Terapia Génica
La terapia génica es una técnica que pretende curar enfermedades hereditarias (que, en la mayoría de los casos, se deben a genes defectuosos) mediante la introducción de genes sanos. Es aplicable también al tratamiento de enfermedades actualmente incurables, como cánceres, determinadas patologías infecciosas (hepatitis, SIDA), cardiovasculares (hipercolesterolemia y aterosclerosis), enfermedades neurodegenerativas (enfermedades de Parkinson y de Alzheimer) o enfermedades crónicas (artritis reumatoide). Más de 5000 enfermedades humanas se han atribuido a factores genéticos.
Las técnicas usadas se basan en la adición del gen sano, que puede permanecer fuera del cromosoma 
(episoma) o insertarse al azar en el genoma. En este caso, los genes insertados no se suelen expresar eficazmente y, además, pueden dañar a algún gen esencial. El proceso denominado sustitución dirigida de genes puede solucionar este problema. Se trata de introducir cambios específicos en la secuencia de nucleótidos de un gen. Así, es posible estudiar la intervención de los genes en los procesos biológicos. Identificar los genes y las mutaciones responsables de ciertas enfermedades permitirá conseguir las mismas mutaciones en ratones, para estudiar el mecanismo molecular de esas enfermedades y diseñar las terapias más eficaces.
Terapia en células somáticas
Las terapias génicas pueden ser: somáticas (tratamiento de células no germinales), germinales (para evitar la transmisión de enfermedades genéticas.
Las enfermedades que reconocen un origen genético pueden ser cromosómicas, monogenéticas o poligenéticas.
Los casos registrados en que, utilizando terapia génica, los ensayos han sido exitosos, se refieren en general a enfermedades monogeneticas.
La primera terapia génica autorizada fue en 1990 en los Estados Unidos, tratando a una niña, Ashanti Silva, que sufría de inmunodeficiencia aguda (SCID, siglas en inglés). A causa de esta enfermedad se carece de respuesta inmune a las infecciones, por ausencia de un gen (ADA). La técnica consistió en extracción de leucocitos de la enferma, agregando el gen faltante, clonando las células y luego reinsertándolas con el gen incorporado en el torrente sanguíneo; la niña pudo desarrollar una vida normal.
Si bien hay aprobados más de 100 protocolos de diferentes terapias génicas, en general, solo se autorizan aquellos que justifiquen el riesgo de los tratamientos experimentales debido a los posibles efectos colaterales.
Muchos de los problemas colaterales que aparecen derivan del vector que transporta el gen que se inserta en las células. Por su capacidad de penetrar las células, los vectores utilizados son virus genéticamente modificados, de manera tal que su propio genoma no pueda expresarse, a los que se inserta el gen adecuado.
El virus con su ADN ampliado ingresa en la célula y pasa ser parte del genoma. Pero existe el riesgo de que el virus vuelva a activarse, infecte la célula, provoque inflamaciones o genere respuestas inmune agudas, como ha ocurrido en algunos ensayos clínicos que han obligado a reconsiderar ciertas autorizaciones. Este tema luego será ampliado al momento de exponer los riegos de la terapia génica.
Par superar estos problemas, los investigadores y las empresas biotecnológicas de medicamentos trabajan activamente con diferentes estrategias.
Terapias en células germinales
El aumento de los conocimientos que derivan del Proyecto Genoma Humano 
y de las investigaciones de terapias génicas en células somáticas plantea la posibilidad de erradicar, en un futuro, en forma definitiva problemas genéticos graves, mediante la modificación de células germinales. Desde el punto de vista científico y técnico, es posible que las terapias génicas de líneas germinales sobrepasen en facilidad y exactitud las terapias en células somáticas, pero la prohibición de manipulaciones genéticas en células germinales humanas es materia legislada en muchos países.
¿Es licito privar a las generaciones futuras de resistencia a enfermedades como el sida o cáncer? ¿Quién nos impone la prohibición de mejorar la vida de las personas?
Algunos sostienen que prohibir la investigación es cerrar las puertas a la posibilidad de un futuro mejor.
Los que proponen manipulación de células germinales asumen que una vez que un gen ha sido identificado es fácil y apropiado reemplazarlo o modificarlo. 
Sin embargo, las características biológicas dependen de interacciones entre muchos genes y lo que es más importante, la actividad de los genes depende de procesos que ocurren en el interior del organismo y en el entorno. Esto significa que no se puede predecir el efecto de las modificaciones.
