
(Foto: El Mundo)
Las horas de incertidumbre terminaron en un final anunciado, Carlos Menem firmó su renuncia a competir en la segunda vuelta y con ella rubricó su certificado de divorcio con una sociedad que comienza a entender eso de no olvidar el pasado.
Peleado con la realidad, se refugió en su feudo riojano junto a su compinche Ángel Maza y desde allí expuso, mediante un spot televisivo, los incongruentes argumentos de su decisión que revelan el estado actual de un hombre de 72 años, fatigado, arrogante, con un maquiavélico deseo de poder y lleno de ira e impotencia ante la innegable realidad.
Con este desenlace del proceso electoral, se vislumbra el fin de una forma de hacer política signada por el liderazgo mesiánico de un ex Presidente megalómano y de 11 años de una cultura snob decadente, viciada por la excentricidad y la soberbia de la pizza con champagne. Se acabó el mito de la invencibilidad.
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