
"¿Qué sucede cuando los medios, las representaciones toman la base misma, la base material, lo irrepresntable mismo?", se pregunta Scott Lash. Lo que sucede, se(nos) responde, es que materia e imagen se vuelven indiscernibles, volviendo inútil la busqueda de alguna instancia trascendente entre una y otra. Ambas se mezclan.
Cada día más nos encontramos con representaciones que ya no representan nada, con información devenida en objeto. En donde el código se pierde detrás de lo profano, de lo objetual. Cada día más nos damos de bruces con diseños que le dan la razón al propio Lash cuando señala que, en las formas tecnológicas de vida se produce un aplanamiento.
Lo trascendental ya no se encuentra ni por encima de lo empírico (dualismo desde arriba), como sucede en epistemología; ni por debajo de lo empírico (dualismo desde abajo), como ocurre en la ontología. Lo trascendental ya no se encuentra. El ser-a-la mano y el ser-ante-los-ojos del útil y el objeto heideggeriano se enretejen, en estos diseños, por el simple hecho de que todo conocer es hacer. Y viceversa.
En resumen, estamos ante un ontologización de la representación. La res cogitans desciende y la res extensa asciende para, ambas, encontrarse en el entrepiso de lo digital.
Les dejamos, a continuación, algunos ejemplos.

