Apoptosis Celular
Integrantes: Aldasoro, Valeria; Bello María Emilia; Bisutti María Laura; Debona, Walter Omar
La apoptosis es un fenómeno biológico fundamental, permanente , dinámico e interactivo. Existen mecanismos pro o anti apoptósicos, regulados genéticamente, que actúan en forma activa (pues consumen energía) y equilibrada. Como función necesaria para evitar la sobreproducción celular era sospechada por los biólogos; pero es un proceso ordenado y "silencioso" que no produce reacción tisular y por ello difícil de captar. Recién en 1972, Kerr y col., estudiando organelos en células neoplásicas, detectaron que muchas células desaparecían en los cultivos. Esto llevó al estudio de imágenes cinemáticas, que mostraron mediante microscopía electrónica las alteraciones que sufre la célula en un proceso que es de corta duración, demorando en tales cultivos menos de una hora.
La apoptosis es un fenómeno biológico fundamental, permanente , dinámico e interactivo. Existen mecanismos pro o anti apoptósicos, regulados genéticamente, que actúan en forma activa (pues consumen energía) y equilibrada. Como función necesaria para evitar la sobreproducción celular era sospechada por los biólogos; pero es un proceso ordenado y "silencioso" que no produce reacción tisular y por ello difícil de captar. Recién en 1972, Kerr y col., estudiando organelos en células neoplásicas, detectaron que muchas células desaparecían en los cultivos. Esto llevó al estudio de imágenes cinemáticas, que mostraron mediante microscopía electrónica las alteraciones que sufre la célula en un proceso que es de corta duración, demorando en tales cultivos menos de una hora.

La apoptosis puede estar frenada, en equilibrio o estimulada. Por ejemplo, está frenada durante el desarrollo de espermatogonias, en las criptas de las glándulas intestinales (que es un epitelio de crecimiento rápido) y durante la lactancia en su período preparatorio, en que el tejido mamario aumenta su masa celular. Está en equilibrio respecto de la mitosis en los tejidos adultos sanos. Se ha observado en epitelios adultos normales del hígado, mama, corteza suprarrenal y tubo digestivo. Es muy significativo su rol homeostático en la médula ósea, donde debe destruir en forma permanente, la mitad de una inmensa cantidad de células que solo en leucocitos significa 5 x 10 elevado a 11, cada 24 Hrs. Está estimulada cuando existen células envejecidas, mutadas neoplásicas o no neoplásicas, alteradas por tóxicos y las que están en proceso de metamorfosis o atresia. Se ha estudiado esta condición en neutrófilos envejecidos, en megacariocitos con citoplasma agotado por producción excesiva de plaquetas, en la atresia folicular del ovario, en folículos pilosos en evolución y en la mama durante la involución post-lactancia.
Dos formas de muerte celular son habituales en el organismo: necrosis y apoptosis. Las características morfológicas de ambas, permiten , en la mayoría de los tejidos establecer claras diferencias.

En la necrosis se observan numerosas células vecinas sometidas a este proceso, cubriendo una extensión variable con desintegración. La destrucción de la membrana celular permite el escape al exterior de elementos tóxicos que provocan un proceso inflamatorio que tendrá efecto nocivo en el organismo, según la extensión del proceso. El material cromatínico sufre una dispersión irregular. Las causas son agentes tóxicos, traumáticos e hipóxicos; siempre patológicos.
En la apoptosis el proceso afecta a determinadas células, no necesariamente contiguas y no a todas en un área tisular. La membrana celular no se destruye, lo que impide el escape al espacio extracelular de su contenido , resultando un proceso "silencioso", sin inflamación. En el citoplasma se produce granulación fina, con conservación de algunos organelos, en especial las mitocondrias que tienen un rol interactivo importante. A nivel nuclear la cromatina se condensa agrupada en varios sectores formando cuerpos apoptósicos. La membrana celular se recoge sobre las eminencias globuliformes que forman los elementos deteriorados del citoplasma y núcleo. Finalmente, fagocitos captan la célula en su totalidad impidiendo en una acción impecable, que se produzca alarma en el resto del tejido. Se ha demostrado, al menos en tejidos epiteliales, que si algo de material apoptósicos escapa a la acción de los fagocitos, es captado por células vecinas. La participación de células vecinas en este proceso se manifiesta además por la capacidad de éstas de enviar señales moleculares a la célula que debe morir, como mecanismo complementario al que desarrolla la célula misma cuando se determina molecularmente su autodestrucción. El proceso de apoptosis demora entre 30 y 60 minutos en células en cultivo. Uno de los más lentos se produce en células hepáticas empleando como promedio 3 horas. El estudio e identificación específica de cuerpos apoptósicos se ha logrado con tinciones derivadas de la uridina ( aparece en publicaciones en inglés con el nombre de TUNEL en que la U corresponde a uridina). Sin embargo, en algunas células como las neuronas, la uridina tiñe también tejidos necróticos perdiendo la especificidad. En tales casos se recurre a anticuerpos monoclonales capaces de reconocer fragmentos de ADN integrados en los cuerpos apoptósicos. La imagen que da la apoptosis al microscopio electrónico se caracteriza por la presencia de fragmentos de cromatina agrupados en conglomerados globuliformes, la granulación fina del contenido citoplasmático, la persistencia de algunos organelos hasta el final del proceso, como las mitocondrias y la integridad de la membrana celular.
Dado que la apoptosis actúa como oponente a la mitosis, es muy importante su relación con el ciclo celular. En el ciclo celular hay cuatro fases: mitosis, fase de control celular G1, síntesis de ADN y fase de control G2. La apoptosis puede iniciarse en el tercio final de G1 para impedir que una célula dañada ingrese a la fase de síntesis de manera que las mutaciones no se reproduzcan durante la réplica del ADN ingresando así a la especie y en la fase G2 para impedir que las células que no hayan llegado a la madurez entren en mitosis.

Los motores del ciclo celular son complejos proteicos, formados por subunidades llamadas ciclinas y kinasas ciclino dependientes, sintetizados por genes específicos. La síntesis de estos complejos es constante porque son inestables. De ahí que el nivel de ellos varía de acuerdo al momento evolutivo de la fase a que están asignados. Así en el avance de la fase G1 a la de síntesis actúa la ciclina D asociada a las kinasas ciclinodependientes 2, 4 y 6 (cdk 2 4 6). En la segunda mitad del G 1 aumenta la presencia de ciclina E con la kinasa ciclinodependiente 2. En la fase de síntesis actúa la ciclina A con cdk 2 y en la fase G2, la ciclina B con cdk 2. En la fase G1 se han podido determinar dos puntos importantes: G o (en la mitad de la fase) donde el ciclo puede detenerse, la célula bloquea su crecimiento; pero se mantiene metabólicamente activa y un punto de restricción (en unión de los 2/3 con 1/3 final de esta fase) en que se puede detener el ciclo para corregir defectos celulares (en especial de su ADN), lo que si no se consigue induce el mecanismo de muerte celular. En la fase G2 también existen elementos de detección de inmadurez celular que inducen la apoptosis cuando la célula no está capacitada para entrar en mitosis.
De esta manera, durante el ciclo celular se determina cuándo la célula debe entrar en el proceso de autodestrucción o continuar el ciclo y dividirse. Se ejerce así un balance entre mitosis y apoptosis, regulando la población celular de cada tejido.
En el mecanismo molecular que controla la apoptosis actúan varios agentes , de los cuales uno de los más importantes y mejor estudiados es el complejo de cisteino-aspártico proteasas denominadas "caspasas". Se han descrito 10 caspasas en células humanas que provocan una degradación proteica bien definida hasta llegar a la formación de cuerpos apoptósicos. Algunas caspasas son "iniciadoras" y otras "efectoras" del proceso catalítico, actuando sobre endonucleasas que son las responsables directas de la fragmentación del ADN. La cadena de degradación proteica tiene sucesivos clivajes dependientes de la ubicación del ácido aspártico que se repite en la estructura de la enzima. Se han descrito hasta 40 substratos en la catálisis, proceso que en células cultivadas demora entre 30 y 40 minutos. La activación de las caspasas, que existen en calidad de procaspasas inactivas, se produce por diversas vías en que participan varios complejos moleculares.
La vía de "receptores transmembrana" establece conexiones con el espacio extracelular, recibiendo señales proapoptósicas desde el exterior y de las células vecinas. Dos familias de receptores se han identificado con estas características: la " proteína compleja Fas" y el factor de necrosis tumoral TNF (tumor necrosis factor).
La proteína transmembrana Fas en su porción intracelular enlaza con un factor intermedio denominado FADD (factor associated death domain), nombre que sólo señala que está comprometido con la zona de la molécula Fas que participa en la muerte celular, activando las caspasas 8 y 10. En cambio, si la parte interna de la molécula se asocia a otro factor llamado DaXX, se activan proteinoquinasas que conducen al efecto contrario; es decir, estimulan el ciclo celular y la mitosis. Esta vía Fas permanece inactiva hasta que se produce en su parte externa el enlace con un cofactor llamado Fas ligand, proteína que actúa como detonador que enciende la vía, en que solo las caspasas están inactivas y el resto de la cadena está preparado para recibir el enlace exterior. Esta característica permite actuar con gran rapidez sin necesidad de sintetizar otros factores .
Algo similar sucede con el otro "receptor de membrana" TNF. Su porción intracelular conecta con complejos intermedios como el Tradd (TNF receptor associated death domain) y Raidd (receptor associated interleukine death domain) que activan caspasas "iniciadoras" de la apoptosis. Pero si se asocian a otro complejo llamado Traf (TNF receptor associated factor) activan proteinoquinasas y estimulan la proliferación celular; es decir, el efecto contrario.
Las alternativas de una misma vía de actuar en pro o en contra de la apoptosis se repite en otros mecanismos.
Otra vía importante es la vía llamada "ceramida" que es un glucolípido sintetizado en el retículo plasmático y en las mitocondrias, cuya mayor concentración se ubica junto a la porción interna de la membrana plasmática. En el interior de la membrana misma existe otro fosfolípido, la esfingomielina. Se ha podido determinar que agentes externos como la radiación UV, agentes oxidantes y el calor activan la esfingomielinasa ácida, que provoca una reacción aún no bien conocida, sobre la esfingomielina, aumentando la concentración de ceramida. Las vias Fas y TNF también tienen una acción activadora sobre la ceramida. La ceramida actúa sobre las mitocondrias que tienen un doble rol en la apoptosis, como veremos enseguida.
Las mitocondrias, que son el último organelo que desaparece en el proceso de apoptosis, al ser fagocitado con los restos de la célula, ejercen un rol pro y antiapoptósico fundamental.
La ceramida puede ser activada por factores externos a través de receptores de membrana y directamente por glucocorticoides. Además las alteraciones no corregidas del ADN (en especial mutaciones cancerígenas) activan una proteína sintetizada por el gen p 53, que provoca apoptosis a través de la activación de la ceramida.
La ceramida provoca cambios iónicos entre la matriz de la mitocondria y el citosol del citoplasma, que producen un descenso del potencial transmembrana con aumento de la permeabilidad de su membrana interna, permitiendo el escape de citocromo C y de un factor inductor de apoptosis AIF (cuya estructura no se conoce bien), que estimulan a las caspasas 8 y 10 e indirectamente a la 3 y 9, conduciendo a la apoptosis.
El factor frenador de la apoptosis más importante que se conoce hasta hoy es la familia de proteínas sintetizadas por el gen bcl 2 y similares. Es interesante anotar que la familia de proteínas bcl se sintetiza justamente en la membrana de la mitocondria, apareciendo este organelo jugando un rol pro a antiapoptósico, ya que tales proteínas disminuyen la permeabilidad de la membrana hasta bloquear el escape de citocromo C y AIF. El bcl 2 es homólogo del proto-oncogen responsable del linfoma folicular humano.
Los factores proteicos del bcl 2 se producen entre ambas membranas de la mitocondria. Los elementos sintetizados por este gen son: el Bcl 2, el Bcl XL, el Bcl W y el BRAG. De estos, el BCL XL ha sido cristalizado, lo que permite un mejor estudio de su estructura y acción. Estos factores son antiapoptósicos; pero mediante fosforilación originan proteínas con acción proapoptósica y son: el Bax, Bak, Bad, y Bcl x 5, ya que producen una caída del potencial transmembrana favoreciendo la liberación de citocromo c y AIF. Además actúan como activadores de las vías proapoptósicas Fas y TNF y de algunas caspasas. Es otro ejemplo de reguladores pertenecientes a una misma familia de proteínas que actúan como pro o antiapoptósicos.
La apoptósis es una función biológica muy importante en la patogenia de varias enfermedades estudiadas hasta el momento. Podemos destacar el cáncer, malformaciones, trastornos metabólicos, neuropatías, lesiones miocárdicas y trastornos del sistema inmunitario.
VIVIENDO CON EL ENEMIGO
Le debo un gallo a Esculapio, me ha curado de la vida, voy a morir.
Sócrates

