El negocio de los biocombustibles
Países de todo el mundo promueven el uso de biocombustibles, promocionándolos como la alternativa válida a los combustibles fósiles y la solución al calentamiento global. En la nota “Mitos y verdades de los biocombustibles”, publicada en este sitio, se intentó demostrar que estos nuevos combustibles no son ecológicos, no son limpios, favorecen la deforestación y no promueven la agricultura pequeña y mediana.
A pesar de estas premisas, muchos países continúan la difusión de los biocombustibles mediante emprendimientos privados, programas nacionales, y sanción de leyes. En el caso de Argentina, en el 2006 se sancionó la ley n° 26.093; esta ley establece un régimen de regulación y promoción para los biocombustibles en el país y prevé beneficios económicos para aquellos que se dediquen a la producción de los agrocombustibles.
Empresas de la industria petrolera, que ya comenzaron su desarrollo de biocombustibles, y empresas dedicadas a la producción de aceite e importación de soja se verán beneficiadas. Pero ¿a qué se debe su interés en los biocombustibles? ¿se trata de un acto desinteresado y ético? O ¿existe un ‘negocio’ que desconocemos? ¿por qué empresas internacionales abren plantas de biocombustibles en nuestro país?
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En esta ocasión consultamos a Sebastián Jarupkin para conocer su opinión sobre el negocio de los biocombustibles. El presidente de Mainumbí, una cooperativa dedicada a la educación ambiental, se maravilla ante el desarrollo de los bicombustibles pero cree que éste no se debe a un interés moral y desinteresado de los empresarios sino, principalmente, a un único motivo: “hacer plata”
Por otro lado, Sebastián Jarupkin encuentra en el desarrollo de los agrocombustibles la necesidad de conservar el petróleo. El actual presidente de Mainumbí nos propone imaginar qué sucedería con los países más poderosos del mundo si se acabara el petróleo; la respuesta es sencilla: “se cae el negocio”.
La rapidez con que crece la industria de los biocombustibles es increíble. Este desarrollo se acompaña con inversiones asombrosas y financiamientos privados en instituciones de investigación. Por ejemplo, British Petroleum (BP) otorgó 500 millones de dólares a la Universidad de California (Eric Holtz Giménez, “Cinco mitos sobre agrocombustibles”, Le Monde diplomatique, junio de 2007).
¿Vale la pena semejante inversión? ¿Cómo sería la vida en la tierra si se destinara la misma cantidad de dinero al desarrollo de verdaderas energías ecológicas? ¿Por qué no se invierte en energías que si son puras, limpias y ecológicas?
