La obra Vis-à-Vis se apoya en la idea de que, en el autorretrato, el extrañamiento y el reconocimiento del sujeto se expresan de un modo ambivalente, pero no por eso menos manifiesto. Es en este sentido que hay algo de siniestro y, a la vez, atractivo en la lucha silenciosa expresada en el autorretrato.
En términos de Richard Avedon, aparecería un conflicto, “una batalla de voluntades y de imaginaciones humanas”, entre el sujeto/retratista y el sujeto/retratado en relación con la imagen resultante. Aunque, a diferencia del planteo de Avedon, esta obra muestra esa lucha, ya no del enfrentamiento entre dos subjetividades –encarnadas en personas diferentes-, sino de un mismo sujeto tensionado entre la imagen que intenta transmitir y la imagen resultante.
La propuesta tematiza complementariamente dos conceptos. Por un lado, el de máscara, vinculado con la voluntad de exhibición -Bachelard plantea “para nosotros existir no basta. Nos es necesario existir para los demás”- ineludiblemente presente en el autorretrato. Esa exhibición, además, expresa un deseo de trascendencia, de perpetuación; a la vez, la fotografía cristaliza el tiempo y, en ese sentido, plantea siempre una dicotomía entre la permanencia y la muerte. Por otro lado, aparece el concepto de autor como instancia multiplicada, enriquecida. En contraposición con las muchas obras fotográficas donde la persona es tomada como objeto, como un elemento más de la composición expresiva del artista, en este trabajo el sujeto/retratado tiene un lugar de sujeto/retratista. Un sujeto que actúa, interviene y decide, y que a la vez es parte de una construcción de sentido mayor.
Mónica Fessel - 2004

