitad del hombre, su rostro. Momentos de dualidad hacia aspectos desagradables (enfermedades) o agradables (ternura) le dan al sujeto el sentimiento de que el cuerpo se le escapa, que excede lo que es. El dualismo moderno no divide cruelmente al alma y al cuerpo, es más insólito, más indeterminado, avanza disfrazado, atemperado bajo distintas formas, todas basadas en una visión dual del hombre. El dualismo contemporáneo distingue al hombre de su cuerpo.
El cuerpo, marca del individuo
El individuo busca, por medio del cuerpo, vivir un desarrollo de lo íntimo. La intimidad de vuelve un valor clave de la modernidad, incluye la búsqueda de sensaciones nuevas, las del bienestar corporal y las de uno mismo; exige el contacto con los otros pero siempre con mesura y de manera controlada. La elaboración de la intimidad reemplazó la búsqueda de la convivencia de los años 60.
El hombre poco formal, cool, cuida su look, y también quieren que lo hagan los demás; es, esencialmente, un ambiente y una mirada. El cuerpo se convierte en una especie de socio al que se le pide la mejor postura, las sensaciones más originales, la ostentación de los signos más eficaces. Pero este debe proporcionar también una mezcla de espíritu combatido y de flexibilidad, de fuerza y de resistencia, de desenvoltura y de elegancia, sin apartarse nunca de la seducción. Exigencias típicas de la actual atenuación de lo masculino y femenino.
El propio cuerpo, el mejor socio, y el más cercano, aquel según el cual nos juzgan, este imaginario del cuerpo crece.
El valor del cuerpo se invierte, en lugar de ser el signo de la caída, se convierte en la tabla de salvación. Lugares del cuerpo que antes estaban sometidos a la discreción por pudor o por temor al ridículo, se imponen hoy sin dificultades, sin “complejos”, se convirtieron en signos de vitalidad o juventud.
Al mismo tiempo del hombre se “sexualisa”, el de la mujer se hace mas musculosos. Los signos tradicionales de lo masculino y lo femenino tienden a intercambiarse y alimentan el tema de lo andrógino que se afirma cada vez más. El cuerpo ya no es un destino al que uno se abandona sino un objeto que se moldea a gusto.
El cuerpo alter ego
En la edad de la crisis de la pareja, de la familia, de la “multitud solitaria”, el cuerpo se vuelvo un espejo con el que es posible con habitar fraternal y placenteramente.
Al abandonar lo social, el individuo gano un mundo portátil al que hay que seducir, explorar siempre más allá de los límites: el cuerpo, elevado a alter ego y no la parte maldita librada a la discreción y al silencio. Es la perdida de la carne del mundo la que empuja al sujeto a preocuparse por el cuerpo y darle carne a su existencia.
En el imaginario social el discurso es revelador: a menudo la palabra cuerpo funciona como un sinónimo de sujeto, persona.
Paso del cuerpo objeto al cuerpo sujeto, se corresponde al imaginario del clon, cuando se le otorga a cuerpo el titulo de alter ego, persona completa al mismo tiempo que espejo; el individuo se vuelvo su misma copia.
El cuerpo se aleja del sujeto y puede vivir su aventura personal, ya que, planteado como otro del hombre, no deja de reunir todas sus cualidades personales.
El cuerpo disociado se convierte, en el imaginario moderno, en el camino mas corto para alcanzar y transformar al sujeto inmaterial al que viste con la carne y con las sensaciones.
La relación dual cuerpo – sujeto favorece el establecimiento de las prioridades de este orden, ya que actuar sobre uno genera, sobre uno, consecuencias sobre el otro. Deja de perseguirse la unidad del sujeto.
Un buen ejemplo de cómo hoy se ha vuelto común el discurso dualista: se cuida el cuerpo como si se tratase de una maquina de la que hay que obtener un rendimiento óptimo; lentamente, el cuerpo se va asimilando a una maquina a la que hay que mantener.
El paradigma del cuerpo confiable y yendo de vitalidad es el de la maquina bien mantenida, cuidada con amor. Hermoso objeto del que hay que saber obtener los mejores efectos.
Como es percibido como un sujeto interior, como un alter ego, es posible hablarle al “cuerpo”, mimarlo, acariciarlo, explorarlo como si fuese un territorio diferente al que al que hay que conquistar.
El cuerpo se convierte en una propiedad de primer orden, objeto de todas las atenciones, de todos los cuidados, de todas las inversiones. Hay que mantener el “capital” salud, hace prosperar al “capital” corporal bajo la forma simbólica de la seducción. Hay que merecer la juventud, el buen estado, el look. Hay que luchar contra el tiempo que deja huellas en la piel, los quilos de mas, etc.
La pasión por el cuerpo modifica el contenido del dualismo sin cambiar su forma, pero la pasión por el cuerpo cambia su afectividad. El cuerpo – maquina traduce la falta de simbolización de la carne y aparta al sujeto de considerarlo un valor noble e intocable. El cuerpo alter ago no cambia nada en la falta de simbolización de que es objeto el cuerpo, es mas, da cuente de ésta que de otra forma al hacerla mas habitable y favoreciendo la instauración de un soporte de relación con el otro.
El cuerpo hace alarde de una valoración directamente proporcional al olvido o al desprecio que se le había otorgado en otra época del dualismo: No hay que ocuparse tanto del cuerpo – máquina sino de las sensaciones y seducciones, cuyas experiencias hay que multiplicar.
