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PROLOGO

El siguiente escrito puede tomarse por un fascículo inicial de lo que vendría a constituir una Enciclopaedya de la Seducción y afines.

A decir verdad es muy aventurado por ahora conjeturar que el futuro de obra tan larga y embarazosa, pueda concretarse alguna vez. Empero, la intención está y en gran medida dependerá de los virtuales enciclopedistas que adhieran a la fatigosa tarea que implica recopilación, lecturas, conceptualizaciones y todo tipo de invención descabellada, siendo esta última actividad la que mas frutos rinde en la factura de la Enciclopaedya.

El fascículo con el que, presentamos al público esta obra, se titula "Autopsia del Retrato del Prócer" y constituye lo que bien pudiera denominarse como el segmento arquetípico de la Enciclopaedya. En ese sentido se dedica a la exhumación del prócer a través de los relatos, testimonios biográficos y documentos; pero principalmente mediante el archiconocido retrato cuasi-póstumo de la figura del patriota.

Tomado como pivote del ensayo, el retrato nos conduce por los vericuetos del alma del eminente patriota, haciéndonos transitar un sendero privilegiado en el que; los sucesos de la vida del personaje, se van encadenando en cierta lógica que el autor construye a fin de establecer en la persona del prócer todo un paradigma de mayúscula seducción americana. Al menos tal como ésta podía ejercitarse -pues algo de ejercicio hay en el tema- en los albores de las repúblicas americanas.

La autopsia tiende a conformar una suerte de historia sensual republicana, muy ingenuo habrá de ser el lector que juzgue irrelevante las manifestaciones de sensualización en nuestros inicios constitucionales; y pretenda restar importancia a tal fenómeno que, por fundacional, ha marcado de manera indeleble nuestras costumbres sociopolíticas con el sello del Romanticismo que prevalece hasta nuestros días. Romanticismo que, justamente, por ser "neo"; se manifiesta hoy como una perversión de sus actores, al calcar esa conducta sensual extemporánea a este final del siglo XX.

Autopsia de otra Autopsia

Corresponde para iniciar nuestro recorrido, echar un vistazo al informe que los Doctores en Medicina, Derecho y otras ciencias elevaron a la (1)Suprema Coxis ; exponiendo los resultados de la necropsia efectuada sobre el pictograma, tarea que al parecer les resultó ardua.

Si se observa con detenimiento y cautela la pose del Prócer, se tiene la sensación de hallarse frente a una Madonna en su día de descanso. Abandonado en una actitud perezosa el Prócer muestra sus piernas provocativas. En ese cruce de piernas se articula o mas bien se enreda, enmarañadas la tela y la carne, todo un quiasma de seducción, toda una voluntad de enlace libidinoso entre el observador y las piernas del Prócer. Esas piernas cautivan la mirada y enajenan la razón, basta citar algunos párrafos del informe oficial de la autopsia de los doctores: "...que hallamos bajo esas calzas, un par de muslos gorditos y blanquísimos, recorrido por un reticulado verdoso de venas, que un vello oscuro y persistente no podía ocultar...". No deja de asombrar la morosidad detallista de la descripción anterior. Evidentemente los Doctores se complacen ante esos muslos "gorditos y velludos", como no lo harían de haberlos hallado en un cuerpo femenino.

No es arriesgado afirmar que las piernas del Prócer -independientemente de la pose adoptada- fascinaron a sus contemporáneos, tanto como a nosotros y fue su magnetismo y cierto "charme lujurioso", el motor de las hordas de gauchos sudados que cabalgaron tras el Prócer en sus campañas. Solo un hechizo de seducción pudo arrastrar a bárbaros analfabetos tras el rastro erudito -aún en la guerra- del atildado jurista citadino. La voluntad seductora de las piernas del Prócer gestó las legiones de la independencia; también a este respecto algo dicen los Doctores: "...miríadas de salvajes, casi indios, que marcharon tras la persona del patriota, entrampados en una promesa imposible, acicateados por los testículos torunos de sus bestiales naturalezas, con los ojos inyectados en sangre y las fauces antes. ¡He ahí una lámina escolar que no deben ver nunca nuestros hijos!"

