Los desafíos del terrorismo
Artículo leído y trabajado en la clase pasada.
El atentado a las Torres Gemelas en la ciudad de Nueva York, el 11 de setiembre de 2001, fue un hecho sin precedentes que golpeó la conciencia mundial e inició una serie de atentados que se han sucedido hasta la actualidad (en Madrid en 2004 y en Londres en 2005). Al Qaeda, organización fundamentalista islámica dirigida por Bin Laden, se adjudica la autoría.
Luego del atentado a las Torres Gemelas, Giovanna Borradori, profesora de filosofía en Nueva York, realizó extensas entrevistas con similares preguntas, a dos de los filósofos contemporáneos más importantes: Jürgen Habermas y Jacques Derrida.
Ambos habían sido invitados a dar una serie de conferencias en Nueva York, en las semanas siguientes al atentado. Las entrevistas fueron publicadas en “La filosofa en una época de terror. Diálogos con Jürgen Habermas y Jacques Derrida” cuyo hilo conductor es someter a un análisis filosófico las preguntas más urgentes a propósito del terror y del terrorismo. En el "Prefacio" del libro, Borradori dice: "A pesar de las marcadas diferencias que hay entre sus respectivos enfoques, ambos pensadores sostienen que el de "terrorismo" es un concepto difícil de precisar, lo cual expone a la arena política global a peligros inminentes y a desafios futuros.
No es claro, por ejemplo, sobre qué bases puede reclamar el terrorismo un contenido político y separarse de este modo de la actividad criminal ordinaria. Es una cuestión aún no resuelta también si puede haber un terrorismo de Estado, si el terrorismo se puede distinguir de manera nítida de la guerra, y finalmente si un Estado, o una coalición de Estados puede declarar la guerra a algo distinto de una entidad política.
[...] Como el tipo de terrorismo que introdujo el 9/11 no parece tener objetivos políticamente realistas, Habermas descalifica su contenido político. Basado en ello, se alarma un poco ante la decisión de declararle la guerra al terrorismo, lo cual le otorga a éste una legitimación política. También le preocupa la potencial pérdida de legitimidad por parte de los gobiernos democráticos liberales, a quienes ve como sistemáticamente expuestos al riesgo de reaccionar exageradamente contra un enemigo desconocido. Éste es un riesgo grave tanto en el plano doméstico, en donde la militarización de la vida cotidiana podría minar el funcionamiento del Estado constitucional y restringir las posibilidades de participación democrática, como en el internacional, en donde el uso de recursos militares puede resultar desproporcionado o poco efectivo.
Derrida sostiene que la reconstrucción de la noción de terrorismo es el único curso de acción políticamente responsable, pues el uso público que se hace de esta noción contribuye de manera perversa a la causa terrorista. Dicha reconstrucción consiste en mostrar que los conjuntos de distinciones dentro de los cuales comprendemos el significado del término terrorismo están llenos de problemas. En su opinión, no es solo el hecho de que la guerra entraña la intimidación de la población civil, y por consiguiente elementos de terrorismo, sino también que no se puede trazar ninguna separación rigurosa entre diferentes tipos de terrorismo, tales como el nacional y el internacional o el local y el global. [...]
Además, Derrida nos exhorta a estar atentos a las relaciones entre el terrorismo y el sistema globalizado de comunicación. Es un hecho que, a partir de los atentados del 9/11, los medios han estado bombardeando al mundo con imágenes e historias acerca del terrorismo. Derrida sostiene que esto exige una reflexión crítica. Es común que mediante la repetición de los recuerdos traumáticos, las víctimas traten de darse a sí mismas la seguridad de que pueden aguantar el impacto de lo que aún pueda ocurrir. Desde el 9/11 todos nos hemos visto forzados a darnos esta seguridad, con el resultado de que el terror aparece menos como un evento pasado que como una posibilidad futura. Derrida se muestra incluso sorprendido por la forma tan ingenua como los medios de comunicación contribuyeron a multiplicar la fuerza de esta traumática experiencia. Pero, al mismo tiempo, también se desconcierta al constatar cuán real es la amenaza de que el terrorismo explote las redes tecnológicas y de información. A pesar de rodo el horror que presenciamos (...) es muy factible que un día veamos al 9/11 como el último ejemplo de vínculo entre terror y terrirorio, como la última erupción de un arcaico teatro de violencia destinado a golpear la imaginación. Pues los atentados futuros (como sería el caso con armas químicas y biológicas, o simplemente mediante desordenamientos masivos de la comunicación digital) pueden ser silenciosos, invisibles y, a la larga, inimaginables. Frente a estos peligros devastadores, tanto Habermas como Derrida llaman a dar una respuesta planetaria que implique la transición del Derecho Internacional clásico, aún anclado en el modelo decimonónico del Estado-nación, hacia un nuevo orden cosmopolita (cosmo-político) en el cual las instituciones multilaterales y las alianzas continentales lleguen a ser los actores políticos principales.
En el ámbito de lo práctico, esta transición puede requerir la creación de nuevas instituciones. Pero es indudable que el primer paso es fortalecer las instituciones actuales, poner en obra su alcance diplomático y respetar sus deliberaciones. En el ámbito de lo teórico, el otorgamienio de poder a los actores internacionales exige una reevaluación crítica del significado de la soberanía. Con respecto a esto, tanto Habermas como Derrida afirman el valor de los ideales de ciudadanía mundial y derecho cosmopolita, propios de la Ilustración."
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Entrevista de Giovanna Borradori con Jacques Derrida el 22 de octubre de 2001 en New York