Hace un par de años apareció en el mercado literario una novela que ha llegado a ser la más representativa de su autor Antonio Tabucchi. Me refiero a Sostiene Pereira, llevada también a la pantalla bajo la dirección de Faenza y con el estelar de Marcelo Mastroiani. La opresiva dictadura salazarista en Portugal, la guerra civil española y el fascismo italiano son el telón de fondo para que Pereira, un periodista dedicado a la sección cultural de un mediocre periódico de derechas llamado el Lisboa, se vuelva un auténtico ejemplo para aquellos quienes creemos todavía en la libertad de todos los hombres y rechazamos la opresión y los absolutismos. Pereira es un individuo sumamente obeso y atado al recuerdo de su difunta esposa, la única a quien confía sus grandes preocupaciones y cuya presencia es tan sólo una fotografía. Posiblemente la más fuerte inquietud de Pereira es la muerte.
Pereira, un buen católico, no consigue creer en la resurrección de la carne. En el alma sí, claro, porque estaba seguro de poseer un alma; pero toda esa carne que circunda el alma, todo aquel sebo que le acompañaba cotidianamente, el sudor, el jadeo al subir las escaleras, ¿para qué iban a renacer?
Sostiene Pereira que una tarde leyó en una revista una reflexión acerca de la muerte. Su autor era Francesco Monteiro Rossi, un joven licenciado en filosofía y amante de la vida. Pereira sostiene que cuando leyó el artículo de Monteiro, copió algunas líneas que en verdad atrajeron su atención: La relación que caracteriza de una manera más profunda y general el sentido de nuestro ser es la que une la vida con la muerte, porque la limitación de nuestra existencia por la muerte es decisiva para la comprensión y la valoración de la vida.[1]
Esta cuestión de la vida y la muerte o del ser y la nada –si quiere abordarse filosóficamente–, esta aparente oposición entre dos estados que se niegan el uno al otro, es también uno de los problemas filosóficos más antiguos. Y es también uno de los más serios porque al discutirlo, lo que está en juego no es tan sólo la refutación de algún sistema filosófico o de alguna idea más o menos convincente; al hablar de la vida y la muerte lo que está en juego es la propia existencia de los hombres. El esto y lo otro, es decir, la vida y la muerte, entendidos como contrarios, constituye un rasgo característico de la cultura occidental. En occidente tenemos miedo de lo otro, o en otras palabras, si tenemos vida tememos a la muerte. El pensamiento oriental no ha padecido el horror a lo otro, como afirma Octavio Paz. El mundo occidental es el mundo del "esto o aquello", el oriental, en cambio, el del "esto y aquello" y, más aún, el del "esto es aquello". Los budistas, los exégetas del hinduismo, parten de un principio enunciado ya en uno de los más antiguos Upanishad que afirma la identidad de los contrarios: Tú eres mujer. Tú eres hombre. Tú eres el muchacho y también la doncella. Tú, como un viejo, te apoyas en un cayado... Tú eres el pájaro azul oscuro y el verde de ojos rojos... Tú eres las estaciones y los mares.[2]
Si oriente parte de la identidad, occidente arranca con la oposición. El poema del filosófo Parménides de Elea es muy claro al respecto: si algo empieza a ser, o procede del ser o procede del no ser; si viene del primero, entonces ya es y, en tal caso, no comienza entonces a ser; si viene de lo segundo no es nada, puesto que de la nada no puede salir nada. Ahora bien, si del ser nace la vida y dejar de ser, o sea morir, consiste en no ser ya más, ¿qué sentido tendría ser para dejar de ser? La muerte le sucede a la vida y, si después de la muerte queda algo de nosotros, no sería el hombre terrenal que ahora somos. La muerte, mientras vivamos, es siempre futuro, es siempre después; pero al darse la muerte en el tiempo, no es sólo futuro sino también presente, es el mismo tiempo el que nos va matando y sólo al morir dejamos de estar en el tiempo. Esto es lo que llevó a Heidegger a pensar que el hombre es un ser en el tiempo y un ser para la muerte.
Porque parece que no encontramos un sentido definitivo para la vida, sino hasta que morimos, somos seres para la muerte. Todos los hombres somos mortales. Pero la causa de nuestra mortalidad es la corrupción de nuestro cuerpo. Por eso Pereira, con toda razón, dudaba de la resurrección de los cuerpos. Por el cuerpo morimos, el cuerpo es quien se cansa de vivir. Tal vez porque es el cuerpo quien muere primero, Platón pensaba que los hombres estábamos encarcelados en el cuerpo y que nuestra liberación vendría con la muerte, una vez que hayamos abandonado nuestra corporeidad.
La muerte no es el fin de la vida, porque la vida sigue mientras viven otros. La muerte del otro no es la propia muerte, sino que participamos todos de la vida. Pero si la vida misma contiene ya el germen de la muerte, ¿qué sentido tendría vivir?, ¿qué sentido tendría alargar la vida? Es un hecho que tendremos que morir y, aunque la medicina se esmera por hacernos sobrevivir, el hecho natural y biológico tendrá lugar en algún momento: moriremos. Más aún, la muerte no es lo contrario a la vida, sino que acompaña a la vida. Por ser la vida y la muerte dos compañeras de viaje, el poeta Xavier Villaurrutia narraba en su Nocturno en que habla la muerte esa presencia constante e inevitable en la vida, que es la muerte:
"Aquí estoy. Te he seguido como la sombra que no es posible dejar así nomás en casa; como un poco de aire cálido e invisible mezclado al aire duro y frío que respiras; como el recuerdo de lo que más quieres; como el olvido, sí, como el olvido que has dejado caer sobre las cosas que no quisieras recordar ahora. Y es inútil que vuelvas la cabeza en mi busca: estoy tan cerca que no puedes verme, estoy fuera de ti y a un tiempo dentro. Nada es el mar que como un dios quisiste poner entre los dos; nada es la tierra que los hombres miden y por la que matan y mueren; ni el sueño en que quisieras creer que vives sin mí, cuando yo misma lo dibujo y lo borro; ni los días que cuentas una vez y otra vez a todas horas, ni las horas que matas con orgullo sin pensar que renacen fuera de ti. Nada son estas cosas ni los innumerables lazos que me tendiste, ni las infantiles argucias con que has querido dejarme engañada, olvidada. Aquí estoy, ¿no me sientes? Abre los ojos; ciérralos, si quieres".
Ahora bien, si es la muerte quien viaja en todo momento con la vida y, de hecho, vivir es ir muriendo, ¿por qué vivir, si nuestro destino es morir? Aquí están ya presentes nuestras dos primeras ideas acerca de la vida: destino y muerte. Desde los estoicos, la idea del destino juega un papel fundamental en la vida de los hombres. Ellos pensaban que había que vivir conforme a la naturaleza, es decir, atenerse al principio que opera en la naturaleza. En otras palabras, había que atenerse al destino, había que asumir el orden divinamente impuesto por Dios en el mundo. Y por esta misma creencia, Cleantes, el estoico, sostenía que el ser humano sigue necesariamente la senda que le marca el destino, y, por su parte, Séneca sentenciaba que Ducunt volentem fata, nolentem trahunt.[3]
Si nuestro destino es morir, no estamos lejos del estoicismo: la senda inevitable que nos marca el destino, es la muerte. Y tampoco estarían tan equivocados algunos filósofos como Schopenhauer o Nietzsche. Para el primero de estos el destino es una acción determinante. Schopenhauer sostiene que la voluntad de los hombres es esencialmente, "voluntad de vida". En realidad, es esa voluntad de vida la que se manifiesta en todas las dimensiones de nuestra existencia, por ejemplo, el hambre, el miedo a la muerte y el impulso sexual, y solicitud de los hijos. Pero el pesimismo schopenhaueriano se enfrenta a una gravísima paradoja, pues si nuestra única voluntad es vivir, y resulta que vivimos para morir, entonces, observará el filósofo, ese querer vivir no tiene fundamento ni finalidad.
Sin embargo, Schopenhauer también entiende lo que aquí hemos comentado: nacimiento y muerte pertenecen igualmente a la vida y se contrapesan. El uno es la condición de la otra. Forman los dos extremos, los dos polos de todas las manifestaciones de la vida.[4] Pero si la vida es voluntad de vivir, es decir, un constante querer, la búsqueda permanente de nuestros deseos, al contrario, la muerte, es dejar de desear. Por esto Schopenhauer ve la necesidad de la muerte. Precisamente porque si lo propio del hombre es desear toda la vida y jamás puede saciar sus deseos, exigir la inmortalidad humana es querer perpetuar un error hasta el infinito, es perpetuar la intención que tienen los hombres de ser felices, intención, por cierto, inalcanzable. El pensamiento de Arthur Schopenahauer, que comenzaba siendo una filosofía de la vida, termina siendo una filosofía de la muerte, en la que finalmente no sirve morir porque no sirve vivir y no sirve vivir porque no sirve morir.
Lo curioso es que al perder todo sentido de la vida, se pierde también todo el sentido de la muerte. Si conservamos ese sentimiento trágico frente a la vida, si creemos que vivir y morir no son nada, entonces nos encontramos ante dos posibilidades: morir o vivir, porque en realidad no escapamos de nuestro destino. De ahí que Nietzsche y Heidegger entiendan que el destino es aceptar el devenir, enfrentar el destino, no como algo ajeno e inevitable, sino como una verdadera posibilidad para que me percate del valor de mi existencia: reconozco la vida y la muerte como necesarias. Y en este sentido, podemos entender que vida y muerte vayan siempre juntas.
La religiosidad –y con esta observación aparece nuestra tercera idea–, lo mismo en oriente que en occidente, encuentra el verdadero sentido de nuestra existencia en la vida y la muerte. Así, en la India, Siva, dios de la destrucción, se expresa con una simbología dual: al mismo tiempo que su collar de cabezas representa la muerte, su órgano sexual, el lingam, es símbolo de la generación y de la fuerza genésica masculina. En el cristianismo sucede algo similar con la pasión de Cristo. Dios se hace finito en la encarnación de Cristo y, al morir, resucita. Esta altísima verdad del cristianismo nos hace ver que la muerte de Cristo viene a reafirmar la vida.
Reafirmar la vida es también lo que busca Friedrich Nietzsche. Nietzsche no hace sino apostar por la existencia, ya no de un hombre, sino de un superhombre que dé sentido a toda la tierra. Pero el superhombre de Nietzsche da sentido a las cosas desde la muerte. La filosofía de Nietzsche parte de la idea de que "Dios ha muerto" y como Él era quien daba sentido a la vida, con su muerte se ha perdido el sentido. Así las cosas, no nos quedaría a los hombres sino morir, pero, al contrario, Nietzsche exalta la vida al grado de defender que lo que verdaderamente existe es el ser, y no hay lugar alguno para el no ser. En palabras simples, sólo los débiles mueren. Lo cierto es que ni siquiera esta exaltación de la vida nos libera de la muerte. Parecería que Nietzsche piensa, con Epicuro, que mientras existimos la muerte no está presente porque cuando la muerte está presente, nosotros ya no existimos.
Si lo anterior es verdad, entonces la vida es en sí misma un momento necesario y ajeno a la muerte y, como afirma Wittgenstein en su Tractatus: Der Tod ist kein Ereignis des Lebens. Den Tod erlebt man nicht.[5] Sin embargo, la muerte puede verse desde tres dimensiones distintas: como fin de la vida humana, como parte de la existencia humana y como trascendencia de la vida humana.
La muerte como fin de la vida humana
La primera de ellas se entiende como el cese de la vida. En efecto, si el principio que constituye la realidad natural es la materia, es decir, los cuerpos, luego, la vida humana se agota en la corporeidad. La muerte no es otra cosa que el agotamiento y acabamiento natural de la materia. Feuerbach ha elaborado una antropología fundada en la pura materialidad, en la objetividad absoluta del hombre. El hombre no es más que finitud y si se cree que tiene cierta conciencia de la infinitud, esta conciencia no es sino conciencia de su propia finitud. Si el hombre es tan sólo finitud, la única manera que tiene de relacionarse con el mundo es poseyendo los objetos que le rodean. Por los objetos el hombre se conoce, pues éstos son su propia esencia objetivada y, por ello, ese afán de posesión infinita es lo que los hombres llaman Dios. Dios no es otra cosa que la propia esencia de los hombres.
La muerte como parte de la existencia humana
En segundo término, entender la muerte como parte de la existencia humana es relacionar la muerte como parte de la vida: vida y muerte van siempre unidas. Lo anterior se sintetiza si entendemos la muerte como una posibilidad siempre presente en la vida humana. Jaspers es quien ha expresado la muerte, precisamente, como una situación límite en la existencia humana. En efecto, como sostuvo Feuerbach, el hombre puede objetivarlo todo, todo salvo su propia existencia. Objetivar el mundo es hacer ciencia para hallar el sentido de todo y, por supuesto, que hallamos el sentido a todo, menos a nuestra vida. La búsqueda de sentido a la propia existencia es lo que, según Jaspers, nos remite a la trascendencia y ésta se revela en las llamadas situaciones límite. Por "límite", Jaspers entiende algo que trasciende la existencia. Por ejemplo, que la vida humana sea una lucha constante, que se sufre y que culmina con la muerte, provoca que los hombres se enfrenten a una pared inamovible; aquélla es una situación inmutable que, sin embargo, asoma a la trascendencia.
En estrecha relación con Jaspers, Heidegger sostiene, como se dijo al comienzo de este trabajo, que el hombre es un ser para la muerte. Esta idea aparece en el tratado Ser y Tiempo. Heidegger se pregunta por el sentido del ser: ¿por qué el ser y no la nada? ¿Cuál es el ser que somos nosotros? A esta pregunta Heidegger responde que somos el Dasein (ser ahí). El hombre, el ser ahí, se distingue de todos los demás seres existentes en que no solamente subsiste, sino que existe.
En la llamada "Analítica existencial", Heidegger se ocupa del In der Welt sein (el ser dentro del mundo). En el caso del hombre, decir que está en el mundo significa que es un existente y, esto, a su vez, implica que solamente el hombre puede habitar un mundo, a diferencia de los demás seres que están dentro del mundo, pero no poseen el mundo. En otras palabras, el hombre se encuentra más cerca del mundo (Bei der Welt) que los demás seres, y esto se manifiesta en sus modos de relación y en la preocupación (Besorgen). Como el hombre es un ser abierto al mundo y a sus posibilidades, ese Besorgen se da de muchas maneras:
1. Los hombres, en primer término, se relacionan con las herramientas (Zeug) o con las cosas en tanto que pragmata, es decir, objetos para la praxis. Este tipo de objetos son útiles al hombre, están para que él les dé un uso, para fabricar y obtener de esta manera una nueva cosa. Así es como el hombre modifica y crea en el mundo.
2. Pero los hombres no solamente se relacionan con las cosas, sino también con otros hombres, con otros Dasein. El hombre siempre está con otros y, por esto mismo, es el único ser al que le preocupa vivir en soledad y, por lo mismo, corre el riesgo de que el otro le despoje de su ser, es decir, en vez de que el ser individual busque su propio poder ser, se abandone a la masa.