De lo inaprensible del mundo moderno a lo inaprensible del cuerpo
La acentuada individualización que conocemos que actualmente no es, de ninguna manera, signo de liberación del sujeto que encuentra en los recursos propios los medios para una gestión autónoma de su existencia.
Cada sujeto, en su universo personal, y según su posición social, debe arreglárselas con las constelaciones de signos que le envían el mercado de bienes de consumo, los medios masivos de comunicación, la publicidad. Proliferan las tentaciones en torno de las actitudes, cuidados, búsquedas cercanas, sujetos de la misma categoría social.
Los signos vuelan en lo efímero y empujan al hombre a una búsqueda que se renueva sin cesar. Cuando se refleja en el espejo en el que forja el sentimiento de bienestar y de la seducción personal, el hombre individualista ve menos la imagen propia que la fidelidad más o menos feliz a un conjunto de signos. Una tonalidad narcisista atraviesa, hoy, mezza voce, la vida social occidental.
El narcisismo es una posición independiente, una astucia del sujeto que se coloca en el límite entre lo colectivo y lo individual, de este modo, se preserva un compromiso con los demás.
El narcisismo de hoy no significa abandonarse a la holgazanería, disfrutar del tiempo que pasa, aunque provoque placer, está hecho del trabajo sobre uno mismo, de la búsqueda de una personalización de la relación con el mundo por el medio de la valoración de los signos de la vestimenta, de ciertas actitudes, pero también, y especialmente, de signos físicos.
La paradoja reside en que induce a la vida social; traduce la ficción de una elección personalizada, el sentimiento de una conciencia soberana cuando la imposición del ambiente social deja de ser percibido en tanto tal, pero aún amplía el campo de influencia hacia la esfera de lo más íntimo del sujeto.
La otra paradoja del narcisismo moderno está vinculada con su rostro cambiante, con sus entusiasmos provisorios que lo hacen parecerse a un vestuario teatral. El trabajo del signo produce un relato ya constituido que el sujeto enuncia con entonación propia.
El cuerpo es metáfora, depósito inagotable que le da al narcisista moderno un anclaje privilegiado al mismo tiempo que una apariencia heterogénea, efímera. Lo efímero puede reinar sobre el hombre y multiplicarse de lo social a lo individual, pero nunca agota la extensión de los posibles.
Categorías sociales
Hay que notar que el cuerpo es una apuesta simbólica para categorías sociales relativamente precisas. Estas categorías valoran más la fuerza o la resistencia física que la forma, la juventud o la belleza. Tendrías, más bien, una tendencia a diferenciarse de los que “se escuchan demasiado”. Son, además, categorías sociales que ejercen una actividad física: el desgaste muscular y la utilización de técnicas corporales particulares forman la esencia de su trabajo. Estas categorías no están familiarizadas con estas prácticas o estos productos a causa del distanciamiento del sistema de referencias, el costo que tienen y el tiempo que hay que dedicarles.
Estas categorías sociales encuentran, así, una forma de guía, de fidelidad a una autoridad que están acostumbradas en las instituciones en que trabajan. El cuerpo se ofrece a la manera de un laberinto cuya llave en el individuo se perdió. Esta puede ser restituida solo por el que, por su conocimiento, sabe desenrollar el hilo de Ariadna. Asimismo, los que concurren desde hace mucho tiempo guían a los nuevos adeptos. El laberinto se vuelve un a trayectoria demarcada.
El secreto del cuerpo
Como las representaciones occidentales están influidas por un galismo subyacente, usualmente se distingue entre el hombre y el cuerpo, se supone que éste posee un secreto, oculta laberintos con galerías imposibles de recorrer y tiene en el centro revelaciones que pueden enunciarse si se posee el hilo de Ariadna.
Como su evidencia anatómica y fisiológica no se corresponde con lo que el hombre puede experimentar de complejidad, se supone que el cuerpo encierra un misterio.
Como el cuerpo es el lugar de la ruptura, se le otorga el privilegio de la reconciliación. Es ahí donde hay que aplicar el bálsamo. La acción sobre el cuerpo se traduce en la voluntad de cubrir la distancia entre la carne y la conciencia, de borrar la alteridad inherente a la condición humana: la común, la de las insatisfacciones de lo cotidiano y también de las otras, las de base, del inconsciente.
El estilo dualista de la modernidad esta relacionado con el imperativo de hacer que lleva al sujeto a darse una forma como si fuese otro, convirtiendo a su cuerpo en un objeto al que hay que esculpir, mantener y personalizar. De su talento par lograrlo depende, en gran parte, la manera en que los otros lo verán. El inconciente dejó de ser un valor para estas nuevas prácticas.
En este imaginario el cuerpo es una superficie de proyección en la que se ordenan los fragmentos de un sentimiento de identidad personal fraccionado por los ritos sociales. A través de un ordenamiento y de darle sentido a uno mismo, por intermedio de un cuerpo al que se disocia y se transforma en pantalla, el individuo actúa simbólicamente sobre el mundo que lo rodea.
Cuando la identidad personal está cuestionada a través de los incesantes cambios de sentidos y de valores que marcan a la modernidad, cuando los otros se vuelven menos presentes, cuando el reconocimiento de uno se vuelve un problema, aun cuando no sea a un nivel muy grave, queda, en efecto, el cuerpo para hacer oír una reivindicación de existencia.