Por otro lado, no hay definición de perfección biológica. Desde el punto de vista eugenésico, la doctrina del mejoramiento de la sociedad a través de la mejora genética de la especie puede ser sumamente peligrosa si se deja librada a los intereses del mercado de las empresas genéticas.
El resultado puede ser catastrófico, pues abre las puertas para pretender generar súper hombres según los estándares de grupos sociales económicamente privilegiados. Por otro parte las generaciones siguientes y, a diferencia de las terapias en células somáticas, van dirigidas a individuos potenciales que un no existen y no salvar la vida de un ser humano.
El impacto cultural de tratar a humanos como artefactos biológicos perfectibles es negativo, solo aumenta prejuicios ya existentes y viola los derechos de las generaciones futuras a poseer un código genético no alterado en forma intencional ya que no existe manera de modificar los cambios no exitosos en las líneas germinales al introducir por error un gen no deseado.
Terapia génica contra cáncer
Cuando falla el mecanismo que regula el desarrollo y funcionalidad de las células de todo el cuerpo se da pie a que algunas de éstas crezcan sin control alterando su estructura genética, siendo las más propensas a generar cáncer. A medida que las células dañadas crecen y se multiplican forman tumores, y si difusión no se detiene invadirán órganos adyacentes (proceso llamado metástasis) y se propagarán por todo el cuerpo.
Si bien el principal factor para el desarrollo de cáncer es el hereditario, habrá otros que también puede "abrirle las puertas" como la exposición a contaminantes químicos, luz solar y tabaquismo, entre otros, que alteran las estructuras genéticas naturales.
En México, desde 1998 el Instituto Nacional de Cancerología (INC) aplica
terapia génica para combatir cáncer aprovechando la doble funcionalidad del adenovirus en tumores de rápido crecimiento y diseminación (metástasis), o los que han mostrado resistencia a la quimio y radioterapias (administración de medicamentos o radiación —respectivamente— que tienen como fin eliminar células cancerosas); el responsable del programa es el oncólogo Andrés Gutiérrez López.
El empleo de esta técnica ha demostrado que además de que las células malignas ya no crecen, se vuelven más sensibles a la radiación y/o quimioterapia. Es importante dejar claro que la terapia génica es un método de elección cuando los tratamientos convencionales (cirugía, los ya mencionados o la combinación de éstos) no han brindado resultados satisfactorios.
Por otra parte, el INC es una de las tres instituciones en las que se cultiva adenovirus en el mundo (los otros son la Universidad de Alabama (Estados Unidos) y el Hospital Libre de Holanda).
En 2004 el Dr. Robert Souhami, director de Investigación de la Clínica Cancer Research UK (en el Reino Unido), señaló: “Todavía se deben investigar las mejores formas de insertar los genes terapéuticos en las células cancerígenas, pero esperamos en los próximos 10 años ver importantes adelantos en esta línea de investigación”.
Riesgos de la Terapia Génica
A medida que la ingeniería genética avanza surgen interrogantes sobre sus riesgos, tanto para la salud humana como para el funcionamiento de los ecosistemas. Por ello, existen reglamentaciones sobre las condiciones legales de utilización y diseminación de los organismos genéticamente modificados, en las que colaboran genetistas, bioéticos y juristas.

Es difícil estimar los riesgos y las consecuencias de la discrepancia entre el comportamiento efectivo del organismo genéticamente modificado y el comportamiento esperado.
La mayoría de los riesgos están relacionados con la producción y utilización de vectores para transmitir un gen extraño a una célula.
En cuanto a la producción de vectores, éstos suelen ser de origen vírico y, aunque se eligen atendiendo a su seguridad de empleo, es posible una recombinación genética entre el virus y las células de complementación, la cual puede originar partículas víricas replicativas capaces de infectar a otras células.
Respecto al uso terapéutico de vectores genéticamente modificados, cabe la posibilidad de que haya recombinación en el organismo humano. Si la célula blanco ya está infectada por un virus, una recombinación puede transformar el vector en virus infeccioso. Se eligen retrovirus que no tengan secuencias homólogas con los virus que infectan al hombre. Para evitar la diseminación de genes por virus, se limita el uso de vectores a determinados recintos.
Otro tipo de peligro se debe a la capacidad de los vectores retrovíricos de inducir la producción de tumores. Para evitarlo, se insertan en los vectores retrovíricos genes suicidas.