3. Hay un último modo de relación después del mundo de las cosas y de los demás. Este modo de relación se llama das In sein (el ser dentro). Este modo redescubre el mundo de manera distinta a través de tres actitudes existenciales: Befindichkeit (disposición), Verstehen (comprensión) y Rede (discurso). La disposición se refiere a cierta tonalidad afectiva que revela la riqueza del mundo; la comprensión consiste en entenderme dentro del mundo que se me presenta como un ámbito para realizar todas mis posibilidades y, en este sentido, el Dasein mira el mundo como un horizonte para llevar a cabo sus proyectos (Entwurf); por último, el Dasein se relaciona con el mundo al descubrirlo, y esto se da de manera discursiva: el hombre es capaz de hablar, de articular lo que entiende y, en cuanto que es discursivo, se relaciona con las cosas, con el mundo, y articula su proyecto vital.
Al final de este esquema, el Dasein aparece como un individuo arrojado a la existencia, inventor de su propio proyecto. Este compromiso con el mundo y con su propia vida le provocan angustia (die Sorge), la verdadera unidad constitutiva del hombre. Angustia frente a tres caracteres ontológicos: el Dasein frente a sí mismo, frente al mundo y frente a los demás. El problema más arduo es que frente a sí mismo, lo único que tiene el Dasein es la muerte.
La muerte no se presenta ante los hombres como una posibilidad cualquiera, sino que es la posibilidad extrema que consiste en la imposibilidad de la existencia. La muerte es la posibilidad más adecuada del Dasein. Y precisamente al enfrentarse el hombre con la muerte cuando se mira frente a sí mismo, hace que todas las posibilidades existenciales se subordinen a la definitiva, la única originaria del verdadero ser.
La síntesis del pensamiento heideggeriano es, al decir de Octavio Paz, que vida y muerte o ser y nada, no constituyen cosas separadas, pues negación y afirmación, falta y plenitud, coexisten con nosotros, son nosotros. El ser implica el no ser y a la inversa. Esto es lo que Heidegger quiere mostrarnos cuando nos dice que el ser emerge de la experiencia de la nada, de la muerte. En efecto, apenas el hombre se contempla a sí mismo, se descubre como un ser sumergido en una totalidad de cosas y objetos sin significación, y él mismo se ve como un objeto. La ausencia de significación procede de que el hombre, siendo quien da sentido a las cosas y al mundo, de pronto se da cuenta de que no tiene otro sentido que morir: nada podemos decir sobre nosotros, nada sobre el mundo, porque nada somos. Mas si nombramos la nada, ésta se iluminará con la luz del ser, pues del mismo modo: vivir frente a la muerte, es insertarla en la vida; el ser es la condición previa de la nada, porque la muerte nace de la vida, podemos nombrarlas y reintegrarlas, podemos acercarnos a la nada por el ser y al ser por la nada. En otras palabras, decir que porque somos posibilidad de ser, somos posibilidad de no ser, puede invertirse sin perder su verdad: porque somos posibilidad de no ser, somos posibilidad de ser.[6] Y por esto, la muerte viene a exaltar nuestra existencia, nos hace valorar la vida. La muerte, a la vez que está en nosotros, está fuera de nosotros. Esta paradoja se expresa en un poema de Jaime Sabines: [7]
Alguien me habló todos los días de mi vida
al oído, despacio, lentamente.
Me dijo: ¡vive, vive, vive!
Era la muerte
La muerte como trascendencia de la vida humana
Que la muerte trascienda la vida no es algo evidente. Creemos que la muerte es dejar de vivir, pero si alma y vida superan la muerte, entonces la muerte es el medio para alcanzar una nueva vida. Morir es, pues, volver a vivir. Y así lo muestra el cristianismo y muchas otras doctrinas que creen que los hombres constan de un cuerpo y un alma inmortal. San Agustín sostuvo que aunque el hombre es un compuesto de cuerpo y alma, el alma es superior al cuerpo, por lo que no puede sufrir la acción de éste.
El alma humana es, para Agustín, un principio inmaterial que anima al cuerpo. Esta inmaterialidad es la que asegura al alma su inmortalidad. El alma participa de la vida recibiendo su ser de un Principio Superior, a saber, la propia Vida o, en otras palabras, la Vida Suprema: Dios. El alma no puede morir porque es participación de su Creador.
Los argumentos de San Agustín son muy parecidos a los que utiliza Platón en el Fedón, en donde sostiene que el alma es principio de vida y, como la muerte es su contrario y dos contrarios son incompatibles, luego, el alma no muere. Desde esta perspectiva, la inmortalidad del alma queda asegurada, pero entonces la unión del alma, principio de vida, con el cuerpo, materia que muere, se hace difícil de entender.
Tomás de Aquino entiende que el alma es forma del cuerpo, es decir, informa la materia. Aquino rechaza el platonismo agustiniano y entiende la unión entre el alma y la corporeidad desde el aristotelismo. El alma, pues, informa al cuerpo, pero sus funciones no se agotan en dicha información. El alma subsiste y es una forma espiritual, porque una función más que posee es la de ser una sustancia intelectual. Así, en cuanto que el alma es una sustancia intelectual, es inmortal e incorruptible. Por esto mismo, la muerte afecta al hombre solamente sustancialmente privándole del cuerpo, pero no del alma.
Decir que el alma es una forma espiritual no es tan simplista como parece. En la Suma Contra Gentiles,[8] Tomás de Aquino explica cinco razones que comprueban la espiritualidad del hombre y, por tanto, su inmortalidad. Las operaciones intelectivas que los hombres realizan son inmateriales y, por tanto, tendría que ser inmaterial el intelecto. Las pruebas son:
1. El hombre entiende y realiza cosas opuestas. Esto significa que el hombre es el único que puede apartarse de su dependencia material. Por ejemplo, si un animal tiene hambre, come; en cambio, el hombre, puede dejar de comer por otras instancias: dietas, huelgas de hambre, etc.
2. El hombre es el único que universaliza objetos por encima de la materia.
3. El hombre es el único que posee ideas inmateriales. El hombre es el único que entiende la bondad y la justicia y, además, es el único que realiza operaciones numéricas.
4. El hombre es el único que posee reflexión. Y esto se hace evidente porque mientras que el ojo ve sin verse a sí mismo, el intelecto conoce y conoce que conoce.
5. El entendimiento no se destruye por la intensidad de su objeto. Así, cuando los ojos se exponen a una luz intensa, el órgano se atrofia, mientras que el intelecto no se atrofia mientras más conoce.
Así las cosas, la muerte es, entonces, la separación del espíritu. El cuerpo se torna cadáver. En el cristianismo la muerte entró por el pecado original, a grado tal, que el propio Cristo muere y resucita. El creyente sabe que con la muerte no acaba, sino que nace la vida. El cristianismo entiende que con la muerte apenas se empieza a vivir. Por eso solamente la religiosidad devuelve el sentido a la muerte y a la vida.
También en las religiones de la India, la idea de la reencarnación otorga un sentido a la vida y uno a la muerte: para mejorar la futura existencia hay que procurar identificarse con Dios: ser justos, practicar la amistad y ser sabios. Quien no sigue dicho modelo de vida, reencarnará en alguna creatura inferior.
La condición humana, la vida de los hombres, pues, recoge tres experiencias inevitables: el destino, la muerte y la religiosidad. Por todo esto, vivir es habitar en el tiempo y la finitud, esperando la muerte. Morir, en cambio, es vivir desprendiéndonos de las instancias sensibles. La muerte es un traspaso de los límites naturales. Solamente muriendo alcanzamos esa clarividencia que deseábamos cuando teníamos cuerpo. Sólo muriendo dejamos de estar en el tiempo, para estar en la eternidad. La Filosofía es una anticipación de la muerte. Filosofar es prepararse para morir. Los verdaderos filósofos –dice Sócrates en el Fedón– se ejercitan para la muerte.
Notas de pie de página
[1] Antonio Tabucchi: Sostiene Pereira, Anagrama, Barcelona, 1995.
[2] Véase Octavio Paz: El arco y la lira, Fondo de Cultura Económica, México, 1986. Paz recoge este Upanishad en el capítulo dedicado a la imagen. Ahí mismo, elabora una extraordinaria exposición acerca de la identidad de los contrarios en el mundo occidental y en el mundo oriental.
[3] El destino guía al que lo acepta, y arrastra al que lo niega.
[4] Arthur Schopenhauer: El amor, las mujeres y la muerte, Edaf, Madrid, 1993.
[5] La muerte no es un evento de la vida porque no se vive la muerte. Wittgenstein: Tractatus Logico-philosophicus, 6.431. (Routledge edition, London-New York, 1992).
[6] Véase una vez más el texto de Octavio Paz: El arco y la lira, Ed. Cit.
[7] Me refiero a Del Mito que aparece en "La Señal". Copio unas líneas de este poema que se reeditó en el Nuevo recuento de poemas, Joaquín Mortiz, México, 1993.
[8] Véase SG, III, 66.
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El hombre frente a la muerte.
Toda persona le tiene miedo a la muerte, a pesar que es consciente que va morir por ley biológica en un determinado momento de su vida. De todos modos hay diferentes culturas que influyen en como consideremos a la muerte, hay lugares en donde consideran la muerte como algo terrible, mientras que para otros es simplemente el pasaje a una mejor vida.
Lo cierto es que los países mas desarrollados invierten innumerable cantidad de presupuesto en el estudio científico de las enfermedades que serán las responsables de nuestra muerte, pero no todos moriremos de la misma forma lo que pone un limite en la búsqueda de la “inmortalidad” , además son muchisimas las enfermedades y todos estamos expuestos a padecerlas, pero lo cierto es que nadie morirá de vejez esta mas que comprobado por las autopsias. Esto hace que la muerte no este centrada en una sola causa, y que los científicos tengan todavía un largo camino por recorrer hasta llegar a la solución de todo lo que nos produce un mal.
La genética entre otras la mas conocida en cuanto a los avances y estudios 
realizados sobre el genoma, la clonación, etc., mucho de ellos polémicos ya sea desde el punto ético y religioso. Pero tras un mismo objetivo el de buscar la solución a todos los problemas biológicos de los seres humanos.
Ahora se han puesto a pensar que pasaría si los seres humanos descubriríamos como evitar la muerte, que será de la evolución, ¿seria afectada?, y de la superpoblación, además no todos la gozarían. Ya que hasta por dinero muchas personas no pueden tener los mejores tratamientos a ciertas enfermedades ¿imagínate si ocurriera esto?
Pero los avances en el estudio de las formas de prolongar la vida humana están dando buenos resultados y no tan buenos.
Un ejemplo de resultados buenos, podrían ser los transplantes de órganos, que pueden lograr que un una persona pueda continuar con su vida, o medicamentos como antibióticos, o las vacunas, que tenemos a nuestro alcance y pesar que en un momento de la historia fallecían tantas personas por simples enfermedades ya que los mismos no existían.
Estamos en condiciones de decir que los avances han sido grandes, y que la vida de las personas paso de un promedio de vida de 40 a unos 70 aproximadamente, lo que demuestra que el estudio científico tiene un valor importante.
También esta el lado oscuro podríamos por así decirlo, ya que en la etapa terminal de nuestras vidas la medicina prolonga la vida de ancianos, o de pacientes que están en etapa terminal a los que se los somete a tratamientos muchas veces en contra de su voluntad. Creo que no tiene sentido prolongar una vida de un anciano que esta sufriendo, ya que ha cumplido su ciclo vital y lo único que le queda es terminar su vida de la manera menos dolorosa.
Para ir terminando creo que en la búsqueda de la solución a la muerte, los países desarrollados que son los que invierten millones y millones de dólares se están olvidando que todavía tienen personas que se están muriendo de pobreza en su país y en todo el mundo, a esto cada cual tendrá su opinión.
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La Muerte: el enigma.
Trabajo realizado por Ivana Copes, Mercedes Moreira y Yanina Vera
La muerte y el miedo a ella lo han experimentado todos los seres humanos
desde el principio de la historia hasta el mundo contemporáneo. El miedo a la muerte lo produce el miedo al mas allá, a lo desconocido, a dejar de existir, pues todo ser humano tiene una inconsciente necesidad y deseo de inmortalidad.
El miedo a la muerte y el hecho de verla al asecho, nos lleva a buscar soluciones para escapar de ella, como la magia, la medicina, los castillos y las construcciones impenetrables, la religión; pero por mas que el hombre intente esconderse, ella llega, de ella nadie se escapa.
¿Qué es la muerte? La muerte es un estado del hombre anhelado por todos. Siempre se ha temido a la muerte, a lo que esta conlleva. A todo el dolor y sufrimiento que la acompaña.
¿Pero es realmente a la muerte a lo que tememos?
La muerte es algo desconocido. Quizá por ello la temamos, pero no por el hecho de ser desconocido ha de ser temido. Mil cosas hay en el mundo que para nosotros son desconocidas y no las tememos como a la muerte, si es que realmente la tememos.
Desconocidos son los límites del universo y no por ello los tememos. Desconocido es el poder de la mente y no por ello nos aterra. ¿Es realmente a la muerte a la que tememos?
El dolor, el sufrimiento, la soledad... esto es lo que realmente atemoriza al ser humano. Y ¿no esta todo esto unido a la idea de muerte? El dolor puede ocasionar la muerte, y la muerte de los demás produce soledad, lo que nos lleva al sufrimiento. No es la muerte en si lo que nos hace sufrir, es el dolor relacionado con la muerte y la perdida de seres queridos.
La muerte no es algo aterrador. Si lo son los sentimientos que hemos llegado a relacionar con ella. La muerte no siempre conlleva dolor y el sentimiento de soledad que sentimos cuando alguien querido muere es un sentimiento egoísta. Nos sentimos apenados por la marcha de esa persona y por como nos llegaremos a sentir nosotros sin su presencia.
Si miramos dentro de nosotros nos daremos cuenta que nunca hemos temido a la muerte. Si hemos pensado en ella, pero como algo inevitable, desconocido pero no aterrador. Lo aterrador es cuando hemos pensado en formas horribles de llegar hasta muerte; accidentes que nos amputen un miembro, que nos desangren, situaciones de asfixia, incendios en los que morimos calcinados, sintiendo como cada centímetro de nuestro cuerpo ardía, enfermedades que corroen nuestras entrañas...
Esto si nos aterra pero esto no es la muerte, esto es la vida. En la muerte no hay dolor ni sufrimiento. Es en la vida donde sufrimos, sentimos dolor y soledad por la muerte de nuestros seres queridos. Por tanto no tememos a la muerte, sino que la anhelamos.
Todo el mundo ha deseado morir en más de una ocasión, sobre todo cuando la vida se muestra más viva que nunca y nos demuestra su crueldad con toda su furia haciendo que deseemos la muerte más rápida y menos llena de vida posible.
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La muerte, como ciclo de Vida
Este trabajo fue efectuado por: Bifarello Damian, Calleja Marcial, Bedoya Gaston.
De acuerdo con lo que leímos en el texto y relacionado a nuestros conocimientos previos nos pareció interesante relacionarlo con el trika ,(shivaismo no dual de cachemira) para que puedan apreciar simple comentario sobre trika les dejo un párrafo para su deleite.