En el sufrimiento, el inmigrante le da el síntoma a la medicina con la esperanza de que se lo reconozca en tanto sujeto, cuando todas las otras tentativas para lograrlo fracasaron. En el juego, el hombre de la modernidad que se acostumbra a vivir precariamente, “inmigrante del tiempo”, convierte al cuerpo en una especie de señal de reconocimiento. En lo inaprehensible del mundo solo el propio cuerpo proporciona la aprehensión de la existencia.
El Cuerpo Hoy
Integrantes:
Reinoso, Eliana.
Ribotta, Noelia.
Vilaverde, Paola.
![Doc[1].jpg](http://teacher.scholastic.com/researchtools/articlearchives/images/body.jpg)
El cuerpo para las sociedades occidentales está analizado por medio de un saber infundido en tradiciones (culturas e historias), pero de a poco está siendo reemplazado por especialistas.
Estas sociedades apoyan a la medicina moderna refiriéndose al cuerpo como un saber anátomo fisiológico, sin embargo son escasas las personas que realmente tienen un conocimiento verdadero y una comprensión acerca de las diversas funciones y ubicaciones corporales.
El saber biomédico, representación oficial del cuerpo humano hoy, considera al cuerpo separado de la cultura e historia; en cambio en las tradiciones populares los saberes sobre el cuerpo son múltiples y están unidos al mundo (saber bio-social).
Nuestro cuerpo humano sufre alteraciones y variaciones que pueden ser combatidos por aquellos que realmente tienen conocimientos acerca de la enfermedad que están tratando basándose, en la ciencia, y también pueden ser tratadas por otros personas (curanderos, encantador del fuego, etc) las cuales se basan en simples acciones simbólicas y en la fe tanto del curandero como del enfermo.
Cada hombre construye su propia visión acerca del cuerpo tomando distintas visiones o conocimientos de este.
Cada individuo tiene la libertad de elegir el tratamiento y el saber que crea conveniente para llegar a la eficacia terapéutica y a la cura de la enfermedad que padezca.
Nuestro cuerpo es la herramienta con la cual nos manejamos y expresamos a diario. Esta expresión esta basada en los ritos, costumbres, imágenes pertenecientes y determinadas por una sociedad, en la que se trata de imitar o parecer a un “otro”, dejando lo propio de cada uno de lado.
Ese cuerpo, y por lo tanto la persona, se sentirá satisfecha y plena intentado ocultar su cuerpo, hasta momentos de crisis o de excesos como dolor, cansancio, heridas, imposibilidad física de llevar a cabo un determinado acto o tarea. Solamente el cuerpo se considerará presente cuando en algún momento deja de cumplir con sus funciones habituales y por consiguiente ocasionará una pérdida en la rutina de la vida.
Cotidianamente cada persona debe enfrentar y exponerse dentro de una sociedad, teniendo en cuenta que cada uno de los factores más importantes y en los que estará más limitado son las interacciones e interrelaciones de su propio cuerpo con el otro. En ciertas ocasiones, actuamos frente a un hecho, por sentido común para no corromper con las “reglas” o “limites” impuestos que provocaran una conducta inconveniente y, a veces, un estado de incomodidad.
Para despojarse y salir de dichos limites, el individuo busca refugiarse en gimnasios, masajes chinos; es decir lugares privilegiados en los que se levantan las prevenciones habituales y se relaja el borramiento ritualizado del cuerpo.
Cada uno tiene que aprender a domesticar y a modificar recursos para sentirse bien consigo mismo, debe realzar cotidianamente la búsqueda del placer con el que lograría la plena satisfacción.
Actualmente y cada vez con mas frecuencia el cuerpo está en constante exposición. Y son los medios de comunicación los que tienen mayor influencia. Ellos a través de las publicidades, implementando la técnica del humor, intentan implantar y construir un “cuerpo perfecto”, con el que todos deben contar para estar “IN” y no “OUT” dentro de la sociedad. Establecen una cultura en la que lo perfecto es equivalente a delgadez, seducción, higiene, juventud.
Esta maniobra de la sociedad hace que la forma, las formas, la salud, en la mayoria de los jóvenes Trastornos Alimentarios,se impongan como preocupación e inducen a otro tipo de relación con uno mismo, a la fidelidad de una distorsionada por la conveniencia, pero a su vez eficaz.
Alcanzar esa fidelidad hoy, en muchos casos, se realizan por medio de la desvalorización , los prejuicios, la discriminación, la exclusión hacia aquellos que no alcancen a las normar corporales implícitas.
![Doc[1].jpg](http://www.protestantedigital.com/new/imagenes/060829Ndiscapacidad.jpg)
Desgraciadamente en nuestras sociedades, el individuo que sufre de una discapacidad no es percibido como un hombre completo. No se habla de las discapacidad sino del discapacitado, como si fuese esencia como persona el ser discapacitado, mas que poseer una discapacidad. Es aquí en donde se observa claramente, que el hombre es reducido sólo al estado de su cuerpo y que una persona discapacitada es la que mas recuerda la insoportable fragilidad de la condición humana.
A través de todo lo leído y analizado inferimos que el cuerpo debe ser considerado como un todo, teniendo en cuenta tanto los aspectos externos como internos. Debemos intentar generar el placer de ser uno mismo sin que interfieran los modelos estéticos en vigencia, la edad, la seducción, los prejuicios, las discriminaciones, entre otros.
