Coincidiendo con el 9 de agosto, Día Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo, el Portal de la Comunicación ofrece un monográfico que trata sobre la presencia y uso de Internet en las poblaciones indígenas, que incluye una selección de enlaces a textos en línea:
DEL ÁLAMO, Óscar: "Esperanza tecnológica: Internet para los pueblos indígenas de América Latina". Revista Futuros, 6, volumen 2. 2004.
GÓMEZ MONT, Carmen: "El desafío de Internet ante la construcción de los usos sociales. El caso de las comunidades indígenas mexicanas". Coloquio Panamericano: Industrias culturales y diálogo de las civilizaciones de las Américas. Montreal. Abril, 2002.
GÓMEZ MONT, Carmen: "Los usos sociales de Internet en comunidades indígenas mexicanas". Paper presentado en el diálogo "Comunicación y diversidad cultural". 24-27 de Mayo de 2004. Fórum Universal de las Culturas - Barcelona 2004.
MIRANDA ROSAS, Maria de las Mercedes: "La recepción de la XEPUR: una intersección de diversos procesos sociales en la región p'urhepecha de Michoacán. Una aproximación a la red de mediaciones en la relación receptores - radio indigenista"". Paper presentado en el diálogo "Comunicación y diversidad cultural 24-27 de Mayo de 2004. Fórum Universal de las Culturas - Barcelona 2004.
MONASTERIOS, Gloria: "Aproximaciones al movimiento indígena en Internet". Paper presentado en el XXIII Congreso Internacional de la Latin American Studies Association (LASA 2001). Septiembre, 2001.
Monográfico del Portal: "Poblaciones indígenas y medios de comunicación". Portal de la Comunicación InCom-UAB. Agosto, 2004.
Desde Dialógica nos sumamos a la efeméride expresando nuestra solidaridad con los pueblos indígenas, todo nuestro apoyo hacia ellos y este espacio a su disposición; como una forma de repudiar a las empresas y gobiernos que los niegan y pretenden sus tierras.
Enlazamos al CiberBus de las Naciones Unidas y sumamos algunas notas nuestras sobre las identidades en América Latina, a partir de la ponencia que Néstor García Canclini expuso el año pasado en el Festival Latinoamericano de Video de Rosario:
Lo primero que se preguntó Néstor García Canclini es “si existe América Latina”. Claro que no hay respuesta completa a esa pregunta. De hecho la pregunta supone una América Latina y tal vez comenzar a cuestionar los supuestos que conlleva esa formulación de la pregunta sea un buen camino para responderla o, en todo caso, para preguntar mejor. Lo cierto es que, como lo señaló García Canclini, hay una gran diversidad de Latinoaméricas en América Latina y los discursos que la construyen son fundamentalmente el de las ciencias sociales y el de las artes visuales, aunque no deberíamos olvidarnos del de los grandes medios de comunicación. Sea como fuere, no podemos contestar satisfactoriamente aquella pregunta, mucho menos qué es América Latina o cómo es. “Quizás nuestra única ventaja es disponer de mejores argumentos y descripciones más ajustadas para problematizar a lo que nos une y lo que nos separa”, señaló García Canclini.
A la hora de definir qué es lo latinoamericano, la tendencia pareciera ser mayoritariamente referirse a las raíces indígenas. “Ha habido quienes inclusive proponen denominar a América Latina de otra manera: Indoamérica”, advirtió García Canclini, y agregó que “alentados por los múltiples y duraderos movimientos de resistencia india, algunos antropólogos y movimientos sociales encuentran en el indoamericanismo la reserva crítica y utópica de una solidaridad rebelde latinoamericana”. El señalamiento que aquí hace el antropólogo cuestiona la proyección política y programática que se realiza frecuentemente a partir de esa solidaridad y organización colectiva de los pueblos originarios de la región. Considera “problemático” convertir las concepciones y los modos de vida indígenas en alternativas a los fracasos de las sociedades nacionales o a los fracasos de la globalización: “Como si mágicamente pudieran instalarse en el hueco dejado por la devastación neoliberal soluciones productivas y armonías comunitarias premodernas”. Sin embargo, reconoce, es indudable que “la importancia demográfica y sociocultural de los grupos indios debió tener un reconocimiento mayor en las agendas nacionales”.