En la Chandoya Upanisad, después de hacer una enumeración similar, que abarca además las matemáticas, la economía, la física y las bellas artes, es decir la suma de ciencias y las artes, Nárada le dice al sabio Sanarkumar: “Señor, pero todas estas cosas no son más que conocimiento elemental; no conozco el Ser. He oído de los maestros, que aquel que conoce el ser va más allá del sufrimiento. Ayúdame a trascenderlo”. (VII, I).

Ese ´conocimiento del ser´ del que habla Nárada es la respuesta única al problema del conocimiento y también del sufrimiento humano. El propósito de la vida, en la tradición hindú, es “la eliminación del todo sufrimiento y el logro de la dicha suprema” sarva suhkha nivrtti paramanda prapti.
Todos los sistemas de filosofía, las escuelas de yoga y las prácticas rituales de las diferentes sectas, que tienen como punto de partida la visión interior de los sabios o yoguis, comparten también el mismo propósito, que es conducir a la liberación.
Por liberación no sólo se entiende un estado de libertad absoluta, sino la liberación del sufrimiento, y de la ignorancia –que es su causa- y de la sujeción al ciclo constante de muerte y reencarnación.
Esto no supone, sin embargo, cesar de existir en el plano de existencia donde ocurren estos fenómenos, sino el acceso ilimitado y permanente al estado de la conciencia suprema, que es la condición verdadera del ser humano y, por otra parte, es la visión de los rsis.
Para mas información Presione aqui
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EL COMIENZO DEL FIN
Este trabajo fue realizado con mucha dedicación por Barengo, Brouet y Ciardi.
Para usted PROFE!!! vamos por el 9!!!!