En conclusión “ la liberación del cuerpo solo será efectiva cuando haya desaparecido la preocupación por el cuerpo”
LA MAQUINARIA DEL CUERPO
Cicchese, Simonela
Crisponi, Paula
Ezaine, Leonardo
Fattori, Verena


El cuerpo ya no es más el rostro de la identidad humana, sino una colección de órganos, una posesión, una especie de vehículo al que el hombre utiliza y cuyas piezas son intercambiables con otras de la misma naturaleza.
El cuerpo se asimila a una máquina y sus síntomas son analizados como disfunciones químicamente reversibles, pero ahora bien, si el cuerpo fuese realmente una máquina, no envejecería, ni sería frágil, ni moriría; todas las "piezas" que lo compondrían podrían ser modificadas, rectificadas, reemplazadas cuando se gastaran, cambiadas por otras de mayor rendimiento.
El cuerpo carece de dimensión axiológica, es el envoltorio accesorio de una presencia, envoltorio cuyas características de conjunto caen bajo la égida presencia de la "comensurabilidad de los elementos y de la determinabilidad del todo".
El cuerpo en piezas separadas:
Cuánto más pierde el cuerpo su valor normal, más incrementa su valor técnico y comercial. Los logros de la medicina y la biología abrieron el camino para nuevas prácticas en el futuro, las necesidades de los órganos y sustancias humanas tienen cuatro usos:
-investigación médica y biológica.
-fabricación de productos farmacéuticos.
-transplantes.
-usos tradicionales de las facultades de medicina.
La unidad humana está fragmentada, la vida toma las apariencias de un poder mecánico. El cuerpo, fraccionado en sus componentes, cae bajo la ley de la convertibilidad y el intercambio generalizado tanto más fácilmente cuánto más se oculta la cuestión antropológica, es decir el cuerpo se convierte en un objeto disponible.
El cuerpo ya no es más el rostro de la identidad humana si no una colección de órganos, una posesión, una especie de vehículo al que el hombre utiliza y cuyas piezas son intercambiables con otras de la misma naturaleza. El cuerpo sigue siendo una materia rara porque está protegido por las resistencias conscientes de una gran parte de la comunidad social.

Convetir al cuerpo humano en un medio para otros cuerpos aún cuando se trata de salvar la vida de un paciente o de un herido, debilita. sin lugar a dudas, la axiologóa social.
La medicina no es una ciencia exacta, sino un arte de curar, basado en un saber riguroso y una actitud comprensiva respecto del enfermo.
La medicina deja de enseñarnos como morir, convierte a la muerte en un alteridad absoluta, totalmente desvinculada de la condición humana.
Durante mucho tiempo la muerte fue el fin de la vida, la inercia definitiva de un hombre, morir era una verdad de evidencia. Los progesos actuales de la mendicina en el campo de la reanimación cambiaron estos hechos. El médico ya no es sólo el que comprueba la muerte de un sujeto, sino el que recrea las condiciones, controla la duración, toma la decisión de establecer el momento. "La muerte verdadera es considerada como algo que es posible revertir".
"...Sin embargo, seremos nosotros los que decidiremos emocionarnos con lo que hacen las máquinas y no ellas las que podrán imponernos de qué emocionarnos.
Lo agonístico, lo desmesurado, lo intensamente emocional, las ganas de ganar, el esfuerzo sobrehumano por luchar hasta el fin -a sabiendas de que perderemos incluso- es lo que nos vuelve humanos, afortunadamente humanos"...
Es la frase destada de una publicacion de la Secretaria de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional del Litoral. Dando a destacar como característica del hombre "LAS EMOCIONES" algo que nos da la exclusividad de ser humano.
El hombre Máquina (1) - A. Piscitelli

El pobre ANIMAL INTELECTUAL no podrá dejar de SER MAQUINA, no podrá cambiar, no podrá adquirir el SER INDIVIDUAL VERDADERO y convertirse en hombre legítimo, mientras NO tenga el valor de ELIMINAR MEDIANTE LA COMPRENSIÓN DE FONDO y en orden sucesivo, a cada una de esas entidades METAFÍSICAS que en su conjunto constituyen eso que se llama EGO, YO, MI MISMO.
Frase incluida en el trabajo de Samael Aun Weor donde destaca al "hombre" como el "animal intelectual"
El Hombre Máquina (2) - Samael Aun Weor

...Como queda dicho, la precisión es una de las mayores ventajas de la aplicación de la robótica a la cirugía...¿qué pasará con los futuros médicos?...
¿tendremos que estar a expensas de una máquina para poder realizar nuestro trabajo?... éstas y otras interrogaciones son respondidas en esa publicación.
El Hombre Máquina (3) - www.latinsalud.com
El cuerpo, la vejez y sus estigmas.
Cardoso Trindade Pamela, Condori Delgado Leonora

Nuevas representaciones del cuerpo se originan con el transcurso de las décadas y los pensamientos nacientes renuevan los criterios del conocimiento de lo verdadero.
La sociedad tiene una comprensión indeterminada, con nociones superficiales de su cuerpo, haciendo que recurra a muchas referencias para fundamentar su conciencia física, para abastecer la constitución secreta interna del cuerpo.
En la busca de la cura que la medicina no pudo proporcionarle acude a prácticas que aun se consideran dudosas, de superstición, en donde descubre una filosofía de su cuerpo mucho más merecedora que la que le proporciona el saber biomédico.
