El cuerpo, la vejez y sus estigmas.
Cardoso Trindade Pamela, Condori Delgado Leonora

Nuevas representaciones del cuerpo se originan con el transcurso de las décadas y los pensamientos nacientes renuevan los criterios del conocimiento de lo verdadero.
La sociedad tiene una comprensión indeterminada, con nociones superficiales de su cuerpo, haciendo que recurra a muchas referencias para fundamentar su conciencia física, para abastecer la constitución secreta interna del cuerpo.
En la busca de la cura que la medicina no pudo proporcionarle acude a prácticas que aun se consideran dudosas, de superstición, en donde descubre una filosofía de su cuerpo mucho más merecedora que la que le proporciona el saber biomédico.
La medicina moderna se basa en los saberes que le brindan los pensamientos biomédicos, pero de los cuales se comparten muy poco por parte de la corriente presente. Esto se debe a...
Entre las concepciones del cuerpo que rigen las explicaciones de los trastornos o de las enfermedades encontramos las creencias populares: que sostienen que un elemento mineral o vegetal puede ayudar a curar; el radiestesista que con el péndulo registra la energía que libera el cuerpo; el curandero que cristaliza fuerzas benéficas que alivian el mal; el manosanta; o el cura que transmite con las manos la energía que renueva la armonía del cuerpo; entre otros. Todos estos saberes disponen de un saber-hacer y utilizan la eficacia simbólica.
La sociedad en la que vivimos actualmente admite que el hombre sea libre en sus elecciones, transmitiendo estas deliberaciones en la manera en que los sujetos se representan al cuerpo. Pero cuando se posee una falta de la dimensión simbólica, el universo se vuelve vació y se anhela a nuevos idealismos, ejerciendo un proceso de re-simbolización. Es entonces cuando el hombre proyecta sobre su cuerpo un saber impreciso, confuso, de conocimientos abstractos a los que les otorga un cierto relieve y que se van modificando con las creencias triviales, vinculadas con las ondas, la energía, los astros, etcétera. Asismismo, se recurre a estas medicinas sin preocuparse por el hecho de que esten pasando de una visión del cuerpo a otra en total discontinuidad y sin preocuparse por las contradicciones o por la heterogeneidad del saber que toman prestado.
La búsqueda y elección de los diversos saberes que respecta al cuerpo y al hombre, se realiza de acuerdo a las convicciones personales y el ambiente socio-cultural q lo rodea. Conjuntamente, al no tener una teoría del cuerpo definida, pero si poseer la posibilidad de elegir entre varios saberes; se oscila entre uno y otro sin encontrar nunca el que le conviene totalmente. Convirtiéndolo en una comunidad perdida.
El envejecimiento y la representación social son dos elementos que reflejan la condición moderna del cuerpo. En estos tiempos la vejez es la etapa en la que se producen una serie de hechos que traen como consecuencia un desplazamiento social y la estigmatización del cuerpo envejecido. De este modo se opone al desarrollo y marca una gradual reducción del cuerpo, creando el camino para que el anciano se aleje del campo simbólico y valores centrales de la actualidad. En este continente gris se comienza a manifestar una precariedad, y fragilidad que fuerzan al anciano a que se vea reducido a su cuerpo, que lo abandona de a poco. Es entonces cuando se expone a las miradas ajenas y se incorpora a un patrón desfavorable. De esta manera el hombre de la modernidad lleva el peso de los años, siendo conciente del envejecimiento que con ellos acarrea. Piensa en las posibles perdidas (económicas-físicas- mentales), que pueden surgir debido al camino común.
La desvalorización de uno mismo surge por todos los cambios que no pueden ser evitados y que concluye en el decrecimiento del espacio vital, dando como resultado un organismo inactivo y casi infructuoso.
El anciano toma el papel social de “los otros”. Por eso se puede decir que el envejecimiento es una especie de expiración simbólica, un proceso indeseable, que se recorre con una lentitud que escapa al entendimiento. No tiene ningún contraste y la distancia parece larga e inagotable y la pesadez del tiempo se refleja de forma serena y moderada.
La imagen del cuerpo es la representación que se hace el sujeto del cuerpo. Existen cuatros ejes cuyos entrecruzamientos contribuyen la construcción de la imagen del cuerpo. La forma, un contenido, el saber y el valor, que conciernen a la persona que envejece y siguen por el camino del hombre durante su existencia. Estos varían con los sucesos de la vida y son puntos necesarios que le dan al hombre la sensación de una unidad, siendo influenciados por el contexto social, cultural, interpersonal y personal.
Ahora bien, la vejez esta afectada por un signo negativo, y es aquí en donde el sujeto hace notar la imagen que tiene de su cuerpo, y a su vez revive el sentimiento de un menosprecio personal. La vida también puede vivirse como una decadencia, con una sensación de disgusto condigo mismo. Esto depende de la trayectoria personal del anciano, de sus valores, del sentido que le atribuye a sus actos, de la calidad de la presencia del entorno.
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© Fernando Irigaray, Marcelo de la Torre, Jorge Yunes,
Diego Rolle y Carlos Rossano (2002-2005)