¿A veces no te preguntas si es la muerte
un sueño de profundo olvido?
Y en ese sueño, ¿soñamos con que a la vida
volvemos? ¿O nacemos para luego morir,
y más tarde volver a nacer, en una
secuencia cíclica, como ocasos y
amaneceres? Si ésta incertidumbre
se transformara en certeza real;
si desde el fondo mismo del Universo,
donde descansan las verdades, nos
llegase la respuesta; ¿No sería lógico
preguntarse cual es su sentido?
El concepto general de muerte significa el despojo de la vida, separación del alma del cuerpo; y a partir de esta creencia surgen numerosas concepciones particulares que se verán influidas por la sociedad y cultura en la que se ven marcadas.
En muchas culturas se cree que hay vida después de la muerte, y esta es continuación de la vida terrenal. En otras, se desiste de esta idea y se ve a la muerte como un fin absoluto.
También la religión cumple un papel importante al momento de discutir teorías acerca de esta.
Nosotros al hablar de la muerte en general, o de la muerte de personas extrañas a nosotros mismos, la vemos como parte de la naturaleza, la comparamos poéticamente con la caída de las hojas en otoño; con gran convicción, asentimos a los argumentos a favor de la necesidad absoluta de la muerte, pero se nos muestra inmediatamente como una amenaza, como una desgracia, hasta como una injusticia, cuando afecta a una persona allegada. En esos casos la murete deja de ser algo natural para pasar a ser una fatalidad.
El miedo a la muerte, es perfectamente natural, pero deja de serlo cuando en lugar de servir a la vida, impide vivir.
Aunque la forma de morir pueden ser dificultosas, la muerte abre un camino hacia metas desconocidas, un largo viaje lleno de incógnitas.
A lo largo de las diferentes épocas de la literatura española, la muerte fue afectando a los autores de diferentes formas, imponiendo muchas veces miedo pero también paz. Aunque varios de ellos pensaban que la muerte era un motivo de tristeza y dolor, terminaban por aceptar que tan solo era un viaje hacia otro tipo de vida.
Mucho de loa autores definieron a la muerte como el suceso que los llevaría a dejar de sufrir en un mundo lleno de falsedades, en donde ser auténtico significaba la perdición, donde solo los valores de las masas dominantes eran válidas.
La lucha contra el miedo y el sufrimiento ante la muerte se ajusta a la lógica inminente de la vida. Pero nos resulta forzoso reconocer que esta lucha demuestra ser en nuestra época más difícil que nunca.
Si quisiéramos tener constantemente presente la idea de la muerte, seríamos incapaces de vivir verdaderamente. La incesante meditación sobre ella resulta paralizante para la acción y la vida. De nada sirve confirmar la idea de la muerte en el inconsciente. Vale mas mirar la realidad de frente, reconocer francamente el escándalo que represento tantas veces para nuestra inteligencia y nuestro corazón.
“la muerte no llega mas
que una vez, pero se hace
sentir en todos los momentos
de la vida”
Juan de la Bruyere
¿Dónde iremos después de nuestra muerte?
¿De dónde venimos? ¿Adónde iremos después de nuestra muerte? Son preguntas que el ser humano se hace constantemente a sí mismo.
Cuando no sabemos de dónde venimos ni adónde iremos luego de nuestra muerte, significa que vivimos y morimos de una forma confusa, sin saber ni comprender realmente el sentido de la vida.
A través de la creencia y de la fe en una determinada religión, buscamos la respuesta para el interrogante de nuestro destino. El conocimiento del proceso y las causas de la reencarnación es justamente para ayudarnos a definir hacia dónde iremos luego de nuestra muerte en esta existencia.
MUERTE DULCE (eutanasia)
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Muerte, Siple Palabra. Que Encierra Un Gran Enigma
Muerte, un pequeña palabra que encierra múltiples significados para distintas culturas y diferentes personas.
Si nos ponemos a pensar sobre los significados que cada individuo le dan a esta palabra veremos que todos concuerdan en una cosa la llegada al fin de la vida en este mundo tan grande y complejo que llamamos tierra.
Durante toda la vida vivimos rodeados de los efectos de esta palabra, tenemos muerte por todos lados en nosotros mismos con respecto a nuestras células, en 
las plantas al nacer crecer y reproducirse, y en el suelo cuando la misma alcanza a uno mismo o a cualquier organismo vivo la propia muerte desencadena hechos que arribaran a mas muerte.
No existe en el mundo un culto tan arraigado a la muerte como en el antiguo Perú pues, 7.000 años antes de Cristo se practicaban procesos de momificación para preservar a sus muertos. Pero estos no sólo eran adorados sino también consultados. Es así que, en los tiempos del Imperio Incaico, los muertos eran alimentados, aseados, vestidos y halagados con ofrendas y banquetes. A ellos se le solicitaba consejo antes de proceder a cualquier acto, de manera tal que las relaciones familiares, económicas y de la tierra eran regidas por el patriarca muerto quien, prácticamente, dirigía la vida de los vivos.
Es una realidad científica que las células del cuerpo humano permanecen activas después de muerta la persona; es decir, no con la cesación irreversible de la actividad cerebral el cuerpo en su plenitud acabará con su proceso de biologización, sino que mantiene algunos signos de vida que son parciales, concretos y determinados por cada región corpórea. La vida celular se mantiene después de producida la muerte. Jurídicamente, la falta de respuesta cerebral (cesación absoluta) extingue a la persona, pasando de sujeto de derecho a objeto de derecho especial, digno de la más alta protección.
Sin embargo podemos decir, según nuevos criterios científicos, que la muerte de la persona ya no se produce en la zona cerebral, sino una vez comprobada la inexistencia de respuesta vital en la última célula. Este criterio avasalla todas las corrientes biojurídicas. De ser así, podemos hablar de una vida inerte, de una vida sin movimiento, ni pensamiento, ni sentimientos sólo de una vida celular indicativa, que puede ir regenerándose o extinguiéndose de a pocos. Tomando en cuenta los momentos que establecieron la muerte de la persona, como en un inicio fue la cesación de la respiración, seguido de la paralización de la actividad cardiaca y finalmen la cesación irreversible de la actividad cerebral, podría hablarse a la fecha de una muerte genética, como aquella que se concreta con la verificación asintomática de cualquier respuesta genésica en un organismo. 
Este criterio está siendo argüido bajo el pretexto de restringir las manipulaciones genéticas post mortem, estableciendo que el cuerpo humano sin vida completa, como comúnmente se ha entendido, pero que sigue aún con actividad vital parcial, no puede ser materia de experimentación, ya que sus procesos biogenésicos no se han paralizado, por lo que merece una tratamiento jurídico especial. Es así que no se permitiría que sobre los cadáveres se realicen experimentaciones genéticas que incluso tratan de reactivar la vida.
Si bien para la teoría existencialista la muerte es la posibilidad más propia del existir no podemos llegar a esperar científicamente el dictamen bíblico de convertirnos en polvo para poder tramitar la expedición de nuestro certificado de defunción. Pongamos límites coherentes a las investigaciones científicas pero tampoco lleguemos al absurdo.
Uno de los principales problemas éticos que plantea el Proyecto Genoma Humano será que su consecución proveerá a los médicos de poderosas herramientas para diagnosticar crueles enfermedades genéticas, antes de que sus síntomas se produzcan. Esto podría parecer un hecho beneficioso; efectivamente, así sería... ¡si existiera una cura o, por lo menos un tratamiento contra esas enfermedades! Lo cierto es que, una vez descubierto el gen asociado a una enfermedad, el desarrollo de un método de diagnóstico prácticamente seguro al 100% es trivial y casi inmediato. Sin embargo, el desarrollo de terapias contra dichas enfermedades puede llegar a ser muchísimo más largo. Los expertos predicen que, hasta dentro de al menos veinte años, no poseeremos métodos de lucha eficaces contra prácticamente ninguna de las enfermedades genéticas conocidas. Sin embargo, todas las predicciones que se han hecho en el campo de la biología molecular han resultado siempre ser excesivamente pesimistas. La ciencia avanza más rápido de lo que los propios expertos pueden llegar a imaginar, lo que nos permite ser optimistas en este aspecto.
Sin embargo, a pesar de los sorprendentes avances, por el momento, el diagnóstico precoz de las enfermedades genéticas, la mayoría de las veces, sólo supone para el paciente afectado una ominosa carga que debe soportar. El conocer que, en el plazo de una década, posiblemente sufriremos una horrible enfermedad, sin poder hacer nada por evitarlo, para lo único que sirve es para amargarnos la existencia, creándonos una sensación de impotencia y ansiedad que puede llevarnos a no disfrutar de los años de vida feliz y sana que nos hubieran correspondido si hubiéramos dejado a la naturaleza seguir su curso.
Lo que resulta aún peor: en algunas ocasiones, los gobiernos han promovido este tipo de conocimiento ominoso entre la población. En el recuerdo de muchos negros americanos está el caso de la campaña para detectar portadores del gen de la anemia falciforme que fue promovida por algunos gobiernos estatales de los Estados Unidos durante los años setenta. Esta campaña no tiene nada que ver con el Proyecto Genoma Humano y se realizó incluso antes de que se desarrollara la ingeniería genética. Las pruebas de la anemia falciforme estaban basadas en el análisis bioquímico de la proteína hemoglobina. Conviene que echemos un vistazo a la historia de este caso.
La idea había surgido a partir de una campaña para detectar la fenilcetonuria. Esta enfermedad posee ciertas características que la hacen especialmente adecuada para una campaña de predicción. Se puede detectar fácilmente mediante un sencillo análisis de sangre desde el primer día de vida del recién nacido (en la actualidad este análisis es obligatorio en la mayoría de los países desarrollados). Si un niño padece fenilcetonuria, el tratamiento es bien sencillo. Basta con seguir una estricta dieta, baja en el aminoácido fenilalanina, durante los primeros años de vida. Los beneficios son enormes. Si no se trata, se produce retraso mental y muerte prematura. Si se trata, el niño puede llevar una vida perfectamente normal. La fenilcetonuria afecta aproximadamente a uno de cada 12.000 niños, si bien en la actualidad, gracias a estas campañas de prevención obligatorias, es una de las enfermedades genéticas más benignas.
La anemia falciforme es un caso bien distinto, pero los legisladores estadounidenses de los años setenta no supieron ver las diferencias, ni intuir las consecuencias de su falta de previsión. La anemia falciforme es mucho más frecuente que la fenilcetonuria; de hecho, es la enfermedad genética más frecuente entre la población negra, con un caso por cada 400 niños. Es una enfermedad recesiva bastante cruel, los enfermos, que han tenido la mala suerte de heredar los dos alelos recesivos de sus padres, no pueden realizar esfuerzos, ya que corren un grave riesgo de sufrir una insuficiencia respiratoria aguda que les ocasione repentinamente la muerte. Los individuos heterocigóticos, por el contrario, son portadores absolutamente sanos y pueden seguir una vida perfectamente normal. Cuando se desarrolló la técnica de detección basada en el análisis de la hemoglobina, numerosos colectivos de personas de raza negra sufrieron un ataque de falsas esperanzas, pensando quizás que los científicos habían encontrado la solución a la enfermedad. Sin embargo, la cruel diferencia con la fenilcetonuria era que no existía tratamiento alguno. Si alguien era diagnosticado de anemia falciforme no poseía la más mínima esperanza de curación. El diagnóstico no representaba beneficio alguno para el paciente. Además, en aquella época no existía ningún método para examinar al feto en el útero, para que los padres tuvieran la opción de interrumpir el embarazo si es que el feto estaba afectado. En cualquier caso, el aborto fue ilegal en Estados Unidos hasta 1973.
A pesar de todas estas contrariedades que hacían desaconsejable la campaña de detección, el gobierno federal financió un programa a nivel nacional. En varios estados, se declaró ¡obligatorio! realizar la prueba a los recién nacidos y a los escolares, todo ello sin un programa paralelo de orientación genética que pudiera ofrecer consejo a las familias afectadas.
Pero lo peor fue que el público comenzó a confundir a las personas portadoras con las enfermas, debido a la completa falta de una campaña informativa. Muchos padres llegaron a pensar que sus hijos, en realidad portadores sanos, padecían una terrible enfermedad debilitante y debían recibir cuidados especiales para que no agravase. Para complicarlo todo, Linus Pauling, que había descubierto el método de análisis de la hemoglobina, realizó unas desafortunadas declaraciones, sugiriendo que se "marcara" a los portadores para que no se casaran entre sí o, al menos, que no tuvieran hijos. Los medios de comunicación reforzaron la confusión entre portadores y enfermos; en 1972, la revista Ebony, dirigida principalmente a lectores de color, publicó un anuncio con el fin de recaudar fondos para la investigación contra la enfermedad, que caracterizaba erróneamente a los portadores como personas débiles. El anuncio estaba financiado por American Express y su texto íntegro decía lo siguiente:
"Es un asesino. Uno de cada diez negros americanos es portador de un trastorno en la sangre que puede matarlo o incapacitarlo. Se llama anemia falciforme porque deforma los glóbulos rojos, que adoptan forma de hoz. Los que no mueren quedan debilitados. Incluso los que padecen la modalidad más suave de la enfermedad -los "portadores del carácter"- sufren. Por lo general deben evitar las actividades fatigosas y acudir con regularidad al médico."
En 1978, Loretta Kopelman denunciaba que la prueba utilizada en el estado de Nueva York detectaba tanto a los enfermos como a los portadores del gen y que, aunque la ley exigía solamente que quedaran registrados los casos de enfermedad, también se "fichaba" a los portadores del carácter. Dicha información pasaba a formar parte permanente del historial médico del niño. Las compañías de seguros comenzaron a negarse a formalizar el seguro si descubrían que su posible cliente padecía anemia falciforme o era portador del carácter.
También el mercado de trabajo discriminaba a los enfermos y portadores. A las personas de color que portaban el gen se les negaba el trabajo en compañías aéreas e incluso el ingreso en la Academia de las Fuerzas Aéreas, porque se creía, erróneamente, que su sangre reaccionaría mal a las bajas presiones que se experimentan al volar a gran altitud. La Academia no levantó las restricciones hasta 1981.
Los problemas también llegaban hasta el ámbito familiar. Se dieron casos de matrimonios que tenían hijos enfermos, mientras que uno sólo de los cónyuges era portador. Muchas familias se hubieran roto si no hubiera sido porque los médicos les dieron explicaciones inverosímiles para tranquilizarles. El doctor Robert Murray opinaba que "cuando existe un conflicto entre las relaciones humanas o el bienestar humano y la verdad científica, tiendo a sacrificar la verdad". En un informe del Instituto de Investigación de Ética Médica (el Hastings Center), se citaba un caso en el que un niño había fallecido porque su médico -a quien su madre le había dicho que padecía anemia falciforme- pensó que estaba sufriendo una crisis de esta enfermedad. En realidad el niño era portador, pero no padecía la enfermedad, y murió de apendicitis aguda. En 1978, la doctora Kopelman concluía su informe advirtiendo que debían tenerse en cuenta los riesgos de las pruebas genéticas: "Existen los riesgos de marcar a las personas, invadir su intimidad, hacerles perder su autoestima o discriminarlas. Nadie tiene derecho a someter a otros a procedimientos que entrañen un riesgo para ellos".
El programa de detección de la anemia falciforme en Estados Unidos acabó degenerando hasta desaparecer. En 1987, un equipo de expertos designados por los NIH desenterró el viejo fantasma, recomendando de nuevo que se practicara la prueba en recién nacidos. Esta vez, la motivación era diferente. La investigación clínica había demostrado que los niños menores de tres años con anemia falciforme tenían menos capacidad de defensa contra las infecciones bacterianas, existiendo un 15% de probabilidades de morir a causa de una infección durante los primeros años de su vida. También se demostró que esto se podía evitar administrando penicilina a los niños. Los NIH recomendaron que se administrara penicilina a todos los niños con anemia falciforme desde los cuatro meses a los cinco años de edad. Esta vez el análisis tenía su justificación y reportaba un beneficio claro. La campaña se lleva practicando con éxito desde entonces.
Desde el mismo comienzo del Proyecto Genoma Humano, estuvo claro para los científicos, suficientemente escarmentados por las experiencias previas, que no se podían efectuar campañas a gran escala del tipo de la que se realizó con la anemia falciforme, sin haber realizado previamente un minucioso estudio ético y social. Aproximadamente, el 5% de los fondos destinados a la financiación del PGH se utilizan para llevar a cabo estos estudios, que se engloban bajo las siglas ELSI (Ethical, Legal and Social Issues). El PGH constituye el primer programa científico a gran escala que dedica específicamente parte de sus fondos a este tipo de preocupaciones. Se espera que en los próximos años, el porcentaje de fondos dedicados a los estudios ELSI aumente considerablemente. Sólo en 1997, se tiene prevista una inversión de 11 millones de dólares en estos aspectos. En la actualidad, se está llevando a cabo un estudio exhaustivo sobre la posibilidad de llevar a cabo un programa de detección de portadores del gen de la fibrosis quística, la enfermedad genética más común entre la población blanca. No se quiere, de ningún modo, caer en los errores que se cometieron con el caso de la anemia falciforme. Al menos, existen dos ventajas, a priori, que no existían hace veinte años: la posibilidad de detectar la enfermedad en el feto y la aceptación social mayoritaria del aborto con fines terapéuticos.
Si los casos de enfermedades monogénicas plantean estos problemas, se debe, principalmente, a que conocemos perfectamente las leyes deterministas que regulan la herencia de estas enfermedades. En el otro extremo se encuentran los sondeos de genes implicados en enfermedades poligénicas aún no bien comprendidas, que pueden dar lugar a otros tipos de problemas, distintos de los anteriores, pero no menos importantes. En estos casos no se habla de que "el paciente padece la enfermedad" sino de que, por ejemplo, "el paciente posee un 60% de posibilidades de que en un futuro pueda desarrollar la enfermedad", ya que dicho porcentaje de las personas que poseen esa variante del gen, la padecen. La medicina entonces se torna predictiva y, si es posible, preventiva. Entre las posibilidades más relevantes están algunas de las causas fundamentales de muerte en el hombre: el cáncer, las enfermedades cardiovasculares o la diabetes, junto con otras como el enfisema o enfermedades mentales como el Alzheimer o la esquizofrenia.
Cada una de estas enfermedades representa un problema científico complejo, porque la expresión de estos trastornos incluye frecuentemente un componente genético que interactúa con varios factores ambientales, como la dieta o el estrés.
Por ejemplo, unos veinte genes regulan el nivel de colesterol en la sangre. Determinadas combinaciones de variedades de estos genes sitúan al sujeto en un grupo de riesgo mayor de padecer enfermedades tempranas de las arterias coronarias y ataques cardíacos. Si además, el sujeto lleva una dieta rica en grasas animales y una vida sedentaria, es muy posible que muera de infarto antes de los cincuenta años. El problema es que aún no conocemos qué combinaciones de genes son especialmente peligrosas. Quizás, después de todo, no sean una veintena, sino un centenar, los genes implicados. El PGH, posiblemente, nos dará la respuesta.
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Cronica de una muerte programada
INTEGRANTES:ENECOIZ JAVIER, CAPRIOTTI ANDRES Y ROSTI FEDERICO
En primer lugar debemos diferenciar la muerte celular de la muerte del individuo. Así, por ejemplo, debemos decir que constantemente tenemos células en nuestro organismo que se están muriendo, pero no por eso el individuo muere. También hay que decir que la muerte es un proceso. Por tanto, la célula en fase de muerte va perdiendo algunas de sus funciones hasta que se muere.