“Personalmente –cuenta García Canclini– haberme ido a vivir a México me llevó a descubrir la importancia de la cuestión indígena incluso en la Argentina. Yo nunca había estado por ejemplo en Jujuy antes de salir del país, no había estado en el Norte. Y me asombró mucho cómo desconocemos desde el centro, sobre todo desde Buenos Aires, desde el Río de la Plata, la riqueza multicultural del país. Sin embargo, después de un tiempo de fascinación con la cuestión indígena me di cuenta de estas contradicciones que hay dentro de las culturas indígenas, en el propio deseo de los grupos indígenas de modernizarse, de insertarse en una América Latina o en un mundo globalizado donde sus diferencias no sean un recurso para mantenerlos en el atraso y acentuar, fortalecer sus desigualdades”.
En muchas ocasiones, sobre todo desde la prensa, se cometen excesos ilegítimos de sentido, aquello que Roland Barthes llamó la “náusea de las mitologías”: una especie de abstracción o de síntesis en virtud de la cual una particularidad se alegoriza y se transforma en una imagen socialmente aceptada, que ninguna referencialidad tiene respecto de lo que pretende ilustrar. En ese sentido, agrega García Canclini “soy un poco escéptico de otro lado de la antropología que es a veces la idealización de lo indígena como recurso puro, cuando en realidad los propios indígenas están reubicándose en América Latina”.
América Latina es una de las regiones más injustas del planeta. La distribución de la riqueza y del ingreso, la distribución de los bienes culturales y de los medios de producción de esos bienes, el acceso a la salud y a la educación, a la alimentación y a una vivienda digna, el acceso al agua potable, dan cuenta de la inequidad que reina en la región y la injusticia social que gobierna las relaciones de clases, concentrando poder algunas y padeciéndolo otras, la mayoría.
Omitiendo todas esas igualdades, como postulan los defensores del multiculturalismo, un multiculturalismo que ordena y “armoniza” pero no suprime las diferencias, podría pensarse que la multietnicidad latinoamericana puede tener un futuro más promisorio, respecto de la de otras partes del mundo. Sobre todo con relación a las regiones donde la dimensión religiosa de las culturas está mucho más arraigada y es más predominante en el tejido de sus relaciones interculturales. De ahí que el integrismo cultural en América Latina sea probablemente más viable que en Medio Oriente. Pero dejemos algo claro, todo eso supone lo que sostienen conceptos –aunque a veces parezcan propagandas– como el de multiculturalismo y el de diversidad cultural. Términos que dulcifican la problemática y que en buena media desplazan el eje del debate, y del plano de la injusticia y la desigualdad –realidades que el multiculturalismo no supo ni probablemente pueda resolver– la discusión degenera en un problema de “convivencia con el Otro”, como si el estado de naturaleza de las culturas –no de las religiones– fuera el enfrentamiento y el exterminio, condición que ningún pueblo originario ejerce y que todos padecen. ¿Cómo lo decimos para que se comprenda mejor? Los pueblos indígenas, por ejemplo, no están enfrentados entre sí, sino igualados por la exclusión y la marginación, hasta incluso por el sistema simbólico que estructura el propio multiculturalismo para entenderlos como objetos de su estudio y ordenar las diferencias. Nunca suprimirlas.