La medicina moderna se basa en los saberes que le brindan los pensamientos biomédicos, pero de los cuales se comparten muy poco por parte de la corriente presente. Esto se debe a...
Entre las concepciones del cuerpo que rigen las explicaciones de los trastornos o de las enfermedades encontramos las creencias populares: que sostienen que un elemento mineral o vegetal puede ayudar a curar; el radiestesista que con el péndulo registra la energía que libera el cuerpo; el curandero que cristaliza fuerzas benéficas que alivian el mal; el manosanta; o el cura que transmite con las manos la energía que renueva la armonía del cuerpo; entre otros. Todos estos saberes disponen de un saber-hacer y utilizan la eficacia simbólica.
La sociedad en la que vivimos actualmente admite que el hombre sea libre en sus elecciones, transmitiendo estas deliberaciones en la manera en que los sujetos se representan al cuerpo. Pero cuando se posee una falta de la dimensión simbólica, el universo se vuelve vació y se anhela a nuevos idealismos, ejerciendo un proceso de re-simbolización. Es entonces cuando el hombre proyecta sobre su cuerpo un saber impreciso, confuso, de conocimientos abstractos a los que les otorga un cierto relieve y que se van modificando con las creencias triviales, vinculadas con las ondas, la energía, los astros, etcétera. Asismismo, se recurre a estas medicinas sin preocuparse por el hecho de que esten pasando de una visión del cuerpo a otra en total discontinuidad y sin preocuparse por las contradicciones o por la heterogeneidad del saber que toman prestado.
La búsqueda y elección de los diversos saberes que respecta al cuerpo y al hombre, se realiza de acuerdo a las convicciones personales y el ambiente socio-cultural q lo rodea. Conjuntamente, al no tener una teoría del cuerpo definida, pero si poseer la posibilidad de elegir entre varios saberes; se oscila entre uno y otro sin encontrar nunca el que le conviene totalmente. Convirtiéndolo en una comunidad perdida.
El envejecimiento y la representación social son dos elementos que reflejan la condición moderna del cuerpo. En estos tiempos la vejez es la etapa en la que se producen una serie de hechos que traen como consecuencia un desplazamiento social y la estigmatización del cuerpo envejecido. De este modo se opone al desarrollo y marca una gradual reducción del cuerpo, creando el camino para que el anciano se aleje del campo simbólico y valores centrales de la actualidad. En este continente gris se comienza a manifestar una precariedad, y fragilidad que fuerzan al anciano a que se vea reducido a su cuerpo, que lo abandona de a poco. Es entonces cuando se expone a las miradas ajenas y se incorpora a un patrón desfavorable. De esta manera el hombre de la modernidad lleva el peso de los años, siendo conciente del envejecimiento que con ellos acarrea. Piensa en las posibles perdidas (económicas-físicas- mentales), que pueden surgir debido al camino común.
La desvalorización de uno mismo surge por todos los cambios que no pueden ser evitados y que concluye en el decrecimiento del espacio vital, dando como resultado un organismo inactivo y casi infructuoso.
El anciano toma el papel social de “los otros”. Por eso se puede decir que el envejecimiento es una especie de expiración simbólica, un proceso indeseable, que se recorre con una lentitud que escapa al entendimiento. No tiene ningún contraste y la distancia parece larga e inagotable y la pesadez del tiempo se refleja de forma serena y moderada.
La imagen del cuerpo es la representación que se hace el sujeto del cuerpo. Existen cuatros ejes cuyos entrecruzamientos contribuyen la construcción de la imagen del cuerpo. La forma, un contenido, el saber y el valor, que conciernen a la persona que envejece y siguen por el camino del hombre durante su existencia. Estos varían con los sucesos de la vida y son puntos necesarios que le dan al hombre la sensación de una unidad, siendo influenciados por el contexto social, cultural, interpersonal y personal.
Ahora bien, la vejez esta afectada por un signo negativo, y es aquí en donde el sujeto hace notar la imagen que tiene de su cuerpo, y a su vez revive el sentimiento de un menosprecio personal. La vida también puede vivirse como una decadencia, con una sensación de disgusto condigo mismo. Esto depende de la trayectoria personal del anciano, de sus valores, del sentido que le atribuye a sus actos, de la calidad de la presencia del entorno.
La dimensión del cuerpo
Integrantes: Ana Caceres, María Cecilia Depaoli,Marina Garcia.

EL CAMINO DE LA SOSPECHA:
La medicina moderna, sobre todo la occidental en su afán de crear una dualidad entre el hombre y el cuerpo, en donde éste es concebido como una máquina, el hombre queda en una posición de exterioridad, y se acentúa lo técnico y mecanicista retirando la dimensión simbólica y en donde las partes de éste cuerpo máquina se pueden sustituir unas por otras.
Ante ésta concepción del cuerpo por parte de la medicina occidental nos sorprende y nos preocupa el avance del pensamiento biologicista que desplaza cada vez más a los ideales antropológicos y nos aleja de la concepción del hombre como un “todo” donde ninguna de sus partes se puede separar.
Los avances científicos en el campo de los transplantes, transfusiones, la obsesión de la medicina por alargar la vida, agregando años a ésta y no vida a los años, creemos que no es a la muerte a la que hace fracasar, sino por el contrario a la vida, a los médicos, personas que olvidaron el real significado de ella, donde la muerte no debería concebirse como un hecho al que hay que combatir hasta las últimas consecuencias, la muerte es parte de la vida misma y creemos que no es precisamente el médico el que deba controlarla y decidir sobre ella.