Debemos diferenciar entre dos tipos de muerte: necrosis y apoptosis. La necrosis es la muerte celular resultado de una inflamación (por falta de oxígeno, por agentes externos como el calor, frío,...). En cambio, la apoptosis (descubierta no hace mucho tiempo) es la muerte celular programada, es decir, la célula se "suicida" ya que activa una serie de proteínas (caspasas sobretodo) que la autodestruyen.
Tipos de necrosis
Necrosis celular:
Podríamos definir necrosis celular como el conjunto de alteraciones morfológicas que suceden después de la muerte celular. Como ya hemos dicho, la necrosis celular suele ser provocada por una agresión o noxa que afecta externamente a la célula (frío, calor, isquemia,...).
La necrosis puede ser por autolisi (cuando son los lisosomas intracelulares los que provocan la destrucción celular) o heterolisi (cuando son otras células como los macrófagos o los polimorfonucleados los encargados de la destrucción celular).
La necrosis provoca la aparición de los siguientes cambios intracelulares: picnosi (condensación del núcleo), cariolisi (disolución de la cromatina), cromatolisi (disolución de los cromosomas), carriorexis (fragmentación de la cromatina). Estos cambios van apareciendo a lo largo del tiempo, y nos permiten diferenciar las células que van a morirse (o ya están muertas) de las que todavía están sanas. Por ejemplo, en el infarto agudo de miocardio se pueden observar los siguientes cambios temporales: a los 5-15 segundos después lo podríamos detectar por el electrocardiograma, de 5-15 minutos en el microscopio electrónico (cambios en mitocondrias y miofibrillas), a las 6-8 horas por histoquímica, de 12-24 horas por microscopia óptica, de 24-48 horas macroscópicamente ya se observan los cambios.
Tipos de necrosis:
Según la causa etiológica o el tejido afectado podemos diferenciar distintos tipos de necrosis:
NECROSIS POR COAGULACION:

Es producida por causa isquémica. Es la causa más frecuente de necrosis. En Microscopio óptico puede distinguirse fácilmente por su marcada eosinofilia y conservación de la estructura general a grandes trazos.
NECROSIS COLICUATIVA O LIQUIFICACION:

A menudo en el Sistema Nervioso Central, ya que es la típica que se produce en los tejidos con gran contenido lipídico e hídrico. Se caracteriza por la fuidificación del tejido muerto. Podemos encontrar en este tipo de necrosis cavidades con pus o cavidades llenas de líquido cefaloraquídeo (si se ha reabsorvido el pus y estamos en el SNC). También podemos encontrar las células granuloadiposas de Rio Ortega (fruto de la digestión de la mielina de las neuronas).
NECROSIS CASEOSA:

Típica de la tuberculosis (aunque otras enfermedades como la lepra, micosis,,... pueden causarla). Se caracteriza por producir cavidades rellenas de caseum (una substancia blanca mate, seca, similar al queso seco). El caseum es la parte central de los granulomas que contienen células epitelioides y células gigantes de Langhans.
NECROSIS GOMOSA:
Es similar a la necrosis caseosa pero con mayor consistencia. Típica de la sífilis.
NECROSIS FIBRINOIDE:

Se produce por la tumefacción y homogenización de las fibras de colágeno. Se ve en las vasculitis, artritis reumatoide y las úlceras pépticas.
NECROSIS CEREA:

Se observa en la fiebre tifoidea y se afecta la capa muscular de la pared abdominal. Se denomina así porque el músculo esquelético adopta una coloración blanquecina similar a la cera.
NECROSIS GANGRENOSA:

Es la causada por la digestión de tejido necrótico por parte de bacterios saprófitos. Puede ser:
* Seca: negra, a causa de la desecación progresiva de las piernas habitualmente, la piel experimenta un procesode momificación.
* Húmeda: cuando se afectan órganos internos, hay hemorragia y necrosis.
* Gaseosa: cuando es causada por el Clostridium Welchii, que produce la fermentación del azúcar liberando dióxido de carbono (esto produce crepitación, ya que este gas queda atrapado bajo la piel, similar a un enfisema submucoso).
NECROSIS GRASA O ESTEATONECROSIS:

Cuando de forma general se necrotiza tejido adiposo. Existen dos tipos principales:
* Enzimática: característica de la pancreatitis, en la que los enzimas pancreáticos pueden ser liberados fuera del tubo digestivo y producir la digestión del tejido adiposo circundante produciendo la aparición de jabones. También pueden estos enzimas lesionar estructuras vasculares produciendo hemorragias internas.
* Traumática: aparece en la mama y en el epiplón. Se produce por la rotura de los adipocitos y producción de un aumento de tejido fibroso en estos tejidos. En la mama dificulta el diagnóstico diferencial con un tumor de origen neoplásico.
Apoptosis:

Como ya hemos dicho es la muerte celular programada y se descubrió no hace mucho tiempo. Hoy en día se la considera la base del recambio celular normal de la mayor parte del organismo. Así mismo, también es una defensa contra las neoplásias (cuando una célula experimenta una mutación suele activar la apoptosis, siempre y cuando esta mutación no haya afectado también los genes encargados de la apoptosis, como suele ocurrir desgraciadamente).
La apoptosis se caracteriza por afectar a una sola célula (y no a un trozo de tejido u órgano como el caso de la necrosis). Se produce una pérdida de líquido por parte de la célula apoptótica, picnosis y condensación del citoplasma. A continuación la membrana celular se divide en varias vacuolas (sin perder en ningún momento del proceso la continuidad) formando los cuerpos apoptóticos que serán fagocitados por macrófagos o polimorfonucleados. Todo este proceso está regulado por las caspasas.
HeLa sigue viva?
Este trabajo fue realizado por: Fernando Francia y Alberto Levin
Helen Larsen murió, pero... ¿sigue viva? Las células del cáncer que tenía esta señora en su útero fueron las primeras en ser cultivadas y, a partir de las hijas de estas células, se pudieron realizar muchas investigaciones. Mas allá de los resultados de estas experiencias, nuestro interrogante pasa por una cuestión mas que nada existencialista. Helen sigue viva, si tiene celulas hijas, ¿tambien tiene celulas nietas? ¿Se extinguió Helen en el momento de su "muerte"?, o el hecho de que su ADN halla recorrido todos los laboratorios del mundo, la ha transformado en una turista de primera clase?
Murio Helen Larson? HeLa (para los amigos), sigue viva? No deja de ser paradójico que uno se haga esta pregunta si reconocemos que HeLa palmó de cáncer; sí sería raro si nos preguntaramos lo mismo sobre Luca Prodan o Alfredo Yabrán; esos sí que se murieron, aunque pueden estar vivos en el imaginario de los empleados de OCASA (por Yabran) o de los etilistas fans de SUMO (en el caso de Luca).

Quiero decir que algunos interrogantes existen y otros son pura cháchara del populacho (diría Sarmiento).
Ser o no ser, esa es la cuestión; pero... es la cuestión?, yo tampoco soy Parmenides para andar respondiendo preguntas tan trascendentales, pero si les puedo decir que antes que pudrirme en un cementerio al lado de cualquier ignoto cuncuñador de papas, prefiero pasar a la inmortalidad aunque no sea mas que adentro de una probeta en un laboratorio de Biología Molecular en Oxford. Y ahi me van a discutir los caretas que antes que en Oxford, porque no inseminar un ovulo de una yegua campeona en el Hipódromo de Palermo para sacar un clon del famoso "Yatasto" y pasar así a la eternidad; y no va a faltar el chupacirios que me va a venir con la Redención , el Purgatorio y el Paraiso; y que agarren todas las celulas HeLa y las usen como chimichurri para el asado de algunos aborígenes antropófagos del Amazonas. Pero a mi la gilada no me va a convencer con toda esa sarta cientificista. No quiero sonar ironico, o que estas lineas se tiñan de cierto humor negro (Andre Breton me daria cintazos una semana si yo me creyera un poquito ironico al escribir esto).

Entonces me pregunto si Helen sabia lo que iban a hacer con sus desprevenidas células, aunque sean cancerígenas no por eso las vamos a condenar, pobrecitas, no? O acaso segun los Católicos, Dios no lo perdona todo? Porque estas células y sus parientes se hayan llevado unos cuantos ñoquis al Paraiso, eso no nos da derecho a juzgarlas, en todo caso que recen un Ave María y dos Padres Nuestros y chau pichu viejo!
Las celulas HeLa son una demostración de eso de que bicho malo nunca muere, no es por ofender a nadie, menos a Helen (¿que en paz descanse?).

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La muerte
Este trabajo fue realizado por Cristóbal Aimone, Victorino Benvenutti, Andres Cobo.

¿qué es?: De todos los males humanos, el peor es la muerte. Ella constituye «el dolor más extremo de todos los que el hombre puede padecer, porque nos despoja
del más amado de todos los bienes: la vida. La muerte, en realidad, es un momento, un instante; pero morirse es un proceso que no se sabe muy bien cuándo empieza... Pero creo que todos los que van a morir, los que vamos a morirnos, nos percatamos de que ese proceso ha comenzado en un momento o en otro.
¿En que consiste? muere el hombre entero, en cuerpo y alma. La «inmortalidad del alma» se basa en una sobrevaloración fanática del espíritu humano, que, por sus propias fuerzas, continuaría existiendo cuando, por medio de la muerte, se elevará de una vida imperfecta y sensual a una vida perfecta y espiritual.

¿ Que sucede después de ella? Esta pregunta puede responderse mejor con ayuda de la fe, aceptando lo que Jesucristo nos enseñó. Según esto, inmediatamente después de la muerte tiene lugar el llamado juicio particular donde Dios nuestro Señor juzga a cada persona. La sentencia de este juicio puede ser triple:
o Al cielo van los que mueren en gracia de Dios. Allí gozan de la máxima felicidad sin mezcla de mal alguno, y para siempre.
o Al infierno van quienes mueren en pecado mortal. Allí se sufren penas eternas.
o Al purgatorio van quienes mueren en gracia de Dios pero con el alma menos brillante de lo necesario para ir al cielo. En el purgatorio hay grandes sufrimientos pero también esperanza, pues saben que después de purificarse verán a Dios.
¿qué significa muerte digna o eutanasia? el único que tiene que mantener la dignidad ante la muerte es precisamente, el moribundo. Es la gente que rodea al enfermo la que debería plantearse, como una meta a alcanzar, mantener también su dignidad ante ese ser querido que está agonizando.
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Practica de la Medicina

El inicio de la medicina como ciencia se sitúa en la época de los griegos, principalmente de Hipócrates (siglo V a.C), que es considerado el padre de la medicina. Esto se debe a su importante papel al separar la medicina de la mitología y religión (antes se creía que la enfermedad y la salud la daban los dioses y por tanto, no podía buscarse causas naturales a ellas). Hipócrates, además, formularía su teoría de los 4 humores, los cuales se encargarían, en el correcto equilibrio de la salud, o la enfermedad cuando uno de ellos o varios se desequilibraran.
También hay que destacar aquí los primeros trabajos en la anatomía humana
realizada por los egipcios. Sin embargo, estos no realizaban verdaderas disecciones anatómicas, sino que tan sólo se limitaban a hacer evisceraciones, necesarias para la correcta momificación de los cadáveres. Heredarían estos conocimientos la cultura de Alejandría, que ya en el siglo III a.C. realizarían disecciones humanas (destacaron en este arte Herófilo y Erasistrato). Sin embargo, estos conocimientos anatómicos se perderían en el año 48 a.C, cuando las tropas de Julio César quemaron la Biblioteca de Alejandría con todos sus libros en el interior.
La Edad Media es una de las etapas históricas más pobres para la medicina. Prácticamente sólo sirvió como puente entre la medicina clásica (griega y romana) y la medicina renacentista. Es decir, fueron meros transmisores de una cultura médica que no supieron mejorar, aunque sí conservar. Llegaron a Europa algunos de los conocimientos de los alejandrinos a través de las invasiones del pueblo musulmán, que tenían un conocimiento más profundo de la anatomía humana.
Hasta fines del siglo XV los conocimientos teóricos en medicina no habían avanzado mucho más que en la época de Galeno. La teoría humoral de la enfermedad reinaba suprema, con agregados religiosos y participación prominente de la astrología.
Teoría de los cuatro humores. En la Edad Media, un individuo saludable, era aquel que tenía un equilibrio interno entre los cuatro humores, concebidas por Galeno, y sus cualidades primarias, lo que conlleva a la seguridad de sus partes físicas. Cuando este equilibrio se perturba, se origina una enfermedad. Un desequilibrio humoral se produce por agencia del hombre mismo o de su ambiente, lo que comprende su forma de vida y de trabajo, su alimentación, bebida y actividad sexual.
El trastorno humoral, puede ser en calidad o en cantidad. Éste da lugar a sustancias nocivas, llamadas substantias pecantes, que deben ser eliminadas para lograr la curación.
Los cuatro humores que el cuerpo contiene son la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra, que corresponden a cada uno de los cuatro temperamentos: sanguíneo, flemático, melancólico y colérico. Cada uno de los humores era caliente, frío, húmedo o seco; por ende los médicos recetaban medicinas frías para las enfermedades calientes y remedios secos contra las húmedas, todo esto basado en el famoso principio de que lo contrario cura lo opuesto.