Sin alejarnos del todo de estos temas, específicamente el del multiculturalismo –cuyo discurso deberemos al menos comenzar a desmontar en profundidad en otra oportunidad, y a la luz de la historia, de la economía y de la política– retomemos algunos de los señalamientos que Néstor García Canclini ha hecho en Rosario sobre las
identidades en América Latina: “Esta complejidad de la definición de lo latinoamericano a partir de las culturas originarias se vuelve más ardua cuando reconocemos otras vertientes multiculturales. Por ejemplo al considerar que América Latina tiene, junto a los 40 millones de indígenas, una población afroamericana de varios millones, difíciles de precisar como consecuencia de la desatención que sufren en los planes de desarrollo. En la medida en que la cuestión indígena tiene un papel más clave debido a la importancia histórica y demográfica de los pueblos originarios, apenas viene recibiendo creciente reconocimiento. En cambio, a los grandes contingentes afroamericanos se les han negado casi siempre territorios, derechos básicos, y aun la posibilidad de ser considerados en las políticas nacionales. Existen estudios especializados, por ejemplo sobre la santería cubana, el vudú haitiano, y últimamente las músicas que los representan son valoradas y reproducidas en discos, videos, televisión, pero rara vez se incluye a estos grupos que sostienen las producciones culturales en el análisis estratégico de lo que puede ser América Latina”.
Hasta aquí el panorama de la proliferación de identidades en la región se complejiza y esa complejidad se desdobla cada vez más, como si estuviera en movimiento, como si los contornos se desdibujaran.
El antropólogo español Manuel Gutiérrez Estévez, citado por Canclini en su ponencia, propone concebir a América Latina como un cadáver exquisito: “A la manera del juego surrealista con este nombre que consiste en formar una frase o un dibujo entre varias personas, doblando el papel luego de que cada uno escribe para que nadie conozca la elaboración anterior. (…) Y el final, lo que termina puede dar algo como la frase original que dio nombre a este juego. La frase inicial que les salió a los surrealistas fue: “El cadáver exquisito beberá el vino nuevo”. De modo análogo nuestro continente se habría formado como
un enorme texto inacabado y lleno de pliegues. No mosaicos donde las piezas se ajustan entre sí para configurar un orden mayor irreconocible. Nuestras variaciones culturales no encajan unas en otras. Como un cadáver exquisito, al sumarse indígenas, negros, criollos, mestizos, las migraciones europeas y asiáticas, los que nos ha ido sucediendo en campos y ciudades constituye un relato discontinuo con grietas, imposible de leer bajo un solo régimen o imagen. De ahí la dificultad de encontrar nombres que designen ese juego de escenarios: barroco, guerra del fin del mundo, amor latino, realismo mágico, narcotráfico, 500 años, utopías, guerrillas posmodernas. Todo esto tiene en común, dice Gutiérrez Estévez, que fascina a los europeos. Necesitados de nombrar ese vértigo de rupturas hablan de los latinoamericanos, o los sudacas. Entre el temor y el entusiasmo, según Gutiérrez Estévez, “orientalismo y latinoamericanismo son las dos enfermedades seniles del europeísmo”.
Néstor García Canclini afirmó en el Foro de Comunicación y Cultura que “ha perdido sentido ponerse a buscar un ser latinoamericano o incluso una identidad latinoamericana. Ni siquiera es consistente ante tanta heterogeneidad y tantas mezclas pretender encontrar rasgos comunes compartidos por todos y una cultura latinoamericana en singular”. También advirtió una dimensión de la latinoamericanidad que resulta conducente incorporar: “Este espacio sociocultural latinoamericano no coincide exactamente con el territorio denominado América Latina. Doy dos ejemplos de los varios procesos que desafían esta delimitación geográfica. De qué manera ubicar a los 37 millones de hispanohablantes procedentes de América Latina que viven en Estados Unidos, según el último censo, y que algunos dicen que ya son 40. O cómo tratar a los centenares de miles de latinoamericanos descendientes de españoles que en años recientes adquirieron la nacionalidad de sus antepasados y viven ahora en España, u otros países europeos”.
