La muerte: el mero nombre del silencioso final de una llama

La muerte es para nosotros, pues, nada: el mero nombre
Del silencioso final de una llama.
No nos lastima, porque no queda nada
Que lastimar: y como hace tiempo, cuando vino Cartago
A la batalla, y ni nosotros ni ellos sentimos nada,
Ni nos abatimos por ver ciudades y granjas y establos
Volar hechos polvo, y nuestros campos deshabitados
Pisoteados por las hordas de Aníbal,
Sino que seguimos adormecidos, y no nos importó,
Sordos a la excitación y el tumulto, aunque el destino
De las cosas era dudoso, sobre qué amos recaería
El gobierno de todos (menos nosotros, que no oíamos)
Así que, cuando ese matrimonio de la carne y la mente
Que nos hace lo que somos deje de unirlos,
Y la mente y la carne, ya no siendo más mente y carne,
Deshechas en polvo vuelen silbando con el viento,
Así como fue nuestro pasado será nuestro futuro.
Otros pueden sobresaltarse y temblar, pero no nosotros,
Aunque el cielo se oscurezca con el polvo de la tierra
O se ahogue toda la tierra bajo el mar.

La muerte en los lugares del mundo
En Occidente, se puede decir que si no se habla de la muerte es por una especie de pudor. Se la acostumbra a identificar con algo ligado a la religión, independientemente de lo que representa por ella misma como acontecimiento irrefutable de la vida.
Las culturas africanas, por ejemplo, dan mucha importancia a la persona que se encuentra en un proceso hacia su fin terrenal. Algunas de estas culturas hasta consideran como un honor poder acompañar al moribundo, y es una especie de mérito poder tenerlo en brazos como si fuese un recién nacido. Es, para ellos, un signo que representa poder hacer el último camino de la vida juntos.
Los egipcios tenían la idea de vivir eternamente, y querían que sus cuerpos vivieran para siempre. Creían que eso era muy halagüeño, así que envolvían sus cuerpos y los momificaban.
El mundo occidental emplea mucho tiempo en educar para ser ciudadanos inmortales, cultural e intelectualmente, y "prepara" para poder llegar a un Olimpo mágico donde no hay nada más importante que el triunfo, y a llevar hacia la fantasía de hacer creer que los dioses no mueren. Por eso, se debe ser siempre joven, y se debe disimular todo lo que no sea muestra de una vitalidad extraordinaria y hacer ver que los años no pasan. También vale la pena engañar al ciudadano haciéndole creer que cuanto más trabaje, corra y llegue al "estrés" será mejor considerado socialmente. Es una lástima que no se llegue a entender que no vale la pena luchar y vivir de una manera desbocada si después hay al fin y al cabo la muerte, que se lleva todos los sueños y los afanes de poder.
Más allá de la muerte: cielo e infierno
La resistencia del hombre a aceptar la muerte como fin de la vida aparece en el tema universal del mundo que hay mas allá de la muerte. En muchas tradiciones, este otro mundo está en algún lugar de la Tierra a menudo en el Oeste (el Edén es una excepción) y separado por el agua del mundo conocido, como el Avalan celta, las Islas de bienaventurados griegas y los Cotos de caza Felices de los indios norteamericanos. En otras está bajo tierra, como los reinos de Tumbucaka (Malawi). Por último, en otras está en el Firmamento, como el cielo judeocristianos y los paraísos hindú y budista.
Algunos reinos admiten a todos los muertos sin tener en cuenta sus méritos; Otros limitan su entrada a quienes se la han ganado. El Hades griego, por ejemplo, acepta las almas de todos aquellos a quienes el barquero Caronte ayuda a cruzar la laguna Estigia, a condición de que paguen el óbolo correspondiente en cambio, en las tradiciones judeocristianas, el alma es destinada al cielo o al infierno según el juicio divino sobre la vida terrenal de la persona; y en los mitos egipcios Anubis pesa el corazón de los muertos. Pero el mérito no siempre se mide en términos morales, y el "cielo" a menudo refleja las injusticias de la tierra. En las Islas Sotavento, solo los aristócratas van al Rohutu "Dulcemente perfumado"; el pueblo llano va al Rohutu "maloliente". Los palacios del Sol sólo se abrían para los Incas y los nobles de Perú. Y al Walhalla nórdico iban los guerreros valientes. Incluso el paraíso cristiano no siempre se alcanza con una vida pura: El teólogo suizo Calvino (1509-64) sostenía que la salvación dependía de la arbitrariedad divina. Generalmente "los cielos" se representan como llenos de delicias terrenales, lugares de juventud eterna liberada de la necesidad.
Aceptar la muerte como parte de la naturaleza
Quizá podría empezar a sentirse un poco menos dolorosa. No es que no deberíamos guardar luto por nuestros muertos; pero es verdad que todos los que lean este artículo tratarían de hacer que sus muertes fueran lo menos traumáticas posibles para los que quedan, y para ellos mismos. El miedo a la muerte es un instinto natural, y sufrimiento de saber que alguien que amamos no estará nunca más con nosotros es una consecuencia lógica de ese amor. No nublemos estos instintos con miedos ulteriores sobre una vida futura, pero sobre todo, aceptemos la idea de que nuestra personalidad es temporal, y que eso es lo que nos hace personas: el disfrute y la participación en el ciclo de la naturaleza.
La muerte y La ciencia
La muerte, dice la ciencia, es el cese de los procesos físicos que mantienen la vida en funcionamiento. Un proceso, no un evento. Y con bordes difusos, además; porque no es que todas nuestras células, toda nuestra sangre y todos nuestros neurotransmisores se detengan al mismo tiempo. Hemos tenido que inventar medios para medir qué tan muertos estamos, usando una definición legal de la muerte. El "momento de la muerte" que proponen las religiones, el instante en que el alma abandona el cuerpo, cuando uno deja de ser una persona, es una expresión metafísica sin sentido. Confrontados con esta realidad, los religionistas aseguran que este momento realmente existe, que ocurre en algún tiempo determinado..., sólo Dios sabe cuándo.
¿Que es la vida?
La ciencia dice que la vida es una organización compleja de la materia en organismos con tales y tales características que usualmente los hacen fáciles de distinguir de la materia "inanimada". ¿Qué es "sagrado"? La ciencia no tiene idea, y de hecho la mayoría de nosotros tampoco: sabemos que algo es sagrado sólo cuando alguna figura religiosa nos lo dice. ¿Qué es "concepción"? La ciencia no tiene nada que decir sobre ello, porque ahora sabemos la fusión del espermatozoide y el óvulo no difiere esencialmente de muchos otros procesos celulares. Podríamos definir la concepción como el momento en que todos los cromosomas de los cigotos se emparejan para formar el filamento helicoidal doble de ADN que codificará las proteínas del ser adulto. La religión dice que entonces es cuando el alma entra en la persona, lo cual nos pasa a la siguiente pregunta: ¿qué es una persona? Y así sucesivamente. La vida, según aprendemos de esto, sólo se puede definir axiomáticamente, dogmáticamente, ya que la vida es sólo un arreglo particularmente complejo de partículas y no podemos, honestamente, trazar una línea que la separe de otros tipos de arreglos.

Comentarios
PORKE UNA PERSONA TODOS LOMALO KE TIENE LOGUALDA Y ABLA LOS DE OTRA PERSONA FINJIENO SER BUENO Y EL OTRO ES EL MALO
Publicado por: IRLIS M JEREZ | Junio 23, 2008 3:55 PM