Resulta claro en virtud de las líneas precedentes que el retrato del patriota despertó el interés -por cierto moralizante y pedagógico- de sus contemporáneos, quienes se dedicaron a exhumar con ambición profiláctica, al Prócer, buscando una depuración moral que pudiesen legar a las generaciones venideras. En efecto lograron su objetivo en cuanto a la confección de unos anales patrióticos intachables; afortunadamente nada pudieron hacer para corregir el despropósito pictórico -que para colmo de males- se popularizó en las láminas escolares. Gracias a ese irreparable desliz visual -propio de la conocida vanidad del Prócer- nos hallamos hoy en condiciones de revisar la autopsia, reabriendo la causa del Prócer a la opinión pública y ante nuestras instituciones.

Sin dejar de lado las críticas, a las que se hace legítimo acreedor el escandalizado informe de los Doctores , debemos reconocerle a éste cierta agudeza que supera en ocasiones a la obcecación moralista que lo impregna. Como muestras pueden citarse dos que resultan fundamentales para reflexionar sobre la innegable capacidad seductora del patriota. En un apéndice adicionado al trabajo, entre las notas finales encontramos toda una "Teoría de las Consecuencias Somáticas de la Pintura y de lo que ésta escamotea" : " ...¿qué es lo que el brazo izquierdo oculta? (véase el óleo) ¿una barriga incipiente que el coqueto abogado pretende robar a la posteridad?, ¿una mancha?, ¿una rotura?. Es obvio que ninguna de estas opciones se lleva bien con las conclusiones de este informe. Lo que el brazo oculta es sin dudas ¡la masculinidad genital del Prócer!. Ese brazo estratégicamente ubicado esfuma el paquete glandular urinario del patriota, potenciando así la seducción de las piernas que se tornan mas gorditas."; y a continuación lo mas sorprendente en la conclusión "Es como si la ausencia escópica de los genitales hubiese provocado los cambios humorales propios de la castración ; por eso encanta la figura algo obesa y feminoide del patriota, transformado en eunuco en el retrato."


Tras esa virtual apología del poder del ocultamiento y la fascinación del camouflage sobre el espectador, otra nota repara con extrañeza en la mirada del Prócer y ciertamente descubre algo :"...su mirada es de las pocas que pese a ser parte de un cuadro no persigue al observador, es que la mirada del prócer no está en sus ojos, sus ojos están muertos en la cara; los verdaderos ojos los tiene en las piernas, son ellas las que nos persiguen desde el cuadro." Vemos que el autor, o los autores de la nota precedente, notaron con perspicacia una característica (por cierto reconocida en ese cuadro), el mérito es arriesgar la hipótesis que sitúa la mirada en las piernas, justificando así que el observador se sienta mirado; aunque no sepa desde dónde, ya que los ojos son en la pintura -mas no en la vida del patriota- irremediablemente intrascendentes.


Nos cabe pensar que la pintura nos mira - y lo ha estado haciendo por mas de un siglo- desde las piernas con calzas del patriota. Esas piernas son el banquete del observador (como antaño lo fueran del soldado que examinaba en directo al patriota de carne y hueso) que depone la mirada. Con la caída de su mirada -caída que algunos afectos al Freudismo no han vacilado en calificar como pérdida de cierto objeto "a"- se aviva la flama de su pasión y llamea en su pecho el deseo que movió a esos soldados a la guerra, y que a posteriori ha ruborizado generaciones de estudiantes.

Las Formas Corporales

Algo particular tuvo el cuerpo de este hombre. Su contextura sobrecargada de kilogramos no se asemeja al grosor del hombre maduro que adquiere un aspecto cúbico, como tampoco al desborde de la matrona que ha alcanzado el otoño de su existencia. La figura del Prócer es identificable -según nuestro parecer- al cuerpo recién redondeado de una doncella tras su desfloración. Todo en él, sus curvas, sus oquedades, su postura lo acerca al aspecto habitual en una joven; que acabase de entregar los secretos -hasta entonces bien guardados- de su virginal himeneo.

Por esa razón la silueta del Prócer luce ese estado de redondez, de exhuberancia inmediata, de sobrepeso excitante y abominable a un mismo tiempo; tal como el cuerpo de una doncella que tras regalar sus encantos, se halla en un tiempo de equilibrio inestable, en el cual, las redondeces y turgencias pueden evolucionar -si el observador no se apresura a degustarlas- en franca obesidad de tía solterona.

Es obvio pensar que ese estado de equilibrio tan precario contribuye a crear la urgencia sensual de cualquiera que observe la pintura y arriesgaremos también, que sus efectos enervantes han de haber sido aún mas insidiosos, en los contemporáneos del Prócer, quienes padecieron su influencia "in vivo".

