“En el momento en el donde todavía hoy es posible el encuentro físico de las mayorías consigo mismas, por ejemplo, cuando las masas se congregan en las horas punta o en los embotellamientos como multitudes agrupadas en reuniones involuntarias, ellas muestran , en cada una de sus unidades atómicas, la tendencia a pasar de largo de manera apresurada ante las demás, como si no fueran más que un obstáculo, y a maldecirse como si esto fuera una situación, un exceso de materia carente de objetivo alguno. Es aquí donde las masas son dominadas por la miserable evidencia de ser muchos. Sólo en escasos momentos, cuando en los festivales populares la masa feliz logra fusionarse de modo extático en una suerte de cuerpo colectivo, cabe atisbar por un instante, en medio de las apatías posmodernas, el brillo de cierta chispa de dionisianismo político y de las asambleas de una multitud lúcidamente despertada a su realidad – en concreto, tan pronto como una música pop tonificante proporciona a los allí congregados una excitación y un anhelo de descarga susceptibles de ser llevados de ser llevados a la práctica.” (Sloterdijk Peter, El desprecio de las masas, Ed. Nacional, Madrid, 2002, pp. 16-17)

