Ciudad sin bordes, múltiples miradas...

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Las operaciones de distinción que hace Lash para adentrarnos en el nuevo orden de la información son claras y contundentes. Declara que el orden de la producción ha sido sustituido por el de la información, y que éste está caracterizado por la compresión, la rapidez y la discontinuidad. Correlativamente estaríamos pasando de una narrativa y una pedagogía a la performatividad de la información y la comunicación pública que hacen menos identificables las bases materiales del sistema de control y poder, el cual se torna cada vez menos disciplinario y más nomádico y vivencial, como diría Foucault.

Lo novedoso en Lash es que, en lo que en la mayoría de los tecnófobos, la licuacion de lo real es vivida como catástrofe y como deshumanización. Pero para él no se trata sino de oportunidades de invención de un desorden creativo y de desorganizaciones emancipatorias por una vía pretradicional. De una ciudad sin bordes.

Información y sentido, ¿dos caras de una misma moneda?

Sobre la sociedad de la información y del conocimiento se dicen actualmente tantas trivialidades que conviene escaparles como a la peste. Salvo en manos de un puñado de autores no muy frecuentados (como Bruno Latour o Pierre Levy), las teorías que tenemos acerca de la sociedad compleja, la gobernabilidad en el universo digital, la interacción entre objetos y sujetos, el futuro de la política y en general el destino de la modernidad, son en general de una vulgaridad sin fin.

Entre las cosas que mas falta nos hacen y que están inequívocamente ausentes, en los intentos de revivir la teoría critica tradicional y la reflexión política y social sobre el mundo contemporáneo es un estudio serio de la economía del campo inmaterial de la información y de la cultura.

Porque aunque no nos guste, toda política o representación de la convivencia de la vida social contemporánea pasa necesariamente por la comunicación y las mediaciones que gobiernan con el paso de lo nacional a lo global, de la lógica de la manufactura a la lógica de la circulación de sujetos, mercancías y capitales y el desplazamiento de la lógica de lo social por la lógica de la cultura.

Para Lash, las clases sociales, las identidades individuales y colectivas, y los proyectos de vida dependen cada vez más, no tanto de la localización en el sistema de producción, como de la circulación y acceso a los bienes simbólicos, gracias a lo que el capitalismo de la desorganización marca como condiciones del nuevo agenciamiento.

Según Lash estamos viviendo en una segunda era de los medios (la primero que ya caducó estaba hegemonizado por el discurso público y el modelo de representación periodística típico de la modernidad), en la cual los medios se constituyen en una nueva naturaleza
En esta nueva cultura mediática, el poder depende no tanto de la propiedad de los medios de producción como del control de los bienes simbólicos y el capital intelectual, que excluye y territorializa los dispositivos de control a partir de los sistemas de información y conocimiento. Constatación ésta de Lash que pone en juego la llamada crisis de la representación.




Hipercomplejidad y opacidad

Los dos términos claves que caracterizan la postura de Lash son hipercomplejidad y opacidad. La hipercomplejidad alude a la densidad cada vez mayor de variables y de causalidades interrelacionadas que imposibilitan las lecturas tan imponentes y definitivas a las que nos tenia acostumbrados la modernidad. La opacidad hace referencia no tanto a la inaccesibilidad del fundamento de lo social, sino a nuestra incapacidad de darnos cuenta que los mecanismos de agenciamiento y determinación están a la vista de todos, pero claro mucho mas encubiertos que nunca, por cuanto nadie cree que estén allí, que sean esos, que se los pueda ver y denunciar y hasta intervenir y modificar.

La proliferación de mensajes y de contactos, la facilitación de los encuentros y las intermediaciones, la instantaneidad de la (in)-comunicación y la desinformacion por sobreinformación son absolutamente invisibles para la teoría tradicional.

Cultura de la información: el puente entre la teoría de los medios y la teoría del software

La historia cultural es como un río que no puede cambiar su curso de repente, pero este río es turbulento y la superficie se agita demasiado para poder ver con claridad qué corrientes empujan desde el fondo. Y esto Manovich lo sabe y lo deja claro desde el principio.

La identidad de la construcción de narrativas digitales, los paralelismos entre la historia del cine y los nuevos medios, las relaciones entre el lenguaje multimedia y las formas culturales precinematográficas del siglo XIX, los lazos entre los nuevos medios y el cine de vanguardia, la programación y el software como metáfora.

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Los sitios web, los mundos virtuales, la realidad virtual, los videojuegos, el multimedia, la telepresencia, las instalaciones interactivas, la animación, las interfaces hombre-maquina. Los efectos de la informatización de los lenguajes, las posibilidades estéticas emergentes.

A partir de una interpretación sobre el libro de Manovich, es posible decir que lo que el autor busca es que su teoría de los nuevos medios no sólo colabore con la comprensión del presente sino también que funcione como coordenadas para la experimentación práctica. Para el autor, los nuevos medios requieren una nueva etapa en la teoría de los medios, partiendo de los estudios de Harold Innis en la década del cincuenta y de Marshall McLuhan en los sesenta.

Internet es la Imprenta del Siglo XXI y en esa línea trabaja Manovich, buscando la especificidad de la revolución de los nuevos medios, de sus impactos socioculturales. Porque Manovich lo aclara desde el principio: si la imprenta en el siglo XIV y la fotografía en el siglo XIX, por tomar dos casos paradigmáticos, afectaron a campos bien concretos de las formas culturales –aunque claro está con efectos muchísimos más amplios- lo que ocurre con los nuevos medios informáticos es que afecta a todas las fases de la comunicación y abarca directa y explícitamente todos los registros de ese universo.