García Canclini se explayó luego de abordar estas cuestiones, que tan sintéticamente aquí exponemos y sobre las que volveremos, sobre la construcción de las imágenes de América Latina, sobre la fotografía específicamente y en particular sobre un corpus de imágenes de la muestra “Mapas abiertos, la fotografía latinoamericana 1990-2000”, que podrá verse en la Argentina el año próximo.
Acaso debamos, como ha advertido Slavoj Žižek, preguntarnos ¿cómo hacemos para reinventar el espacio político en las actuales condiciones de globalización? Es más complejo que renovarlo. Renovar suena a lo mismo pero un poco más limpio, como un borrón y cuenta nueva. Algo así como querer despolitizar en apariencia la política para despojarla de la carga simbólica negativa. Reinventar es un desafío para crear soluciones y proyectos políticos y sociales estructurales, no una especulativa pose coyuntural. Se trata de construir nuevas categorías para pensar / hacer, que no eviten la política y sobre todo que no la conciban sólo desde su dimensión representativa, sino participativa y descentralizada, porque en definitiva aquellas minorías por las que el multiculturalismo tan despolitizado brega son colectivos a los que sólo la acción, el pensamiento y el espacio político podrá ahorrarles la exclusión, y a los que el traje apolítico del capital negará aun cuando diga reconocerlos.


Comentarios (1)
Muy interesante y muchas gracias al autor por la abundante información.
Cuando Juan José Rossi (autor del libro que se describe más adelante) terminó de dar una de sus clases sobre los Charrúas en un ciclo de aborígenes de la Argentina, entre los presentes se encontraba una docente que nació en Entre Ríos, directora de escuela primaria en el 2002 y, que en esa oportunidad expresó lo siguiente:
Siempre lo supe.
Instintivamente...Intuitivamente...
No importa demasiado el cómo ni el porqué.
Importa el HOY, el descubrimiento certero, luminoso, vivo.
Él soy yo, yo estoy en él.
Su sangre es mi sangre, mi huella se apoya en su huella
y recorremos los mismos caminos del ser HOMBRE.
Sufre y sufro, llora y lloro, vive y vivo, ríe y río.
Tan simple como eso: Vivimos.
Él-Yo y un "nosotros" que es nuevo, que es juntos,
que está mezclado, que es lo mismo y no es lo mismo.
Hay sólo una diferencia.
Él estuvo primero, llegó antes y amó antes.
Amó la tierra, el sol, la luz;
los hizo crecer en su corazón, en sus sueños y realidades.
Nosotros vinimos algo después y a veces no amamos.
No amamos la tierra como él, no la respetamos, la "abusamos".
Él llegó primero y amó.
Yo vine después y sin tener conciencia plena,
empecé a buscar su huella escondida para conocerlo,
para saber, comprendiendo, que él es como yo, que yo soy como él.
Simplemente el mismo amasijo de huesos,
de sangre y carne que forman un hombre,
con un corazón que late y siente. Un hombre que está vivo.
Algo se quedó en el camino.
La mentira me hizo perder el rumbo,
los libros me ocultaron la verdad,
las estadísticas me hicieron perder de vista su humanidad.
Pero la intuición y el instinto no me aquietaron.
Había algo más para escarbar, averiguar, saber, amar.
Y te encontré.
Ahora quiero aprender de vos,
darte mi mano confiadamente para que me introduzcas
en ese mundo también mío que aún desconozco.
Ayúdame a saber quién soy
conociendo de verdad toda tu historia.
Si me muestras la verdadera "América" sabré de qué estoy hecho.
Rossi, Juan José. Los Charrúas. 1a ed. Buenos Aires: Galerna: Búsqueda de Ayllú, 2002, p. 122-123 (Indígenas de la Argentina).
Publicado por Berenice Nun | Agosto 9, 2005 3:28 PM
Publicado el Agosto 9, 2005 15:28