Pese a las precauciones los riesgos no se pueden eliminar totalmente. Habrá que idear procedimientos que garanticen la seguridad del enfermo y de su entorno. De este modo, podrá ser aceptada la terapia génica, con sus riesgos y con sus beneficios.
Otra clase de riesgos está relacionada con las modificaciones genéticamente de células germinales. Ya se han transformado células precursoras de espermatozoides en ratones; estas modificaciones se transmitirán a la descendencia. La tecnología abre diversas vías de investigación, como el estudio de la biología básica de la producción de espermatozoides, o el empleo de células precursoras de estos gametos en experimentos de ingeniería genética y terapia génica, ya que las alteraciones pasarían a las siguientes generaciones.
Las aplicaciones pueden ser beneficiosas, pero también problemáticas. Algunos expertos ya han señalado la diferencia que existe entre introducir genes nuevos para tratar una enfermedad y alterar el linaje de un individuo, lo cual puede crear graves desórdenes genéticos. Existe un debate sobre si los científicos deben, siquiera, intentar eliminar las enfermedades genéticas mediante terapias génicas de las células germinales.
Los peligros sobre los ecosistemas remiten a la posibilidad de diseminación del gen hacia otras especies y a las consecuencias de introducir organismos nuevos en un ecosistema, que siempre perturba los equilibrios ecológicos. Los movimientos ecologistas destacan que la propagación de un transgén por el ecosistema puede ir acompañada de efectos indeseables, como el caso del gen que codifica una toxina contra insectos parásitos de plantas, el cual puede favorecer el desarrollo de cepas de parásitos resistentes a esta toxina.
El peligro que supone manejar microorganismos manipulados genéticamente depende de su capacidad para sobrevivir e intercambiar material genético con comunidades de microorganismos autóctonos. Su impacto en el medio ambiente es difícil de predecir; algunas especies podrían desplazarse o desaparecer, y las funciones y la estructura de las comunidades microbianas podría cambiar, alterando el funcionamiento del ecosistema.
Por otro lado los críticos suelen señalar que hasta ahora nadie se ha curado con la terapia génica. Indudablemente, la terapia génica ha estimulado la función del sistema inmunitario en pacientes con deficiencia de ADA y ha reducido los niveles de colesterol en pacientes con hipercolesterolemia familiar. Sin embargo, estos paciente continuaron recibiendo otro tratamiento. Tampoco está muy claro en este momento que la terapia génica llegue a proporcionar alguna vez un tratamiento o una curación segura a un costo razonable.
A pesar de estas reservas, la investigación en terapias génicas está aportando nuevas intuiciones de importancia biológica fundamental. Al igual que en otros muchos caminos de la investigación médica, el potencial de la investigación en terapia génica es considerable, y el progreso actual sugiere claramente que puede ser un tratamiento eficaz para algunas enfermedades.
A causa del insuficiente conocimiento de los efectos de la ingeniería genética, la legislación actual debería ser restrictiva y hacerse más permisiva a medida que avanzasen los conocimientos sobre el tema.
INTEGRANTES: Malegarie, Victoria; Molina,Clara; Percivalle, Georgina

Comentarios
Es un tema de actualidad de suma importancia en el ámbito de la medicina, por eso lo elegí para realizar el comentario. El texto aporta gran cantidad de información de manera clara, concisa y entendible para el que desee leerlo. Esta información, hay que tenerla muy encuenta sobre todo los alumnos de primer año ya que los avances se dan de manera rápida de modo que cuando estemos en cursos superiores estos temas serán tratados con mayor frecuencia. No les sugiero ninguna página web ya que la información es muy completa e interesante, presentando los pro y contra que trae esta terapia.-
Publicado por: Clavero Rubio, Alejandro 1AT | Octubre 26, 2005 6:07 PM
teneis malfario ke no poneis na claro
Publicado por: paco | Septiembre 25, 2007 7:37 PM
Mi consulta es si con una terapia genetica su puede tratar el sindrome weber cockayne (epidermolisis ampollar)?
Que otro tipo de tratamientos se puede utilizar?
Publicado por: Georgina | Julio 5, 2008 1:58 PM
Les escribo desde Córdoba Argentina, desde el 12 de Febrero de éste año mi nenita está en tratamiento oncológico por un tumor neuroectodérmico. Estámos desesperados porque tuvo na recaída éssta semana y no sabemos como va a reaccionar. Desearía se comuniquen conmigo a la brevedad. Muchas gracias.
Mi tel es 03492-15668299 o a mi drección de mail.
Publicado por: Diego Macello | Agosto 22, 2008 11:30 AM