La anatomía estaba empezando a estudiarse no sólo en los textos de Galeno y Avicena sino también en el cadáver, aunque en esos tiempos muy pocos médicos habían visto más de una disección en su vida (la autorización oficial para usar disecciones en enseñanza de la anatomía la hizo el Papa Sixto IV (1471-1484) y la confirmó Clemente VII (1513-1524)).
La fisiología del corazón y del aparato digestivo eran todavía galénicas, y la de la reproducción había olvidado las enseñanzas de Sorano. El diagnóstico se basaba sobre todo en la inspección de la orina, que según con los numerosos tratados y sistemas de uroscopia en existencia se interpretaba según las capas de sedimento que se distinguían en el recipiente, ya que cada una correspondía a una zona específica del cuerpo; también la inspección de la sangre y la del esputo eran importantes para reconocer la enfermedad. La toma del pulso había caído en desuso, o por lo menos ya no se practicaba con la acuciosidad con que lo recomendaba Galeno. El tratamiento se basaba en el principio de contraria contrariis y se reducía a cuatro medidas generales:
1) Sangría, realizada con la idea de eliminar el humor excesivo responsable de la discrasia o desequilibrio (plétora) o bien para derivarlo de un órgano a otro, según se practicara del mismo lado anatómico donde se localizaba la enfermedad o del lado opuesto, respectivamente.
2) Dieta, para evitar que a partir de los alimentos se siguiera produciendo el humor responsable de la discrasia. Desde los tiempos hipocráticos la dieta era uno de los medios terapéuticos principales, basada en dos principios: restricción alimentaria, frecuentemente absoluta, aun en casos en los que conducía rápidamente a desnutrición y a caquexia, y direcciones precisas y voluminosas para la preparación de los alimentos y bebidas permitidos, que al final eran tisanas, caldos, huevos y leche.
3) Purga, para facilitar la eliminación del exceso del humor causante de la enfermedad. Quizá ésta sea la medida terapéutica médica y popular más antigua de todas: identificada como eficiente desde el siglo XI a.C. en Egipto, todavía tenía vigencia a mediados del siglo XX. A veces los purgantes eran sustituidos por enemas.
4) Drogas de muy distintos tipos, obtenidas la mayoría de las diversas plantas, a las que se les atribuían distintas propiedades, muchas veces en forma correcta: digestivas, laxantes, diuréticas, diaforéticas, analgésicas, etc.
Al mismo tiempo que estas medidas terapéuticas también se usaban otras basadas en poderes sobrenaturales. Los exorcismos eran importantes en el manejo de trastornos mentales, epilepsia o impotencia; en estos casos el sacerdote sustituía al médico. La creencia en los poderes curativos de las reliquias era generalizada, y entonces como ahora se rezaba a santos especiales para el alivio de padecimientos específicos
Los médicos no practicaban la cirugía, que estaba en manos de los cirujanos y de los barberos. Los cirujanos no asistían a las universidades, no hablaban latín y eran considerados gente poco educada y de clase inferior. Muchos eran itinerantes, que iban de una ciudad a otra operando hernias, cálculos vesicales o cataratas, lo que requería experiencia y habilidad quirúrgica, o bien curando heridas superficiales, abriendo abscesos y tratando fracturas. Sus principales competidores eran los barberos, que además de cortar el cabello vendían ungüentos, sacaban dientes, aplicaban ventosas, ponían enemas y hacían flebotomías.
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La Eutanasia
Este trabajo fue realizado por Anibal Hernandez, Ynglada Fernando, Viglianco Pablo.
Etimológicamente, la palabra "eutanasia" se deriva del griego "eu", que significa "bueno", y "thanatos" que significa "muerte". Esto quiere decir principalmente buena muerte, muerte apacible, sin sufrimiento. Según la tradición cristiana, a la buena muerte se llega cuando se prepara espiritualmente al encuentro con Dios. Sólo dentro de la perspectiva cristiana de la redención, el sufrimiento alcanza su valor pleno. El dolor puede ser un instrumento de salvación, cuando es vivido cristianamente e iluminado por la Palabra de Dios.
La Declaración sobre la eutanasia del Vaticano nos enseña:
"...según la doctrina cristiana, el dolor, sobre todo el de los últimos momentos de la vida, asume un significado particular en el plan salvífico de Dios; en efecto, es una participación en la Pasión de Cristo y una unión con el sacrificio redentor que Él ha ofrecido en obediencia a la voluntad del Padre. No debe pues maravillar si algunos cristianos desean moderar el uso de los analgésicos, para aceptar voluntariamente al menos una parte de sus sufrimientos y asociarse así de modo consciente a los sufrimientos de Cristo crucificado (cf. Mateo 27:34)."
¿Por qué NO a la Eutanasia?

No le ponemos un nombre más "dulce", porque no lo tiene; que algunos se inventen sus propias historias y justificaciones al respecto -bien alejadas de la realidad, por cierto-, es otro cantar.
De acuerdo con el Santo Padre, "la eutanasia, aunque no esté motivada por el rechazo egoísta de hacerse cargo de la existencia del que sufre, debe considerarse como una falsa piedad, más aún, como una preocupante «perversión» de la misma.
En efecto, la verdadera «compasión» hace solidarios con el dolor de los demás, y no elimina a la persona cuyo sufrimiento no se puede soportar. El gesto de la eutanasia aparece aún más perverso si es realizado por quienes --como los familiares-- deberían asistir con paciencia y amor a su allegado, o por cuantos --como los médicos--, por su profesión específica, deberían cuidar al enfermo incluso en las condiciones terminales más penosas.
La opción de la eutanasia es más grave cuando se configura como un homicidio que otros practican en una persona que no la pidió de ningún modo y que nunca dio su consentimiento. Se llega además al colmo del arbitrio y de la injusticia cuando algunos, médicos o legisladores, se arrogan el poder de decidir sobre quién debe vivir o morir.
De este modo, la vida del más débil queda en manos del más fuerte; se pierde el sentido de la justicia en la sociedad y se mina en su misma raíz la confianza recíproca, fundamento de
toda relación auténtica entre las personas. El deseo que brota del corazón del hombre ante el supremo encuentro con el sufrimiento y la muerte, especialmente cuando siente la tentación de caer en la desesperación y casi de abatirse en ella, es sobre todo aspiración de compañía, de solidaridad y de apoyo en la prueba. Es petición de ayuda para seguir esperando, cuando todas las esperanzas humanas se desvanecen". (1)
Parece mentira que un médico y legislador perteneciente a la izquierda -presunta defensora de los derechos humanos- pueda presentar semejante proyecto, claramente contrario al principal derecho de todo hombre: el derecho a la vida. Sin embargo, es comprensible. Porque quien no tiene fe, quien ve la vida desde un punto de vista meramente utilitarista y al hombre
como un ser puramente material, obviamente se desespera ante el dolor y la muerte.
A todos nos consta que soportar estos trances, se torna con frecuencia más difícil para los que acompañan y rodean al enfermo, que para el enfermo mismo; entonces, seamos sinceros: ¿a quién se pretende ayudar legalizando la eutanasia?; ¿al enfermo, o a los que deciden su muerte? ¿Alguien se ha propuesto estudiar acaso, que consecuencias trae en una persona tomar conciencia de su responsabilidad en la muerte de un ser querido? ¿A los defensores de la eutanasia les importa?
Es interesante considerar lo que plantea la Conferencia Episcopal Española en un documento difundido el 19 de febrero de 1998, con motivo de una campaña realizada en aquel país para despenaliar la eutanasia:
"Hoy la eutanasia resulta de nuevo aceptable para algunos a causa del extendido individualismo y de la consiguiente mala comprensión de la libertad como una mera capacidad de decidir cualquier cosa con tal de que el individuo la juzgue necesaria o conveniente. "Mi vida es mía: nadie puede decirme lo que tengo que hacer con ella." "Tengo derecho a vivir, pero no se me puede obligar a vivir."
Afirmaciones como éstas son las que se repiten para justificar lo que se llama "el derecho a la muerte digna", eufemismo para decir, en realidad, el "derecho a matarse". Pero este modo de hablar denota un egocentrismo que resulta literalmente mortal y que pone en peligro la convivencia justa entre los hombres. Los individuos se erigen, de este modo, en falsos "dioses" dispuestos a decidir sobre su vida y sobre la de los demás.
Al mismo tiempo, la existencia humana tiende a ser concebida como una mera ocasión para "disfrutar". No son pocos los falsos profetas de la vida "indolora" que nos exhortan a no aguantar nada en absoluto y a que nos rebelemos contra el menor contratiempo. Según ellos, el sufrimiento, el aguante y el sacrificio, son cosas del pasado, antiguallas que la vida moderna habría superado ya totalmente. Una vida "de calidad" sería hoy una vida sin sufrimiento alguno.
Quien piense que queda todavía algún lugar para el dolor y el sacrificio, es tachado de "antiguo" y de cultivador de una moral para esclavos. No es extraño que desde actitudes hedonistas de este tipo, unidas al individualismo, se oigan supuestas justificaciones de la eutanasia como éstas: "yo decido cuándo mi vida no merece ya la pena" o "a nadie se le puede obligar a vivir una vida sin calidad". (2)
¿Merece vivir una persona anciana, que no puede valerse ya por si misma, después de haber dejado la vida en beneficio de la sociedad, y en muchas ocasiones, de aquellos que van a decidir sobre su muerte? ¿Vale la pena prestar asistencia a los minisválidos, en vista de que su productividad es menor, mínima o nula? ¿Qué hacemos si en el sanatorio faltan camas? ¿Lo ampliamos a un costo siempre alto, o le "damos salida" a los enfermos irrecuperables, sin
necesidad de invertir un peso?
Si el proyecto de ley fuera efectivamente presentado y tuviera receptividad entre gente de los demás partidos políticos, los minusválidos y los ancianos -los más débiles de la sociedad- quedarían con el tiempo a merced de médicos que se arrogan el derecho de decidir quien debe vivir y quien debe morir. Con todos los medios a su disposición para poner "a dormir" a quienes les plazca...
Veamos algunos datos de lo sucedido en otros países.
"En 1995, por ejemplo murieron en Holanda 19.600 personas de muerte causada ("sanitariamente") por acción u omisión. De estas personas sólo 5.700 sabían lo que estaba sucediendo. En el resto de los casos, los interesados no sabían que otros tomaban por ellos la decisión de que ya no tenían que seguir viviendo". (3)
Si estos datos son aterradores, no menos son dramáticos algunos casos particulares, como el de un médico cordobés que dio una dosis letal de cloroformo a su hijo enfermo de difteria, precisamente el día anterior al anuncio de Roux de su descubrimiento del suero antidiftérico (4). O el caso de María Belén, una bebé rosarina que en 1995 estuvo 40 días internada con un cuadro de encefalitis agudo.

Los médicos dijeron que no había nada que hacer, un neurólogo de Buenos Aires