No deberíamos olvidar nunca que se trata con seres humanos y no con una colección de órganos intercambiables desvinculados de la condición humana.
Creemos por otra parte que el cuerpo humano no debe caer en el frívolo y duelista concepto de “rompecabezas”. “…Sin alma es imposible que pueda darse el cuerpo, que exista sin presencia del alma. Sin alma sería lo mismo que un cadáver… Desde que el hombre o el animal mueren, no existe, en absoluto cuerpo. Queda una materia, es que lo biológico y lo psíquico, o el psiquismo y los elementos orgánicos están indisolublemente unidos en la vida humana, tanto lo afectiva como fisiológicamente…”
"Cuerpo supernumerario al que el hombre le debe la precariedad y al que quiere volver impermeable a la vejez o a la muerte, al sufrimiento o a la enfermedad" (David Le Bretón)

Con el transcurrir de los siglos, las representaciones simbólicas que el hombre se hace de sí mismo, de los demás y del universo que lo rodea, han ido cambiando con el acontecer de diversos sucesos sociales, económicos y políticos. Diferentes personajes, diferentes concepciones en distintos momentos de la Historia han alimentado una gruesa reserva de teorías, corrientes y escuelas que nos permiten diferenciar aquéllas y (tratar de) entender nuestro presente
El cuerpo se ha convertido en objeto de la Historia porque es tributario de condiciones materiales y culturales que han cambiado radicalmente a lo largo de los siglos. De la lentitud a la velocidad, del retrato pintado a la fotografía, de los cuidados individuales a la prevención colectiva, de la cocina a la gastronomía, de la sexualidad vista desde la moral a la sexualidad vista desde la psicología; el lugar que ocupa el cuerpo en el mundo occidental ha ido evolucionando con los tiempos.

La cultura moderna ha creado un cuerpo encerrado en los límites de la piel. La corporalidad es aquello que sólo puede existir en un lugar del espacio a la vez y dentro de las fronteras de su figura física. Así pensó el cuerpo el filósofo Descartes. Esta idea cartesiana, aliada del realismo burgués, reduce la anatomía humana a sus límites visibles. Pero para multitud de culturas y para ciertos momentos de la civilización occidental, el cuerpo se halla inextricablemente compenetrado con la naturaleza. En ese caso, la corporalidad se proyecta hacia el mundo mineral, vegetal, hacia la amplia esfera celeste y las ricas texturas de seres y formas de la tierra. Este es un cuerpo proyectivo diferente del cuerpo enclaustrado de lo moderno. Cuerpo de las culturas arcaicas y de las culturas populares de la Edad media y el Renacimiento.
No llegamos nunca hasta el fondo de nuestra visión. Pero existen épocas en que esa visión se condensa y adquiere la solidez de un cuerpo. Así nacen las imágenes. Aunque, como dice el visionario Lezama, "la imagen no puede tocarse a sí misma". De ahí su perduración. Su continuo germinar hacia lo abierto, ofreciendo a la mirada un espejo en el que descansar la visión. Sin imágenes, sería la muerte en la fatiga. El errar sin una dirección.
José Jiménez, El ángel caído.
El cuerpo es lo que nos une como especie humana, como colectividad, lo que da sentido a nuestra naturaleza social. Y al mismo tiempo, nuestros cuerpos nos definen como individuos, como seres diferentes y diversos; nadie tiene un cuerpo exactamente igual a otro, y nuestra identidad personal frecuentemente se traduce -por lo mismo- en la reproducción de nuestra fisonomía, por medio del género del retrato. Asimismo, el cuerpo constituye la prueba más contundente de nuestra existencia y, por medio de los sentidos, sobre todo del tacto y la vista, lo que nos da constancia de la "realidad objetiva", como sugiere la obra La incredulidad de Santo Tomás (siglo XVII) de Sebastián López de Arteaga. Pero, al mismo tiempo, nuestros cuerpos son el receptáculo de la realidad subjetiva, lo que sentimos y somos en nuestro interior: el alma, concebida desde una perspectiva religiosa, o la psique, concebida desde una perspectiva científica.
La imagen del cuerpo

Polidoro, Natalia
Squillaci, Yanina Sol
Existen diferentes representaciones sociales que se le asigna al cuerpo y esta varia según la visión de la sociedad y de la persona.
Algunas presentan al cuerpo como una representación simbólica y esta existe por su relación con los demás y a la vez es un reflejo de estos.
Durante el envejecimiento,la representación social de la persona de edad avanzada,cambia.
Se vive como una relegación social que la distingue y le da una ubicación en la vida social ordinaria y podemos distinguir en ella el trabajo de una marca.
La vejez traduce un momento en que la represión del cuerpo deja de ser posible, el momento en que el cuerpo se expone a la mirada del otro de modo desfavorable.
Según la época y la religión, se trata a la persona como un individuo singular o como una imagen de si misma o su relación con el grupo o para otros .
El cuerpo es el el lugar limitado en el cual residimos y que a la vez es la imagen de quienes somos, es la parte material de la persona y no algo separado que puede sobrevivir fuera de este.
Si bien el hombre antes envejecía con el sentimiento de seguir el camino natural que los llevaba a un reconocimiento cada vez mayor, el hombre de la modernidad combate todo el tiempo las huellas de la edad y tiene miedo de envejecer por temor a perder su posición profesional y a no encontrar empleo o espacio en el campo comunicativo.