Para que negarlo, los conceptos de belleza, salud e higiene personal se desdibujan, pierden sentido y valor de un siglo a otro. La Estética -único concepto que define verdaderamente a la ética- sufre mutaciones difíciles de explicar; de hecho en los retratos del Prócer no vemos sino a un individuo regordete y pálido. Sin embargo el Patriota cuidaba con esmero obsesivo su aspecto personal. En su diario de guerra se encuentran agendadas -como otra actividad oficial- las cuatro siestas que el Prócer respetaba diariamente; además de las ocho horas de sueño nocturno que se afanaba por cumplir a rajatabla. Según testimonios de sus propios biográfos, el patriota justificaba en aras de la belleza, su exagerado reposo: "...quiero conservar este cutis de porcelana que heredé de mi madre."(textual). Un cronista refiere como una curiosidad en sus memorias: "...cual no sería mi sorpresa al ver frustrada mi entrevista con el general, porque éste hallábase sesteando y no podía ser molestado bajo ninguna circunstancia. Para resguardar su sueño, el patriota tenía a su servicio a un viejo moro acristianado y sin dientes, aunque aún fornido y feroz a la hora de velar el reposo de su amo." Otro elemento relevante en lo que hace a las costumbres corporales del Prócer, son los baños en agua de rosas que procuraba tomar, fervorosamente, día por medio; si estaba en campaña y no contaba con las comodidades que le permitían disfrutar de los dos baños diarios, de los que disfrutaba en la ciudad (uno al amanecer, otro al acostarse).

Una última curiosidad ha sido trabajosamente exhumada, valiéndose tanto de lo no dicho por sus apologistas, cuanto de lo vociferado impúdicamente por sus detractores (algunos de estos últimos sugerían con malicia que el mal estado de sus partes traseras era la causa de su excentricidad). Lo cierto es que el patriota evitaba, cuando podía, que su necesidad de evacuar las heces se evidenciara ante la tropa y aún ante sus mas cercanos colaboradores. Todo parece indicar que el deseo del Prócer fue mostrarse impoluto, casi inhumano, buscando ocultar o aminorar los efectos de una fisiología que, según creía, lo envilecía ante los ojos de sus compañeros de armas. ¡Qué formidable coquetería debió albergar el alma del patriota¡, cuando creyó necesario recurrir a todo artificio, engañifa y cosmético conocido (por aquella época en que la única cosmética era el lavado y enjuague mensual de las partes mas comprometidas) a fin de presentar siempre; un talante juvenil, una fragancia cautivante y un misterio que capturase al observador desprevenido.


Not Casual Clothes, Precisly

Motivo de controversias, durante mas de un siglo, ha sido el tema de la indumentaria del Prócer y en particular las ajustadas calzas que vestía invariablemente; ora ante el fuego de la fusilería, ora en las galas y Tedéum mas solemnes. La necropsia del retrato -focalizada en sus calzas- nos ha permitido saber que la tal calza era una prenda especialísima; confeccionada con algodón cingalés triplemente desmotado y con un tramado cuyo hilado superaba, en mucho, la máxima densidad conseguida por pulgada en cualquier tejido análogo de la época. Esa meticulosa forma de tejido es lo que permite la elasticidad y extrema delgadez de la tela que se ajustaba -tal como muestra el retrato- casi como una segunda piel a las extremidades inferiores y bajo vientre del patriota. Suponemos que el Prócer contaba con varias de estas prendas, todas idénticas en color y tamaño. Mas detalles pueden encontrarse en el relato -no muy fiable, es cierto- de un bandolero andaluz que se benefició con quinientos pesos de plata ensayados a costa del patriota, vendiéndole una inverosímil pomada para fabricarse ojeras violetas; signos de demacración que el Prócer -por su estrecha relación con morfeo- no podía adquirir por si mismo, pese a que los deseaba como adorno: "las ojeras resaltan mi cutis marfilíneo y mi nariz recta.".


EPILOGO

La intención de este trabajo ha sido fundamentalmente brindar una perspectiva más anecdótica que teorizante, sobre uno de los Emblemas de Seducción con que cuenta la historia americana. En tal sentido se aceptan por adelantado las posibles críticas y acusaciones que reprochan lo parcializado de este análisis. Sin embargo esa faz anecdótica permite construir un arquetipo, el que configurado dentro de una estructura política de Seducción, trasciende sus características particulares y permite trazar algunas correlaciones con otros momentos históricos y con la supervivencia de Modalidades de Seducción romanticistas en nuestros días, independientemente de los personajes.

