Los humanos ya no están solos
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Como dice Bruno Latour en “La Esperanza de Pandora”: “los humanos ya no están solos”, no tiene ningún sentido (al menos para mí) seguir subestimando las nuevas tecnologías, tratarlas como simples objetos, técnicas, herramientas. Ellas son con nosotros y nosotros somos con ellas. Y con respecto a esto mismo Latour nos dice: “Ahora ya comprendemos que las técnicas no existen como tales técnicas, que no hay nada que podamos definir filosófica o sociológicamente como objeto, artefacto u obra de tecnología.”
Y me pregunto ¿Qué no se puede hacer con las nuevas tecnologías? Es una pregunta que recurrentemente viene a mi cabeza. Hay que verlas con sus potencialidades y cómo potencian nuestra potencia. Hay que comprender que de nuestra relación con las mismas se crea una nueva realidad, un nuevo sentido, son creadoras de sentido, somos una cosa sin ellas y somos otra cosa con ellas, y lo importante es lo que surge de esta combinación que es una nueva posibilidad antes impensada para un humano solo.
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Como sabiamente propone Bruno Latour: “El propósito de todos estos cambios no consiste en extender la subjetividad a las cosas ni en tratar a los humanos como objetos ni aún en confundir a las máquinas con los agentes sociales, sino en evitar por completo el uso de la distinción entre el sujeto y el objeto con el fin de poder hablar del pliegue que implica mutuamente a humanos y no humanos”.
Los viejos medios han evolucionado con las nuevas tecnologías. Es un error pensar que han desaparecido los viejos medios por la apropiación que hemos hecho de, por ejemplo, Internet. Por el contrario, digo y considero que han evolucionado, porque Internet abre una gama de posibilidades que antes eran impensadas. Permite que escuchemos radio en vivo, leamos los diarios actualizados, miremos programas de televisión, las noticias, películas, escuchemos y bajemos nuestra música, publiquemos y recibamos avisos publicitarios, compremos cualquier producto que necesitemos como así también poner a la venta, y algo que a mí me parece extraordinario, que en el caso de los diarios, radios y libros, más que nada, podamos ser participantes activos.
Aquí debo remontarme al concepto de hipertexto de G. Landow, el teórico lo define como “un texto compuesto de bloques de palabras (o de imágenes) electrónicamente unidos en múltiples trayectos, cadenas o recorridos en una textualidad abierta, eternamente inacabada.” Los bloques de información se denominan nodos o lexias y los enlaces, nexos. Entonces, me remonto por la posibilidad que aparece de que un texto tenga relación con otros textos, que se termine con la linealidad, y no haya más pasividad del lector, y sobretodo porque se ha reconfigurado la idea de autor, lector, escritor. Claro que Landow sigue a Barthes en el sentido de que fue él quien planteó la idea de que el que escribe lee y el que lee escribe en “La muerte del autor”; y gracias a Internet además, se ha producido el famoso feed-back instantáneo, en algunos casos, entre el autor y el lector.
Es increíble todo lo que se puede generar y lograr cuando uno se permite salir de los cánones literarios, por ejemplo, y abrirse a las nuevas posibilidades que brindan las nuevas tecnologías, tal es el caso de Juan Pablo Meneses, un periodista que se lanzó a buscar crónicas con una laptot, su cámara digital y su imaginación, y es así cómo han surgido nuevos géneros. Teniendo presente este caso de Meneses al menos, podemos presentar este nuevo: crónicas + Internet = periodismo portátil.
Cómo escuché decir alguna vez a un profesor de la facultad, ¿cuál es la novedad que presentan los periódicos digitales? Sin duda la novedad es que uno se encuentra habilitado para dejar comentarios, esto quiere decir que se resignifica constantemente y el lector se vuelve un co-autor.
Ahora… ¿podemos saber qué es lo último? ¿Cuál es la novedad? ¿Qué es lo mejor? ¿Lo realmente innovador? ¿Si las posibilidades que se han abierto son infinitas? Es algo que aún no me puedo responder del todo aunque tampoco creo que sea lo más importante. Coincido con que siempre hay algo más para descubrir, para crear, para innovar con un simple copy-paste, y esto trajo aparejado la reconfiguración del concepto de autor y de derecho de autor. Y vuelvo a retomar a Barthes quien ya en su texto “La muerte del autor” decía que todo lo que se escribía en un texto ya existía de antemano, sólo que había que encontrarlo y reelaborarlo para poder constituir un texto nuevo, creo que no es ni más ni menos que lo que sucede hoy en idea, y lo bueno es que todos podemos volvernos grandes creadores poniendo en funcionamiento las neuronas de la creatividad y apostando a la dedicación, es decir, poniéndonos en marcha dejando de criticar lo que no conocemos, terminando de añorar tiempos anteriores a los de la sociedad post-industrial y aceptando que este es el tiempo en que reinan las tecnologías de la información/comunicación.
