Cortázar, profesor universitario. Sus pasos en la Universidad de Cuyo en los inicios del peronismo es el libro de Jaime Correas que hace poco llegó a nuestras manos y que, como casi siempre, por falta de tiempo no pudimos comentar. Así que ya mismo hacemos del sueño tiempo y nos salimos con la nuestra.
El libro no podría encajar mejor en eso que en nuestro país se entiende por la categoría de “gorila”. Se trata de un libro “muy gorila”, quizá tanto como lo era Julio Florencio Cortázar, pero al mismo tiempo es una reveladora investigación sobre los días de Cortázar como profesor en la UNCuyo, donde dictaba las cátedras de Literatura Francesa I y II, y de Literatura de la Europea Septentrional, en la que se ocupaba de la poesía inglesa de principios del Siglo XIX. El libro es el relato del año y medio que transcurrió Cortázar en Mendoza (desde julio de 1944 hasta diciembre de 1945) y de su regreso en 1973.
El libro de Correas es una investigación repleta de pruebas, testimonios de ex alumnos y docentes, cartas, fotografías y dibujos inéditos, que detallan una etapa poco conocida de la vida de Cortázar, quizá porque “aun no era Córtazar”, aunque sabremos leyendo el libro que sí lo era, y que estaba camino a hacer “eso” que hizo, a ser “eso” que fue; a ponernos en esa maravillosa obligación de pensar e imaginar otros horizontes en cualquier plano de la vida; a buscar a la Maga.
Aquí algunas de las cosas que nos enteramos gracias a Correas -que sirvan de invitación para leer el libro:
Que, antes de viajar a Mendoza, las semanas de Julio Cortázar en Chivilcoy fueron “harto penosas”, según sus propias palabras;
Que abandonó Chivilcoy cuatro días antes de instalarse en Mendoza;
Que Cortázar llegó a Mendoza el sábado 8 de julio de 1944, el mismo día que asumía Perón como vicepresidente de la Nación, secretario de Trabajo y Previsión y ministro de Guerra;
Que primeramente se instaló en una pensión en Necochea 747, cercana a la estación de trenes y que le permitía ir caminando a dar clases. Que luego se trasladó a Las Heras 282, a una habitación que le alquiló el artista plástico comunista Abraham Vigo, lugar que a fines de 1944 dejaría...
Que hizo un grupo de amigos en Mendoza entre los que se encontraba el grabador Sergio Sergi;
Que para celebrar los banquetes que brindaba Sergi, Cortázar escribió un poema (reproducido en el libro de Correas) en el que le ofrecía un goulash hecho con palabras como retribución a los manjares que devoraba con sus amigos;
Que tal vez el cuento “Casa tomada” pudo ser inspirado por una de las obras de Sergi;
Que el diario Los Andes de Mendoza estaba muy pendiente de la Universidad por aquellos días, y que cuando informó sobre la designación de Cortázar en la UNCuyo, comentó que entre sus trabajos publicados “cabe mencionar un volumen de poemas, titulado Presencia, editado en 1938 con el seudónimo de Julio Denis”;
Que los temas propuestos por el profesor Cortázar para 1944 mostraban su sólido conocimiento de la poesía francesa y su incidencia en las vanguardias del Siglo XX;
Que Largázar “gozaba de mucha simpatía femenina y del estudiantado”;
Que el clima de la UNCuyo hacia 1945 comenzó a agitarse y los estudiantes reclamaban, entre otras cosas, concursos para las cátedras, cursos paralelos con prueba de aptitud para los profesores, rotación en los temas de los programas y viajes de estudios para los estudiantes;
Que la atmósfera política en la UNCuyo se caldeó a tal punto que los profesores quedaron divididos en dos bandos: los estrictos y los opositores, entre los que estaba Julio;
Que participó en una toma de la facultad que terminó con estudiantes y profesores detenidos durante dos días en una comisaría, y fue electo para integrar el consejo directivo de la facultad;
Que tras verse envuelto en las internas políticas de la Universidad, se defendió con un impresionante articulo en el diario Los Andes (que se reproduce en el libro), haciendo gala de su poder de argumentación y milimétrica refutación;
Que luego de partir de Mendoza el vínculo siguió a través del contacto epistolar con Sergi y a partir de 1970 con la joven crítica Lida Aronne, autora de Rayuela: la novela mandala, libro que entusiasmó a Cortázar, aunque el título se prestaba para la broma (“Mi chiste –le dice– fue: la novela mandala al diablo”);
Que alguna vez reemplazó en el encabezamiento de sus cartas “Buenos Aires” por “Perolandia” o por “Horribles Aires”;
Que a principios de 1946, desde Buenos Aires, pidió licencia mediante una carta al interventor de la Facultad de Filosofía y Letras, argumentando que “razones personales”;
Que en abril del 46, Cortázar le escribió una carta al centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo en la que se explicaba por qué se alejaba de los claustros universitarios: “Circunstancias diversas me aseguraron –a fines de febrero- la posibilidad de permanecer, si así lo decidía, en la Capital. Entonces, y luego de considerar mis deberes con toda la serenidad posible, arribé a lo que espero comprendan y justifiquen ustedes: que un hombre debe a veces romper amarras de afecto y olvidar posibles ventajas materiales, si su vocación autentica reclama otra calidad de vida, otro horizonte de acción”.
Los anexos del libro incluyen los programas de las asignaturas dictadas por el escritor y las cartas de Julio Cortázar a la crítica Lida Aronne.
Declaraciones de Jaime Correas en www.rionegro.com.ar