Una de las ideas-eje del presente trabajo es la Sensualización que se produce desde el poder, tanto la que se extrae desde las masas, como la que se vierte sobre ellas. De esto es un ejemplo la vida y costumbres del Prócer, que se sensualizó con sus tropas y utilizó esa sensualidad, con un desparpajo que no se le perdona, para exacerbarlos y proponer luego la guerra, como vía de descarga de su agitado caldo pulsional. Su pecado imperdonable ante sus contemporáneos y, todavía hoy, ante muchos de sus detractores; fue el desenfado con que apeló a la sensualidad ajena y la impudicia de la que hizo gala en promover la propia. Fuera de ello, su forma de relacionarse y obtener consenso no difiere demasiado de otros de los fenómenos clásicos de masas; como el surgimiento del smo y el mo en la Europa posterior a la primera guerra. Como lo señala H. Gerhardt: "Es esa inquietante fruición previa al pogrom, la que evidencia los desajustes químicos y amorosos que provoca en el espíritu de la muchedumbre la posibilidad de pasar a la acción y descargar sus energías por fuera de sus lugares habituales; sus trabajos, sus diversiones rutinarias." En el pogrom la multitud descarga esa sensualidad que la convoca, lo esencial es que siempre hay una convocatoria, una interpelación que la sensualiza (a la masa). De allí que las siniestras y simplistas teorías del partido sean tan efectivas, por su poder de sensualización sobre un colectivo social.

También con la sensualidad opera el caudillo militar sobre sus hombres. El agregado está en que además del adoctrinamiento verbal, trabaja con gran energía sobre el cuerpo de cada subordinado individual, para conformar todo un corpus militaris (cuerpo de ejército); en ese proceso la sensualización es permanente y mecánica, ferozmente oria. Haremos notar al respecto que los movimientos tas se esforzaron siempre por crear una mística del deporte y el sufrimiento, apelando para ello a un entrenamiento para-militar.

Hablamos en el prólogo de una sensualidad conformada en el Romanticismo, por cierto hay quien sostiene la estrechez de vínculos existente entre el Romanticismo y el mo, por aquello del "alma de los pueblos"; sin embargo esta perspectiva nos aleja del Romanticismo extemporáneo del siglo XX, que conforma un proceder político perverso, puesto que indefectiblemente aggiornado; se manifiesta en poses de sensiblería para el gran público mass-mediático y no en sensibilidades sensuales como lo fueron los baños diarios del patriota o sus exquisitas calzas. El Romanticismo ochocentista volcaba su sensualidad con tintes de absolutismo infantil, con la omnipotencia seductora de una criatura que seduce sin saber muy bien lo que hace, mezcla de ingenuidad y astucia. Nuestro Romanticismo produce gestos de viejo verde y hace gala de una picardía e, crea todo un contexto de sobreentendidos cínicos que el Romanticismo del siglo XIX no precisaba.

Esa supervivencia extemporánea y desagradable, exime en cierto modo, al Prócer de sus culpas, al despojarlo de su condición de "oveja negra" de la historia política nacional; aunque hay que reconocer que su pintoresco modo de conducción ha dejado enojosas secuelas.


Notas al Pie

(1) Suprema Coxis; Organismo Judicial ochocentista, encargado de la jurisprudencia pudenda y penal.

BIBLIOGRAFIA

* Gerhardt, H. -"Teoría integral de la Quimido". Spieler México 1987.
* Jaramillo, B. -"Satiriasis y Mitología" .Birdney Editores. Madrid 1966.
* Sacjallin, V. _"A,B,C de la caza de Bruxas". Ediciones Pastoral. Bogotá 1943.
* Suprema Coxis. _"Compendio de Jurisprudencia". Editorial del Foro. 1888.

El presente trabajo fue realizado por el staff de empolama por encargo de la C.A.H. (Comisióm Argentina de Heurística), para ser presentado en el Octavo Congreso Interamericano de Heurística que se llevó a cabo en Nueva Orléans en Febrero de 1999.

NOTA SOBRE empolama:

empolama es una interfase en donde se encuentran, chocan, polemizan, autores, artículos, opiniones. Se cultivan y aprecian las producciones de ficción teórica, en donde se despliegue el arte de inventar como la herramienta de conocimiento más genuina. Hacemos nuestra, una frase de Boris Vian: "esta historia es absolutamente verdadera, porque la inventé de cabo a rabo". Se aprecian los apócrifos y heterónimos, se aprecian las controversias. Esperamos comentarios y colaboraciones de quienes tengan intereses similares o al menos curiosidad.

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