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Formas de vida en-red-adas

“¿Qué pasa cuando las formas de vida se convierten en tecnológicas? En las formas tecnológicas de vida comprendemos el mundo por medio de sistemas tecnológicos. Como creadores de sentido, actuamos menos como cyborgs y más como interfaces de humanos y máquinas: conjunciones de sistemas orgánicos y tecnológicos”

Scott Lash

En esta segunda etapa del posteo permanente me gustaría compartir con Uds. la sucesión de pensamientos que se arremolinaron en mi mente a partir de las lecturas de los autores propuestos por la cátedra.
Nunca antes me había puesto a pensar en la particular relación que se establece entre una persona y un artefacto tecnológico en los términos en que lo hacen Lash, en la frase citada anteriormente, y Latour, en el cap. 6 de su libro: La esperanza de Pandora, en el cual refiere que convivimos Humanos y No-Humanos dentro de un mismo pliegue. Según este autor, cada uno de nosotros, al utilizar un medio tecnológico, se convierte junto con ese medio en un nuevo actante que adquiere características particulares, distintas a las del sujeto y el objeto que entran en contacto. Esa nueva entidad es una especie de fusión que responde a determinadas demandas del medio ambiente.
En realidad, debo reconocer que en un principio, estos textos me resultaron un poco chocantes, porque me cuesta mucho “amigarme” con la tecnología, pero luego, haciendo un poco de memoria, me pareció que estos nuevos conceptos, que ya forman parte de mi lexicón mental, son los mejores con los que me he encontrado a lo largo de la carrera para definir la relación que se establece entre un ser humano y un medio tecnológico.
Considero éste un “buen encuentro” (en términos de Spinoza) entre mi “yo” y la tecnología que tanto me abruma, y entonces, me permito reflexionar acerca del “por qué”. ¿El “por qué” de “qué”?, dirán Uds. El “por qué” de mi negación hacia estas nuevas formas de relacionarme que me permiten los avances tecnológicos.
Las respuestas pueden ser varias. En primer lugar, todo aquello que se presenta como algo nuevo siempre genera un poco de miedo, y en consecuencia, de rechazo. Pero en realidad, creo que el factor determinante de mi actitud ha sido el verme siempre en desventaja con respecto a la mayoría de mis compañeros. Esta desventaja radica en el hecho de que no poseo una computadora personal, por lo que siempre me veo obligada a recurrir a un ciber, o en su defecto, apelar a la buena voluntad de algún conocido, para poder cumplir con los requerimientos que me solicitan en distintos ámbitos (la mayoría académicos). Esta situación es bastante incómoda para mí y es la causa de mi falta de vinculación con las nuevas posibilidades que ofrece la Internet. Pero ese no es el punto…
En realidad, toda esta asociación libre de ideas me lleva a preguntarme: si yo me siento así, qué sucederá con otras personas que ni siquiera han tenido contacto una vez en su vida con estos nuevos medios tecnológicos? Y dice Lash: “En el capitalismo tecnológico, el poder quizás actúa menos a través de la explotación que de la exclusión”.
En esta nueva etapa de la modernidad líquida, o modernidad tardía, o posmodernidad, o como más les parezca pertinente nombrarla, las diferencias no pasan tanto por la cultura de la que se es parte, la religión que se profesa, la ropa que se viste o la clase a la que uno pertenece, sino que las mismas se pueden representar por medio del par conectados/desconectados. En esta nueva era quien no posee su espacio virtual dentro de la red, no existe. Y esta es una nueva forma de control, de ejercicio del poder.
En mi opinión debería ser el Estado el que garantizara la igualdad para todos los ciudadanos en el acceso a estas nuevas herramientas tecnológicas, pero dada la situación por la que atraviesa nuestro país actualmente, sería un poco iluso de mi parte creer que existen políticas en esta dirección.
En relación a quiénes son los que manejan los hilos del poder en la red, es bueno recordar el texto de Lewkowicz, que nos habla acerca del software libre, que significa “liberado de las trabas que la solidez, con sus esquemas y sus hábitos, le impone al mundo fluido” y que “permite que cualquier código informático se abra, se modifique, a condición de que se devuelva”. En el software libre no existe el derecho a la propiedad intelectual, por lo que cualquier persona puede acceder a la información, por ejemplo a un programa nuevo, apropiarse de lo que le sea útil y proponer reformas, siempre y cuando esté dispuesto a compartir con la comunidad virtual sus resultados.
Otro tema que me parece de capital importancia es el de las políticas pensadas hacia el futuro sobre las que hace referencia Lash. Dentro de la red, vivimos en un hiper-presente que no nos deja tiempo para reflexionar sobre las decisiones que debemos tomar. La demanda de velocidad es tan acuciante que nuestras inquietudes se resuelven en un abrir y cerrar de ojos. De un doble clic casi instantáneo dependen millares de decisiones, que muchas veces no son lo suficientemente pensadas.
Es que en esta época la acción y el pensamiento ya no son dos esferas escindidas, sino que se han fusionado: actuar es pensar, y pensar es comunicar.
Esa incapacidad de reflexionar sobre el presente nos lleva a planificar siempre en función del futuro y creo que esto es un error. Vivimos nuestras vidas pensando en qué podremos hacer mañana pero nos apresuramos en decidir qué es lo mejor para hoy. Deberíamos hallar un punto intermedio entre estas dos coordenadas temporales, es decir, poder dedicarle más tiempo a nuestras inquietudes actuales teniendo en cuenta nuestros proyectos a largo plazo.
Pienso en el dicho: “Que el árbol no te tape el bosque”. Yo le agregaría. “También ten cuidado de que no se te caiga encima”.
Ahora los invito a que naveguen un rato por mi blog personal.

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