La interfaz y los nuevos medios de comunicación

La perspectiva semiótica dirá que la interfaz actúa como un código que transporta mensajes culturales en soportes diversos. Aquí es donde el autor vuelve sobre una de las discusiones que tanto ha ocupado a teóricos y profesores de la comunicación. Mientras increíblemente la neutralidad del código es para algunos menos una imposibilidad que un propósito fatuo, Manovich le escapa a esa ingenuidad y lo dice con claridad: “un código puede también suministrar su propio modelo de mundo, su sistema lógico e ideología, y los mensajes culturales o los lenguajes enteros que se creen posteriormente en ese código se verán limitados por ese modelo, sistema o ideología que lo acompaña”.

Dicho esto, las cosas se pueden pensar mejor, de manera más realista, porque se trata de entender cómo es ese proceso y no sólo si efectivamente ocurre, en el que la interfaz modela los modos en que el usuario concibe la computadora. Este punto es clave para la tesis de Manovich sobre la base de datos como forma cultural emergente, porque si estamos de acuerdo con lo anterior sabremos también que la interfaz influye el modo en que el usuario piensa los objetos mediáticos a los que accede.

Uno de las características que más resalta del libro de Manovich es que el autor elabora todo tipo de paralelismos entre los nuevos medios y aquellos que los precedieron. El cine es la elección preferida al momento de demostrar que muchas de las propiedades mediáticas que logramos ver con los nuevos medios ya estaban presentes en otros anteriores.

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Así, por ejemplo, reunidos en la computadora, la interfaz de usuario, el cine y la palabra impresa tiene para Manovich más en común de lo que estamos dispuestos a aceptar cuando sólo intentamos ver lo nuevo, lo nuevo y lo nuevo. La palabra impresa como metalenguaje y la forma cinematográfica como estrategia de acceso y de percepción se ha convertido en el modo de trabajar y de vivir de millones de personas en la era digital, donde en realidad la cámara no se mueve: “es la arquitectura del mundo la que esta en movimiento constante, pues cada cilindro esta girando a su propia velocidad. Como consecuencia se funden el mundo y nuestra percepción de él”.Acá lo importante es entender que el lenguaje de las interfaces culturales se encuentra en su fase inicial, tal como estaba el cine hace cien años.

Manovich trabaja en “El lenguaje de los nuevos medios de comunicación” las representaciones numéricas y el código digital, las formas y la manipulación algorítmica; la estructura fractal de los nuevos medios; el concepto de interactividad como tautología. La crisis de lo público y lo privado y las tecnologías informáticas como tecnologías para externalizar y objetivas las operaciones mentales.

También la dicotomía de la interfaz para pensar las diferencias entre el diseño y el arte de los nuevos medios en relación con el contenido. La especialización y la jerarquía espacial sobre la temporal en las operaciones digitales. La pantalla como concepto omnicomprensivo que abarca incluso el funcionamiento de la representación no visual.

La tradición de la simulación y la proyección de la automatización. El diseño del software como reflejo de una lógica social, una ideología y una imagen de la sociedad contemporánea. La metáfora del plugin y la selección y el discernimiento como creación; la maleabilidad y la variabilidad de los nuevos medios; la cultura digital como el final del montaje en tanto estética dominante y la aun insistente secuenciación de tipo lingüístico de los nuevos medios.

Para Manovich, como los nuevos medios se crean, se distribuyen, se guardan y se archivan en ordenadores, cabe esperar que sea la lógica de las computadoras la que influya significativamente en la tradicional lógica cultural de los nuevos medios. Según Manovich la capa informática afectará a la capa cultural de formas mucho más significativa de lo que pudimos ver hasta ahora.

"La experiencia indica que el hombre, cada vez que desarrolla una nueva tecnología
(o máquina) que reemplazaría, competiría, o complementaría una labor o tarea que el hombre ya venía desarrollando por miedos, temores, o desconocimiento de las implicancias que esa nueva tecnología traería aparejada para él, produce en una primera fase o etapa (la del conocimiento cabal de esa estructura), un rechazo instintivo por “lo nuevo”, una reacción natural y/o normal en todo ser humano ante lo desconocido, sin saber qué se está manifestando, podría ser beneficioso o perjudicial para él mismo. Además, cuanto más avanzada es la edad de la persona, más fuerte es el sentido de “entumecimiento de la conciencia humana” o el “rechazo hacia lo novedoso”, es lo que se manifiesta en la actualidad con las nuevas tecnologías informáticas (PC, scanner, software, hardware, etc.). En este ámbito se percibe que los más jóvenes son los que poseen la “mente” o la “conciencia” abierta y absorben sin mayores temores los nuevos conocimientos", afirma Mc Luhan.

A partir de lo dicho por el autor podemos analizar la vida cotidiana de todo joven. Por las mañanas es la radio. Unas horas antes, una rápida visita a internet. A la hora de la comida es la televisión, y después nuevamente la web. Entrada la noche otra vez la televisión y al llegar la madrugada, de regreso a la red.

Es la forma en que los jóvenes latinoamericanos, de entre 12 y 20 años, digieren los medios de comunicación. Estos hábitos reflejan que la interacción con prácticamente todos los medios (televisión, radio, prensa y, sobre todo, internet) va en crecimiento.

Pero sin duda, de todos estos medios, la red se está convirtiendo en el medio favorito del segmento juvenil. Lo que pasa es que con internet se pueden reemplazar todos los medios tradicionales, con él se puede leer periódicos, revistas para jóvenes o sintonizar la radio que se quiera aunque la emisora no llegue al lugar en donde uno vive.


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