Pensamos que la imágen del cuerpo es la representación que el sujeto se hace del cuerpo, la manera en que se le aparece más o menos concientemente a travez del contexto social y cultural de su historia personal, en la que estructura su relación con el mundo, es sujeto se apropia de un juicio que marca con su impronta la imagen que se hace del cuerpo y su autoestima.
Concordamos que el sentimiento de envejecer viene siempre de otro lado, es la marca en uno de la interiorización de la mirada del otro.
¿Cuanto vale mi cuerpo?

Integrantes: Churin, Lisandro Julian
Clavero Rubio, Alejandro
Zorza, Jennifer
El Cuerpo y La Modernidad
La salvación por medio del cuerpo, a través de lo que éste experimenta, de su apariencia, de la búsqueda de la mejor solución posible, de la obsesión por la forma, por el bienestar, de la preocupación por mantener la juventud. El cuerpo es un objeto que se desarrollo durante estos últimos años alrededor de los cosméticos, de los cuidados estéticos, de los gimnasio, de los tratamientos para adelgazar, del mantenimiento de la forma, de los medios de comunicación, etc.
Los saberes sobre el cuerpo en las tradiciones populares son múltiples. Están basados más en saberes-hacer o saberes-ser que dibujan ciertas imágenes del cuerpo.
El cuerpo no es considerado nunca como algo distinto del hombre, como sucede en el saber biomédico. Estos conocimientos populares no aíslan el cuerpo del universo, se articulan sobre un tejido de correspondencias que muestra que las mismas “materias primas” entran en composición del hombre y del mundo.
Se tejen vínculos simbólicos entre el cuerpo de la mujer y su entorno y éstos influyen en los procesos naturales o en las acciones habituales…
El cuerpo en piezas separadas
Cuanto más pierde el cuerpo su valor moral más se incrementa su valor técnico y comercial.Los logros de la medicina y de la biología le dieron al cuerpo un valor de objeto con un precio inestimable respecto de la demanda. Las necesidades de órgano y de sustancias humanas tienen, al menos cuatro: la investigación médica y biológica, la fabricación de productos farmacéuticos, los trasplantes y los usos tradicionales de las facultades de medicina.
Embarazos fuera de la mujer
Al azar de la concepción y de la gestación se le opone actualmente, una medicina del deseo, de las intervenciones sobre los genes, sobre los embriones, incluso sobre los fetos. La ectogénesis, es decir la maduración completa del feto en probeta, esta a la orden del día.
Las diferentes secuencias orgánicas que definen la maternidad están disociadas, gracias a la mala intervención médica. Cuando una mujer acepta ser el medio que permitirá que otra tenga un hijo, se convierte en prótesis viviente durante meses de un deseo de un hijo que no es propio.
La vida ya no comienza en la profundidad del cuerpo humano sino en las probetas de fecundación in Vitro, a través del proyecto de un equipo médico y de la voluntad de tener un hijo de una pareja, este hijo esta disociado de la sexualidad, del deseo de la pareja (el deseo se convierte en voluntad), disociado del cuerpo de la mujer (que se vuelve un vehículo más o menos reticente de la llegada al mundo del niño).
El Envejecimiento Intolerable
Beriztain Magali Graciela
Costantini María Soledad
Di Caro Vanesa Gisel
Figueroa Yanina Elisabet
Saber envejecer es la obra maestra de la cordura y una de las partes más dificiles del gran arte de vivir.
La actual condición de las personas de edad, la negación que marca la relación que cada uno establece con su propio envejecimiento, la negación, también, de la muerte, estos son los signos que muestran las reticencias del hombre occidental a aceptar los datos de la condición que hacen de él, en primer término: un ser carnal.
La vejez es una flor que tarda mucho en abrirse, es un sentimiento que viene de afuera y que a veces da raíces precoces y otras tardías, pues depende del gusto por la vida de la persona.
La condición moderna del cuerpo esta revelada por dos elementos: el envejecimiento y la representación social de la persona de edad avanzada. La vejez vive una relegación social más o menos directa que la distingue y que le da una ubicación en la vida social ordinaria. Representa un estigma o marca que el anciano lleva en su cuerpo, cuya repercusión es mucho mayor de acuerdo con la clase social a la que pertenece y según la calidad de aceptación del entorno familiar.
La vejez actualmente se ve como una población indecisa, un poco quimérica, perdida en la modernidad. El anciano deroga los valores centrales de la modernidad. Es la encarnación de lo reprimido. Recuerdo de la precariedad y de la fragilidad de la condición humana. Es la imagen intolerable que alcanza a todo en una sociedad.
El trabajo del envejecimiento evoca una muerte. El anciano avanza hacia la muerte y encarna dos innombrables de la modernidad: la vejez y la muerte (es decir, lo irreductible del cuerpo).
La percepción común reduce al anciano a la percepción del cuerpo, especialmente en las instituciones. En la mayoría de ellas, la singularidad individual se borra con la frase hecha del cuerpo arruinado, del cuerpo al que hay que alimentar, del cuerpo al que hay que lavar. El viejo no es más una historia, no es más sujeto, es un cuerpo deshecho cuya higiene y supervivencia hay que asegurar. El anciano es objeto de su cuerpo y no un sujeto completo.
