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La pobre representación de los medios sobre la violencia futbolística

Pasion sin violencia.jpg
El problema de la violencia en el fútbol excede la simplificación de los inadaptados, los delincuentes, los pibes que están de la cabeza y las barras bravas. Se trata de toda una cultura organizada que otorga sentido y legitimidad a las prácticas violentas. Esta violencia responde a contextos mucho más amplios que los planteados en los medios de comunicación en estos tiempos. (procesando audio de periodista de Radio 2 exaltado exigiendo a gritos al presidente de Central que saque a los barras del club, como si esa única acción culminaría con la violencia en el fútbol)


Contrariamente a lo que se piensa el fútbol argentino no es hoy un espacio popular implicando a todas las clases aunque con leve predominio de las medio-bajas. Hace 20 años, este panorama fue transformándose agudamente. La cultura futbolística argentina es hoy una cultura fundamentalmente televisiva, donde se privilegia el aumento de los capitales involucrados en el fútbol. En la etapa anterior, en la clásica, los ejes de identidad de un equipo estaban marcados por los espacios, sus colores, sus jugadores símbolos. Hoy por los cambios constantes en la esponsorización de las camisetas, que alteran sus diseños, por las ventas de jugadores. El establecimiento de lazos de identidad esta debilitado. Las hinchadas se perciben a sí mismas como el único custodio de la identidad; como el único actor que no produce ganancias económicas, pero que produce ganacias simbólicas y pasionales. Frente al aumento del beneficio monetario, las hinchadas sólo pueden proponer la defensa de su beneficio de pasiones, de su producción de sentimientos "puros".
Cuando la identidad futbolística queda tan sola, cuando no hay otra opción para afirmarse como sujeto social, cuando se encuentran en crisis los grandes relatos de identidad (trabajo, familia, educación, nación), esta identidad futbolística queda como única posibilidad. Y cuando se encuentra en un deporte donde el adversario es un enemigo radical y en donde el relato deportivo se carga de un dramatismo inflamado, una maximización de la violencia (ya sea física, verbal o simbólica) es probable.

Los medios de comunicación, para hablar de los sujetos involucrados en los casos de violencia, se centran en categorizar a esos sujetos como inadaptados o sólo dan explicaciones centrándose en la excepción. Dentro del cuadro de la cultura futbolística, la violencia no es mala sino es legítima. Las barras la desarrollan en mayor exhibición pero también es violencia la legitimidad de los hinchas y de los "espectadores pacíficos" hacia estos. En todo caso, no queda claro de qué cosa son inadaptados. Los medios no sólo no entienden a las hinchadas ni instalan una mirada crítica en la temática, sino que caen en una crítica ardua a la cultura futbolística actual, sin tomar en cuenta que los propios medios potencian, dramatizan, justifican, alimentan y reproducen (hay excepciones) esta cultura. La violencia en el fútbol se conecta con una política corrupta que utiliza a las barras para beneficios propios (hoy nadie piensa que un alto dirigente del fútbol no haya negociado con los barras de su club), con una policía antidemocrática, autoritaria e inútil y también se conecta con una sociedad fragmentada y excluyente. En el fútbol, para la narrativa periodística, deben pasar cosas importantes: se debe discutir el futuro de la nación en un partido del Mundial 2006, se debe ganar o morir, o "es cuestión de vida o muerte". Esto es pura retórica, dirán los ahogados en el ambiente que aumenta el fanatismo y reduce el recinto mental. Pero esta retórica no hace más que legitimar y dar sentido a los barras que matan. Si vencer al otro es una cuestión de total gravedad, ¿qué importancia tiene en ponerse a pensar en la vida del prójimo?.

No se responsabiliza al periodismo deportivo de la violencia (los atributos anteriormente mencionados lo certifican) pero sí determinar que el relato medial debe hacerse cargo del contexto que instala o ayuda a potenciar. Un poco menos de dramatismo no nos haría nada mal.

Para realizar este artículo se utilizaron dos libros de Pablo Alabarces. "Crónicas del aguante" e "Hinchadas"

Comentarios (2)

David Lara:

Excelente demo de la violencia en tumultos, sobre todo en aquellos eventos "deportivos", donde la vísera se desparrama ante las emociones y la exitación...
El desarrollo de edición, interesante, muy buena elección de la música....>>>

Muy bien.

Benito Molte:

Los barras son un mal necesario del aparato politico de toda institución deportiva. El problema es cuando se le otorga mayor poder del que verdaderamente podrían llegar a gozar.
La inactiva participación del común de la gente en las asociaciones civiles obliga a la presencia de las barras como parte del aparato.
No justifico a delincuentes, si a hinchas de participacion activa

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