El envejecimiento marca la progresiva reducción del cuerpo a una dualidad que opone sujeto y cuerpo y que lo hace bajo la dependencia de este último.
La vejez traduce un momento en el que la represión del cuerpo deja de ser posible, el momento en el que el cuerpo se expone a la mirada del otro de un modo desfavorable.
La imagen del cuerpo que el individuo se forja, se moldea de acuerdo con su paso por la vida. Esta imagen, no es un dato objetivo, es un valor que resulta, de la influencia del medio y de la historia personal del sujeto. La identificación de un sentimiento, la tonalidad pasiva o negativa que se le atribuye, traducen una ecuación compleja entre las influencias sociales y culturales.
En cuanto la mirada del otro deja de fijarse en uno, entonces comienza la conciencia del envejecimiento.
El hombre de la modernidad combate todo el tiempo las huellas de la edad y tiene miedo de envejecer por temor a perder su posición profesional y no encontrar empleo o espacio en el campo comunicativo. Para la mayoría, envejecer, es librarse a un lento trabajo de duelo que consiste en despojarse de lo esencial de lo que fue la vida, quitarle importancia a acciones apreciadas en otros momentos y en admitir el hecho de que se posee un control restringido sobre la existencia propia.
El envejecimiento es un proceso insensible, lento, que escapa a la conciencia. Son los acontecimientos de la vida cotidiana los que dividen el paso del día y no la conciencia del tiempo. Como la imagen del cuerpo se renueva sin cesar, refleja fielmente las aptitudes físicas del sujeto, acompaña sus transformaciones fisiológicas, el sujeto no tiene la impresión de estar envejeciendo.
La imagen del cuerpo se organiza alrededor de:
FORMA: el sentimiento de la unidad de las diferentes partes del cuerpo, de sus límites en el espacio.
CONTENIDO: la imagen del cuerpo como un universo coherente y familiar en el que se inscriben sensaciones previsibles y reconocibles.
SABER: el conocimiento que el sujeto tiene de la idea que la sociedad se hace del espesor invisible del cuerpo, saber cómo esta constituido, cómo se organizan los órganos y las funciones.
Estos 3 ejes acompañan al hombre durante su existencia y van cambiando a medida que se suceden los acontecimientos. Son puntos de referencia necesarios que le dan al hombre la sensación de una armonía personal, de una unidad.
En lo que respecta a la persona que envejece hay un último componente esencial: el VALOR, es decir, la interiorización que el sujeto hace del juicio social respecto de los atributos físicos que lo caracterizan.
Estos 4 componentes dependen del contexto social, cultural, interpersonal y personal.
Socialmente, la vejez marca de manera desigual a la mujer y al hombre. La mujer anciana pierde, socialmente una seducción que se debía, esencialmente, a la frescura, la vitalidad, la juventud. El hombre puede ganar con el tiempo una fuerza de seducción cada vez mayor, ya que en él se valorizan la energía, la experiencia, la madurez.
"Los fantasmas del envejecer están relacionadas con los prejuicios de nuestra sociedad, que se ciernen sobre ellos singnándoles a tener conductas acordes a lo determinado por dicho imaginario"
¿Qué nos pasa como sociedad que no podemos ver que nuestros mayores representan el compendio de la memoria de la experiencia, y por lo tanto de la sabiduría, valores necesarios para que la sociedad se desarrolle?
¿ Que nos pasa como sociedad que no podemos recuperar las pautas de respeto a la experiencia y el afecto hacia las generaciones de mayores, de cuyo consejo y testimonio dependen también la estabilidad y la columna vertebral de nuestro cuerpo social?
¿ Que nos pasa como sociedad que no podemos ver que la tercera edad es el comienzo de una nueva actividad: la transmisión de saberes que requieren ser escuchados, desde la implicación de los mayores, en las grandes y pequeñas cosas que conforman el devenir de la sociedad?
Ser mayor no es estar retirado, es por el contrario una forma diferente de participación, que es indispensable para nuestro propio crecimiento y el de nuestros hijos.
Comentarios (0) | Archivado en: [ Le Breton David ]
EL CUERPO HUMANO INDESEABLE
Integrantes: Violeta De Vita, Alfonso Elena, Ezequiel Bernard
En estos tiempos modernos en donde se exíge tanto juventud como experiencia, queda relegado así el estadío vital de la edad avanzada,
por lo que es necesario estar pendiente del envejecimiento y a todo lo que esto conlleva.
En la actualidad vejez es sinónimo de decrepitud, inutilidad, incapacidad entre otras en contraste con la idea de "sabiduría" impuesta en la antigüedad.
En la modernidad, el envejecimiento trae aparejado dos aspectos fundamentales en la vida de toda persona siendo ellos vejez y muerte, los cuales deberán ser amortigüados acorde al medio socio-cultural al cual pertenezcan
junto a otros factores como el sexo ya que la actual sociedad machista otorga ciertas ventajas al hombre por sobre la mujer.
El proceso de enevejecimiento queda sujeto a la representación que tiene cada uno de su cuerpo, el cual normalmente genera sensación de rechazo, irreconocimiento, angustia y depresión los cuales llevan a lo que llamamos vulgarmente "dejarse morir".
En base a lo dicho anteriormente, es necesario revalorizar la imágen social del anciano ya que hay que tomar conciencia que los pilares de este mundo fueron construídos por ellos.Por lo que merecen nuestro respeto y nuestros mas sinceros agradecimientos.








